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VIDA DEL VENERABLE SIERVO DE DIOS

 

Fray FRANCISCO DE LA CRUZ

 

 

RELIGIOSO DE VIDA ACTIVA

DEL ORDEN DE NUESTRA SEORA DEL CARMEN,

DE ANTIGUA Y REGULAR OBSERVANCIA:

EL PRIMER HIJO DE LA IGLESIA QUE HIZO PEREGRINACIN

A LOS SANTOS LUGARES DE JERUSALN, ROMA Y SANTIAGO DE GALICIA

CON CRUZ A CUESTAS

POR QUIEN NUESTRO SEOR HA OBRADO GRANDES

Y EXTRAORDINARIOS PRODIGIOS EN VIDA Y EN MUERTE,

 

escrita e impresa en el ao 1688 por el

 

LICENCIADO DON SEBASTIN MUOZ SUREZ

 

PRESBTERO, COMISARIO DEL SANTO OFICIO

 

adicionada por el

 

M. R. P. M. FR. MARCELINO FERNNDEZ DE QUIRS

 

Doctor en Sagrada Teologa por la Universidad de Salamanca y Catedrtico de Filosofa en ella,

Examinador sinodal de este Arzobispado, Prior que ha sido de su convento de Toledo

y al presente Definidor Mayor de la Provincia de Castilla de dicha Orden.

 

 

Reimpresa en 1898 a expensas de

Don E. RAFAEL CASAS Y RUEDA.

MDICO CIRUJANO Y ABOGADO DEL ILUSTRE COLEGIO DE MADRID

 

 

Digitalizada ntegramente y resumida en 1999 y 2000 por

D. JOS MARA MARTNEZ MARTNEZ.

 Santa Cruz de Bezana (Cantabria)

2000

 

 

 

Edicin ntegra

 

SAN FRANCO DE SENA

POR CUYA MANO SE OFRECE ESTE LIBRO A NUESTRA SEORA DEL CARMEN.

 

 

La vida del Siervo de Dios Fray Francisco de la Cruz dedico a la Virgen Santsima del Carmen, en debido reconocimiento a los frutos de su Patrocinio. Desde mi indignidad al Trono de su grandeza, no se proporciona bien la oracin; he menester quien se la presente de ms cerca; y as, habiendo de valerme de padrino, es forzoso buscarle en la misma Religin del Carmen; y aunque se me ofrecen tantos Santos de quien poder valerme, no hallo en otro las prendas e intereses que en vos, San Franco mo, para el amparo de mi intento; porque las virtudes de Fray Francisco estn en las vuestras ejecutoriadas, y renovadas en las suyas las vuestras; y si las semejanzas son empeo de amor y los intereses hacen comunes los aciertos, quin rendir estos ofrecimientos a la Reina de los ngeles tan bien como el que (yendo a la parte) ofrece los suyos en ellos? Pero porque esta proposicin no tenga visos de temeraria, comparando un crdito que no pasa del concepto de los hombres al que est ya colocado en altares, forzoso es reconocer que bien pueden ser las virtudes las mismas, sin que estn unas tanto como otras calificadas; porque aunque la Iglesia en su determinacin da certeza a lo que prueba, antes de ella no impide la estimacin humana; y as nuestra vista, que no penetra lo infalible, se queda en lo probable; pero en llegando a sta declaracin, como la verdad tiene ya corrido el velo, mira lo cierto, no porque con ella se haga cierto, que ya lo era, sino porque con ella se asegura que lo es; con que venerndoos en vuestra esfera, y a Fray Francisco en la suya; dejando todos sus efectos a la declaracin y sin llegar a los quilates de los mritos de cada uno, es lcito hablar en los exteriores trminos de semejanzas. Y en esta forma bien puedo deciros, Santo mo, que nacisteis en casa de labrador, en mes de Diciembre; que fuisteis de rudo ingenio; que no alcanzasteis ms letras que leer y escribir, que vuestro natural fue robusto y atrevido, y vuestra ocupacin en oficio humilde; que por el juego vinisteis a un exceso indigno de cristiano; que visitasteis las Sagradas Estaciones de Roma, el sepulcro de Santiago y otros muchos santuarios; que un amigo os quiso impedir tan santa peregrinacin, y que un nio en la Francia os fue remedio en grandes tribulaciones; pues si todo ello es verdad en vos y tambin en Fray Francisco, a quien sucedi lo mismo, quin podr decir que no sois admirablemente semejantes?

Y si a Fray Francisco el demonio en forma humana se le apareci y persuadi a que dejase la dificultosa peregrinacin; si en ella tuvo ardentsimos deseos de morir por Cristo, si goz de la aparicin de la Virgen Santsima; si predic penitencia; si favoreci siempre a los pobres encarcelados; si entr por ilustracin divina en la Religin del Carmen y en ella tuvo el grado de vida activa; si para conseguir tal dicha padeci fuertes contradicciones; si le falt caudal con que hacer los hbitos y los hall hechos por rara maravilla, pues todo esto os sucedi a vos, claro est que sois muy parecidos.

Pero si alguno quisiere tirar tanto la cuerda (aunque la rompa) que atribuya lo referido a humana contingencia y no a misterio, advierta que en las obras de la divina gracia no hay acaso: todo es providencia, y con sta fueron entrambos pregoneros de la Exaltacin de la Fe; con sta redujeron sus cuerpos a servidumbre, cindolos de cadenas de hierro para sujetarlos a la razn; haciendo tantas y tan extraordinarias penitencias, con tan nuevos modos de instrumentos, que sin intervenir milagro no las pudiera (en nuestro modo de entender) resistir la naturaleza; con sta fueron acrisolados, venciendo horribles tentaciones del demonio; con sta lograron las virtudes de obediencia, pobreza y humildad, y todas las dems religiosas; con sta merecieron que sus espritus fuesen levantados a ilustraciones divinas y celestiales arrobos; con sta consiguieron que el Seor obrase por ellos raros prodigios en vida y en muerte; con lo que vuestra vida y la suya, Santo mo, tuvieron tan admirable uniformidad, que bien se me puede permitir que os diga que vuestras virtudes en la fertilidad del Carmelo dieron la flor y luego la simiente, para que de ella, en la misma tierra, naciese la generosa planta de Fray Francisco, tan uno con vos mismo, que hasta tener escritor de fuera de la Religin lo ha parecido; prerrogativa digna de heroicas obras, para que no parezcan exageradas por los propios, referidas por los extraos. Por cuyas razones os ruego presentis este libro de su vida a vuestra Madre y suya, la Virgen del Carmen, a quien le dedico, y la pidis que, para que las semejanzas sean cumplidas, alcance de su Hijo que, a semejantes virtudes, alcance semejante culto, y supla a este su indigno Capelln el que presente este libro por mano ajena, pues lo hace de respeto.

 

Vuestro devoto,

 

Lic. D. Sebastin Muoz Surez.

 

 

 

 

 

 

APROBACIN

 

de los Muy RR.PP.MM. Fray Eugenio Ossorio Barba, Telogo del Ilmo. Sr. Nuncio de Su Santidad y Examinador de Beneficios en su Tribunal apostlico, y Fray Francisco Rogero Clarisse, Predicador de Su Majestad, del Orden de Nuestra Seora del Carmen, de antigua Observancia, etc.

 

Por mandado de N. Rmo. P. M. Fray Juan Gmez Barrientos, Calificador de la Suprema y de su Junta, Examinador Sinodal del Arzobispado de Toledo y Apostlico y Provincial de Castilla del Orden de Nuestra Seora del Carmen de Observancia, etc., hemos visto el libro que por los aos de 1665 sac a luz el Licenciado D. Sebastin Muoz Surez, Presbtero, Comisario del Santo Oficio, cuyo ttulo es VIDA DEL VENERABLE SIERVO DE DIOS Fray FRANCISCO DE LA CRUZ, Religioso de la Vida Activa del Orden de Nuestra Seora del Carmen, de la Antigua y regular Observancia; el primer Hijo de la Iglesia que hizo peregrinacin a los Santos Lugares de Jerusaln, Roma y Santiago de Galicia, con cruz a cuestas: hoy vuelve a las aras de la admiracin el peregrino espritu del Venerable Hermano, porque el celo ardentsimo de su hijo (y buen hijo), de aquel primer celador de las glorias del Cielo, nuestro gran padre Profeta Elas, quiere que con la continuacin de la estampa tengan las almas, en este raro Penitente, sagrado cebo que las anime: el libro vuelve a que admiremos la valenta de la gracia, que es poderosa, a sacar del dbil barro de la Naturaleza alentados esfuerzos que le desmientan. No vuelve sin creces (aunque el tesoro que nos dio el primer aviso de este nunca sendereado espritu pudo presumir que, sobre lo bien tratado de aquel progreso, y noticias verdaderas que adquiri su fatiga, con que intent dar al mundo luz de nuevo camino de seguir a Cristo con la vida singularsima de nuestro amado Hermano, no admita esta materia ms adelantamientos), vuelve ya ms gigante, con las nuevas adiciones que el M.R.P.M. Fray Marcelino Fernndez de Quirs, Catedrtico de la Universidad de Salamanca, Examinador Sinodal, Prior que fue del Observantsimo Convento del Carmen de la Imperial ciudad de Toledo y actual Definidor Mayor de la Provincia de Castilla, ha puesto a la vida, peregrinacin y sucesos de este nuevo Isaac de la ley de gracia, adquiridas sus especies a costa de harta diligencia y desvelo, reformando las que pudieron tener menor certeza, ocasionada de la mucha distancia de tierras, de quien se encomendaron las noticias, y algunas por no ajustadas a la cronologa de los tiempos, sacadas hoy todas de originales fidedignos y de instrumentos autnticos, y puestas en las manos de tan gran maestro, ha hecho en el nuevo libro un dibujo bien vivo del aventajado esfuerzo y virtud peregrina con que dot el Cielo al varn peregrino, queriendo en esta nueva obra y continuacin de estas noticias la Providencia del Altsimo que se descubra ms la gloria de la Majestad de Dios en sus escogidos, que en quien le busca por caminos tan arduos (y ms quien rompe la primera lnea al espinoso trnsito que hay de la tierra al Cielo) est a cuenta del Cielo el que se divulguen estas noticias.

No sin misterio grande aquel ngel del cap. I de las revelaciones de Patmos, que tuvo los pies en el fuego, los asemeja el texto al Aurichalco, porque ste (dijo Viegas, super Apoc. Cap. I) es quien ms divulg el sonido: Est enim Aurichalcum maxime fonorum, porque el alma se dedica a seguir a Dios (o imitar a Cristo) por la fatiga de lo ms penoso, siendo el primero a quien San Juan registra en lo acerbo de un tan desviado camino, in camino ignis ardentis, toca al cuidado de la Providencia tengan sus pisadas quien lo divulgue: Y si al Abad Joaqun damos asenso, hallamos en vida y en peregrinacin un vivo original de lo que fue nuestro Venerable Fray Francisco: In oculis contemplativa vita in pedibus grestus operis designantur, in utroque vivendi genere vita Christi. Y no menos misteriosa la traslacin griega, nos califica los cuidados del Cielo para el sonido, y sonido que reson in omnem terram; pues dice que los pies del ngel, sumiles sunt Chalcolibanos (Viegas), el Chalcolibano es un compuesto de metal e incienso: Chalcolibano aeris, etc., thuris permixtionen fonat que como incienso respira su virtud fragancias, siendo peregrino de los riscos su nacimiento: Thusin Arabia inter accesas surpernascitus. Sea, como metal, pregonero del metal penitente que se fatiga en las asperezas: Tamquam es in camino bonorum operum, et tribulationum.

Mucho crdito dio a la conocida virtud de nuestro Venerable Peregrino el Licenciado D. Sebastin Muoz; y ha corrido con tanta estimacin, que ha logrado muchos alientos a la virtud, deseosos de imitar el sobresaliente esfuerzo de nuestro Venerable, y a los devotos este nuevo asilo; pero hoy, con las adiciones doctas, verdicas y tan bien dispuestas del M. R. P. Maestro, tiene el complemento que podra lograr el anhelo, afianzando muchas creces al buen espritu. Ni uno ni otro tiene cosa que contradiga nuestra Santa Fe Catlica y buenas costumbres, y por cuanto contienen piden de justicia la licencia para que la estampa extienda materia de tanto provecho para las almas: con que juzgamos es muy digno el que se conceda. As lo sentimos. En el Real Convento del Carmen de Observancia de Madrid, en 14 de marzo de 1686.

 

 

 

 

FRAY EUGENIO OSSORIO BARBA FRAY FRANCISCO CLARISSE

 

LICENCIA DE ORDEN

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El Maestro Fray Juan Gmez Barrientos, Predicador de su Majestad, Calificador del Consejo de Inquisicin y de su Junta, Examinador Apostlico y Sinodal del Arzobispado de Toledo, y Provincial de esta Provincia de Castilla, del Orden de Nuestra Seora del Carmen, de antigua observancia. Por las presentes y lo que a Nos toca, damos licencia para que se imprima la VIDA DEL VENERABLE SIERVO DE DIOS FRAY FRANCISCO DE LA CRUZ, hijo de esta Provincia, que sac a luz el ao de 1667 el Licenciado D. Sebastin Muoz Surez, Presbtero, Comisario del Santo Oficio de esta Corte, y ahora nuevamente corregida y aadida de nuestra orden por el Muy R.P.M. Fray Marcelino Fernndez de Quirs, Catedrtico de Salamanca, Examinador Sinodal de este Arzobispado y Definidor Mayor de dicha Provincia; atento a que, segn tenemos entendido y consta del parecer de los Religiosos graves a quienes remitimos su censura, no tiene cosa opuesta a nuestra Santa Fe Catlica y buenas costumbres; antes, s, de mucho provecho y utilidad para muchos, y de edificacin para todos. En fe de lo cual mandamos dar las presentes, firmadas con nuestro nombre, selladas con el sello de nuestro Oficio y refrendadas por nuestro Secretario, en este nuestro convento de Madrid en 11 de marzo de 1686.

 

Fray JUAN GMEZ BARRIENTOS,

Provincial.

 

Por mandado de nuestro M. R.P. Provincial

Fray JUAN ROMO AZEBES,

Socio y Secretario.

 

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APROBACIN DEL DR. D. MATEO DELGADO

 

CURA DE LA PARROQUIAL DE SAN PEDRO DE MADRID, ETC.

 

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Es muy digna de comunicarse al mundo la vida de un varn tan ejemplar, penitente e imitador de la pobreza apostlica, como es el Venerable Fray Francisco de la Cruz, del Orden Nuestra Seora del Carmen Calzado, de Antigua y regular Observancia, contendida en el libro que de ella compuso el Lic. D. Sebastin Muoz Surez, con las Adiciones que nuevamente pone el Muy R. P.M. Fray Marcelino Fernndez de Quirs, que he visto y ledo de orden del Seor Don Alonso Portillo y Cardos, Vicario de Madrid, en que no hallo cosa alguna opuesta a nuestra Santa Fe y buenas costumbres; antes bien, es toda su vida muy provechosa a las almas que quisieren seguir el camino de la mortificacin; y as, me parece que se puede dar licencia para imprimirle. As lo siento. Salvo meliori, etc. En San Pedro el Real de Madrid en 8 de marzo de 1688.

 

Dr. D. MATEO DELGADO.

 

LICENCIA DEL ORDINARIO

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Nos el Licenciado D. Alonso Portillo y Cardos, Dignidad de Chantre de la Iglesia Colegial de Talavera y Vicario de esta villa de Madrid y su partido, damos licencia para que, por lo que a Nos toca, se pueda imprimir e imprima las Adiciones nuevamente aadidas a la VIDA DEL VENERABLE PADRE FRAY FRANCISCO DE LA CRUZ, Carmelita Calzado, compuestas por el Muy R. P. M. Fray Marcelino Fernndez de Quirs, Religioso de dicha Orden, atento a que por la censura consta no haber sido cosa contraria a nuestra Santa Fe Catlica y buenas costumbres.

Dada en Madrid a veinte y dos das del mes de marzo de mil seiscientos y ochenta y ocho aos.

 

LIC. D. ALONSO PORTILLO Y CARDOS.

 

Por su mandado, [1]

ANDRS DE CHAV.[2]

 

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APROBACIN DEL DR. D. FRANCISCO DE LA PUEBLA,

 

CURA DE LA PARROQUIAL DE SAN JUAN DE MADRID Y MAESTRO DE LOS CABALLEROS PAJES DE SU MAJESTAD.

 

M. P. S.

 

Por mandato de V.A. he visto con atencin (a m posible) el libro cuyo ttulo es VIDA DEL VENERABLE SIERVO DE DIOS FRAY FRANCISCO DE LA CRUZ, Religioso del Orden de nuestra Seora del Carmen Calzado, de la Antigua y regular Observancia, que escribi el Licenciado D. Sebastin Muoz Surez, y juntamente he visto las Adiciones con que para segunda impresin le ha ilustrado el Muy R.P.M.Fray Marcelino Fernndez de Quirs. Y si, como dice San Agustn, lib. VIIII de Trinit., cap IX: Nos quoque ita posse vivere, qui homines sumus, ex eo quod aliqui ()[3]nines ita vixerunt, minime desperamus, ut hoc et defidere() ardentius, et fidentius praecemur, el ver los hombres glo() empresas que otros consiguieron les da alientos para () puesto el temor, se esfuercen a emprender otras semejantes() no hay duda que quien leyere este libro y considerare con () el esfuerzo valiente con que este Venerable Religioso ()riamente tantas y tan grandes mortificaciones, con ()mprenda animoso lo que sin este dechado pudiera () impracticable; porque en l se halla un ejemplo () de mortificacin, as de cuerpo como de sentidos y pasiones () a tambin de piedad y de misericordia con el prjimo, () tsima contemplacin, fundada en fe y amor de Dios, () los caminos seguros que se deben seguir; por lo cual, y por no contender todo el libro cosa alguna que desdiga de la pu() de nuestra Santa Fe y ser muy conforme a las buenas costumbres, me parece se le pueda dar a su autor la licencia que pide para imprimirle. As lo siento. Salvo, etc. En San Juan, de Madrid, en siete das del mes de abril de mil seiscientos y ochenta y ocho aos.

 

 

DR. D. FRANCISCO DE LA PUEBLA GONZLEZ.

SUMA DE PRIVILEGIO

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Tiene privilegio del Rey nuestro Seor para poder imprimir este libro, cuyo ttulo es VIDA DEL VENERABLE SIERVO DE DIOS FRAY FRANCISCO DE LA CRUZ, del Orden de Nuestra Seora del Carmen, de Antigua y regular Observancia, el Muy Reverendo Padre Maestro Fray Marcelino Fernndez de Quirs, Religioso de dicho Orden, Doctor en Sagrada Teleologa por la Universidad de Salamanca y en la misma Catedrtico de Filosofa, Examinador Sinodal del Arzobispado de Toledo, Prior que ha sido de su Convento de Toledo y Definidor Mayor de la Provincia de Castilla, para que ninguna otra persona, sin su facultad y consentimiento, o de dicha Religin, lo pueda imprimir, so las penas contenidas en dicha Cdula Real de privilegio, dada en Aranjuez en veintiocho das del mes de abril de mil seiscientos y ochenta y ocho aos, y despachada en el oficio de Manuel de Mojica, escribano de Cmara del Rey nuestro Seor, y uno de los que residen en su Consejo, como ms largamente consta de ella, a que me refiero.

 

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SUMA DE LA TASA

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Tasaron los seores del Consejo Real de Castilla este libro a seis maravedises cada pliego, como ms largamente consta de su original, despachado en el oficio de Manuel de Mojica, Escribano de Cmara, en Madrid, a 27 de junio de 1688.

 

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PROTESTA

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La santidad de Urbano VIII public un decreto de 15 de marzo de 1625, en la Santa Congregacin Romana de la Universal Inquisicin, y despus le confirm en 15 de julio de 1634, en el cual prohibe se impriman libros de varones insignes en santidad sin la aprobacin de los Ordinarios. Y asimismo declar, en 5 de julio de 1631, que no se admitan elogios en razn de las personas de los dichos varones insignes; pero que en materia de costumbres y de opinin se puedan admitir, con protestacin antecedente que los dichos elogios no tienen autoridad de la Iglesia, sino aquella que la fe humana puede atribuir.

Y as, en ejecucin, estimacin y reverencia de dichos decretos, protesto que, todo lo que en este libro refiero, es obedecindolos en todo y no contraviniendo a ellos en parte alguna; y as declaro que ninguna de las cosas en l contenidas las entiendo, ni es mi voluntad que se entiendan en otro sentido que aquel que puede dar la autoridad humana sin intervencin de la divina en la Iglesia Catlica Romana, a cuya indubitable censura me sujeto. Madrid y julio 1 de 1688.

 

PREVENCIN AL QUE LEYERE ESTE LIBRO

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De la suerte que en las vidas de los varones ilustres en santidad se debe atender a la seguridad de las proposiciones, se debe tambin atender a la credulidad del lector, y en la del siervo de Dios Fray Francisco de la Cruz principalmente, porque la gobern el Seor con sucesos extraordinarios, prodigiosos y sobrenaturales, con que ha parecido dar prendas de esta verdad, las cuales tienen el seguro en todo lo que puede afianzar la razn humana, porque todas las partes que constituyen esta obra nacen de testigos o instrumentos, y stos con tales calidades como las que pueden influir Breves Pontificios, Cdulas Reales, el sentir comn de una Religin de tantos crditos, licencias de Prelados, testimonios autnticos de personas pblicas constituidas para poder certificarlos, as en los Sagrados Lugares de Jerusaln y Monte Carmelo, como en Roma y Santiago de Galicia, con los pasaportes en los idiomas latino, espaol, francs y toscano, las observaciones a la vida de este siervo de Dios hasta que sali a peregrinacin y despus a su dichosa muerte, por su Confesor y Prelado el Padre Fray Juan de Herrera, y tambin la que escribi el mismo, por obediencia de su Superiores; la secular con algn estilo, y en apuntamientos las maravillosas visiones y locuciones con que fue favorecido del Cielo; las apariciones que tuvo en la Francia; las deposiciones de Religiosos que fueron sus compaeros, y lo que en catorce cuadernos escribi el Padre Fray Luis Muoz, mi hermano, Procurador General de la Provincia de Castilla, del Orden de Nuestra Seora del Carmen, en que se ocup diez y ocho aos. Con estos instrumentos se ha formado este libro, los cuales me entreg la Religin por mano del Padre Misionero Fray Francisco Galindo, a quien los volv, para que se tornen a incorporar en el Archivo; y as, con esta prevencin, puede el lector entrar con quieto nimo, pues tiene por s lo que puede dar la certeza humana.

 

 

NUEVAS ADVERTENCIAS

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Para esta segunda impresin se debe advertir que, aunque para la primera puso el autor todo cuidado y diligencia en adquirir noticias ciertas, no las pudo conseguir, cabalmente a causa de venir de partes remotas, por lo cual form juicio entonces, segn los instrumentos que haban llegado a sus manos; pero no habiendo llegado todos, sali el libro algo diminuto, y aun con algunos errores materiales, los cuales estn notados por el Padre Fray Daniel de la Virgen Mara en el tomo VI de su Speculum Carmilitarum, desde el nm. 3.487, segn lo cual se han procurado enmendar ahora, aadiendo lo que parece ser verdad constante de instrumentos ciertos, y los ms originales, que hoy paran en el Archivo del Convento del Carmen Calzado de Madrid, con todos los dems pertenecientes a la vida del Venerable Padre. Y porque una de las cosas ms notables en estas adiciones es lo que se dice en el cap. XVII del libro II, que desde el puerto de Jaffa o Joppe, que es de la Tierra Santa, tom el viaje derechamente, y en primer lugar para el Santo Monte Carmelo, y de all para Jerusaln y los dems Lugares Santos, en compaa del Venerable Padre Fray Prspero, con el cual volvi otra vez al mismo Monte, en donde estuvo hasta embarcarse, ha parecido expresar aqu los instrumentos que hacen evidencia de ello, estorbando as la nota de sospechoso que poda padecer el que hace las ediciones, por ser Carmelita.

Un instrumento es el testimonio original del Venerable Padre Fray Prspero, que entonces era Vicario General y Prior del Santo Monte Carmelo, todo escrito de propia mano, firmando y sellado, que es del tenor siguiente:

 

 

JESUS MARA

 

Yo, Fray Prspero, del Espritu Santo, Misionero Apostlico y Vicario del Santo Monte Carmelo, doy fe como el R. P. Fray Francisco de la Cruz, de la Provincia de Castilla, vino a este Santo Monte Carmelo con una Cruz grande, con orden y licencia de su Superiores; esto es, de su Prior, Provincial y General, y tambin con orden y recomendacin de Su Santidad; y doy fe como desde este Santo Monte le he acompaado hasta la Santa ciudad de Jerusaln, donde entramos al Santo Sepulcro y dicha Cruz fue tocada en todos aquellos Santos Lugares, particularmente sobre el Santo Sepulcro, EL Monte Calvario, y elevada sobre el Santo hueco de la Santa Cruz de Cristo Seor Nuestro; y habiendo vuelto a este Santo Monte, doy fe como se parti de aqu el primer da de Septiembre, y por la gracia del Seor hay sanidad por todo este pas. Y por ser verdad, lo firmo de mi mano y lo sello con nuestro sello. En el Santo Monte Carmelo, a primero de septiembre de mil seiscientos y cuarenta y cuatro.

 

(Lugar del sello)

Fray PRSPERO DEL ESPRITU SANTO,

Vicario, etc.

 

Otro testimonio es una carta original, de mano del mismo Fray Francisco, su fecha en la ciudad de Leche a 29 de noviembre de 1644, de la cual se sac este captulo a la letra: El R. P. Prspero, Descalzo, nuestro Vicario General de Tierra Santa y Prior del Sacro Monte Carmelo, ha trabajado y gastado mucho por m, y me acompa desde el Santo Monte a la Ciudad Santa, y se hall presente a todo, y de ello da certificacin, que traigo.

Lo que se debe notar, en obsequio de la verdad, es lo mismo que nota el autor del Speculum Carmelitarum en nmero marginal 3.494, que en lo que se dice del Venerable Fray Francisco, cap. XIII, libro II, de haber pasado el ro Huarduch (extremadamente profundo) sin mojarse, se ha de entender que, siendo examinado en Roma por el P.M. Justi sobre este caso, respondi que se haba descalzado para entrar, y que as le haba pasado felizmente.

Tambin acerca de lo que de all mismo se dice, de que con la seal de la cruz hecha sobre los ojos de un ciego, por obediencia del Padre Prior de Castel-Nandarri, goz de la vista que jams haba conocido, se ha de entender que ste no era ciego de otro modo que por una fluxin pertinaz que le impeda el ver.

Confieso que las notas son escrupulosas, porque lo cierto es que, si es caso milagroso, uno y otro no dejan de serlo, ni el primero, por la circunstancia de haberse descalzado para pasar un ro tan profundo, que jams persona alguna le haba podido pasar a pie, y menos entonces, que iba tan crecido, que ni a caballo le pudieron pasar otros; ni tampoco se opone a la verdad afirmar que no se moj, pues quien pudo hacer que pasase, sin haber medio alguno humano para ello, pudo tambin hacer que no se mojase, ora entrase calzado o descalzo; fuera de que no es menor maravilla no mojarse de las rodillas arriba pasando un ro profundo, que no mojarse de las rodillas abajo, que es en lo que se poda dudar, por haberse descalzado.

Ni tampoco la relacin del segundo caso se opone en cosa alguna a la verdad, pues lo que all dice de que era ciego y que despus gozaron los ojos de la vista que jams haban conocido, se verifica en rigor; porque aunque fuese por fluxin de humores y no por impotencia, se verifica el efecto de no ver, ni haber visto jams, que comnmente se llama ceguera; y la maravilla consisti en hacer que viese de repente, lo que no haban podido efectuar los medicamentos naturales.

Pero sea como fuere, no falt el autor a la fidelidad ni en un pice, porque uno y otro sac a la letra, sin mudar palabra, como se contiene en la relacin impresa en Francia, segn y como all se dice; de lo cual debi no quitar ni aadir palabra en la versin que por la misma causa tampoco ahora se hace, fuera de que dicha relacin parece digna de toda fe, respecto de haberse escrito e impreso en aquel pas en donde sucedieron los casos y a vista de los que los vieron.

En cuanto a lo que se enmienda y aade en el cap. VII del libro III, tocante al suceso de nuestro Venerable Hermano en esta Corte, de vuelta de su viaje, en casa de Doa Juana de Tobar, mirando a una Vernica cuya estampa estaba en la primera impresin, se debe advertir que su autor efectivo escribi el caso y dispuso la estampa sin hacer examen para ello por s mismo, con lo cual incurri en dos errores: el uno, perteneciente a la verdad del caso; y el otro, tocante a lo verdadero de la efigie; porque el caso es puntualmente como se refiere en su lugar y en esta impresin, y la estampa antigua en nada es parecida al original, porque ni est pintada en pala, ni el rostro es de aquella fisionoma; por lo cual fue forzoso quitar la estampa y enmendar la historia, para lo cual ha precedido puntual examen, hecho con vivsimo cuidado y diligencia, a vista de ojos, y tratndolo con la misma Doa Juana Tobar y con su hija Doa Mara de Rivadeneyra, mujer de Diego Nuez, en cuyo poder persevera la Santa Vernica, para lo cual puso todo el empeo el M.R.P.M.Fray Juan Gmez Barrientos, Provincial al presente en esta Provincia de Castilla y Procurador y Comisario General de las Espaas, con quien asisti para el mismo intento el que hace estas adiciones para esta segunda impresin de orden suya.

 

 

LIBRO PRIMERO

 

C A P T U L O P R I M E R O

 

Nacimiento, patria y padres de Fray Francisco de la Cruz, y algunos sucesos de su primera edad.

 

La Sabidura divina, en la formacin de algunos varones ilustres, suele portarse desde el principio con aparatos y prenuncios de la admirable fbrica que en ellos quiere levantar, como quien (a nuestro modo de entender) previene la atencin para casos raros y sucesos dignos de estimacin y aplauso. As en el Varn fuerte, sujeto de este libro, se port, mostrndole desde su niez como empeo de su cuidado, previniendo al que despus haba de llevar su nombre y su Cruz, predicando oracin y penitencia con la voz y con el ejemplo, por tantas y tan diversas gentes polticas y brbaras, para honor y gloria del nombre cristiano y espaol y de la Religin del Carmen.

Fue Fray Francisco de la Cruz natural de la villa de Mora (patria frtil de hijos que han adornado muchas Religiones), en el Reino de Toledo, cinco leguas de aquella ciudad imperial, hijo legtimo de Bartolom Snchez, portugus, y de Mara Hernndez, de Alcobendas, cristianos viejos e hijosdalgo, cuyos parientes, en muy cercano grado, han servido en la Casa Real en oficios nobles, y en Madrid han tenido actos positivos de hijosdalgo.

Dbese notar que antes de su conversin tuvo ocupaciones que no dicen con esta calidad; pero como Nuestro Seor le quiso siempre en Cruz, en todos estados, no hacen consecuencia los ministerios en que dispuso su vida secular, porque l siempre corra por cuenta superior que rega sus pasos; y as esta parte de sus ocupaciones fue irregular en nuestro conocimiento; porque, o ya fuese en lo natural, por la suma pobreza a que vinieron sus padres y l, o ya fuese porque la Cruz que haba de llevar por toda su vida la quiso colocar nuestro Seor en su casa, al tiempo casi de su nacimiento; con que las ocupaciones a que asisti fueron todas desacomodadas y trabajosas.

Naci en 28 de diciembre de 1585, da en que la Iglesia celebra en llantos fnebres la muerte de los Santos Inocentes; y no careci de misterio ser en este da su nacimiento, porque el que en el mundo no haba de tener sino penas y Cruz, era bien que al nacer le hallase vestido de luto. Fue bautizado el da 3 de enero del ao siguiente, da de la Octava del Seor San Juan; y aqul que al nacer al mundo le hall con tristeza, el da que nace a la gracia le halla con alegra; y como haba de ser pregonero de la fe, cuando la recibe en el santo Bautismo, en su casa no falt contento, pues una abuela suya celebr el da esplndidamente, concurriendo lo ms noble de la villa.

Apenas haba llegado Francisco a los cinco aos, cuando ya sus padres eran pobres de solemnidad, respecto de unas fincas en que haban entrado y haber tenido su padre una tutela que a uno y a otro le oblig la piedad de su natural, porque era notablemente inclinado a hacer bien y a no negarse a lo que se le peda; principios todos que traen estos fines; porque aunque no es virtud el asegurarse, tampoco lo es el desamparar la prudencia; y sta consiste en atender siempre a la primera obligacin. Sus padres tuvieron otros hijos, que murieron temprano.

Era su madre muy sierva de Dios, y en aquella tierna edad le enseaba las oraciones y los principales Misterios de nuestra Santa Fe Catlica, acostumbrndole a algunas piedades cristianas, y entre otras es mucho de notar que, cuando Francisco le peda pan, le llevaba delante de una Imagen de Nuestra Seora, que tena el Nio en los brazos, y le haca hincar de rodillas y que puestas las manos pidiese pan a Jess y a su Madre; y entonces ella, por detrs de la Imagen, le arrojaba el pan, como que le reciba de las divinas manos de Jess y de Mara; por lo cual sola decir, siendo ya Religioso, que lo que aprendi en la inocencia lo practic despus en la necesidad.

Por esta edad, estando su madre en Toledo y a la puerta de su casa con el nio, lleg a ella un peregrino, y mirando con demostraciones de admiracin a Francisco, la dijo que tuviese particular cuidado con l, porque a aquel nio le esperaban raros sucesos y grandes peligros de agua, y que advirtiese que lo que la deca importaba mucho al servicio de Nuestro Seor. Suceso a que se pudiera escasear el crdito, si en la vida que se escribe no hubiera habido muchos sobrenaturales; esto fue el ao de mil quinientos ochenta y nueve, y luego el de noventa, estando en la misma ciudad de Toledo, en el Corral Hondo, que as llaman al sitio de la casa en que vivan los padres, a la entrada de un aposento que estaba encima de una escalera, vio pasar el nio, por encima de la ciudad, un animal muy pesado, que tena forma de buey y era mucho ms grande sin comparacin, y con los cuatro pies que tena andaba por el aire con mucha facilidad y caminaba siempre va recta; y aunque tena forma de buey, no tena las puntas que le da la Naturaleza, de lo cual qued con grande asombro. Este ao de noventa tuvo muchas y diversas visiones imaginarias de noche, que le ponan grande horror y espanto; y aunque nio, con lo que su madre le haba enseado (que ya en esta ocasin era muerta, dejando admirable opinin de sus virtudes y de la paciencia singular con que toleraba su adversa fortuna), que era la devocin de Nuestra Seora del Sagrario y del Carmen, de que haba sido muy devota con invocarlas, le dejaban luego las visiones feas y abominables que le afligan, y juntamente los miedos que le causaban, como cuando de repente en un temporal se serena el aire, y quedaba tan quieto como si tales visiones no hubieran llegado a sus ojos, de las cuales sola decir al P. Fray Juan de Herrera, su Confesor, que unas veces eran corpreas y otras imaginarias, de que se acordaba distintamente cuando tena cincuenta aos, y daba muy continuas gracias a Nuestro Seor, y su Confesor le deca que eran disposicin de Dios aquellas fantasas, y que las tomaba por instrumentos para dar a entender los ardides del demonio, y para que los bisoos en la Milicia Cristiana se fuesen haciendo esforzados y valientes.

Entre otras visiones tuvo una corporal, en que se puede hacer particular reparo, y fue que un gato, grande y espantoso, le acometi una noche diversas veces, queriendo ahogarle; de que Nuestro Seor le libr invocando el dulce nombre de su Santsima Madre Mara. Bien se debe reparar el cuidado que daba al demonio un nio de tan tierna edad, y que en el modo que sabe y le es permitido reconoca el fruto grande que haba de hacer en la Iglesia, pues conjuraba contra l todas sus industrias y artes. Parecale que le vea ya tremolar la Sagrada Cruz que haba de llevar en sus hombros, a imitacin de su Maestro Cristo Jess en el Santo Monte Calvario, y se afrentaba de que, habiendo sido all vencido de un Hombre Dios, en el mismo lugar le hiciese guerra tan sangrienta un puro hombre.

Este mismo ao de noventa le sucedi un caso tan extraordinario y de tales pronsticos, que parece que en l empez Nuestro Seor a descubrir la particular manutencin con que amparaba a Francisco, y que en las mismas asechanzas del demonio se reconoca el camino particular que le tena guardado, por donde haba de subir a la perfeccin; y fue que, estando una noche encerrado en un aposento, con llave, y la llave debajo de la cabecera de su padre y el aposento de su padre junto al suyo, tambin cerrado con llave, y tambin la puerta de la casa, la cual tena las paredes firmes, y sin portillo, sin sentirlo el nio ni su padre, le sacaron de la cama y le llevaron a un pozo que estaba cerca de su casa, el cual ni tena cubierta ni paredes, sino que estaba al igual del suelo y tena dos vigas que le atravesaban en forma de cruz, y le pusieron en medio de las dos vigas donde se formaba la cruz, en pie y dormido, y de este modo le hall un labrador, al amanecer, pasando al campo, y viendo que estaba en pie y dormido y en aquel riesgo, le dijo: -Nio, qu haces aqu? Con cuya voz despert despavorido y asombrado, y el labrador lo quit de all y se le llev a su padre, refiriendo el peligro y el suceso; quedando todos admirados, sin saber dar fondo a caso tan extraordinario, pues lo menos que tiene es el reconocimiento, que no pudo ser por modo natural, ni pueden dejar de carecer de misterio el detenerse en medio del riesgo en una cruz, ni se debe hacer reparo en si las puertas se franquearon o si las paredes se abrieron, cuando (sea por permisin o precepto) fue Dios el autor.

Entre las visiones de horrores y peligros tambin tena otras que le defendan, porque a los que guarda Dios para sus siervos los trae siempre en sus manos, y en ellas los peligros son seguridades.

 

 

CAPTULO II

 

De lo que le sucedi desde los once aos hasta los

veintids.

 

 

Hasta que cumpli Francisco los once aos, no hay cosa particular que decir sino que, por haber quedado su padre viudo y tan pobre, para aliviarle en algo unos parientes se le llevaron a su casa, con que parece le esperaba algn regalo, o por lo menos salir de tanta necesidad como su padre padeca; pero, o fuese porque aquellos fueron muy estriles, o porque la piedad, que nace de respetos y no de devocin, como son humanos, a pocos lances descubren sus quilates; si lo pasaba mal en casa de su padre, en la de sus parientes lo pasaba peor, porque en ella se amasaba para toda la semana y se hacan tres diferencias de pan; y de la ltima, que era la que se haca para los mastines, se sustentaba al pariente; con que los dos das primeros coma con mucho trabajo y los dems era menester echar el pan en agua para poderlo pasar (prevencin que entonces le hizo Nuestro Seor, para que no la extraara despus en el viaje de Jerusaln, ni en sus penitencias voluntarias en la vida religiosa), con que hallaron aquellos piadosos deudos buen camino para que durase poco el husped; y as sucedi, porque su padre le volvi a casa, donde se ejercitaba en algunas devociones que su madre le haba enseado.

Su padre, por aliviar su necesidad, cas segunda vez en Villamuelas, y no obstante viva con suma estrechez, por ser los aos muy estriles; y as fue menester, para poder pasar con alguna moderacin, que tambin el hijo trabajase, ayudando a su padre, y lo haca llevando cargas de retama desde Villamuelas a Tembleque, en cuyo ejercicio usaba de una piedad con sus padres digna de notar, y era que en todas las cargas que venda sacaba por adehala que le haban de dar un pedazo de pan, con el cual se sustentaba, y llevaba el dinero cabal a su padre.

Era Francisco de un natural robusto, muy a propsito para el trabajo, maoso en l, pero de entendimiento tan rstico, que pareca incapaz de pulimento y cultura. Tena muchas fuerzas y era atrevido, materiales todos muy distantes de cualquier gnero de letras; y as, aunque tena voluntad de aprender a leer y a escribir, su padre lo contradeca con muchas veras y con mucha razn; porque por un parte, respecto del natural que en l reconoca, le pareca tiempo perdido, y por otra le haba menester para que trabajase, porque era la principal parte del sustento de su casa; con que viendo la contradiccin de su padre y la ocasin de ella con ms razn que razones, le dijo: -Que l quera trabajar todo el da para el sustento de su padre, y que de noche aprendera a leer y a escribir. Bien se conocen las dificultades que esto poda tener; pero en siendo la influencia superior, no hay alguna; porque con mala disposicin, con repugnancia de su padre, con falta de tiempo, con corto entendimiento y casi sin maestro, se hall en breves das que saba leer, escribir y contar. En este tiempo y en esta ocasin tuvo muchos impulsos de ser Religioso, sin determinar Religin; pero con la contradiccin de su padre, que ya era su nico remedio, el cual se inclinaba a casarle (medio a que jams Francisco hizo rostro), y con preciarse de hombre fuerte y atrevido, se pas este gnero de vocacin.

Cuando Nuestro Seor da luz al entendimiento, enseando el camino, y la resiste o la deja pasar la voluntad, grande misericordia es de su piadosa mano y paternal afecto el que los castigos sean luego visibles y temporales. Y grande seal es de cierta y segura proteccin que en medio de ellos socorra, porque se conocen claramente que se contenta con el escarmiento, y que su nimo no es destruir, sino enmendar; y as fue que apenas dej de aprovecharse de la vocacin, cuando fue acometido de diversas sugestiones del demonio por diversos caminos y con diferentes objetos. Luego cay en Villamuelas en un pozo que llaman de Pedro Alonso, de muchos estados de alto, y juntamente con l cantidad de piedras, de que le sacaron sin lesin. Luego, pasando el ro de Algodor, le llev el raudal, y en esta ocasin se encomend muy de veras a Nuestra Seora, y se hall a la orilla unos juncos, y asindose de ellos pudo salir del riesgo. A pocos das cay en el mismo ro, y en esta ocasin no se acuerda haberse valido de devocin alguna, porque le parece que perdi el sentido, y slo se acuerda de que se hall sin diligencia alguna suya arrojado a la orilla. En este mismo da, a pocas horas de este suceso, cay segunda vez en el tablazo que llaman del Molino Quemado, y por intercesin de Nuestra Seora se vio libre. Despus de estos peligros tuvo otro mayor en el ro Guadarrama, junto a Navalcarnero, porque siendo de noche le quiso pasar, y apenas puso los pies en l para entrar en el puente, cuando el raudal, que vena fuera de madre, le arrebat, llevndole muy gran trecho, y en esta ocasin, invocando con las veras de su alma el nombre de Nuestra Seora del Carmen, se hall libre, asido a un tronco. Despus de algunos meses, caminando por la ribera de Guadarrama, sali a l un toro y le acometi y maltrat por algn rato como si fuera racional y tomara en l venganza de alguna injuria, y al invocar el nombre de Mara Santsima le huy el toro, como si le hubieran disparado un arcabuz; que no hay artillera ms fuerte y eficaz contra todas las potestades infernales que el dulce nombre de Mara, y Francisco qued como si no le hubiera maltratado el toro.

 

 

CAPTULO III

 

De lo que le sucedi desde los veintids aos hasta los treinta, y los oficios y trato en que se ocupa.

 

 

Es muy propio, cuando va faltando el caudal, que las diligencias que se haban de hacer para repararle se hagan para acabar de echarle a perder. Esto aconteci en la casa de Francisco; porque su padre, para tener algn socorro, se meti en nuevas finanzas, y le sucedi lo que a todos aquellos que se quieren remediar perdindose; pues, habiendo llegado el caso de la paga, y habiendo sido hechas a favor del Rey, y no cumpliendo, como estaba obligado, le prendieron; y porque la crcel del lugar no era muy segura, le metieron en un calabozo, ponindole grillos y cadena. Francisco, a quien lastimaba sumamente el trabajo de su padre, y como su corta capacidad no le haca prevenir riesgos, y su natural era atrevido y esforzado, resolvi escalar la crcel, romper las prisiones y pasar por encima de los embarazos que se ofrecieran para dar libertad a su padre; y esto tan sin zozobra y con tal quietud de nimo como si ejecutara una obra de piedad. Como lo pens lo consigui, y su padre y l se ausentaron, huyendo de la parte del Rey, y mucho ms de las diligencias del carcelero, que de contado se emplearon en prender a la madrastra, para que diese noticias de los fugitivos, la cual a pocos das muri en la crcel.

Por este tiempo, estando un da en el campo solo, sucedi a Francisco un caso digno de toda admiracin, y fue el ver un hombre en l, de estatura desproporcionada, que estaba echado a dormir sobre la tierra; hzosele novedad, habiendo reparado en l, y, llevado de la curiosidad, se le acerc, y vio que en unas alforjas que traa, entre otras cosas se descubra un libro; la ocasin de estar dormido el hombre le convid a ver qu libro era aquel, y lo primero que ley deca as: Arte para hacerse una persona invisible. Apenas hubo ledo esto, cuando arroj el libro, y, con ser hombre de valiente corazn, despavorido y temblando se puso en fuga, y volviendo a pocos pasos la cabeza, no descubri hombre alguno.

Es tan diestro guerrero el demonio que, para equivocar dnde quiere hacer el tiro, suele mostrar apariencias muy distantes de lo que pretende. En esta ocasin mal se le puede descubrir su intento; pero lo que no se puede encubrir es que, o por curiosidad, o por vanidad, o por confianza propia, siempre iba perdido el que se detuviera ms; con que, por desestimarse y no haber fiado de s, parece que logr los auxilios divinos.

Su padre y l vinieron a dar en la Puebla de Montalbn, y con el poco caudal que pudieron reservar compraron dos pollinos, y, como l era buen mozo, empez a trajinar, llevando mercaderas de unos pueblos a otros, y con el oficio de arriero tom nuevo modo de vivir para sustentar a su padre. Nuestro Seor no quera que l escogiera modo de vivir, sino drsele de su mano; y as, este que la disposicin humana les ofreci, no dejaba de tener algn alivio con los frutos que procedan de su inteligencia, y no quera Dios que le tuviesen, porque para el camino de la Cruz, por donde quera llevarlos, ste era de algn descanso. Con que sucedi que un heredero de la Puebla se hizo muy amigo de Francisco, y esto a fin de que le llevara cargas de vino a Oropesa, adonde el que hallaban que era de fuera de la villa se daba por perdido, y al que le traa le castigaban con prisin; y aunque al heredero se le previno el riesgo, sali a pagar los daos. El vino se descamin, y el heredero neg el contrato con juramento (buen camino de no faltar a la amistad); la recua se perdi, y Francisco se hall preso y sin caudal, y con pleito, que aun es peor; su padre sin medios para el sustento preciso, y todo perdido.

CAPTULO IV

 

En que se prosigue la materia de sus ocupaciones, y lo que le sucedi con su padre.

 

Sali de la crcel y fue en busca de su padre, y los dos acordaron de mudarse a Sonseca. All se separaron, porque Francisco tena buen crdito; y aunque el padre, por ser mucha su edad, no poda trabajar, el hijo buscaba algunos viajes, en la forma que poda, y lo que ganaba con ellos lo empleaba en el sustento de su padre y suyo. Parece que ya tomaba algn aliento por este camino, y para que se desengaase de que no era el que le convena le sali un viaje a los montes de Toledo, y en Navalmoral se sent a jugar y perdi el poco caudal que le haba quedado; con que le fue forzoso dejar de ser arriero, y solo, como haba quedado, desde all pas a Orgaz. Vindose tan perdido por su culpa, no se atrevi a parecer delante de su padre, y determin irse a la guerra (esto fue el ao que salieron los moriscos de Espaa). Menos deba de ser ste su camino, porque aquella misma noche se acost bueno y con esta determinacin, y amaneci como si fuera una imagen de talla, sin poder menear ni brazo, ni pierna, ni mano, ni dedos, ni ojos, ni pestaas, ni hablar, ni quejarse, ni tener movimiento corporal suyo, y esto sin tener dolor alguno; pero, aunque estaba de esta manera, tena las potencias libres, y conoca a todos, aunque no les poda responder a lo que le preguntaban, con lo que causaba general admiracin. Corri la voz por el lugar de que haba en el mesn un arriero que estaba como encantado, y sabindolo el mdico de l, fue a verle, y se persuadi de que le haban hecho algn mal, y con remedios que le hizo, nunca usados, volvi en s, en cuanto a poder hablar, andar y comer, pero le dur un ao la convalecencia. Su padre, habiendo sabido el caso, fue en su busca, y vindole as, las penas y lgrimas de entrambos bien se dejan considerar; determinaron ir a Toledo, por si mejoraban de fortuna en parte donde les conocan, pero siempre se la llevaban consigo.

Hay en Toledo, entre otras muchas obras de piedad que la adornan y ennoblecen, una en la casa del Nuncio, que es sustentar doce pobres viejos, que sea gente honrada, y en esta ocasin haba plaza vacante; y juzgando que a un hombre principal y conocido en la ciudad sera fcil conseguir aquella plaza, l pas a Yepes a buscar en que trabajar, y su padre se qued en Toledo con esta pretensin. El poco dinero que haba entre los dos se dej al padre para que comiese mientras negociaba; y Francisco, bien falto de fuerzas (porque an no haba convalecido bien de la enfermedad pasada), se entr a servir en Yepes a un Sacerdote, que le ocupaba en arar vias y olivares: como proceda bien, todos los de aquella casa le queran y estimaban, y l se iba acreditando.

Su padre, habindolo hecho sin razn, perdi la plaza del Nuncio que pretenda, y habiendo gastado el dinero que le qued, pobre, roto y desamparado, fue a Yepes en busca de su hijo; hallle en ocasin que estaba hablando con su amo, y cuando viendo a su padre de aquella suerte se haba de echar a sus pies, y abrazarlos y besarlos, que esta era su obligacin, no lo hizo; antes, como mal hijo, hizo que no lo conoca, afrentndose que su amo supiese que era su padre. l, como tan viejo y falto de vista, aunque estaba cerca del hijo no le conoca; Francisco entonces se lleg a l, y le dijo que se fuese a una casa de un vecino, que l ira all a verle; pero la edad, que le haca falto de vista, tambin le haba hecho falto de odos; con que fue menester levantar la voz sobradamente para que lo entendiese. El amo, como estaba presente, entr en curiosidad de saber quin era aquel hombre, y preguntselo: l, empeado en llevar adelante su disimulacin, respondi que era de su lugar; pero el amo, por algunas demostraciones, se persuadi de que era su padre; y preguntndoselo con tres instancias repetidas, Francisco en todas tres neg a su padre, y los motivos por que despus deca lo que haba hecho fueron: el uno de vanidad, porque miraba a su padre tan pobre; y el otro de soberbia, porque le pareca le estimaran en menos. Oh, vlgame Dios, quin diera peso a tantas profundidades! Si esto pasa en quien ara vias y rompe terrones, ay de los que habitan los palacios! Si esto pasa en un alma socorrida y privilegiada, ay de la que se le deja obrar a su riesgo! Si esto pasa en una capacidad tan corta, ay de aquella a quien el demonio hace la guerra con sus propias armas, y en sus habilidades funda su hostilidad!

Lo que llev Francisco en esta ocasin de contado fue que el amo y toda su familia conocieron que era su padre; exageraron la ruindad, culparon la mentira, aborrecieron el mal trato, desestimaron tan mal hijo, y cuando l pens llevar adelante su aprecio y excusar su desestimacin, se hall silbo y fbula de todos.

 

 

CAPTULO V

 

En que se prosiguen los sucesos con su padre y otros particulares.

 

Aunque Francisco tuvo tan mal trmino con su padre, no obstante le socorri mientras estuvo en Yepes con todo el posible que poda, que fue hasta llegar el agosto del ao siguiente; entonces se convino con otros mancebos de ir a segar a tierra de Castilla la Vieja; su padre lo supo, y conociendo que en aquella resolucin estaba su ltimo desamparo, le dijo un da: -Ya ves las enfermedades que me afligen, sobre hallarme con ms de setenta aos, viudo y tan pobre que no tengo ms remedio que el socorro que t me haces; si te ausentas, quin ha de cuidar de m? Y qu puedo hacer en tierra extraa, imposibilitado de entrar en la ma? Lo mismo es faltarme t que matarme, pues de tu asistencia depende mi vida. Muda de parecer, dejando ir a tus amigos, que no deben pesar tanto como un padre; no desagrades a Dios en materia tan sensible; que si me miras como embarazo, ya poco te puedo durar; y advierte que aunque siento la falta que me has de hacer, ms dolor me causa el que, siguiendo tu voluntad y tus amigos, entras por el camino de perderte, y que a nadie le sucedi bien desamparar el consejo de su padre, y aqu tu desamparas al padre y a su buen consejo. Espero en Dios que te han de detener mi razn, mis canas, tu obligacin, mis lgrimas y mi necesidad. La respuesta fue: -Que haba de cumplir su palabra y seguir a sus amigos. Su padre entonces (para que se vea lo que es ser padre, y lo que es ser hijo) abrazndole y formando tres veces una cruz en el aire, le dijo tres veces: - La bendicin de Dios todopoderoso te alcance; anda en paz. Y en esta conformidad se despidieron y no se volvieron a ver ms, porque su padre se parti a Toledo, donde en breve tiempo muri, y Francisco hizo su viaje con sus amigos. Habiendo en la desobediencia de su padre cometido un delito de tantas calidades, que no slo es contra el precepto divino, y contra el especial dictamen de la razn, y contra la inclinacin de la misma naturaleza, sino tambin contra la consonancia poltica del buen gobierno de las repblicas; habiendo sido el santo viejo alegora del Padre Dios, que a vista de nuestras ingratitudes nos llena de bendiciones, para que los que merecemos por la culpa ser tratados como esclavos, nos entremos con los beneficios por el arrepentimiento a ser admitidos a su gracia como hijos.

Con buena victoria empez el enemigo del gnero humano a coger trofeos de la vida secular de Francisco, pues a un escalamiento de una crcel Real y rompimiento de prisiones, junt ahora la negacin y desobediencia a su padre; pero lo que ms causa admiracin es que, siendo oficio del demonio buscar para las almas culpas en esta vida, ms que penas, en Francisco mud la forma, porque su principal intento parece fue siempre acecharle a la vida, juzgando que nunca le tena seguro, o recelndose de lo que despus le haba de suceder con l. Bien se conoce esto en uno de los casos ms dignos de ponderacin y ms sin ejemplar de cuantos se leen en historias sagradas y profanas, que le sucedi por el tiempo de su vida que vamos refiriendo, y fue: que habiendo ido a segar a Castilla, como se ha dicho, l y sus amigos tomaron la vuelta de Burgos; tena particular devocin con la Imagen de Nuestro Seor Jesucristo, que es honra, amparo y consuelo de aquella ciudad, y apartndose de sus compaeros, por haberse acabado el agosto y haber adquirido algn caudal en los destajos que haban tomado, con uno de ellos que le quiso seguir camin a hacer la visita al Santo Cristo y a confesar en aquel convento, porque andaba muy afligido de los sucesos con su padre, y mucho ms por haber quebrantado un juramento, con circunstancias extraordinarias, que haba hecho de no jugar. El compaero que haba tomado para ir a tan piadosa romera, arrepentido de no volver luego a su casa, ya no le serva sino de embarazo y de continuas molestias, para que se volviesen sin llegar a Burgos. En estas plticas les cogi la noche y se quedaron a dormir en el campo, cuando al primer sueo, empez el compaero a dar grandes voces, de un dolor tan vehemente que le haba dado en un dedo de la mano derecha que causaba lstima el orle; Francisco, logrando la ocasin, le dijo que ofreciese ver al Santo Cristo y mejorara; el compaero le dijo que, si al amanecer estaba vivo, ira con l; amaneci, y aunque se le mitig el dolor, sin embargo del ofrecimiento, dio en que se haba de volver sin llegar al convento de San Agustn. Francisco le aconsejaba prosiguiesen el camino, y l (sin que hubiese causa para ello) se echaba por el suelo y se revolcaba con notable destemplanza y furia en la tierra, diciendo: que no poda ms, que no saba qu tena, y que aquellas demostraciones no estaban en su mano; en fin, sin embargo de la repugnancia, llegaron a Burgos y al convento, hicieron oracin al Santo Cristo, y queriendo Francisco confesar, el compaero le dijo que no se confesase, que l no se haba de detener; tantas fueron las porfas, que se resolvi a volver sin confesar.

Salieron de Burgos, y al anochecer del mismo da, sin saber por qu causa, el compaero le dej y se fue; l, vindose solo, se apart del camino, no lejos de la ciudad, para recibir algn alivio con el sueo, porque estaba cansado. Ya sera anochecido, y apenas haba cerrado los ojos, inclinndose a dormir, cuando con mucho ruido y voces le despertaron, y levantndose, con gran turbacin, se hall entre cuatro hombres, con espadas y dagas desnudas, que le dijeron que era ladrn y que haba robado la Custodia de la iglesia mayor, a lo cual se excusaba diciendo que no haba visto la iglesia mayor, y que aquel mismo da haba llegado. Entonces todos cuatro, con gran furia, le dieron a un tiempo muchos golpes con las espadas y dagas. Vindose entonces en tan gran peligro y en el mal estado en que se hallaba, con todas las ansias de su corazn se encomend al Santo Cristo, y al mismo tiempo se aparecieron tres hombres a su lado, muy galanes, cuyo traje pareca de caballeros (que la claridad de la noche daba lugar a que todo se pudiese distinguir) con estoques y rodelas resplandecientes, amparndole de los que le ofendan, a cuya presencia todos los cuatro que le heran cayeron en tierra; y entonces, los que le haban librado, le tomaron de la mano y llevaron consigo hasta llegar a unas huertas, y se despidieron de l, dicindole estas palabras; el primero dijo: -ntrese por ah; y el otro dijo: -Y no salga hasta la maana; y el ltimo dijo: - Y d gracias a Dios, que ngeles de Guarda ha tenido; a los cuales Francisco siempre tuvo por verdaderos ngeles, porque se desaparecieron instantneamente. Los efectos de este suceso fueron el no hallarse con herida alguna, habiendo sido tantos los golpes de espadas y dagas que recibi, y verse con ardentsimos deseos de confesar y de recibir a su Divina Majestad Sacramentado y as, en siendo de da, se fue al convento de San Agustn y confes y comulg, dando repetidas gracias a Nuestro Seor Crucificado porque le haba socorrido en riesgos tan evidentes de vida y alma.

 

 

CAPTULO VI

 

De algunas mudanzas de oficios que tuvo en este tiempo, desde veintids hasta treinta aos, y los varios lugares en que estuvo, con sucesos notables.

 

Desde Burgos vino a Madrid, y entr a servir en el Hospital Real de la Corte, y se ejercitaba con mucho gusto en asistir a los enfermos; pero con los oficiales del Hospital se mostraba con alguna entereza, porque era muy preciado de valiente y le pareca desestimacin mostrar a los dems, por recin venido, algn rendimiento. Sucedi que otro criado de aquella casa Real le prest unos dineros, y l se los pag; y estando ya pagado, se los volvi a pedir, por cuya causa se desafiaron, y riendo se le desguarneci la espada a Francisco, y milagrosamente no le hiri el contrario, aunque lo intent; lo cual fue causa de que le despidiesen del Hospital y no permaneciese donde su natural, verdaderamente piadoso y compasivo, por el ejercicio de la misericordia, poda llegar a conseguir otras virtudes. No era el camino de su vocacin, ni el que despus tom yendo a Vallecas a aprender el oficio de albail, en el cual dur muy poco, y desde all pas a Navalcarnero, donde encontr un pobrecillo desnudo, que le movi a tal compasin que, con el dinero que le haba quedado del viaje de Castilla, le visti, slo por amor de Dios, sin que en esta ocasin se mezclase gnero de vanagloria, de que luego recibi el premio (aunque en mucho tiempo no lo lleg a conocer), y fue encontrarse en aquel lugar con Fray Vicente del Castillo, Religioso del Orden Sagrado de Nuestra Seora del Carmen, que estaba pidiendo la limosna de la vendimia, y entr a servirle en el ministerio de recogerla. Fray Vicente, aficionado al agrado y buen proceder de Francisco, le ofreci su favor para ser Religioso del Carmen, cuando destempladamente se impacient, de manera que pareca haber recibido alguna injuria grande; tanto, que el Religioso, vindole tan desenfrenado en la desestimacin del Sagrado Hbito, le pidi perdn por la pesadumbre que haba recibido.

El obrar con esta violencia no fue natural, porque ni la proposicin lo mereci, ni el sujeto (aunque tena tanto de mundo) era desestimador de la virtud; pues una accin tan descompasada, o tuvo origen en culpas antecedentes, o el demonio, al punto que oy el nombre que haba de ser el remedio de Francisco, le destempl en furor tan atrevido y desbaratado; o fue todo junto, porque es ilacin una culpa de otras, y porque el demonio est enseado a perder tierra a vista de la antorcha resplandeciente del Sagrado Hbito del Carmen.

Dej a Fray Vicente, y habindose venido a Madrid, entr a servir al P. Fray Antonio Prez, Provincial del Carmen, y tambin a pocos lances le dej; y, en fin, andaba violento en todo. Buscaba su centro, y como tena tantas cubiertas sobre la vista del alma, andaba ciego y no le hallaba. Oh, Seor poderoso, que no solamente nos has de dar la luz, sino que nos has de correr la cortina para que la veamos! Oh, Seor poderoso, que no solamente nos has de correr la cortina para que veamos tu luz, sino que tambin has de tener paciencia para aguardar a cuando sea tiempo de correrla! Seas bendito para siempre. Parece que ya iba llegando el de Francisco, pues Nuestro Seor le quiso llamar con voz ms alta por el medio siguiente:

Pasando por la Plazuela de la Cebada, vio reir dos gallegos, y, como tena espritu valiente y compasivo, se lleg a poner paz, a tiempo que el uno tiraba al otro una piedra; sta dio a Francisco en la cabeza tan grande golpe, que le hendi el casco. Llevronlo a curar, y luego se conoci que la herida era de peligro de muerte. Son las enfermedades y riesgos ngeles visibles que tratan el negocio de quien las enva, y con el quebranto de la porcin terrestre sube de punto la espiritual. Francisco, conociendo el estado de la herida, luego trat de confesar generalmente; y aquel que haba hecho tanta desestimacin del Sagrado Hbito de Nuestra Seora del Carmen, ahora le pide con muchas ansias a su Confesor le d, en penitencia, que traiga siempre consigo el Bendito Escapulario. El demonio, que no da cuartel, por no perder pie en esta jornada incit a una mujer principal para que, con embozo de caridad, regalase a Francisco en la enfermedad, y, sin embargo de que era un tronco tosco y sin desbastar, le solicitase; mas tuvo grandes ayudas del Cielo para la resistencia, y as, en conociendo la intencin, no quiso admitir regalo alguno. La herida no daba esperanza de sanidad, y en esta ocasin le curaron por ensalmo, y estuvo luego bueno; tratse de darle algn dinero para que no hubiese querella, y l, encontrando al que le hiri, cuando se recelaba no quisiese tomar satisfaccin, le perdon slo por amor de Dios.

Si las diligencias que pone el demonio para nuestra ruina (no mejorando l de fortuna con ella) pusiramos nosotros (consistiendo todo nuestro bien en apartarnos de sus lazos), obrramos con la razn y justicia que debemos; aunque del tropiezo pasado sali mal, luego de contado le puso otro de una mujer que intent su amistad por lograrla; y por tener en l defensa a sus depravadas costumbres con que fue acometido, en la parte de la reputacin como hombre de valor, y en la parte de la flaqueza como hombre, no quiso admitir esta amistad, y la tal mujer, haciendo empeo por el desaire recibido para vengarse, dispuso un regalo bien confeccionado y se lo envi disfrazado con muchas caricias. Pero Nuestro Seor, o ya fuese por su inocencia, o lo que es ms cierto, por conservarle para la fbrica grande a que le tena destinado, puso en su corazn un recelo tal, que le oblig a no querer comerle, y a la maana del da siguiente le hall todo lleno de gusanos; con que declarada la alevosa, rompi su espritu en sumos agradecimientos a la bondad Divina, por haberle librado de aquel veneno y de una mujer que le mataba porque le quera.

 

 

CAPTULO VII

 

De cmo estuvo en Cuenca, y pas al Andaluca, y dio la vuelta en breve a Castilla.

 

Sali de Madrid nuestro Francisco, por huir las ocasiones referidas; fue a Cuenca; y en aquella ciudad tuvo amistad con una mujer principal, recatada y de hacienda, y por huir sta pas al Andaluca; y entrando a servir en Lucena en una casa principal, luego se le ofreci otra ocasin de una mujer de buen porte; y juzgando l que aquellas plticas miraban a casamiento, sali presto del engao, porque la mujer se le declar que era casada, y qued sin saber lo que hara (que aunque no era muy devoto ni cuidadoso de su alma, senta interiormente muchas contradicciones a ofensas de Dios, y las evitaba algunas con su divina gracia), y en esta ocasin logr los auxilios celestiales.

Esto fue el ao 1613, en el cual una noche, estando durmiendo, tuvo un sueo, y en l le pareca que estaba en el convento de Nuestra Seora del Carmen de Madrid, delante del Santsimo Sacramento del Altar, y que con toda atencin y reverencia miraba la Sagrada Hostia. Los efectos de este sueo fueron movrsele el corazn con gran vehemencia a dejar la Andaluca y volver a Madrid; y no obstante que en Lucena tena una comodidad muy ventajosa, andaba como fuera de s, y no poda reposar, ni pensaba en otra cosa si no era en el convento del Carmen; tanto fue, que luego se puso en camino y vino a Madrid, y fue al convento, y en l entr a servir al P. Fray Juan Maello; fue este Religioso conocidamente el instrumento que tom Nuestro Seor para la conversin de Francisco; y se puede decir que fue hijo de su espera, y de su paciencia, porque cada da se le sacaba el demonio, y cada da le volva a recibir, hasta que por los rodeos que se vern, vencidos los peligros del mundo, logr las seguridades de la Religin.

En este tiempo, estando sirviendo al P. Fray Juan Maello, tuvo otro sueo muy profundo, y en l vio unas tinieblas demasiado densas y obscuras, y en medio de ellas una luz como la estatura de un hombre, y aunque durmiendo le pareca que tena particular temor y grande asombro de aquella luz, extraando l en s tal cobarda, y vio que la luz se le vena acercando, y que de en medio de ella sali una voz y le dijo: -No temas; -y en esto l se confort y estuvo ms en s; y prosigui la voz diciendo: -Soy el alma de tu amigo Silo Abalos; -y l reconoci la voz; y prosigui diciendo: -Estoy en penas de Purgatorio; aconsjote que seas muy devoto del Santsimo Sacramento del Altar.- Despert, y qued tan admirado de este sueo, que mucho tiempo despus de ser Religioso siempre tena delante de los ojos esta consideracin, y le serva de ejercicio, porque formaba este concepto y deca: Es posible que Silo Abalos est en el Purgatorio? Un hombre tan buen cristiano que jams le vi jurar, ni maldecir, ni cosa digna de reprensin, antes con todas sus acciones, palabras y ejemplo edificaba; haca muchas obras de misericordia, y, aunque pobre, en lo que poda socorra a los necesitados, quitndolo de su comida; que todos los das oa tres Misas, frecuentaba los Sagrados Sacramentos, y todo l era piedad y virtud? Si para ste hay Purgatorio, qu habr para m? Los efectos que resultaron de este sueo fueron: copiosos deseos de huir de todas las ocasiones de pecar, ansas fervorosas de contricin y colmados frutos de devocin; qu mucho, si en esta disposicin le lleg la pluvia celestial?

Esto sera a fines del ao 1613, y en los principios del 1614 tuvo otra maravillosa visin; sta no pudo distinguirla si haba sido en vigilia o entre sueos, y fue: que vio un ngel de rara hermosura que con mucho agrado se iba acercando a l y traa una carta en la mano, y conoci, intelectualmente, que la carta era de Nuestra Seora la Virgen Santsima; y tambin conoci que era para l la carta, y que contena estas solas palabras: El viernes irs all; y con esto desapareci la visin, la cual le dej con un gnero de gozo indecible, con una quietud de espritu admirable, con un fervor en su corazn tan extraordinario, que jams le haba tenido ni a su consideracin haba llegado; que tal se poda tener, con una devocin tan poco extraa de la naturaleza, que le pareca que siempre haba sido, y con tal recelo de perderla, que quisiera primero dejar de ser. Ms qu mucho que se trastornarse todo el hombre, y se renovasen y encendiesen los afectos, si en aquellas solas palabras, aunque entre sombras y obscuridades de enigmas y misterios, Nuestro Seor le seal con la mano el puerto, fin de las borrascas que levanta el proceloso pilago de las culpas, y principio seguro de la conversin, del merecimiento y de la unin, como en su tiempo se dir?

 

 

CAPTULO VIII

 

De cmo dej al P. Fray Juan Maello y se volvi a su

oficio de arriero, y lo que en l le sucedi.

 

El P. Fray Juan Maello era un Religioso muy ajustado a la observancia de su Religin, pero de natural algo spero y puntual. Francisco era voluntarioso y tardo en lo que haca, y as se desavinieron; con el dinero que le pag de su asistencia, y con lo que l tena y buen crdito que siempre conserv, compr tres pollinos y se volvi al oficio de arriero; esto era el ao 1615, cuando viniendo con ellos de la Vera de Plasencia y llegando a las vias de Monte Aragn, una legua antes de la villa de Cebolla, atraves por delante de l una liebre, que caminaba con paso tan corto, que pareca que apenas se poda menear; l, juzgando cogerla, sali tras ella del camino, y, corriendo mucho ms que la liebre, nunca la pudo asir; y cuando se hall fatigado de seguirla, delante de los ojos y de entre las manos se le desapareci; volvi a su camino y hall cados todos los pollinos que traa cargados de castaa, y cuantas veces los cargaba se volvan a caer en tierra sin poderlo remediar. Al fin perdi la paciencia de todo punto; y cuanto ms desatinado, furioso y confuso estaba, le acometieron pensamientos de desesperacin; no se poda valer consigo mismo, parece que le ataban el entendimiento y le sujetaban y rendan la voluntad para que ni acertase en lo que haca ni supiese tomar forma en lo que deba hacer, cuando nuestro Seor fue servido de darle conocimiento de que era tentacin. Entonces, rompiendo en un suspiro nacido de lo ntimo del alma, dijo:

-Virgen Santsima, favorecedme, que padezco violencia; y pues no s lo que hago ni lo que digo, responded a mis enemigos por m.

Ms presto baj el socorro que se pronunci la peticin; y hallndose de repente con quietud y serenidad, levant los ojos al Cielo y vio en el aire formada una Cruz que entonces reverenci como a quien le haba valido en tan gran afliccin, y despus como por empresa, por abogada, y por instrumento de su bien, de su conversin y de su penitencia.

Siempre se persuadi a que el demonio en figura de liebre le quiso ir descomponiendo para introducir en su pecho con el suceso siguiente el lance de la desesperacin; pero la Reina de los ngeles, cuyo hijo haba de ser, le dio el socorro y la invocacin con que puso toda la costa.

Considerando lo que haba sucedido, le pareci que no le quera Dios en aquella ocupacin; y luego que hubo vendido las cargas de castaas, vendi los pollinos y se volvi en busca de su P. Fray Juan Maello, persuadido de que le quera bien y aconsejaba mejor, el cual le volvi a recibir, mostrndole que no fuese tan voluntarioso, que era de donde le vena todo el dao. Sirvile en esta ocasin por muchos das con tanto rendimiento, que admiraba la mudanza de su natural. Con el trato y con el ejemplo se fue aficionado mucho al Sagrado Hbito de Nuestra Seora del Carmen, con gran confusin de su alma de que antes le hubiese menospreciado.

El P. Fray Juan Maello estaba enfermo de ordinario, y en su celda no se haba de tratar sino de perfeccin y de servir y agradar ms a Nuestro Seor, y as en ella se juntaban algunos Religiosos que trataban de espritu; Francisco, como siempre asista en la celda, atenda con mucho cuidado a estas plticas; y viendo lo que significaban aquellos Padres, la importancia de la oracin, del rendimiento de la voluntad, de la mortificacin de los sentidos, del conocimiento de s mismos, le dio Nuestro Seor un impulso y toque en su alma, con que conoci que era un hombre perdido y que haba malbaratado su vida, y que, habiendo de encaminarla a conseguir el alto fin para que fue criado, se haba empleado toda la vida en tomar contrarios caminos, y de estos pensamientos le result el irse ensayando en algunos ejercicios virtuosos. Ayunaba tal vez, tomaba alguna disciplina y forcejeaba a meter por razn su natural indmito; recogase a tener oracin vocal, y en este sentido entenda lo que oa hablar de la grandeza de la oracin, porque la mental no la conoca. Todo estaba bien para ir empezando, pero el trabajo era que haba de salir de casa forzosamente, con que en un instante se perda todo lo adquirido; y como este rbol era tan tierno, el cierzo de la calle le abrasaba luego, y as Francisco se hallaba devoto en casa, inquieto de fuera, partido el corazn, mitad al alma y mitad a los sentidos.

 

CAPTULO IX

 

En que prosigue la materia del antecedente con un caso particular y firme resolucin de hacer nueva vida.

 

Era Francisco un campo de batalla, todo le haca fuerza; como el afecto vena, se le llevaba tras s; cuando se aplicaba a la consideracin de los bienes espirituales y eternos, le hacan tal fuerza, que quisiera entregarse todo en los medios de conseguirlos; cuando se apoderaba de l alguna tentacin, caminaba sin freno. Tom una vez un libro de oracin del P. Maello y se movi con l a retirarse a tenerla (siempre vocal), y la acompaaba con algunos ayunos y retiros de lugares que le solan ser ocasin de culpas. El enemigo de todo bien, mientras le vea ms determinado, le pona ms fuertes lazos en que cayese. Sucedi que, yendo un da a una casa con determinacin de cometer una culpa grave, deshonesta, repar acaso en una Imagen de Nuestra Seora que estaba en el camino, y dndole entonces la Divina Majestad consideraciones de la pureza de aquella Santsima Seora, Madre suya y nuestra, que bastaran a rendir el corazn ms de piedra, como caballo desbocado se arroj al precipicio, queriendo proseguir en su intento, cuando un Religioso del Carmen le llam y le llev consigo al convento, ocupndole en negocio del Religioso a quien serva. Parece que andaba Nuestro Seor con Francisco como un buen padre a quien se le ha ido un hijo de casa, que, vindole que huye de l, le va tomando las calles para atraerle; y para persuadirle a que no se pierda, se vale de otra persona que debe montar menos que l, porque en un perdido suele hacer ms fuerza lo que no lo debe hacer; as hoy se porta Dios con Francisco, pues no bastando los respetos divinos, logran el fin los embarazos humanos.

No sosegaba el enemigo, volviendo a representarle la misma ocasin al da siguiente, volviendo Francisco por los mismos pasos a caminar a la misma ofensa y volviendo Nuestro Seor a ponerle delante la Imagen de su Santsima Madre con las consideraciones de la pureza, de la ms pura entre todas las puras criaturas; con que volvi en s (quedando ms fuera de s) de lo que le haba sucedido, sin acertar a moverse a una parte ni a otra; y entre obscuridades y confusiones, rmora su entendimiento de sus pasos, se hall con la claridad de la luz que le haba baado todo, apoderndose de l tal, que volvi las espaldas a la culpa para no tornar a hacerla rostro jams; y ponderando la ofensa que iba a cometer y las circunstancias de la ofensa, se fue al convento, y retirndose a la Capilla de Santa Elena, delante de un Santo Cristo con la Cruz a cuestas, considerando que el peso de ella era el de sus culpas, postrado en tierra y regndola con arroyos de lgrimas y actos de verdadero amor y penitencia, volviendo a mirar a este Seor y con la luz que dio a su entendimiento su divina gracia (obrando ella en l ms que l en s), entre sollozos y suspiros, dijo de esta manera:

-Seor, yo soy un bruto, y como tal he vivido, perdindoos el respeto tantas veces como he repetido vuestras ofensas: no miris a mi corta capacidad, sino suplidla, y atended a los afectos con que os habla mi corazn.

Seor, siendo Vos Dios y yo polvo y ceniza, me he atrevido a Vos, quebrantando todos vuestros Mandamientos, no aprovechndome de todas vuestras santas inspiraciones, malbaratando todas las dotes naturales, faltando con ellas a vuestro amor y reverencia, apartndome de Vos y convirtindome todo a las criaturas. Yo, que deba, por ser Vos quien sois, alabaros y bendeciros con cada respiracin, y por las misericordias que me habis hecho estar rendido a los movimientos de vuestra voluntad en perpetuos agradecimientos, jams ocup la memoria ni detuve la atencin en los beneficios que me habis hecho como Criador y Redentor, ni en el que espero me habis de hacer como Glorificador; antes, ingrato y desconocido a tantas mercedes, toda mi vida la he empleado en borrar la hermosura que pusisteis en mi alma con la Fe que recib en el Bautismo y con la divina gracia, y tantas veces con vuestros Santos Sacramentos; parece que andamos a porfa: Vos, siendo Dios, a llover en m gracias y adornos; y yo (siendo un vil gusano), a desestimarlos y a arrojarlos de m. En fin, Seor, por lo infinito de vuestro Ser, y de vuestro poder y de vuestra clemencia, no habis apartado de m vuestro rostro para siempre, segn yo lo he merecido tan sinnmero de veces; antes, sin causaros horror lo feo de mis culpas, conozco con la luz que me estis dando que queris venir a m y habitar en m, no como husped, sino como Seor propietario, haciendo mansin eterna.

Yo os prometo, Seor, que en m no ha de habitar nadie ms que Vos, que sois mi Dios y habis de ser todas mis cosas; y para que hallis desembarazada la casa, desde luego renuncio todos mis pecados, todos mis afectos, todas mis pasiones, todos mis cuidados, todos mis sentidos, todas mis inclinaciones, y hasta a m mismo me renuncio para ser con Vos y por Vos otro nuevo hombre. Clavad, Seor, en esa Cruz que tenis sobre vuestros hombros la escritura que tiene el demonio contra m de mis culpas, rompindola y cancelndola; y pues con vuestra Cruz las trais a cuestas, ya os puedo dar las gracias de que os olvidis de ellas, pues las echis a vuestras espaldas. Y para que conozcis que es firme mi resolucin de no ofenderos, desde luego, con plena libertad, por honra vuestra y bien de mi alma, os hago voto de castidad perpetua; y para poderle mejor cumplir y castigar la rebelda y contradicciones de la naturaleza, os hago otro voto de ayunar, por todos los das de mi vida, los mircoles, viernes y sbados de cada semana; y porque os agraden y aceptis mejor mis votos, nombro por mi intercesora, en este acto de tanta solemnidad, a la Reina de los ngeles, Mara Santsima, Madre vuestra y Madre y Seora ma; y hago otro voto tambin, sobre la obligacin que tengo a Vos y a Ella, de traer toda mi vida el Sagrado Escapulario de su querida Religin del Carmen.

 

 

CAPTULO X

 

En que prosigue su conversin y de cmo hizo confesin general.

 

Estando dispuesto el corazn de Francisco, como se refiere en el captulo antes de ste, le aconteci, pasando por la Plaza Mayor de Madrid, que estaba predicando un Religioso de la Compaa de Jess, y con el espritu y fervor que acostumbran los Padres de esta sagrada Religin, reprenda el vicio de la deshonestidad. Llegse a or el sermn, y cada palabra era un dardo que le atravesaba el pecho, parecindole que aquel sermn se haba hecho slo para l, y que hablaba Dios en la boca de aquel santo Sacerdote; y como la conclusin fuese para la verdadera enmienda el medio de una confesin general, y l estaba ya tocado de buena mano, se resolvi a buscar oportunidad de hacerla, eligiendo por su confesor al mismo Padre que haba odo predicar. Con esta determinacin se volvi a servir al Padre Maello, y viendo que con su ocupacin se le iba pasando un da y otro sin hacerla, hizo promesa a Dios de no comer ms que pan y agua hasta tanto que hubiese hecho confesin general, y as lo cumpli; para lo cual se despidi de dicho Padre, con algn color de respeto, sin querer declarar su nimo, y en una casa virtuosa donde le estimaban se prepar con tiempo suficiente para la confesin, a su modo de entender cabal. Fue al Colegio de la Compaa de Jess, y apenas hubo entrado en la portera y preguntando por el Padre que predic en la Plaza tal da, cuando le puso el portero con l e hizo su confesin general, quedando muy contento. En la Compaa de Jess, ni se diferencian las personas, ni el tiempo, ni la ocasin para que se deje de cumplir con su instituto. Quin entr buscando remedio para su alma que no se le franqueasen las puertas? Todos estn siempre para todos. Gracias os doy, Seor, de que me criasteis en vuestra Iglesia, y tambin de que para ser doctrinado en ella me criasteis a tiempo que ya habais enviado la Compaa de Jess al mundo!

Francisco, habiendo hecho confesin general muy a su satisfaccin, se volvi otra vez con su Padre Fray Juan Maello, el cual le quera bien y saba su verdad, fidelidad y cuidado, y que era hombre principal; atribua sus defectos a su corta capacidad, y as le volvi a recibir en su servicio, admirndose de ver su mudanza y verle tan rendida la voluntad, que es lo que ms extraaba, y que sus plticas eran todas en orden a aprovechar en la virtud; y as, por conseguir su perseverancia y por apartarle de los lazos que los mozos ellos mismos se echan para ahogar la vida del espritu, trat de casarle con una hija de confesin, mujer honrada y principal y que tena algunos bienes de fortuna, y que persona de ms comodidades que Francisco lo tuviera a mucha suerte. Propsoselo, y como si le hubieran hecho alguna sinrazn, se sobresalt, y por no dejar sin respuesta al Padre Maello le dijo, con grande destemplanza: - Slo una esposa espero tener, que jams se ha de morir, y a sta he dado la palabra; quiera Dios que sepa cumplirla. Quietse, y al Padre Maello, con buenas palabras, le procur dar a conocer sus intentos, aunque por rodeos, de que el Padre hizo poco caso, porque conoca bien sus mudanzas; pero viendo que perseveraba en sus buenos propsitos, le aconsej que acabase ya de resolverse a tomar estado y eligiese el ms conveniente a su natural, porque el modo de vida que tena era muy arriesgado. Francisco tena muchos impulsos de pedir el Santo Hbito del Carmen; pero el demonio le haca fuerte guerra, con capa de humildad falsa, persuadindole a que era indigno de l, pues le haba despreciado, y la tentacin no le daba lugar a que tuviese atrevimiento de pedirle. Volva a considerar los riesgos del mundo, y que el que no hace mucho aprecio de ellos para excusarlos, muere a sus manos; y as se determin de ir al convento de la Victoria de Madrid a pedir el Santo Hbito de San Francisco de Paula, parecindole sera fcil conseguir este bien en aquella Sagrada Religin, porque en ella no se saba que l haba desestimado el estado Religioso, y porque all haba muchos sujetos de Mora, su patria, que tenan mano en el Gobierno, y conociendo su calidad y sus buenos deseos le ampararan para que consiguiese la dicha de ser admitido en tan Santa y ejemplar Familia. Todo este discurso iba muy puesto en razn, y los medios eran proporcionados, si no lo embarazara determinacin superior que, como si todo fuera al contrario, luego que se hizo la proposicin se desvaneci el intento; y Francisco, resuelto a tomar forma de vida por el estado Religioso, y que en el Carmen, respecto de su indignidad, no poda ser, volvi a dejar al Padre Maello para intentar su fortuna en otra parte.

 

 

CAPTULO XI

 

En que prosigue con raros suceso la determinacin de ser Religioso.

 

Entr a servir en el Colegio de Atocha al Venerable Padre Fray Domingo de Mendoza, del Sagrado Orden de Predicadores, varn de singulares virtudes, hermano del Ilustrsimo Seor Don Fray Garca de Loaysa, Cardenal Arzobispo de Sevilla e Inquisidor general. All fue estimado por su verdad y buenos respetos, a quien sirvi cuatro meses. Sucedi que estando una noche solo encendiendo un veln, sin que hubiese otra persona en la celda, oy una voz exterior que le dijo: -Francisco, Francisco, Francisco, date prisa, date prisa, date prisa. Causle mucho cuidado, porque no saba lo que fuese, y slo saba de cierto que no haba quien se la pudiese dar, y le pareci que la inteligencia de aquella voz era que se diese prisa a entrar en Religin. Esta misma voz, por tres noches continuadas, le llam con la misma formalidad; y en la ltima le caus tal temor, que no poda sosegar y andaba consigo mismo violento; con que en amaneciendo se fue al Padre Fray Domingo, y sin declarar motivo alguno le dijo: -Vuesa Paternidad me haga decir tres Misas a la Santsima Trinidad, y me encomiende a Dios para que no vuelva atrs en lo comenzado. Dicho esto, le dio un real de a cuatro, que era todo su caudal, y sin ms urbanidades, ni hacer cuenta del tiempo que le haba servido, le dej; y como todo esto fue tan sin modo, el Padre Fray Domingo juzg que le haba dado algn accidente. Desde all, valindose de personas de autoridad, volvi a los Padres Mnimos, y mientras ms medios pona, ms cierta hallaba su exclusin; con que desengaado, se fue a los Padres Carmelitas Descalzos, y al Padre Provincial le pareci muy bien y qued muy contento, porque lo robusto del natural ayudaba mucho para que obrase bien en cualquiera ocupacin que la obediencia le emplease, y l sali muy consolado; y volviendo otro da por la licencia para recibir el Santo Hbito, oy la misma voz que le haba hablado, que le dijo: -No es aqu. Y aunque hizo reparo, entr a hablar al Padre Provincial y le hall totalmente mudado; con que no tuvo efecto su pretensin, y con que entr en consideracin que aquella voz, pues tena tal eficacia, era Divino Orculo, y que con negarle lo que pretenda le consolaba; pues diciendo que no era all, le daba a entender que era en otra parte; con que se resolvi de ir a la Cartuja a ver si era el camino por donde Nuestro Seor le llamaba; y caminado al convento, iba pensando en la importancia del negocio a que iba, y oy segunda vez la voz que le dijo: -No es aqu; con que rendido a la voluntad Divina, se volvi a Madrid sin llegar al convento; y pasando por San Bernardino, que lo es de Descalzos de nuestro Padre San Francisco, entr en consideracin si sera para aquel Santo Hbito su llamamiento, aunque su inclinacin siempre era al Carmen de la antigua observancia; si bien ste le pareca no poda ser, pues l le haba despreciado, y no obstante, se vino al Carmen de Madrid y asisti algunos das al P. Fray Antonio Prez, a quien en otra ocasin haba servido; pero andaba con notables inquietudes, sin tener rato de sosiego, vacilando en qu hbito tomara y resolvindose que tomara cualquiera en que le quisiesen, pues sera esa la voluntad de Nuestro Seor. En este tiempo se le ofreci una visin, que ni supo bien lo que quiso dar a entender, ni tampoco se afirm en si era imaginaria o intelectual; slo le pareci que se le haba ofrecido pensamiento de ir a San Bernardino y declararse con el Padre Guardin, y luego lo puso por obra. El Padre Guardin recibi bien la proposicin, y le dio carta para el Padre Provincial, que estaba en Cebreros, el cual, habindola visto, le dijo: -Que para Lego no le haba de recibir, pero para el coro le recibira. Francisco se allan a todo por los ardientes deseos que tena de ser Religioso; y tambin, parecindole que aquella visin que no supo entender le instaba a que ste deba de ser el camino; y es verdad que no la entendi, y que su Divina Majestad, a los muy experimentados en su trato y amistad les suele encubrir, por sus altsimos fines, la declaracin de sus luces y avisos, cuanto y ms a los bisoos; y as fue en esta ocasin, porque en virtud de las rdenes del Padre Provincial y acuerdo tomando con el Padre Guardin, compr el sayal para su hbito y le llev a San Bernardino, y el Padre Guardin hizo que all se le cortasen, y se le entreg para que le llevase a coser y volviese a recibir el Santo Hbito de nuestro Padre San Francisco; y estando todo ajustado y prevenido, al salir del convento a ejecutar lo referido, la voz que otras veces le haba hablado le dijo: -No es aqu. Apenas la oy cuando, cayndosele el sayal de las manos, le ocup todo un sudor fro, y faltndole la respiracin, llenos de lgrimas los ojos, que lo eran de sangre en su alma, mirando al Cielo, dijo: - Seor, si no me entiendo a m, como queris que os entienda a Vos; si la grandeza de mis culpas os obliga a castigarme, para que estando vindoos no os vea, y oyndoos no os oiga? Por esto es infinito el nmero de vuestras misericordias; mi rudeza, vindoos hablar en sombras y en misterios, se equivoca y llega a dudar si es vuestra la locucin; pero vuestros caminos, aunque no son comprendidos, siempre son justos y santos, y no importa que yo entre ciego en ellos; si confo en Vos, me alumbraris. Tengo esperanza firmsima que quien me gua en el viaje que no he de elegir, me tiene que guiar en el que he de elegir, para que, apartado del uno y siguiendo del otro, o vivo o muerto, siempre sea vuestro.

 

 

 

CAPTULO XII

 

En que prosigue la misma materia.

 

Desengaado de que tampoco era su vocacin para el Orden de nuestro Padre San Francisco, dio el sayal para que se hiciese el hbito y se diese de limosna para enterrar un pobre, y se fue a Alcal en ocasin que se hacan fiestas al glorioso San Diego, y mientras duraron estuvo en el convento del Carmen, donde tena muchos Religiosos conocidos por la asistencia que haba tenido en el de Madrid. En esta ocasin se trat entre todos que pidiese el Hbito del Carmen, que se le facilitara mucho, respecto de que todos le conocan y queran bien; y aunque la tentacin de no pedirle, porque no le mereca, respecto de haberle desestimado, le haca fuertes repugnancias, no obstante, se determin a pedirle al P. Maestro Fray Juan Elas, que se hallaba en Alcal. Vino a Madrid, y con tal intercesor se persuadi de ganar la voluntad del Padre Provincial, como sucedi; y desechadas ya las dificultades de la tentacin, y saliendo bien lo que se obraba contra ella, cada hora que se tardaba en recibir el Santo Hbito le pareca un siglo. El Padre Prior de Madrid hizo pretensin de que le tomase en su convento; pero la licencia del Padre Provincial era para que se le diese en Alcal, y con ella fue recibido en 2 de febrero de 1617, da de la Purificacin de Nuestra Seora.

El gozo con que se hall no se puede decir, ni imaginar, porque le pareci que ya haba llegado el fin de su peregrinacin. Callen todos los deseos conseguidos de pretensiones humanas, con el que tiene un alma cuando goza de los medios que encaminan al Sumo Bien. El Padre Prior, vindole que proceda en todas sus cosas con religin, modestia y afabilidad, le mand que cuidase de la despensa, y juntamente del regalo de los enfermos. No es creble la puntualidad y alegra con que asista a todo. Este ao fue muy estril, y Francisco (aunque Novicio) tena en la villa opinin de Siervo de Dios, y era muy compuesto en lo exterior, con que se haca estimar, y fue causa, al ver su proceder humilde, para que muchas personas socorriesen al convento. Los pobres que acudan a la portera eran muchos, y sin faltar a las ocupaciones de la obediencia, l dispona el tiempo de suerte que los socorra a todos. Los Religiosos le estimaban y encarecan su virtud, su agrado y asistencia: no haba en aquella Familia quien no estuviese muy enamorado de Francisco y dijese mucho bien de l a todas horas. l estaba sumamente contento con el Hbito y con los Religiosos; a todos los ayudaba, a todos los serva, a todos los amaba; cuando se le represent al entendimiento una visin, que le dio a entender que a los diez meses le haban de quitar el Santo Hbito y echar del convento; y estando con gran tristeza y recelo para desestimar aquella aprensin, oy la voz que le sola hablar, que le dijo: -Francispanono es aqu. Causle extraa novedad ver que aquella voz, en las ocasiones antecedentes de elegir estado, siempre le hubiese prevenido antes del empeo de llegarle a tomar, y ahora le avisase despus de tomado y estando en posesin de su Sagrado Hbito, que no trocara l por todos los reinos del mundo; con que llanamente se persuadi a que era tentacin para perturbar la conformidad en que se hallaba y entibiarle en el ejercicio de las virtudes religiosas, y para vencerla procuraba rendirse con profunda humildad en el Divino acatamiento y fervorizarse ms en lo que le ocupaba la Santa Obediencia; pero nada bast, porque haba determinacin celestial en contrario; y as, luego que cumpli los diez meses que le previno la visin, toda la Casa se le mud, y l tambin se mud con ella; empez a ser desagradable a los Religiosos, a proceder con tardanza en sus ministerios, a hallarse todos mal con l, y l consigo y con todos. Los que aplaudan su virtud, ya decan que era hipocresa; los que estimaban los socorros que por su causa hacan al convento personas principales de la villa, decan que haba sido desatino atribuir a un Lego lo que se haca por Nuestra Seora del Carmen; los que sentan bien de la continua alegra de su rostro, decan que era arte y afectacin; los que reconocan que desde que asista a la portera se haca ms limosna, decan que daba ms que lo que alcanzaban las fuerzas del convento; los que alababan la puntualidad con que acuda a todo en la iglesia, decan que era demasiada libertad para un Novicio; l, por otra parte, cuando haba de acudir a los enfermos, se dorma; si ayudaba a Misa, se perturbaba y no responda a tiempo; si llevaba aceite para las lmparas, se le caa sobre los hbitos; con que el demonio, por permisin Divina, le traa todo desbaratado y descompuesto; l lo haca para arrancar aquella planta de la tierra frtil del Carmelo, y Nuestro Seor lo permita, para que, trasplantada en ella misma, diera mayores frutos, y para que saliese soldado experimentado en las batallas, en que despus se haba de ver, con su Divina gracia, triunfador de todas las huestes infernales. En fin, el desabrimiento de todos creca, y Francisco sin querer le fomentaba; con que el Padre Prior de Alcal, habiendo dado cuenta al Padre Provincial, y con orden suya, le llam una noche muy a deshora, y hacindole poner su vestido secular, le quit el Hbito y despidi del convento.

 

 

CAPTULO XIII

 

De lo que le sucedi despus de que le quitaron el Hbito.

 

Cul se hallara en la calle, y a deshora, y solo, con acontecimiento tan inopinado, Francisco! No puede haber palabras para poderlo significar, porque ni fue prevenido para que se enmendase, ni en su conciencia haba habido que enmendar, aunque los Padres obraron con dictamen de razn; y fue la razn mayor el impulso del dictamen.

Vindose de aquella suerte, le pareci, y con justa causa, que no era bien quedarse en Alcal, y a aquella hora tom el camino de Madrid. Al demonio, grande acechador de los instantes, y aun de los tomos de Francisco, le pareci buena ocasin para aventurarlo todo al suceso de una batalla, parecindole que, en el caso presente, hacindole guerra en el afecto que ms predominaba, no haba fuerzas en la naturaleza para la resistencia; y as que sali de la villa y vena por el camino de Madrid, a orillas del Henares le quiso cerrar por todas partes los socorros, para obligarle a una desesperacin, proponindole que ningn hombre sobraba en el mundo sino l; que el nico remedio que le haba quedado por intentar era el de la Religin, y ese, por su culpa, le haba malbaratado, y justamente haban echado de ella a un hombre tan indigno; que mirase en cuntos oficios no haba cabido, qu auxilios no haba atropellado, qu pecados no haba cometido ni qu confianza le quedaba a un hombre que haba negado tres veces a su padre y con una desobediencia tan escandalosa le haba desamparado; y as que, para estorbar los baldones que haba de tener, el acto ms heroico y de reputacin que poda intentar era echarse en el Henares, para que de una vez dejase de ser testigo de sus afrentas, y de hombre tan infeliz tuviese fin la memoria. Todas estas cosas forcejeaban a apoderarse del entendimiento y de la resolucin de Francisco, y todas tenan bastante fuerza para atropellarle, si l de su voluntad se hubiera puesto en aquel estado; pero como Nuestro Seor, por sus soberanos motivos, le puso en l, en l le socorri; dndole claridad para que, con la divina gracia, rompiese su voz, diciendo: - Todas esas culpas son mas, pero vlgame la Sangre de Jesucristo y la intercesin de su Madre! con que el que no pudo desatar los lazos, los rompi, y su enemigo, a este bote de lanza perdi tanta tierra, que, dejando la guerra de la vida y del alma, la convirti en la de las aflicciones del cuerpo, contentndose por entonces con cualquier gnero de venganza.

Francisco, por el camino de Madrid (ilustrado cada instante ms su entendimiento), vena diciendo: -Nunca he conocido tanto mi corta capacidad como ahora. Quisiera saber de qu me acongojo. Por ventura yo he de huir las manos del Altsimo ni vivo ni muerto? Por ventura se hace nada sin su voluntad? Pues a m slo me toca el no cometer pecado, y por la bondad de Dios, desde que hice la confesin general ltima juzgo que grave no le he cometido: que caigan rayos del Cielo y me hagan ceniza; que la tierra se abra y me reciba en su centro; que la Religin me arroje de s; que sea el desprecio y abatimiento del mundo; que viva en perpetua deshonra; que sea afligido en cuerpo y alma, qu importa todo, si en ello no interviene pecado? Concdame Dios el que yo est en amistad suya, y ciganse los montes sobre m y el Infierno se conjure sobre m, pues yo no debo temer sus penas en comparacin de mis culpas Con estos celestiales sentimientos vino caminando a Madrid y, habiendo ya amanecido, entr por la Puerta de Alcal; y estando descansando y discurriendo la vereda que haba de tomar, el demonio, que no le perda de vista procurando hallar ocasin de vengarse de l, dispuso que unos aguadores, sobre quin haba de llenar en una fuente primero, se trabaron de pendencia; Francisco, como naturalmente era caritativo y nada cobarde, se lleg a ponerlos en paz, a tiempo que uno tir una piedra, la cual le dio en una sien, hirindole de peligro; al ruido y voces de los aguadores y gente que se lleg acudi la justicia, y prendi al que tir la piedra; Francisco se les hincaba de rodillas, baado el rostro en sangre, pidiendo por amor de Dios que no prendiese a aquel pobre hombre que a l le haba herido casualmente, sin querer herirle. Los alguaciles porfiaban en que se fuese a curar y en llevar su preso, cuando tambin, al mismo ruido, se lleg el P. Fray Juan Maello, que aquella maana (como andaba siempre achacoso) haba salido a hacer ejercicio; y vindole herido y en aquel hbito, le extra todo; y usando de su acostumbrada piedad, le hizo curar, asisti a la cura y luego se le llev consigo al convento del Carmen.

 

 

CAPTULO XIV

 

De lo que le sucedi en su enfermedad, y varias ocupaciones en que se volvi a ejercitar.

 

El suceso antecedente de haberle quitado el Hbito en el convento de Alcal, parece que peda que se apartase del comercio con Religiosos del Carmen, porque es muy propio de nuestro natural huir de lo que le puede ser desdoro o vergenza; y tambin peda que los Religiosos no le admitiesen, o se excusasen de comunicacin con l, por no darle en rostro con su poca perseverancia por traer un gnero de desestimacin consigo el defecto ajeno conocido, pues nadie se haba de persuadir a que sin culpa suya se haba hecho tal demostracin, y el mirar con algn desaire la imperfeccin que se tiene delante de los ojos es muy propio de nuestra naturaleza; que aun a vista de muchas perfecciones siempre se va la vista, y tras ella el reparo, o a lo que es digno de nota, o a lo que es menos perfecto, como cuando se mira una hermosura muy cabal que tiene un lunar, y la vista no acierta a apartarse de l, porque es imperfeccin. No sucedi as con Francisco y los Religiosos, porque l los miraba como a hermanos, y ellos le asistan a l en la curacin de su herida con el propio amor que si conservara el Sagrado Hbito de la Virgen.

En esta ocasin de su enfermedad, el demonio, que no perda tiempo, dispuso que una mujer principal y de caudal, con quien haba tenido amistad en Cuenca, en esta ocasin hubiese venido a Madrid y llegase a saber que estaba herido y en el Carmen, la cual hizo empeo por todos los caminos posibles de sacarle a curar a su casa; y viendo que ni por recados ni por papeles tena respuesta, se vali de un Religioso del mismo convento, dicindole que Francisco haba de ser su marido, y que de esta resolucin no le haban de apartar ni parientes, ni amigas, ni el saber que era pobre, ni las indecentes incomodidades en que haba vivido, que todo lo saba; y que, supuesto que el Religioso conoca su calidad y hacienda, hiciese este bien a Francisco de declarrselo de su parte para que tuviese efecto resolucin tan justa y honesta. El Religioso se lo propuso; y cuando imagin que le diera los debidos agradecimientos a una proposicin de donde le resultaba conveniencia, la respuesta fue tan ajena de la que se esperaba, que el Religioso no volvi a hablar ms en aquella materia. Lo que el demonio perda en l con los pensamientos que le traa continuamente a la imaginacin, lo ganaba en la mujer con las perseverantes instancias que a todas horas y por todos caminos haca; y fue tal su obstinacin en esta parte, que aun despus de muchos aos de Religioso le sirvi de instrumento en Cuenca para que lograse una de las mayores victorias que hombre jams alcanz, como en su tiempo se dir.

A un mes de enfermo se levant, convaleciente de su herida, y siempre perseveraba la mujer en que le haba de llevar a convalecer a su casa; y le tena cogidos los puertos de tal suerte, que con nadie hablaba que no le dijese que haca mal en no admitir un partido tan ventajoso y encaminado a buen fin; pero como sus intentos eran otros, se puso en manos de Nuestro Seor y de su Madre Santsima del Carmen con profunda resignacin; y lo que result de esta humilde y segura conformidad fue que, con licencia del Padre Maello y de los Religiosos amigos, se sali huyendo de Madrid, parecindole que a incendios de esta calidad, el que no pone tierra en medio confa en s, y el que se confa en s (como fabrica en falso) es fuerza que se pierda. Parti de Madrid, y anduvo por algunos lugares, hasta que lleg el tiempo de la siega, y en ella adquiri setecientos reales. Sucedi que, estando en un lugar, oy a un hombre que estaba dando lastimosas quejas, diciendo: Que no haba piedad en el mundo, pues otro, a quien deba ochocientos reales, pudiendo irlos cobrando a plazos, le sacaba por justicia una recua que tena, con que le dejaba sin remedio a l, y a su mujer y a sus hijos, pues con ella era con lo que ganaba de comer para toda su casa. Condolise Francisco de aquella lstima, tan puesta en razn, y llegndose al acreedor, le dijo: Que tomase luego setecientos reales, y aguardase por los ciento, que no era bien dejar una casa perdida donde haba mujer e hijos; y le entreg los setecientos reales que l haba ganado con mucho sudor y mucho tiempo; y volvindose al hombre, que estaba admirado de lo que le suceda, le dijo: - Amigo, ya es suya la recua; si en algn tiempo pudiere y quiere pagarme, lo haga, que yo voy muy contento de haber servido a Nuestro Seor en algo; y desde all fue a Villamuelas, en casa de un pariente suyo, donde fue muy bien recibido, y con quien comunic todas sus tragedias, el cual, lastimado de su poca dicha, y reconociendo que su corta capacidad ayudara mucho a su corta ventura, le dio una cantidad de dinero para que se socorriese mientras dispona algn modo de vida. Francisco, estimando la ddiva (como era razn), lo recibi y se fue a Ocaa, y desde all a Cullar, parecindole que sera bueno volver a trajinar. Como no era el camino determinado, a pocos accidentes que le sobrevinieron se hall sin el embarazo del dinero y pobre y desvalido como de antes; entr en cuenta consigo, y como eran tan grandes los afectos que tena a la Religin, reconoci que, para conseguir esta dicha, no tena medios proporcionados, sino al Padre Maello y a los Religiosos amigos del convento del Carmen de Madrid, que le conocan; y as luego se puso en camino, viniendo por l formando un concepto que a toda discrecin humana parecer sin trminos y desbaratado, y a l le vali hallarse en la Religin, y con ella todos los colmos de virtudes y gracias a que Nuestro Seor levant su espritu.

 

 

CAPTULO XV

 

Del extraordinario camino que hall para volver a ser Religioso del Carmen.

 

 

Era Francisco (aunque de natural rstico) hombre que, en llegando a tratar cosas virtuosas y espirituales, disimulaba el poco talento y todo lo que era en orden a su alma, y llegarse a Dios le haca mucha fuerza; y as, cuando discurra con el dictamen de su natural, en lo que pide alguna disposicin humana, no slo lo erraba en la disposicin, sino tambin en la explicacin, porque se daba mal a entender; pero en llegando a los sentimientos en que rompa su espritu, o para la execracin de las culpas, o para la deprecacin de la divina misericordia, o para la intercesin de la Reina de los ngeles (con quien en todos tiempos tuvo cordial afecto), entonces lo que hablaba era a tiempo y con estilos; era propio, abundante y devoto; y as por el camino para Madrid vena discurriendo en el nico negocio que tena, que era disponer su vida temporal de suerte que le fuese instrumento para la eterna en el cumplimiento de sus votos, a que nunca falt, y principalmente en qu estado haba de ser el suyo.

Por cualquier parte que echaba, parece que tena un ngel delante con una espada que le embarazaba el paso, y slo cuando pensaba en ser Religioso del Carmen se le allanaban los caminos. Bien es verdad que, considerando el tiempo que fue Religioso en Alcal, y que estando con mucha paz de su alma tuvo locucin de que no era all en aquel convento, y que ahora, en esta ocasin, se le ofreci un discurso con ms claridad al entendimiento, que le dio a entender que aquella voz era de Dios, y que bien poda ser su vocacin para aquella Religin y no para aquel convento; y que por esta causa, en las dems Religiones que pretendi, la voz le alumbr antes de tomar el hbito, y en la del Carmen despus de haberle tomado, con que se persuadi a que no haba duda que Nuestro Seor quera servirse de l en la Religin del Carmen. A esto ayudaron los efectos que se siguieron en su alma, porque luego que le fue dada esta inteligencia se hall en un mar de gozos y en una quietud sobrenatural; y as luego se puso a considerar medios por donde poner en ejecucin el volver a tomar el Hbito Sagrado de la Virgen del Carmen. Hasta aqu parece que obraba en la distincin que dimos de Francisco lo espiritual y lo devoto, y desde aqu lo natural.

Parecile que era cosa muy proporcionada y puesta en razn echar rogadores para que supliesen con su autoridad lo que a l le faltaba de merecimiento; y pensando en quin poda ser medianero de ms respeto y de ms autoridad, le pareci que ninguno lo hara tan bien como el Rey; y esto le hizo tanta fuerza, que apresur el viaje para venir a echarse a los pies de Su Majestad para que mandase que le recibiesen por Religioso del Carmen en otro convento que no fuese el de Alcal.

En estos discursos se le pas el camino y lleg a Madrid; y aguardando a que fuese da en que el Rey saliese a la Capilla, lleg el primero de fiesta, y muy prevenido de razones se fue a Palacio, con una seguridad ms dichosa que fundada, en busca del Rey; subiendo la escalera de Palacio, al llegar al ltimo escaln vio que vena un caballero con muchos criados de hacia el cuarto por donde el Rey sale a la Capilla, y repentinamente se le ofreci al entendimiento que para intercesor bastara aquella persona de tanta autoridad, y sin ms advertencia ni reparo se ech a sus pies diciendo que no se haba de levantar de ellos sin que primero le ofreciese de ampararle con los Religiosos del Carmen para que le recibiesen por Lego de aquella Religin. El caballero, admirado de caso tan extraordinario, juzgando al principio si en aquel hombre era enfermedad aquella demostracin, le dijo que en ningn convento poda ser l medianero para tan santo propsito como en el Carmen, porque en l tena muchos amigos; y hacindole algunas preguntas, reconoci que aquel impulso era nacido de un amor fervoroso a la Religin; con que se resolvi de ir al convento y le mand que le siguiese. Llegaron a l y a la celda del Padre Provincial, el cual dijo al caballero despus de haberle odo:

-Seor mo: en casa todos queremos a Francisco muy bien, y en el convento de Alcal tuvo nuestro Santo Hbito por diez meses, pero al fin de ellos todos los Religiosos se hallaban disgustado con l por causa de que era puerco y tonto, y yo, por concurrir a su dictamen, le mand quitar el Hbito, creyendo que, habindole ellos experimentado aquel tiempo, no convendra, pues Religiosos de virtud y celo as lo significaban; pero l, en lugar de apartarse de nosotros, no hace sino tomar diferentes veredas y luego se nos vuelve a casa; donde reconocemos su verdad y buen trato, y que es hombre bien nacido y nunca se le ha hallado cosa que desdiga de su sangre.

El caballero (que entonces no se atendi a hacer memoria de quin era y ahora no se puede averiguar), dijo al Padre Provincial:

-Cierto que las culpas que le ponen no son muy atroces, y que si algo se debe suplir es esto, y los Padres de Alcal se destemplaron rigurosamente; porque para las ocupaciones que este hombre puede tener en la Religin, qu importa que sea puerco ni que sea tonto, si en lo que se le manda no hay repugnancia? Y cierto que reparando en sus fervorosos deseos, cuando l no fuera para ocupacin alguna en la Religin, yo le recibiera para Santo.

El Padre Provincial ofreci hacer lo que el caballero le peda; con que, despedido cortsmente, envi a llamar al Padre Maello, y despus de haber tratado entre los dos esta materia, dijo el Padre Provincial a Francisco:

-Mire, hermano: l que se ha criado entre labradores; sabr dar buena cuenta si yo le pongo en convento en que haya labranza?

A lo cual respondi:

-Con el favor de Dios y de la Virgen Santsima procurar dar buena cuenta de aquello en que me pusiere la santa Obediencia, y principalmente en ese ejercicio, porque es conforme a mi natural.

Entonces le dijo el Padre Provincial:

-Pues prevngase y disponga el Hbito, porque ha de ir a tomarle a nuestro convento de Santa Ana del Alberca.

 

 

 

CAPTULO XVI

 

De lo que sucedi hasta tomar el Hbito en el

convento del Alberca.

 

 

Cmo se hall Francisco con la resolucin del Padre Provincial, no hay lengua que lo pueda decir; porque si en las pretensiones de mundo se apodera tanto de nuestro corazn la alegra de conseguir, fundada en conveniencia temporal, que en su misma exaltacin es polvo y aire, en las pretensiones de Cielo cmo se apoderarn del mismo corazn los medios que conducen a conveniencias eternas?

El Padre Maello, con la determinacin del Padre Provincial, le dijo a Francisco que si tena disposicin para hacer los hbitos y ponerse luego en camino y l respondi: que no se hallaba con dineros, pero que se ira a trabajar en lo que le saliese y todo lo reservara para comprar los hbitos. El Padre Maello, como hombre discreto, reconoca que su natural era mudable, y que tambin en la Religin se podan ofrecer accidentes que lo embarazasen, y as le dijo: Yo saldr luego a ver si entre las personas virtuosas que confieso puedo juntar alguna limosna para hacer los hbitos; y entretanto que yo hago la diligencia puede Francisco retirarse a la iglesia, y ofrecerse muy de veras a Nuestro Seor, ponindose en sus manos con total resignacin, para que en esto haga lo que ms fuere de su santo servicio. Como lo dijo, as lo ejecut; y mientras haca la diligencia el Padre Maello, l se entr en la Iglesia y en el altar donde estaba Nuestro Seor Jesucristo con la cruz a cuestas, y donde hizo los votos referidos, hincado de rodillas, con mucha copia de lgrimas y profunda humildad, deca:

Seor, desde que ante Vos mismo hice mis votos, bien sabis las fortunas que me han seguido, y que en ellas no ha tenido parte mi voluntad, y que sin merecer vuestras misericordias me habis trado siempre en vuestras manos librndome de tantos peligros de cuerpo y alma. Hoy vengo a vuestra presencia a pediros limosna; qu mucho, si todos somos vuestros mendigos? Bien creo que el celo de este siervo vuestro que con tanta caridad ha salido a hacer diligencias para mis hbitos os ha de ser agradable, y sindolo no puedo dudar de que todo suceder dichosamente.

De esta suerte empez Francisco a lograr la tarde con su Dios y Seor, y en estas y otras amorosas jaculatorias se estuvo hasta que, habiendo pasado poco ms de tres horas, le envi a llamar a la iglesia el Padre Maello, que vena ya con los hbitos comprados y con un criado del mercader que se los traa, y en habindole visto, le dijo: -Que fuese muy agradecido a Nuestro Seor, y supiese que a la primera persona que hizo la proposicin de la limosna de los hbitos le fue tan agradable, que tuvo a dicha el que le hiciese la peticin, y no slo le dio para ellos, sino para las hechuras y para el viaje, y muchas gracias de que, pudiendo valerse de otras personas, hubiese querido valerse de l; con lo cual Francisco los llev luego a quin los hiciese, y entretanto el Padre Maello sac la orden del Padre Provincial; y todo vino tan a tiempo, que dentro de dos das (habindose despedido tiernamente de l, y con muy justo ttulo, porque le deba todo su bien) se puso en camino con sus hbitos al hombro para el convento de Santa Ana del Alberca.

Hay desde Madrid a este convento veintiuna leguas, y con las ansias de llegar al puerto, que lo fue de todas sus felicidades, las camin en da y medio; y no es de maravillar no sintiese el camino y la presteza en l, que no sabe tardanzas la gracia del Espritu Santo. Iba su entendimiento ocupado en celestiales meditaciones; considerbase arrojado de la Casa de Dios y vuelto a recibir en ella. Mirbase con el Sagrado Hbito de la Virgen, partcipe de todas las divinas influencias que esta gran Seora reparte a los Religiosos que militan debajo de su bandera del Carmen. Juzgbase con aquel Hbito que tantos y tan grandes Prncipes del mundo tuvieron por su mayor felicidad el conseguirle, que procesaron tantos Obispos y Patriarcas, tantos mrtires y confesores, tantos Doctores, Anacoretas y Vrgenes. Admirbase que a un hombre de tan mala vida se le hubiesen de comunicar las gracias, indulgencias y privilegios que goza esta Sagrada Religin, que parece que todos los tesoros de la Iglesia se han derramado sobre ella en favores y beneficencias.

Lleg a vista del convento, donde est una santa Cruz que dista de l dos tiros de piedra, y estando adorndola, hincado de rodillas y abrazado con ella, oy la misma voz que en otras ocasiones le haba hablado, que le dijo: -Francisco, aqu es; y su alma al mismo tiempo se hall con un consuelo interior tal, que pareca que se le haban cubierto de suma alegra, y despus sola decir que en su vida no haba sabido qu cosa era gozo cabal sino en aquella ocasin.

El demonio, vindole ya tan cerca del convento, le acometi con diferentes tentaciones, y la principal fue decirle que un hombre tan relajado, tan perdido y tan sin Dios, por qu haba de presumir de s que poda vivir entre tantos santos Religiosos, ni de ellos el que le haban de sufrir? Y que para qu se quera empear en tomar el hbito segunda vez, si haba de suceder lo que la primera? Y que antes le haban de echar de s con ms desdoro y confusin; y as, que lo mejor era vender la estamea y volverse; Francisco fue socorrido del Cielo, y habiendo conocido la tentacin, entr en el convento, y despus de hecha oracin al Santsimo Sacramento, dio su carta al Padre Prior, y l y los Religiosos le recibieron con tanto amor y agrado como si cada uno hubiera hecho pretensin de que recibiese all el Santo Hbito.

 

 

 

CAPTULO XVII

 

De cmo tom el hbito, de los ejercicios del Noviciado, y su profesin.

 

 

Lleg el da deseado, en que recibi el Sagrado Hbito de Nuestra Seora del Carmen, que fue Viernes Santo, en veintinueve de marzo de mil seiscientos diez y nueve, y en que tuvo cumplimento la visin referida en el cap. VII, donde tuvo inteligencia que el papel que le traa el ngel, y deca: El Viernes iras all, fue as, porque en Viernes vino a la Religin, y porque dicindose Viernes slo, se ha de entender en el famoso significado que es Viernes Santo, para que en l tuviesen fin sus tribulaciones.

El Padre Prior se le encarg al Padre Superior, que le influyese en las obligaciones y estatutos de la Regla, el cual a pocas lecciones conoci los deseos que tena de aprovechar y agradar a Nuestro Seor y a la Soberana Virgen Mara, su Madre; luego se fueron empezando a desplegar las velas de sus fervores, para que aquel bajel, libre ya de los escollos del mundo, navegase viento en popa los mares de la perfeccin, porque era el primero en el rezo que pertenece a los Hermanos de la vida activa. Siempre que por las maanas la Obediencia le tena desocupado, asista a todas las Misas que se celebraban en aquel santo convento.

Las vsperas de jueves y domingo en que, conforme a las Constituciones de la Orden, haba de comulgar, se preparaba estando toda la noche en oracin vocal (como queda dicho), sin permitir rato alguno al sueo, pidiendo a la Virgen Santsima alcanzase de su Hijo le diese fuerzas de cuerpo y alma para recibirle dignamente. A esta preparacin aada ejercicio de disciplina voluntaria, de suerte que no se entendiese aplicado por otra razn; y as en el Adviento y Cuaresma, que, conforme a la Regla, le hay los mircoles, l le duplicaba para cumplir con ella y con ese motivo, en lo cual claramente echaba de ver que la Reina de los Cielos le alcanzaba lo que peda, porque despus de haber comulgado reparaban en l los Religiosos que quedaba por ms de una hora con tal quietud, como si fuera de piedra. En todo el tiempo de su noviciado, en los mircoles, viernes y sbados, nunca comi ms que una escudilla de legumbres, en que es fuerza que se venciese mucho, respecto de tener complexin robusta. En este tiempo no tena Maestro espiritual que quitase ni que pusiese, y as cualquiera inspiracin que le pareca que era de Dios, luego la ejecutaba con increble puntualidad. Estaba persuadido que en el siglo pecaba en soberbia, con que para excluir este vicio peda por favor le mandasen acudir a las ocupaciones ms humildes del convento, hasta limpiar las caballerizas. En lo que ms se esmer este ao fue en la asistencia a los pobres en la portera; y para que tuviesen ms socorro, con licencia del Prelado peda limosna entre los Religiosos, y con lo poco que allegaba y su racin les haca una olla, y a su hora sala a servirles la comida, y antes de repartrsela les haca rezar un Padre nuestro y un Ave Mara por los bienhechores de la Religin. Luego reparta el pan, y al drsele a cada uno hincaba la rodilla en el suelo y le besaba la mano; despus con mucho agrado y caridad les reparta la olla, empezando por los ancianos, impedidos y enfermos, y luego a los pequeuelos. Despus de acabada la comida se hincaba de rodillas con ellos y rezaban todos otro Padre Nuestro y otra Ave Mara por las nimas del Purgatorio. Luego daban gracias, y despus se levantaba y les despeda diciendo: - La bendicin del Padre, y del Hijo y del Espritu Santo sea con todos. Amn.

Corri su ao de noviciado con estos y otros ejemplos de obediencia, humildad, mortificacin y misericordia, y llegado el tiempo de su profesin se recibieron los votos con aclamacin comn de los Religiosos, que lo estimaban por humilde y obediente. El da de su profesin (que, habindose dilatado por ausencia del Padre Provincial, fue en 29 de mayo de 1620), mientras la pltica que le hizo, y mientras deca la frmula, y despus, siempre estuvo derramando copiosas lgrimas; tanto que, causando al principio admiracin a todos, despus lleg a dar cuidado, y algunos seglares que se hallaron presentes dudaban si haba profesado con falta de libertad, por algunos respetos humanos, hasta que l a todos los desenga, diciendo: -Que aquellas lgrimas haban sido nacidas de la alegra que tena en su corazn, fundada en que, a vista de su indignidad, Nuestro Seor le haba hecho tan singular beneficio; y de all a algunos das, cuando tuvo Padre espiritual que le gobernaba, preguntndole por la ocasin de estas lgrimas al tiempo de su profesin, le dijo: -No quiere vuestra paternidad que me deshiciese todo en arroyos de lgrimas de contento, si me persuad de que estaba a mi lado derecho la Reina de los ngeles con el Hbito de nuestra Religin, rodeada de celestiales espritus, y que me reciba por hijo y me daba valor y aliento para que hiciese los votos esenciales? Y as, aunque los ojos estaban llenos de lgrimas deca Francisco en aquel su estilo llano, -all en el fondo de mi corazn senta un mar de gozos sobrenaturales. Y as toda su vida le dur este agradecimiento a la Virgen Santsima. Despus de hecha la profesin, acordndose del da en que recibi el Hbito, que fue Viernes Santo, en el cual el leo de la Cruz fue consagrado, y de la Cruz que se le apareci en el aire, viniendo de la vera de Plasencia, que fue su remedio en aquella tribulacin; y de la Cruz hecha de dos vigas, que atravesaban el pozo, donde le hallaron dormido siendo nio, y de los votos primeros que hizo delante de Nuestro Seor Jesucristo con la Cruz a cuestas, y de que estando adorando la Cruz, que est a vista de este convento en que profes, oy la voz que le dijo: -Francisco, aqu es, pidi al Padre Prior le permitiese que, dejados los apellidos patronmicos, l le intitulase de la Cruz, y as se lo concedi; por lo que desde aqu adelante le nombraremos con el nombre de con que fue tan conocido y respetado en el mundo, de Fray Francisco de la Cruz.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LIBRO SEGUNDO

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CAPTULO PRIMERO

 

De lo que le sucedi a Fray Francisco de la Cruz con los Religiosos luego que profes, y de cmo iba disponiendo su vida espiritual.

 

 

Hecha la profesin, y despus de haber cumplido con sus piadosas y regulares ceremonias, y habiendo mitigado la copia de lgrimas y afectos que sobrevinieron a ella, Fray Francisco de la Cruz se volvi a su Religiosos y les dijo: Padres, si vuestras Reverencias supiesen qu hombre es el que hoy han recibido en su compaa, se admiraran de la tribulacin en que Nuestro Seor les ha puesto dando el Santo Hbito de la Virgen al mayor pecador que tiene el mundo; y para que conociesen que no era exageracin lo que deca, les refiri todo el estado de su vida secular desde que tuvo uso de razn, manifestndoles la necesidad que tena de sus oraciones y sacrificios, para no ser el escndalo del mundo y el desdoro de tan sagrada familia. Quedaron todos edificados de ver tan sujeta la propia estimacin y rendido el aprecio del mundo, y que en el da que mora para l tuviese tan mortificadas sus pasiones y vencida la contradiccin de la naturaleza, esperando en la divina gracia que tales principios haban de ser cimiento y base de un gran edificio espiritual.

Desde la profesin hasta el ao de 1624, en que tuvo sealado Confesor que le gobernase, nunca lleg a conocer que haba oracin mental, y todas sus devociones eran vocales, aunque algunas veces rudamente mezclaba una oracin con otras; y as, cuando sala a pedir limosna a los lugares de la comarca (que era muy frecuentemente, porque el convento de Santa Ana del Alberca, sobre ser de religin mendicante, es muy pobre), iba meditando en los beneficios generales que recibimos de la mano de Nuestro Seor, y sola a veces romper su espritu en voces altas pidiendo al Sol, a las estrellas, al aire, al agua, a los rboles y a la hierba del campo que le ayudasen a bendecir, alabar y engrandecer a Dios.

Ejercitbase, dentro y fuera del convento, en todo lo que pertenece a los hermanos de la vida activa, cuidando de la hacienda del campo, y especialmente, con notable puntualidad, en la asistencia a los enfermos, as en el convento como en la villa, pues todos le queran tener a su cabecera y reconocan que sus palabras, aunque toscas y pocas, les daban mucha fuerza y servan de consuelo; y como era de natural tan robusto, no slo cumpla con lo que la Obediencia le mandaba, sino tambin con lo que a sus compaeros era ms trabajoso; y lo que empez a ejecutar por esfuerzo y buen natural, despus lo convirti en virtud heroica.

A los principios del ao 24, con licencia del Prelado, eligi por su Confesor al P. Fray Juan de Herrera, Religioso de conocida virtud y discrecin, discpulo que fue del Venerable P. Fray Miguel de la Fuente, de aquel aventajado y conocido maestro de espritu que pudo conseguir el nombre de Grande, que da el Seor en su Evangelio a quien pone por obra en s mismo lo que ensea con la voz y con la pluma; pues siendo su vida verdadero ejemplar de contemplacin y penitencia, nos dej en sus escritos admirables un tesoro de sabidura celestial, que no es otra cosa ni se puede explicar con menor ponderacin aquel libro que dej impreso con el ttulo de Las tres vidas del hombre; pero superfluo es (como dijo San Jernimo de las obras de San Cipriano) dilatarnos en significar sus luces, cuando las mismas obras son ms claras que el Sol; busque aquel libro quien le pareciere exageracin lo dicho, y en habindole ledo, formar juicio de mi cortedad en ponderarlo. Digo, pues, que el Confesor de nuestro Venerable Hermano fue discpulo de aquel gran varn, que fue la veneracin y respeto de la Imperial Ciudad de Toledo; de aquel hombre casi celestial, que tan frecuentemente gozaba coloquios divinos, siendo su conversacin en los cielos y la consulta de todas su acciones el que despus las haba de juzgar; de aqul que sujet a la razn tanto la porcin de tierra, que se desmenta de humano; de aquel adorno, gloria y honra del Carmelo; de aquel continuo imn de pecadores para lavarlos en las aguas de la contricin; de aquel norte y gobierno de los temerosos de Dios, para avanzarlos con su direccin ms y ms de virtud en virtud, por los inmensos pilagos de la Divina gracia, en cuyo elogio suspendo la pluma por no ofenderle, obscureciendo los castos resplandores de tan grande antorcha de la perfeccin con la rudeza de mi estilo, y por no defraudar parte alguna al que con tantos aciertos ha escrito y dado a la estampa su prodigiosa vida y dichosa muerte.

El Padre Fray Juan de Herrera se excus de tomar a su cargo esta alma cuanto le fue posible, hasta que se le puso precepto de Obediencia, con que, rendido a ella, acert a dar principio a tan dichosa obra en el da del glorioso Patriarca San Jos del dicho ao, para cuyo acierto aplic la intencin de la Misa y tom al Santo por intercesor.

Fray Francisco, habiendo entendido los grandes bienes de la oracin mental, de que por noticias estaba muy enamorado, pidi a su Maestro con grandes ansias y fervores le pusiese en oracin; l, por satisfacer a tan justos deseos y dar principio en tan solemne da, le mand que despus de haber cumplido vocalmente con el rezo de su obligacin y devociones, que eran a la Virgen Santsima y ngel de su guarda, hiciese examen de su conciencia, y despus de haberse acusado ante la Divina Majestad de sus culpas graves y leves, postrado el rostro en tierra la besase tres veces en el nombre de la Santsima Trinidad, haciendo en cada una un acto de Fe y ofreciendo la vida al cuchillo por esta confesin; y que despus tomase en su pensamiento una presencia de Nuestro Seor Jesucristo, o en el Pesebre, o en el Huerto, o con la Cruz a cuestas, o levantado en ella en el Monte Calvario, aqulla con que su devocin ms se moviese; y conservando esta presencia imaginaria, dijese un Credo, y en cada palabra de l hiciese un acto de Fe hasta acabarle, y le concluyese con la protestacin de vivir y morir en ella.

Esta primera leccin la practic muy bien y la aprendi muy mal, porque no era posible de manera alguna que l supiese ni pudiese hacer imaginariamente presencia de Cristo; y aunque cada da diversas veces se recoga y forcejeaba a hacer lo que su Maestro le haba mandado, luego que intentaba aplicar la memoria a cualquiera de estas consideraciones, se le iba la imaginacin a otra cosa, y l la acompaaba; por lo que peregrino en su misma casa, echaba menos el dominio de ella. Esto dur mucho tiempo, tanto, que se vea sumamente afligido sin saber a quin echar la culpa: o a su memoria, en que propona y no conservaba; o a su entendimiento, en que, conociendo, no mantena; o a su voluntad, en que, queriendo, no peleaba; y aunque daba quejas de su poca suerte, mostrando la prontitud de su nimo, el Padre Fray Juan de Herrera lleg a persuadirse que perda tiempo en l, considerando su mucha rudeza.

 

 

 

CAPTULO II

 

De lo que le sucedi sobre tener oracin mental, y cmo la consigui con grande adelantamiento en ella, y de los embarazos que el demonio le pona para que no la tuviese.

 

 

Despus de haberse pasado seis meses, en que Fray Francisco todos los das, y en cada uno varias veces, se haba recogido a procurar hacer presencia de Cristo, sin haber podido aprovechar en cosa alguna, hallndose con la misma dificultad que el primero, su Maestro, reconociendo su estado, se destempl, ya fuese con natural sentimiento, o ya por tentacin, que es lo ms cierto, porque obr contra toda regla, y le dijo: -Calle, hermano, y no me hable en esta materia, que es una bestia; lo que puede hacer es pedir al Padre Prior le seale otro Religioso que le gobierne, porque me tiene con notable desconsuelo. l entonces, con rara humildad, respondi: -No se enoje conmigo vuestra paternidad, que yo ofrezco, siendo Dios servido, procurar hacer lo que fuere de mi parte. Esto qued as, y el P. Fray Juan de Herrera no permiti por algunos das que le hablase en materia de oracin, si bien no dej de confesarle y dar licencia para las comuniones y otros santos ejercicios, hasta que, parecindole que era mucho rigor faltar a su enseanza (aunque cada da empezase de nuevo), principalmente cuando la voluntad estaba bien ordenada, y que en ser l causa de cualquier desamparo de la oracin tena conocido riesgo, y que sera posible que Nuestro Seor se agradase ms en la confianza de aquel Hermano no pudiendo entrar en oracin que tenindola, porque al hombre no le toca ms que el perseverante rendimiento, llam a Fray Francisco y le dijo: -Cmo va de presencia de Cristo? A lo cual respondi: -Como siempre, porque nunca puedo formar perfectamente en la imaginacin esta presencia; slo esta noche pasada me pareci, estando rezando el Oficio de mi obligacin, que a mi lado derecho me acompaaba Nuestro Seor Jesucristo con una Cruz a cuestas, y me consol mucho en verle, y, mirndole con los ojos del alma, me pareca que me hallaba con ms atencin y devocin, y que pronunciaba lo que rezaba con ms espacio y consideracin. Entonces el P. Fray Juan de Herrera le dijo con increble alegra: -Hermano, buen nimo, que ha mejorado tanto de Maestro, que ya no ha de poder errar la leccin, y fo en ese Seor que nos ha de favorecer, para que hagamos su causa; y as, yo le mando que procure todo lo que le fuere posible traer a ese Seor a su lado, de la misma suerte que le parece le ha visto, principalmente en sus oraciones vocales, y cuando comulgue, mirndole con fe viva dentro de su alma, en la misma presencia de la Cruz a cuestas. Desde ese da fue aprovechando sin dar paso atrs en todo lo que se le impona, haciendo impresin en l, como en blanda cera, la doctrina que se le participaba; y su Maestro entr en grandes esperanzas vindole tan fervoroso, parecindole que iba adquiriendo virtudes y que se adelantaba en la obediencia y se enajenaba de la propia voluntad, tanto, que pareca estaba exento de esta potencia tan libre; con que caminaban en el servicio de Nuestro Seor con viento prspero, en la forma referida, hasta que el ao de 1630 pidi a su Maestro con suma humildad que le mandase tener otras dos horas de oracin cada da, adems de las dos que por obediencia suya hasta all haba tenido. Parecile muy bien esta proposicin al P. Fray Juan de Herrera, y le seal las dos primeras horas desde que se toca de noche a silencio.

Desde este tiempo, en que dobl las horas de oracin, fue tentado, por permisin divina, con varias y diversas tentaciones. Ponerse este siervo de Dios en oracin y ponerse en arma el enemigo, todo era uno; y para saber lo que ella puede, basta saber lo que l la siente. Una noche le acometi con diferentes sugestiones deshonestas, representndole diversos objetos lascivos con tal atractivo y eficacia, que, a no estar murado de la oracin, en cada uno de por s sobraba el demonio; pero hallndole firme como una roca, no sirvieron ms que de materia a nuevos merecimientos. Otra, por usar de diferentes armas, por si le inquietaba en forma visible, tom la de un ave muy grande, y con las alas extendidas le daba golpes en la cabeza; hasta que atormentado de su perseverancia y recogimiento se dio a un mal partido, ponindose en fuga por la ventana de la celda, quedndose cerrada. En otra ocasin dio muchos golpes a la puerta de su celda, diciendo con voces apresuradas que saliese presto, que le llamaba el Padre Prior y se contentaba de que hiciese un acto de obediencia, porque faltase a un rato de oracin; poltica que en diferente lnea puede ensear mucho, para que se contente con lo que se puede el que se halla sin trminos para lo que se quiere; regla que se funda en buenos principios.

En otra, luego que se hincaba de rodillas, antes que se persignase ni llegase a hacer humillacin ni otra cualquier diligencia ni preparacin para empezar su ejercicio, vea que se llenaba el suelo de ratones y lagartijas que se le iban llegando y rodeando y suban por debajo del escapulario a las manos y brazos hasta llegar al cuello, pasendose por el rostro y cabeza hacindole molestia, para que ocupado en apartarlas de s se le pasase el tiempo de las dos horas sin recogerse, en que tambin us el demonio, como soldado viejo y experimentado a fuerza de escarmientos, de estratagemas militares. Queriendo entrar en la batalla con Fray Francisco antes de verle fortificado, para vencer sin sangre o venir al combate con mejor partido, no dejndole entrar en oracin o inquietndole en ella; sabiendo que en la guerra, cuando todos hacen de su parte lo que pueden o lo que deben, en el partido est la diferencia, pero aprovechndole poco sus ardides, porque aunque le puso notablemente atribulado, y en conocida diversin, como al siervo de Dios no se le encubra quin le haca la guerra, ni la causa por que se le haca, se recobr, y con esfuerzo cristiano dijo lo que le haba enseado su Maestro, que fue: - No hay que cansarse en divertirme y molestarme, porque divertido y molestado he de permanecer as las dos horas de mi Obediencia; y cuando no pueda recoger mi interior ni aplicar mi espritu, en el nombre de Dios he de guardar estas paredes; con que se desaparecieron aquellas visiones feas y desapacibles, y entrando en quietud se puso en oracin, con extraordinarios consuelos de su alma.

 

CAPTULO III

 

En que se prosigue esta materia.

 

 

El Padre Fray Juan de Herrera, todo lo que haba aprendido en la escuela de su gran Maestro el Venerable Padre Fray Miguel de la Fuente, lo practicaba en el gobierno espiritual de Fray Francisco de la Cruz, y todo se lograba, porque la tierra era frtil, la disposicin a propsito y Dios Nuestro Seor quien daba el incremento.

No es del intento de este libro hacer ctedra de esta enseanza y doctrina mstica, por ser materia que ocupara muchos, sino la parte historial slo con algunos breves fundamentos para su inteligencia.

Nuestro Siervo de Dios no perda punto en el cumplimiento de sus obligaciones religiosas y obediencia de su padre espiritual, al cual a todas horas consultaba, porque tenan juntas las celdas, y a todas era menester para navegar siempre con la sonda en la mano, porque las veredas por donde Nuestro Seor gui a este su Siervo no eran ordinarias, y tambin peda esta frecuente comunicacin el incendio fervoroso con que deseaba la perfeccin, y el mismo con que el Padre Fray Juan deseaba el acierto de esta alma que haba tomado por su cuenta, y as las celdas siempre las tenan sin cerrar, tanto por esta causa como porque en aquel convento no se necesita de esta prevencin.

Ya tena facultad Fray Francisco para que no estuviese tiempo determinado en el ejercicio de la oracin y para que se dejase llevar de la gracia del Espritu Santo y corriese como de l fuese guiado. Tambin la tena para que, si por la duracin del tiempo se fatigase demasiado de estar postrado en tierra, el rostro por el suelo, o en cruz, o en pie o hincado de rodillas, se pudiese sentar, y lo que slo era inmutable era el dejar de empezar el ejercicio con profunda humildad y examen de la conciencia, en reconocimiento de la grandeza con quien haba de hablar, y le acabase con accin de gracias por los beneficios all recibidos, porque a esto nunca se haba de faltar; l lo ejecutaba humildemente, haciendo siempre eleccin de lo ms penoso; porque la fortaleza del alma empieza por los quebrantos del cuerpo, y las ms veces era en el Coro, aunque tambin tena facultad de tener la oracin en su celda o en partes retiradas.

Sucedile una noche, estando en el Coro, y a su parecer con el mayor sosiego que jams se haba hallado, a hora que la Comunidad estaba recogida y todo en gran silencio, que le pareca que entraba en calor sobradamente, como cuando una persona se llega a un horno encendido; y extraando la novedad, reconoci que el aire tambin se iba encendiendo, y a cada rato senta ms que se abrasaba; con que divertido de su principal intento, ya no cuidaba sino de averiguar la causa; y no hallndola, procurando recobrarse, vio que en llamas declaradas empez a arder el Coro, y que estaba entre un humo tan denso, que le pareca que le sofocaba. Entonces volvi el rostro hacia la puerta y vio arder tambin todo el convento, con que sali corriendo apellidando fuego a grandes voces, y apenas hubo salido de la puerta, cuando se hall libre del humo y del fuego, y que no haba los ardientes volcanes que en aquel mismo instante acababa de ver; y volviendo los ojos al Coro, donde haba empezado, tambin le volvi a ver sin aquellas llamas que haban causado su turbacin; y tenindola slo de haber faltado a la instruccin que tena de su Maestro, de que no se inmutarse con ningn accidente, corrido y avergonzado se volvi a proseguir su ejercicio, en el cual dur aquella noche hasta el amanecer; y el demonio, habiendo percibido crdito en jornada que empez con tan buena fortuna, trat luego de hacerle guerra ms sensible.

Tena Francisco siempre agua bendita en su celda, y al irse a recoger la esparca en s, por ella, y por la cama. A pocos das despus de este suceso, siendo a deshora de la noche, acudiendo a usar de este beneficio de la Iglesia, como tena por costumbre, antes de inclinarse a sosegar, hall sin agua bendita el vaso en que sola estar. No perdi de vista su enemigo esta ocasin, y por permisin de Dios mat la luz, y a un mismo tiempo le acometi con golpes tan fuertes y descompasados, que haca temblar el aposento. En fin, efectos de una venganza en manos de un poderoso, y que por el tiempo que se le permita no haba humana contradiccin. El Siervo de Dios toleraba con paciencia tan excesivos dolores, y curaba su herida con veneno, respecto del ofensor, porque esta virtud, tan bien ejecutada, ofenda ms a su contrario; con que el estruendo creci de manera que, inquietando al P. Fray Juan de Herrera, le oblig el sobresalto a que aplicase con atencin el odo para reconocer la causa, y oy a Fray Francisco, que con lastimosas quejas peda favor diciendo: Padre mo, Padre mo, que muero a manos de este enemigo. Con que saliendo con luz de la celda lo ms presto que pudo apresuradamente disponerse, entr en la del discpulo, reconociendo al entrar un olor pestilente, y le vio tendido en el suelo con tantas seales de golpes en la cara, cabeza y manos, que todo l era una llaga; y conociendo lo que poda ser y cunto necesitaba de consuelo, le repar y esforz, y habindole encendido la luz que estaba muerta, luego que le vio ms sosegado le dijo:

-Hermano, el demonio es un len en cadena, que no puede hacer mal sino al que se le acerca. Este que es el verdadero mal, es el que hemos de huir, porque nadie nos le puede hacer si no es nosotros mismos; y el Seor, al siervo suyo que excusa este mal, le suele querer probar para los grandes premios que le tiene guardados, y as por algn tiempo permite al demonio que deje la cadena, y como ejecutor de los divinos mandatos le ponga en tribulacin; con que debe estar muy contento con este suceso, vindose declarado por su enemigo, y que le hace guerra con los ayunos, con la pobreza voluntaria, con la observancia regular, con el silencio, con la obediencia, con la mortificacin, con la castidad, y especialmente con la oracin; porque envidioso del Sumo Bien que perdi, quisiera cerrar al hombre la puerta principal por donde se entra a su comunicacin, medios que nunca usa en esta vida con sus amigos, porque como Padre de toda alevosa y venganza, les da algn color de felicidad en este soplo temporal, para que despus padezcan en eternos llantos; y a los que tiene por sus enemigos, virtualmente los declara por amigos de Dios, por partcipes de los bienes celestiales, por herederos de su gloria, pues siguen a Jesucristo por el camino de aflicciones y Cruz que l escogi para s y para los que son de su bando, que los purifica en este crisol; y as haga muchos actos de resignacin, pidiendo a Nuestro Seor misericordia y dndole infinitas gracias de que hace estos favores a tan gran pecador, dicindole que se haga su voluntad en tiempo y eternidad; y para que tenga en esta ocasin indecibles gozos y alientos, pngase a considerar de estas dos suertes que le he propuesto cul elige para s. Y dicho esto le dej, retirndose a su celda.

 

 

CAPTULO IV

 

En que se prosigue esta materia, con sucesos dignos de admiracin.

 

Qued nuestro Siervo de Dios por una parte muy contento con los consuelos referidos, y por otra con notable confusin, porque le pareci que, vindole con tantas seales, haba de ser causa de murmuracin a los Religiosos; y llevado de este afecto, se hinc de rodillas, y haciendo presencia de Nuestro Seor Jesucristo con la Cruz a cuestas, que es la que haba trado aquel da y con la que ms se fervorizaba, porque como le quera para aquel camino le iba enamorando a ella, ponindose todo con profunda humillacin y resignacin en sus manos, le pidi que remediase aquella necesidad y que, pues a su poder nada se resista, fuese servido que no le viesen de aquella suerte; y volvindose con la consideracin a una Imagen de Nuestra Seora que hay en aquel convento muy milagrosa, con ttulo del Socorro, la pidi con las veras de su alma que intercediese con su Hijo para que su divina clemencia le socorriese en esta ocasin, y que no fuese l causa a los Religiosos de discursos, vindole con tantas seales de golpes; y as, que se sirviese de quitarlas o encubrirlas.

Estando en esto vio, en visin imaginaria, causada con tal fuerza de aprehensin que le pareca que miraba con los ojos corporales, entrar a Nuestra Seora del Socorro en su aposento, toda cercada de tales resplandores, que no acertara a decir cmo eran, y que se lleg a l y le dijo: -Confa en tu Seor y Criador, hijo Francisco, y persevera en el bien obrar y no des lugar a pecados; y dicho esto le ech su bendicin y desapareci, dejndole con una valenta extraordinaria de nimo, con una dulzura increble en los sentidos, con una fortaleza grande para el cumplimiento de sus obligaciones, con un agradecimiento rendido y con singulares esfuerzos para padecer por Cristo. Y juzgando que caso tan nuevo era forzoso comunicarle con su Maestro, luego llam al Padre Fray Juan de Herrera, el cual todava estaba cuidadoso y se haba puesto a estudiar un caso moral, y volvi a pasar a su celda; y al entrar en ella reconoci una fragancia suavsima, como cuando cae algn roco y se mueven las hierbas y flores olorosas del campo; y mirando a Fray Francisco, le vio sin las seales de los golpes; y recibiendo grande admiracin, le pregunt la causa de tan raro suceso y se la dijo. Entonces el Padre Fray Juan, como tan diestro en los caminos del espritu, le mando que se desnudase de todo afecto y no se aficionase a visin alguna, y slo pusiese todo su cuidado en el recogerse en el interior de su alma y en mirar con fe viva a Dios continuamente, y en ejercitarse en toda virtud, sin pedir jams a Nuestro Seor merced sealada ms que el cumplimiento de su voluntad santsima; pero que ahora se le mostrase de todo corazn agradecido, rindindole gracias incesantemente por las mercedes que de su larga mano en todo tiempo reciba, y tambin a la Madre de Dios del Socorro, protectora de aquella Santa Comunidad, pues deba a su intercesin (tan sin merecerla) el que hubiesen sido odos sus ruegos. Y dicho esto, se volvi a retirar.

Esta Seora es la devocin de toda la Mancha; vino al convento de la Alberca por un caso bien particular, y fue que se confesaba con el Padre Fray Antonio Maldonado, Religioso del Carmen de la Antigua Observancia, un soldado, y por ofrecrsele hacer ausencia le dej en guarda un arca; y habindose pasado algunos aos (tenindole por muerto), se resolvi a abrirla, y hall en ella tres Imgenes de bulto de Nuestra Seora, y todas tres muy parecidas, que debieron ser hechas por un artfice, de rostros algo morenos, devotos y graves, de una vara o poco menos de alto, y a todas tres, con el Nombre de Nuestra Seora del Socorro, las coloc: en el convento de Valderas una, ao de 1597; en el de Valdeolivas otra, ao de 1612; en el de la Alberca otra, ao de 1613; y en todas tres partes Nuestro Seor, por intercesin de su Madre y de stas Imgenes suyas, ha obrado muchas maravillas.

Fule al demonio siempre herida mortal la ardiente oracin de nuestro Siervo de Dios. Una vez le acometi luchando con l; y como el partido era tan desigual, cuando le tena en el mayor aprieto, de repente le dej, y Francisco tuvo inteligencia de que diese gracias que por fuerza superior haba sido socorrido en aquella necesidad.

En otra ocasin, estando en su celda en este su continuo ejercicio, y siendo entre las once y doce de la noche, no pudiendo sufrir aquel recogimiento y trato con Dios, por embarazarle de alguna manera, empez por la parte de afuera de la ventana a dar grandes risotadas repetidamente, como que haca burla de l; y viendo que aquella diligencia no aprovechaba, se entr en la celda en figura de un ave de mucha mayor magnitud que la que arriba se dijo, y batiendo sus alas por las paredes con grande ruido, se vino cayendo sobre la cabeza de Fray Francisco, con golpe tan recio que le haca dar con el rostro en la tierra, y esto repetidas veces; y como no pudiese con tan vivas diligencias conseguir su distraccin, dando temerosos y desapacibles graznidos se sali por la ventana; y por no darse por vencido, conociendo que el natural de nuestro Hermano era verdaderamente compasivo y misericordioso, se quiso valer de una virtud para ejercitar un vicio, hirindole en tan piadoso afecto; y para esto empez desde la calle con voz humana, como si fuera un hombre a quien estaban hiriendo, a dar lastimosas quejas, pidiendo que le socorriesen en aquel peligro de la vida; pero nada bast a divertirle, porque antes se hall ms quieto y sosegado en lo interior de su alma, repitiendo exteriormente innumerables veces el Dulcsimo Nombre de Jess, tan aprisa y velozmente, que aunque procuraba detener los labios no poda, conociendo que aquel impulso era violento y extrao; y era de suerte la fuerza suave que padeca y la amorosa violencia con que era llevado en la presteza de su pronunciacin, que en el tiempo en que sola pronunciar una vez este Santo Nombre, ahora lo pronunciaba veinticuatro veces sin poderse resistir, intentando usar de este costoso y desapacible medio por la extraeza del suceso. Y habiendo durado esto menos de un cuarto de hora, cuando acab el ltimo movimiento le quedaron los labios y paladar con tan extraordinaria dulzura, y con una suavidad tan natural y agradable, que todos los deleites y regalos del mundo no se pueden comparar con ella; y de all a breve rato conoci que poco a poco le iba faltando tan deliciosa amorosidad de aquel sentido exterior, y la empez a reconocer en lo ntimo de su alma; y estando de ella toda apoderada y pendiente aquel soberano pronuncio de la gloria, dio fin a su oracin con mayores fervores en el hacimiento de gracias; quedando tan fortalecido su corazn, que le pareca que padeciera todos los trabajos del mundo por slo una invocacin del Dulcsimo Nombre de Jess, reconociendo en s interiores y encendidos deseos de ser verdadero, humilde y obediente, y con un abierto desengao de que siendo hombre mortal se hubiese atrevido a tanto nmero de ofensas como haba cometido contra la Divina Majestad; proponiendo firmemente que, si fuese servido de darle su gracia, no la haba de cometer ni grave ni leve en toda su vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPTULO V

 

Del ejercicio de las virtudes en que su Maestro le puso, y lo que result de l, y de su rara

mortificacin.

 

El ao 25, el Padre Fray Juan de Herrera, que tena hecho concepto (viendo lo que su discpulo se avanzaba en la vida espiritual) que ste era el camino por donde agradaba ms a Nuestro Seor, tena puesto su cuidado y felicidad en su gobierno, templndole como la materia lo iba pidiendo; con que le pareci que ya era ocasin a propsito de ponerle en el ejercicio de las virtudes, y as lo ejecut, mandndole que practicase una sola virtud por uno por dos meses, como reconoca que lo haba menester y era ms necesario, porque una virtud sola se obra con ms perfeccin abstrado el cuidado de otras, y aquel punto superior en que se constituye un alma en la ejecucin de una sola virtud le conserva despus de adquirido, aunque en un mismo tiempo ejercite otras; y porque la oracin es el instrumento con que todas se perfeccionan, le dispuso (o cuando lleg el caso de tratar de ella) para que continuamente la tuviese en cualquiera ocupacin que se hallase; lo cual se haba de conseguir teniendo una continua presencia de Nuestro Seor, hablndole dentro de su alma con tiernos soliloquios y diferentes jaculatorias, sacndolas de todo lo que viese, o de todo aquello en que se ocupase, espiritualizndose en ello.

La materia de su oracin, si se hubiera de tratar despacio, era menester para ello solo un libro. Basta decir que desde el ao 26 lo que se ocupaba en este santo ejercicio era desde las nueve de la noche hasta que sala el sol; y porque algunas visiones, as imaginarias como intelectuales, que desde este ao tuvo hasta que muri, no tienen conexin con lo que se va escribiendo, y son maravillosas, se reservan para otros lugares, donde ms propiamente pertenecen, por no interrumpir lo sucesivo en la historia; y cuando en ellos se trataren, se ha de entender desde ahora hasta su muerte.

Lo que result del puntual cumplimiento del ejercicio de las virtudes, fue que por este tiempo le dio la Divina Bondad una celestial inteligencia de las grandes mercedes que ha hecho a todas sus criaturas del Cielo y de la tierra, entre las cuales eran los hombres los que deban estar ms agradecidos a Dios, por haberse humanado por ellos. Disele conocimiento de las muchas almas que no le agradecen el ser y dems beneficios que de su mano han recibido; y reconociendo que los cinco ms principales son la creacin, redencin, vocacin, justificacin y glorificacin, pidi licencia a su Padre espiritual para que en su honra y reverencia, y para que de alguna manera en lo limitado que caba en su cortedad, pudiese mostrar algn agradecimiento, ayunase a pan y agua

cinco cuarentenas continuas, sin interpolacin, y se la dio y lo puso por obra en esta ocasin; y despus todos los aos en el tiempo que le alcanzaba, sin impedir otros ejercicios, ayunndolas todas, menos algunos das que no pudo de la ltima por haberle faltado la salud, los cuales cumpli despus de haberla recobrado. Tena una instruccin tolerada por su Maestro de cmo se haba de gobernar desde la Cruz de Septiembre hasta la Cruz de Mayo, que es la siguiente:

INSTRUCCIN

 

Desde la Cruz de Septiembre hasta el Adviento, se ha de ayunar a pan y agua mircoles, viernes y sbado; los dems das, abstinencia de carne. El viernes, mortificacin particular de disciplina, o silencio (esto se entiende fuera de los ejercicios ordinarios). El Adviento se ha de ayunar a pan y agua todo l; y los viernes, abstinencia de comida y bebida, hasta el sbado a medio da inclusive. Desde la Pascua hasta los Reyes se puede comer carne. Desde los Reyes a Cuaresma, abstinencia de carne los lunes, martes y jueves, por esta razn; y los mircoles, viernes y sbados, por la Regla del Carmen. La Cuaresma toda se ha de ayunar a pan y agua; y los viernes de ella, abstinencia de toda comida y bebida hasta el sbado, como est dicho. En el lunes, mircoles y viernes, mortificaciones particulares, adems de las que tiene la Religin. El lunes, mortificacin de los ojos, no levantndolos a mirar cosa alguna. El mircoles, guardar dos horas de silencio en el da, fuera del tiempo de la oracin. El viernes, desde la hora de sexta a la hora de nona, traer en la boca alguna cosa desapacible o amarga, como es genciana, gordolobo o acbar. Desde la Pascua hasta la Cruz de Mayo, se puede comer carne; y desde este da, volver a empezar las cinco cuarentenas con la aplicacin referida.

En el estado que le cogan, porque el tiempo no alcanzaba hasta la Cruz de Septiembre, las dejaba, y luego volva a repetir sus ejercicios, viviendo en la tierra sin las impresiones de tierra.

Las comuniones de Adviento y Cuaresma, fuera de los domingos, eran por los que estn en pecado mortal y por los que no han venido a la Iglesia, y los domingos por las nimas del Purgatorio.

Tambin fue efecto del ejercicio de las virtudes el pedir continuamente a Nuestro Seor Jesucristo, ponindole por intercesores los soberanos Misterios de su vida y muerte y la poderosa intercesin de su Madre santsima, que le concediese tres virtudes, que son: caridad, mortificacin y oracin, y las ejecutase con tan ardiente y rendida voluntad, que le agradase en su cumplimiento. Sucedi por el fin del ao que vamos refiriendo que antes de Pascua de Navidad se prepar con extraordinarias mortificaciones y otras tantas diligencias para pedir a Nuestro Seor ms fervorosamente le concediese los dones de estas tres virtudes; y un da en que la Obediencia le envi a Villargordo, lleg por la tarde a la Puebla del Castillo de Garc-Muoz, y por estar cerrada la puerta de San Blas, que es la iglesia de aquel lugar, hizo oracin al Santsimo Sacramento desde afuera, instando con esta su continua peticin; y aunque se le haba dado a entender diversas veces que prosiguiese en pedir y desear esta misericordia, que tendran efecto sus justos deseos y que se le concedera, en esta ocasin le fue dado a entender intelectualmente que ya sus fervorosos afectos se vean cumplidos y que se le haba concedido lo que tanto deseaba. Bendito sea para siempre Seor tan piadoso, que movindose a comunicarnos la grandeza de sus tesoros, siendo el principal motivo su liberalidad, tambin hace aprecio de nuestras peticiones y nos las purifica para admitirlas, y nos da esfuerzo para que le pidamos, y siendo autor del premio lo es tambin del merecimiento; con que nos hallamos tan a poca costa inmensos bienes, o, provocando ms su justa indignacin con dejar pasar sus santas inspiraciones, nos hacemos inexcusables!

 

 

CAPTULO VI

 

En que se prosigue su mortificacin y de su

humildad y obediencia.

 

A todas horas traa en la memoria nuestro Siervo de Dios las ofensas que haba cometido contra la Divina Majestad, que le servan de torcedor eficacsimo para afligirse y aborrecerse como a instrumento de ellas; y en orden a esto, si alguna alegra o respiracin admita, era cuando se trataba mal, porque nunca se vea satisfecho de mortificaciones y penitencias: unas, que conociendo su espritu le mandaba la Obediencia; y otras voluntarias, que le permita su Confesor, porque l siempre andaba discurriendo e inventando nuevos instrumentos y modos con que atormentarse ms, y sola decir al P. Fray Juan de Herrera:

-Vuestra paternidad gobierne esta bestia, atendiendo a que, no estando muy sujeta y enfrenada, se ha de desbocar.

Era tanta la puntualidad con que haca memoria de sus culpas, que un da desde por la maana hasta la noche estuvo llorando, hacindose arroyos de lgrimas, en que al principio, como le conocan por hombre penitente, no se hizo reparo; y viendo que duraba tanto y con tal copia, y que preguntndole la causa no daba ms respuesta que llorar, el Padre Prior le mand con Obediencia que la dijese, a lo cual respondi: - Padre mo, cmo no ha de ser mi llanto incesable, hoy hace aos que perd la gracia bautismal? De esta suerte miran las culpas los hombres temerosos de Dios, y la misma causa que hace a los que estn dados a los sentidos que no vean que son las muchas tinieblas que emba-

razan la luz de sus entendimientos, quitada esta, hacen a los que no lo estn que sean largos de vista.

Las penitencias de Fray Francisco eran tan sobre las fuerzas naturales, que a no ser hechas con especial movimiento de Dios y asistencia suya, ni pudiera vivir con ellas, ni la prudencia de su Maestro se las permitiera; pero el Espritu Soberano, que le mova a obrar sobre toda prudencia humana, le conservaba la vida, y mova tambin a sus confesores y Prelados a que le dejasen seguir su espritu para empresas tan arduas; y se dejaba llevar de l nuestro Hermano, de modo que pareca tener todos sus gustos y placeres en todo cuanto era mortificacin y penitencia; tanto, que hasta los instrumentos que conducan para este fin le causaban una alegra y un gozo tan singular, que le sala al rostro y aun a la boca, rompiendo ms fcilmente para este intento la ley rigurosa de su silencio; no haba fiesta para nuestro Hermano como adquirir cilicios y disciplinas; stas eran sus alhajas; y aunque no eran pocas, no necesitaba de muchas piezas para acomodarlas, porque siempre las traa consigo: las cadenas y cilicios, puestos siempre en su cuerpo; las disciplinas, para no perder ninguna ocasin de castigarse. En una ocasin le dio unas disciplinas muy a su propsito otro Religioso de su misma Profesin; y se lo agradeci tanto y tantas veces, que nunca acababa de agradecrselas, y era sin duda porque casi todos los das experimentaba en su pobre cuerpo el bien que le haba hecho; as es que, eran tantas las disciplinas rigurosas que tomaba, que apenas se pueden reducir a nmero; pero qu no se puede presumir de quien tom por su cuenta castigar en s, no slo los propios pecados, sino tambin los pecados de todos los dems?

Lo que es digno de atencin y que se vino a saber casualmente, fue que siendo Prior en Santa Ana de la Alberca el Padre Fray Pedro Fernndez Barredo, y estando enfermo, no se sabe con qu causa mand al Superior que hiciese a los Hermanos de vida activa que fuesen a su celda aparejados para recibir una disciplina, a nuestro Hermano no le haba acontecido otra vez en la Religin este caso, y se lleg al Hermano Fray Gregorio Roca y le pidi le enseara cmo se haba de componer para recibirla, y con esta ocasin vio el dicho Fray Gregorio que la tnica interior era de estamea, y alrededor de la carne, de medio cuerpo arriba, traa una cadena de hierro de eslabones de medio dedo de grueso, la cual daba dos vueltas al cuerpo, y que el eslabn que caa sobre el hombro izquierdo tena comida toda la carne, y sobre el mismo hueso haba un callo de un dedo de alto, el cual estaba abierto por donde se descubra; de que recibi tal compasin el Hermano Fray Gregorio, que dio cuenta al Prelado, y se le mand a Fray Francisco que se quitase la cadena, y l obedeci; pero en su lugar se visti un cilicio largo de hierro que pesaba siete libras.

La mortificacin en la comida fue rara; su ordinario alimento era pan y agua, y el extraordinario, para su regalo, algunas hierbas cocidas en agua, y las ms veces eran tomadas de las raeduras de las que se guisaban para la Comunidad; y aun no contento con esto, sola espolvorear lo que coma con ceniza y con acbar, buscando en todo modos exquisitos de negarse a todo gusto y alivio, y darse a cuanto era mortificacin y amargura. Lleg a estar tan delicado por esta causa, que se le encendi una fiebre maliciosa, de que el mdico le desahuci, diciendo que no tena ms remedio que el de Dios. A que respondi: -Bastante es ese; - y encomendndose muy de veras a Nuestra Seora del Socorro, le dio un vmito copioso de gusanos, que tenan las cabezas negras, y luego mejor; aquel socorro solo era sin duda la causa de su vida y de su conservacin, porque, segn lo natural, no parece que poda haber otro recurso; pues lleg su abstinencia a tal extremo, que apenas coma, faltando das en el ao para cumplir con sus ayunos y cuaresmas que estableca; pero entre todo es digno de singular admiracin el propsito que hizo, y cumpli a la letra, de ayunar tres aos continuos a pan y agua, y esto se entiende comiendo slo a tercer da, y en ste una vez solamente; esto fue desde el da 1 de enero de 1643 hasta el mismo da del ao 1646, en que se incluy el tiempo de su viaje a Jerusaln con la Cruz a cuestas; y habiendo dicho esto, ser ocioso el ponderar que, en medio de tantos ayunos, siempre estaba trabajando en las ocupaciones del convento, ya en la labranza, ya caminando, porque era el nico limosnero, en los lugares del contorno, de su convento; siendo su modo de caminar siempre a pie, sin alforjas y sin alzarse los hbitos y sin comer jams hasta llegar a la posada; y siendo esto as, era cosa maravillosa ver con la ligereza y presteza con que caminaba, ya fuese de noche, ya hiciese mal tiempo, en lo cual jams reparaba, porque todo su reparo era de huir todos los modos de alivio y conveniencia; pero si todos sus pasos eran de espritu, qu mucho que fuesen tan veloces! Por esto deca l mismo que el comer le estorbaba para caminar; y era as que cierto da camin nueve leguas sin cesar, ni comer en todo el da un bocado; y el da siguiente, que era domingo, comi algo y no pudo andar ms de cuatro leguas trabajosamente, segn se hall de pesado.

La cama del Siervo de Dios era el duro suelo, y aun ste le sobraba, porque no sabemos cundo dorma el que todo el da estaba trabajando y toda la noche en oracin y ejercicios de penitencia; no haca ms caso de su vida ni de su salud que de la tierra que pisaba, siendo todo su estudio y cuidado saber morir, disponiendo las cosas de modo que toda su vida fuese un ensayo de la muerte, para vivir y morir crucificado; porque, como otro Apstol, toda su gloria era la Cruz de Jesucristo, que sta es la que echa el sello a todas las ponderaciones que pudiramos hacer de sus continuas penitencias; pues con ella sobre sus hombros, ya viejo, flaco y sin fuerzas, visit los Santos Lugares de Jerusaln, Roma y Santiago de Galicia, a pie, ayunando y padeciendo, como se dir en su lugar.

En la humildad, como fundamento de las dems virtudes, fue muy extremado; en teniendo un hbito nuevo, luego lo trocaba por el ms roto del convento; y como en los lugares donde peda limosna le queran tanto, le solan vestir, y para que se pusiese alguna cosa nueva se la hacan sin que lo supiese, y le quitaban la que traa y la ponan en su lugar, con que le instaban a que se la vistiese; pero en yendo al convento, luego la volva a trocar, y siempre era con condicin de que el Padre Prior lo permitiese; l limpiaba las celdas de todos, las cocinas, las caballerizas y hasta los lugares inmundos. Cuando estaba fuera del convento a pedir las ordinarias limosnas, en las casas donde se hospedaba atenda a que se descuidasen las criadas, y l iba y fregaba los platos y limpiaba las cocinas; y reprendindole porque tomaba aquel trabajo, sola decir con mucha gracia: Amargos os veis como la miel; si yo no valgo para otra cosa, puede ser bueno estar ocioso?

En la Obediencia fue rara su prontitud; apenas el Padre Prior o su Padre espiritual haban insinuado alguna cosa, cuando parta a ejecutarla; jams puso dificultad en lo que se le mandaba. Hicieron Prior de aquel convento al Padre Fray Juan de Herrera; y como se hall con los dos imperios de Prelado y Confesor, le sola hace ejercitar la Obediencia en cosas contrarias; mandbale que fuese a comulgar, y estando para recibir a Nuestro Seor Sacramentado y con los afectos que de su devocin se pueden considerar, le mandaba que no comulgase, y obedeca luego, en caso que para l no poda haber otro ms sensible. Sola mandarle, en lo riguroso de los Caniculares, que fuese a algn lugar a pie, y enviaba en su seguimiento un criado a caballo, que al llegar al lugar le dijera que se volviese sin entrar en l, y al instante se volva; y en una ocasin que volvi al convento muy fatigado del calor, al dar la Obediencia dijo al Padre Prior: -Pague Nuestro Seor a V.P. el bien que me hace; qu fuera de m si me mandara otro que no conociera mi ruin natural?

Sucedi que una maana, el Padre Fray Juan de Herrera (siendo ya Prior) le mand que fuese a la caballeriza y se atase junto a las bestias con un cabestro a un pesebre y se ajustase a l con una soga al cuello de manera que ni se pudiese sentar ni hincar de rodillas. El obediente Hermano ejecut el precepto con las puntualidades que se le haban puesto; y el Padre Prior (habindosele ofrecido ocupaciones en el convento) no se acord de lo que haba mandado hasta medio da, que le ech (de) menos; entonces envi al Hermano Fray Pedro Vzquez que le desatase; y habindolo hecho, le pregunt el Siervo de Dios si el Padre Prior le haba mandado otras cosa ms que el que le desatara; y respondindole que no, l le dijo: -Pues Hermano, vyase, que ya est hecho; y habindole parecido al Padre Prior que Fray Francisco con lo que le envi a decir acudira a sus ministerios en el convento, no hizo ms reparo, hasta que a las seis de la tarde volvi a ver al Hermano Fray Pedro Vzquez y le pregunt si haba desatado a Fray Francisco, el cual dijo lo que le haba pasado con l; el Prior entonces reconoci que, aunque su nimo haba sido que le desatara para que viniera a acudir a su obligacin, no haba explicado ms que la una parte, parecindole que bastaba; pero que eran tales los quilates de la obediencia del Siervo de Dios, que no se dio por entendido de lo que le quera decir, sino de lo que le decan; y as se le envi a llamar con el mismo Hermano, y l fue siguindole, y le hallaron hincado de rodillas, puestas las manos en tan profunda oracin, que estaba enajenado de s, de suerte que fue menester darle muchas voces para que volviese, quedando admirados de aquel raro ejemplo de obediencia.

 

 

 

 

 

 

CAPTULO VII

 

De su pobreza y castidad.

 

 

La virtud de la pobreza es la que menos novedad hizo a Fray Francisco de la Cruz en el estado Religioso, porque toda su vida fue una continua necesidad; pero se debe aqu advertir que cuando los Apstoles dejaron todas las cosas y siguieron a Nuestro Redentor, no porque eran pobres y no tuvieron que dejar se privaron de los altos merecimientos de esta virtud; pues habindose de atender al efecto y no al censo, no dejaron poco los que se dejaron a s; con que imitando Nuestro Siervo de Dios la perfeccin apostlica, de tal suerte se dej a s, que no quedaron seas en l del hombre antiguo. Fue pobre, verdaderamente evanglico; nunca tuvo ms de lo que vesta, menos dos tnicas interiores que, como cosa tan precisa, suplen por una; nunca tom dinero que le diesen, o por limosna personal o en otra manera, sino en caso que la Obediencia le mandase ir a alguna cobranza, que luego en viniendo lo entregaba al Prelado sin que entrase en su celda, o llevndolo a los pobres de la crcel, para quien sola pedir; si alguna vez hallaba alguna moneda en el suelo, haca que otra persona la levantase y entregase al Cura o Alcalde del lugar, para que, no apareciendo dueo, la diese de limosna. Su cama era un jergn de pajas de centeno, y de sta usaba alguna vez. En el viaje de Jerusaln jams admiti limosna de dinero (habiendo sucedido sobre esto casos particulares), ni de comida y bebida recibi ms limosna que aquella que por entonces haba menester, sin reservar cosa alguna para otro da. Estando en Madrid, fue con la Comunidad a un entierro, junto a Provincia, y le dieron una vela como a los dems Religiosos; y parecindole que tena una cosa superflua, se la dio de limosna a un pobre preso, que la peda desde una ventana de la crcel de Corte. En otra ocasin, enviado de la santa Obediencia, caminaba por tierra muy spera (siempre a pie, como tena costumbre); y como nunca llevaba ms provisin que la de la Divina Providencia, al pie de una cuesta que haba de subir se hall tan fatigado, que se sent, por la mucha flaqueza que tena, para tomar algn alivio, y entonces vio que bajando la cuesta vena hacia l un hombre con un pollinejo cargado de muy poca lea, y llegando a l le dijo: Toma ese pan (que sera cantidad de media libra) y ves aqu agua, come y te esforzars y quedars satisfecho en la necesidad que padeces. No hubo comido dos onzas de pan, cuando tom el agua y bebi, y mientras beba se desapareci el hombre y el jumentillo, y l qued alabando a Dios que con entraas amorosas de Padre as acuda a un hombre que tanto le haba ofendido, y con aquel socorro camin (reconociendo en s grande esfuerzo) tres leguas de tierra muy fragosa.

En materia de castidad era singularsimo; pudese decir en esta ocasin lo que en otra fue tan celebrado: que una larga castidad equivale a la Virginidad. El recato de sus ojos era tan grande, as fuera del convento como en l, que casi siempre estaban fijos en la tierra. En los lugares de la Mancha, donde peda ordinariamente limosna para el convento, redujo a muchas personas de amistades ilcitas muy antiguas a penitencia, y en esta parte le concedi Nuestro Seor rara capacidad y fuerza en el persuadir: deca que no slo temblaba cuando le era forzoso hablar con alguna mujer, sino tambin cuando se le representaba al entendimiento. El P. Fray Juan de Herrera, su Confesor, en los apuntamientos que escribi de la vida de este Venerable Siervo de Dios hasta que empez su peregrinacin, dice que, en veintids aos y medio que le confes, nunca hizo materia de cosa que desdijese de la castidad, ni en mucho, ni en poco: Bendito sea para siempre el Seor, que en un hombre nada continente quiso formar tal ejemplo de pureza, y que reserv para Fray Francisco de la Cruz lo que en todos los siglos slo haba concedido al casto Jos en Egipto, en el caso siguiente!

Ya dejamos dicho en el captulo VII del libro primero como nuestro Hermano tuvo una amistad en Cuenca con una mujer principal; y en el captulo XIV del mismo libro, como la misma mujer, estando herido en el Carmen de Madrid, le quiso sacar a curar a su costa, y que el fin era casarse con l, y con cunto empeo el demonio la tomaba por instrumento para embarazar su vocacin. Ahora, parecindole que necesitaba de armas auxiliares, se vali de esta propia mujer como de instrumento de guerra que ha conseguido tantas victorias de nuestra naturaleza; y pasando Fray Francisco en Cuenca por la calle de la Carretera pidiendo limosna para los pobres de la crcel, empleo en que algunas veces se ocupaba con licencia de su Prelado y Confesor, en compaa del Hermano Portillo, un hidalgo de Villargordo, hombre con quien tena grande intimidad, porque trataba mucho de espritu y se ocupaba frecuentemente en estas y otras piedades, el cual habindose apartado a pedir la misma limosna por la otra acera de casas, desde una ventana dijo una mujer a Fray Francisco que entrase en el portal de la misma casa por limosna; l lo hizo as, y volviendo a decir la misma mujer desde una sala baja de aquella casa que entrase por la limosna, l entr y se hall con la mujer referida, y al punto que la conoci, sin aguardar ms palabra, queriendo volverse, ella se abraz con l, solicitndole con afectos y palabras, que si en aquel caso fueron excusadas, ms lo ser ahora el repetirlas. Como nuestro Hermano era hombre de fuerzas, le fue fcil el desasirse de la mujer, pero no de suerte que ella no se quedase con parte de la capa, prosiguiendo sus instancias y a un mismo tiempo procurando l apartarse tirando de la capa para poderse ir. Esto no le fue posible por la tenaz molestia de la inhonesta mujer; entonces, rompiendo el broche, se la dej en las manos y tom la puerta. Ella, volviendo en s o no volviendo, le dio voces para que tomase la capa; l, sin atender a la capa, por no atender a la mujer, se fue corriendo en cuerpo por toda la calle, mirndole todos, como que haba perdido el juicio cuando ms le haba logrado, diciendo repetidas veces: Jess, Mara, Jos, alzando la voz destempladamente. El Hermano Portillo, que sala de pedir la limosna de una casa para irla pidiendo por las otras, vindole correr de aquella manera, qued fuera de s con tan extraa novedad; y Fray Francisco, que le vio, le dijo: Hermano Portillo, vamos presto de aqu a la posada; furonse, y en ella fue preciso contarle el suceso, recatando la persona y la casa; que siendo hombres que trataban de perfeccin y tan amigos, y en la ocasin presente, se pudo referir sin nota.

El demonio, habiendo hallado cerrada esta puerta, le quiso entrar por la de la vanidad, y tomando ocasin de que la mujer se haba declarado con un hombre principal y ddole la capa para que buscase a Fray Francisco y se la entregase, el hombre, imprudente o lisonjero, parecindole que con no declarar la persona estaba todo hecho, llev la capa al Seor Don Enrique Pimentel, Obispo de aquella ciudad, el cual, queriendo hacer estimacin del Siervo de Dios, mand que viniese a su presencia, y entregndole la capa y rogndole que en sus oraciones le encomendase a Dios, motiv el que toda su familia supiese el caso y que, al irse, los criados se llegasen a l, unos diciendo que era Santo, otros exagerando el suceso, otros encomendndosele, otros queriendo besarle la mano, otros dndole gracias por la victoria conseguida, y alguna falseando el rostro con alguna risa sobre el desacierto de la mujer y sentimientos de menor disculpa que el mismo caso, y todos hacindole nueva guerra, tanto ms exagerada y cruel, cuanto menos era la intencin de hacerla; con que nuestro Hermano, reconociendo todos estos escollos, se sali huyendo tambin del Palacio del seor Obispo y de la ciudad, parecindole que en todo peligraba, y que no es consuelo de una herida mortal el diferente nombre del instrumento; con que no se soseg hasta tomar el puerto seguro de su Religin.

 

 

 

CAPTULO VIII

 

De la Hermandad que fund y altares que erigi, con ttulo de la Santa Fe Catlica, y del cuadro de la Fe que form por ilustracin divina.

 

 

Por muchos aos y a todas horas traa nuestro Siervo de Dios siempre al odo una voz que le deca: Fe, Fe, Fe; de donde le result el que en todo lo que escriba siempre empezaba: Ensalzada Sea la Santa Fe Catlica; y en sus plticas esta era la ltima salutacin ordinaria, por cuya intencin aplicaba sus oraciones y penitencias, y todo lo acomodaba a este fin, parecindole (y con razn) que en esto consista el mayor bien. En hombre de tan fervorosa oracin y de tan incansable mortificacin, y que en lo natural era de limitado discurso, bien cierto es que todo lo que haca, de donde resultaban fines tan soberanos, ejemplos tan dignos de ser imitados y fbricas que argan talento y movan a edificacin, sera con luces superiores e ilustraciones celestiales, en orden a que fuese ensalzada nuestra Santa Fe Catlica en todos los lugares en que entraba; y en donde no haba puestas Vas Sacras luego las formaba, disponindolo con las Justicias, aplicando esta intencin, y con religioso culto de los pueblos se conservan hoy tan ejemplares memorias por toda la Mancha.

Fund, con licencia de sus Prelados y de los Ordinarios, Congregaciones en muchos lugares con el ttulo de nuestra Santa Fe Catlica, dndolas piadosas y devotas Constituciones, y se admiraba mucho de que, siendo ste el principal motivo de nuestra Religin y habiendo tantas fundaciones de sus Divinos Misterios, no se hubiese fundado Hermandad alguna con este universal motivo; aunque esto no es de admirar, porque siempre ha sido estilo de Nuestro Seor conceder a su Iglesia, a diferentes tiempos, diversos favores y privilegios. Bien se conoce que era obra suya el que un Religioso Lego hiciese estas fundaciones, dndolas Constituciones tales, que personas de mucho ingenio y letras no las pudieran disponer ni ms en razn, ni ms eficaces, ni ms devotas, y que, presentadas ante los Ordinarios de Toledo, Cuenca, Prioratos de Santiago y de San Juan, en los reinos de Castilla y Len, y siendo examinadas con particular atencin, movida del curioso concepto de la persona que las haba ordenado, fueron aprobadas y aplaudidas debajo del ttulo de nuestra Santa Fe Catlica, firmndose los que en ellas eran recibidos esclavos de la Fe.

Tambin se conoce la asistencia divina que tena, pues erigindose altares con el ttulo de Santa Fe Catlica, significada en el cuadro que se referir, y colocado en ellos en la Alberca, Villarrobledo, San Clemente, Tembleque, Argamasilla, Alczar de San Juan, Madridejos, Campo de Criptana, Toledo y otras partes, en todas se celebr la festividad de la ereccin de estos altares con suntuosos aparatos y grandes gastos, siendo tan pobre el fundador que jams tuvo un real suyo. En la ocasin en que se fund en Tembleque la dicha Hermandad de la Santa Fe, tuvo el Siervo de Dios un particular desconsuelo, y fue que dos mozos, o inadvertidos o temerarios, viendo que la gente ms principal de la villa se inscriban por esclavos de la Fe, le dijeron: -Que ellos no haban menester inscribirse, que bastante Fe tenan; a que Fray Francisco, arrebatado del celo de la Casa de Dios, dijo: -Pues bien; pueden desengaarse que el que tuviere tanta Fe como un grano de mostaza pasar los montes de una parte a otra; exclamacin digna de un corazn a quien se le haba dado la virtud de la Fe en tan alto grado. Tambin se conoce cun agradable ha sido a Nuestro Seor el que a su Madre Santsima se le d nombre de la Fe; pues por sus Imgenes que con este ttulo se han colocado ha obrado muchas maravillas, no slo en Espaa, sino en el Paraguay, donde una Imagen de Nuestra Seora, con el nombre de la Fe, es la devocin de aquel Nuevo Mundo, participada de la Mancha. La pintura que form este Venerable Siervo de Dios de los Misterios de nuestra Santa Fe Catlica, como materia nueva, por donde otro alguno por aquel lado no haba discurrido ni delineado, la reconoci con examen particular el Consejo Real de Castilla, y aprob y se le dio licencia para que la estampase y publicase por Cdula, firmada por su Majestad en 6 de julio del ao de 1637, refrendada de Francisco Gmez de Lasprilla, su Secretario, la cual pintura de la Santa Fe Catlica se significa y explica de esta forma:

 

Explicacin del cuadro de la Santa Fe Catlica

 

 

 

En el tringulo se significa la unidad de esencia en Dios; y en las tres coronas que tiene en las tres esquinas de l, que en Dios hay tres personas distintas; en el ramo y la espada que estn dentro del tringulo, los dos atributos divinos, Justicia y Misericordia. En las palmas que nacen del pie de la Cruz que atraviesa el tringulo, el triunfo de la Iglesia Romana; en los ngeles que estn debajo de las palmas coronando multitud de Mrtires, la Congregacin de los Fieles; en los encadenados, que estn en la parte baja del globo sobre que estriba el pie de la Cruz, los enemigos de la Santa Fe Catlica; en las siete letras que estn en el tringulo a la mano derecha de la Cruz, los siete Artculos que pertenecen a la Divinidad; en la primera significado el primer Artculo, y as en las dems; y en las otras siete que estn a la mano izquierda de la Cruz, los otros siete Artculos que pertenecen a la Santa Humanidad de Nuestro Seor Jesucristo, colocadas con la misma significacin que las primeras; en el ngel y la Imagen de la Virgen Santsima Madre de Dios, que estn a los dos lados del pie de la Cruz, la Encarnacin del Verbo Divino; en las letras que estn alrededor del tringulo y de la Cruz sobre cabezas de ngeles, que dicen: Quis sicut Deus, el poder de Dios; en el Cliz y la Hostia que estn en medio de la Cruz, tomando parte de los brazos de ella, y tienen encima una corona, debajo del rtulo de la Cruz, los dos sacrificios, el cruento en la Cruz y el incruento en el Cliz; a esto se sigue alrededor de la orla del cuadro, que significan lo que representan los cuatro Evangelistas que escribieron los Sagrados Evangelios, los cuatro Doctores de la Iglesia que los explican; las cuatro Religiones mendicantes y las cuatro Militares, que los defienden; en la Tiara que est debajo del tringulo, al pie de la Cruz, el Sumo Pontfice, Cabeza de la Iglesia; en las armas que estn en la parte alta del globo, el Rey de Espaa, que con ellas devela los enemigos de la Fe en las cuatro partes del mundo; en la serpiente que est debajo del globo, abrazada de la parte inferior de l, el demonio, que siempre est echando lazos; y en la maza que tiene en la boca, la mordaza que la Fe le pone, con que le hace callar; en las tres dicciones que estn en la orla del cuadro, encima del tringulo y a los dos lados de l, y dicen: Creo en Dios, espero en Dios y amo a Dios, las Virtudes Teologales, que significan; en la pintura de una paloma que est en la esquina del lado derecho del cuadro, junto a los Doctores, y en el rtulo que est alrededor de la orla, que dice, valindose del verso del salmo cincuenta. Ecce enim veritatem dilexisti incerta, et oculta sapientiae tuae manifestati Ecclesiae, la manifestacin de la Fe por el Espritu Santo a la Iglesia Catlica; en las letras que estn entre el pie de la Cruz y el globo del mundo y dicen: Ensalzada sea nuestra Santa Fe Catlica, el motivo de esta empresa; en las saetas de fuego que caen de lo alto del globo por la parte de adentro, a los lados de una muerte, sobre las pinturas de los principales Heresiarcas, como son: Arrio, Calvino y Lutero y del infiel Mahoma, presos entre llamas, y en las letras que estn como orla del globo y dicen las palabras del verso del Salmo ciento diez y nueve: Sagitae potentis acutae, cum carbonibus desolatoris, las herejas diversas que han de afligir a la Iglesia por toda la vida del mundo, y que el fin de todas es el ser despojos de la Fe, quedando vencidas y asoladas.

Este es el cuadro que Fray Francisco de la Cruz dispuso para significacin de nuestra Santa Fe Catlica, o por mejor decir, el que dispuso Dios por medio de su Siervo, puesto que estuvo Su Majestad diez aos en revelrsele, y cada cosa de l se la dijo tres veces; y a lo ltimo, le dijo estas palabras: Esto quiero que saques a luz, porque entiendan que no es cosa tuya, sino ma; y para ello te he escogido a ti, que eres ignorante, que es para prevenir un gran dao en los tiempos venideros.

Con que debemos reverenciar este cuadro como venido del Cielo, y como efecto de una providencia muy singular para los fines grandes que su Majestad sabe; por lo cual le dio a entender a su Siervo que convena y era servido que se publicase y erigiesen altares donde los fieles renueven y conformen los votos de la Fe que profesaron en el Bautismo.

 

 

 

CAPTULO IX

 

De algunas prevenciones con que Nuestro Seor iba disponiendo a Fray Francisco de la Cruz para la peregrinacin de Jerusaln.

 

 

Los sentimientos que Nuestro Seor comunicaba a Fray Francisco de la Cruz eran muy frecuentes y diversos, pero en todos labrndole para la peregrinacin a que le tena destinado, y para que por este medio se consiguiese el cumplimiento de su santsima voluntad, concediendo al mundo conversiones nunca esperadas, prodigios no prevenidos y maravillas tan repetidas, que han sido empeos de su amor, ostentacin de su poder.

Algunos aos antes que tuviese las primeras luces de su viaje a la Tierra Santa, parece que Nuestro Seor le dio inteligencia de que a pocos ratos de amargura se seguan colmos abundantes de gozos sobrenaturales, pues en un camino de tierra estril de los que ordinariamente haca por la santa Obediencia, hallndose cansado se sent, y por no tener rato ocioso se puso a leer en un libro espiritual, y estando leyendo sinti que el aire traa a su olfato olor de unas hierbas que l conoca por amargas. Hizo reparo, y advirti que no haba causa de que se pudiese originar; suspendiendo lo que lea, puso el espritu en Dios, para que fuese servido de alumbrarle qu determinacin era la suya en aquella situacin, y le fue dado a entender esta palabra: Mirra. l entonces, baada su alma en gozos indecibles y soberanos, como quien recibe un gran beneficio no esperado, rompiendo de lo ntimo de ella suspiros ardientes y amorosos, dijo: -Seor, bien conozco la tibieza con que doy cumplimiento a mis obligaciones, y tambin el sinnmero de mis culpas, y que estis justamente conmigo indignado; pero engrandezco vuestro inmediato poder y clemencia, pues me habis dado a entender en la palabra Mirra que me queris mortificado; dad claridad a mi entendimiento y fortaleza a mi alma para que yo elija la mortificacin que os sea ms agradable, y la ejecute con humildad y esfuerzo en Vos y por Vos, pues lo sois de humildes. Concededme, Seor, para que la consiga, que me aparte, por vuestro amor, de todo aquello a que se inclina mi natural, aunque sea lcito y honesto, y abrace todo lo que aborrece, por ms penoso y desconsolado que sea, y que rinda mi voluntad mal ordenada en la porcin inferior de la inclinacin, apetito y parte sensitiva, al superior dictamen de la razn, para que, dando repetidas aflicciones al cuerpo, muera en l y viva en Vos

Prosigui su viaje, y en l le fue repetida esta palabra Mirra doce veces, y otras muchas en otras ocasiones antes de empezar su peregrinacin. Pero nuestro Seor, que es fiel remunerador de voluntades resignadas, aquella misma noche le ofreci, estando en oracin, en visin imaginaria, un ngel muy hermoso y resplandeciente, todo cercado de zarzas y muy agudas espinas, que tena el brazo derecho levantado y en l una corona hermossima tejida de hojas de laurel y flores, dando a entender a Fray Francisco, con la accin y demostracin que haca, que aquella corona era para l; con que su corazn se fortific a servir y padecer, viendo que tena un Seor que, a afectos tan limitados, daba premios tan sin medida. No entendi el Siervo de Dios la calidad de las aflicciones que le esperaban, porque las juzgaba corporales como siempre haban sido; y no juzg bien, porque lo que result de esta visin fue que empez a sentir en su espritu algunas sequedades y substracciones, y a reconocer notable mudanza en su gobierno espiritual, con que andaba confuso y desordenado; porque aunque procuraba con verdaderos actos de compuncin recobrar la perdida devocin, no le era posible; y aunque conoca las razones con que su Padre espiritual le esforzaba, la guerra interior que traa sobrepujaba al Discpulo y a la segura doctrina del Maestro. Acordbase de aquel sosiego de los sentidos que tena en sus ejercicios ordinarios, y como convaleciente a quien se le ha quitado el bculo, vacilaba a una parte y a otra, desanimada el alma de todo consuelo, sin quedarla ms pie firme que el de la resignacin; porque aunque arda incesantemente el fuego divino en su pecho, estaba a su conocimiento cubierta la llama con sombras, para que de aquellas fraguas celestiales saliese a su tiempo acrisolada su fidelidad y paciencia, y para que la joya de tantos quilates hallada hiciese verdaderamente feliz al que la juzgaba perdida; nuestro Hermano, en borrasca tan desecha y en mar tan proceloso, se daba totalmente por perdido; porque si la memoria le recordaba la devocin sensible, conoca el desamparo en que se hallaba; si le representaba los consuelos interiores de su alma, vea la sequedad que la cubra cuando le propona la voluntad con que prontamente se entregaba a todo lo que era servicio de Nuestro Seor; miraba el tedio que a esto mismo tena y la tristeza que le causaba; andaba todo desbaratado, porque las batallas que haba tenido eran del cuerpo y por tiempo limitado, y ahora eran del espritu y le parecan eternas. Persuadise, viendo las obscuridades en que se miraba, que totalmente Dios le haba dejado, pues ni poda meditar, ni contemplar, ni se conoca a s mismo; y si algo conoca en s, era que ni obraba lo sensible, ni se excitaba lo imaginario, ni entenda lo intelectual.

El P. Fray Juan de Herrera, como tan gran Maestro, reconociendo por la conciencia de Fray Francisco que esta mudanza no se causaba de desorden en ella, sino que vena por impulso de Dios, le prometi de su parte la suavidad y consolacin de su alma; con que, persuadido de alguna manera que el crdito de la doctrina es la primera perfeccin del discpulo, y no extraada tanto la novedad con la costumbre, aunque dur por mucho tiempo este gnero de ejercicio, poco a poco se fue ilustrando su alma con resplandores divinos; y habindosele dado conocimiento de que los instrumentos con que haba sido labrado no haban causado destruccin, sino perfeccin en su espritu, volvi, como raudal detenido y luego desembarazado, con ms mpetu a la templanza y quietud que gozaba: porque la memoria ya devotamente senta; el entendimiento, ya libre del velo de tantas obscuridades, vea la luz clara; la voluntad, ya perdido el tedio y la tristeza que la oprima, haba convertido el fastidio en mpetus de afectos amorosos; y lo sensible, lo imaginario y lo intelectual que se haban perdido, se hallaban con la dulzura de haber vuelto a hallar su casa; con que rendido ante el divino acatamiento, y ms y ms fervorizado, le faltaban palabras y agradecimientos para aclamar tantos favores y misericordias.

 

 

 

CAPTULO X

 

De los motivos que tuvo para la peregrinacin a los Santos Lugares y cmo se dispuso para ella, y de una gran desgracia que estorb por ilustracin divina.

 

 

Despus de haber Fray Francisco de la Cruz vuelto a la paz y serenidad que sola gozar en sus continuos ejercicios, hallse en ellos tan mejorado, que lleg a tener una quietud de oracin tan sobrenatural que, si de antes todas las cosas que vea le servan de instrumento para dar en cada una gracias al Criador, ahora estaba tan dentro de s en Dios, que no le movan a hacer reparo en ellas. bale previniendo para que llevara su Cruz a la Tierra Santa, y quera aplacar, por medio de esta penitencia, su justa indignacin contra los hombres; y para esto le quiso dar a entender aquel presente estado en las visiones siguientes:

Vio una vez, durmiendo, que llova con grande tempestad, y que lo que llova eran rayos de fuego.

Vio otra vez, durmiendo, que llova sangre en una villa, seis leguas de Toledo.

Vio otra vez, durmiendo, que la tierra se arda junto a Madrid, y que el fuego bajaba del Cielo.

Vio, otra vez, con los ojos corporales, una serpiente en el aire de muchas leguas de magnitud que con la cola llegaba junto a Madrid, como que amenazaba, y que haciendo Fray Francisco la seal de la Cruz se deshizo luego, con que conoci que el remedio estaba en la Cruz.

Vio otra vez con visin imaginaria en unas tinieblas una Corona de oro.

Vio otra vez en visin imaginaria, entre tinieblas, una Corona de espinas, y conoci que se la daban a l, sin ver quin se la daba.

Vio otra vez, tambin imaginariamente, un Clavo de Cruz, de la misma manera que vio la Corona de espinas entre tinieblas.

Vio otra vez, con los ojos corporales, dos nubes en el cielo, muy encendidas, que se apartaban y se volvan a juntar, a modo de pelea, y se le dio a entender que significaban guerras en Espaa.

Vio otra vez la Cruz en visin imaginaria; y siendo este instrumento de nuestra Redencin todas sus delicias, y lo que ms regalo y consuelo le causaba, en esta ocasin le dio tal sobresalto el verla, que de la pena que sinti pens morir de repente, sin que en esto le fuese dado locucin ni significacin alguna.

Otra vez le dijeron, estando en la ms ardiente de su oracin: Est el mundo lleno de vicios, est para perderse.

Otra vez le dijeron: Est Dios enojado con los hombres por sus muchos pecados; es cierto que se los perdonar, si hiciesen penitencia.

Persuadise que sus culpas eran la causa de que el mundo se perdiese, y que los enojos divinos eran contra l, porque habindole trado a la Religin no haba hecho penitencia; y que, si a vista de tantos avisos no se enmendaba y haca alguna singular mortificacin, no solamente l se perdera, sino que sera causa de que muchos se perdiesen. Oh bien ordenada y til consideracin, que el que ama, sirve, agrada y es premiado, amado y favorecido, vuelto en s, no slo dice: Siervo intil soy, sino: causa de todos los daos soy! Luego quien ni ama, ni sirve, ni agrada, ni por sus obras es premiado, ni amado, ni favorecido, y respira sin cuidado y duerme sin zozobra, y vive sin afliccin, y en lugar de muchos mritos buenos tiene muchos mritos malos, claro es que no est en s.

Apoderse esta santa idea tanto de su entendimiento, que ni sosegaba, ni viva hasta que hallase modo de hacer una mortificacin muy desigual de las que hasta ahora haba hecho, asegurndose que todas eran tibias e imperfectas, y de que estaba totalmente inmortificado; y que si en orden a esto haba hecho algo, no haba sido agradable a Nuestro Seor, y as no poda producir buenos efectos; con que llevado de estas santas y debidas consideraciones, andaba buscando un gnero de afliccin corporal que, rindiendo en l y casi aniquilando todas las impresiones de tierra, sin estas contradicciones levantase el espritu a Dios y de esta suerte fuese de grande valor: tambin reconoca que accin suya no le poda tener. Estando ocupado en estos discursos, previno que esto slo se poda conseguir en alguna imitacin de Nuestro Redentor, con que le llev luego la memoria y el afecto a los quebrantos de su Pasin; y una vez empezado a tomar este camino, claro est que le haba de andar, hasta tropezar con el valor infinito de su misteriosa crucifixin. Aqu hizo alto, parecindole que, para llevar a crucificar sus culpas, era menester ir como fue el Seor a borrar las de todo el mundo, clavndolas en su Cruz, llevndola como l a cuestas y colocndola en el mismo sitio en que estuvo el Sagrado Leo, y en l pendiente nuestra salud: con que se resolvi (viendo que el Salvador haba caminado a tomar aquel puesto con aquel precioso Madero en sus hombros con tantos dolores y afrentas) imitarle, como mejor le fuese posible, sin perdonar angustia, descomodidad, trabajo ni afliccin, llevando una Cruz sobre los suyos, desde esta Provincia de Castilla, en peregrinacin, hasta ponerla en el Sagrado Monte donde estuvo la de Cristo Jess, nuestro bien, para procurar conseguir su aplacacin y propiciacin.

Permtaseme decir en el modo que se puede que este pensamiento de nuestro Siervo de Dios fue dichoso de mal fundado, o que fue un engao piadoso; porque certificarse con tan vivos discursos de que era el mayor pecador, y de que era causa de todos los males, slo parece pudo ser para que se lograsen tan buenos afectos; porque aunque la justificacin se nos da toda de limosna, comprendiendo la gracia de la disposicin, y nadie puede certificarse de que la recibe, todava por la bondad de Dios, por el inmenso precio de la Sangre de Jesucristo su Hijo, por la virtud de los Sacramentos y por la falta de acusacin de la propia conciencia, se puede piadosamente persuadir un alma a que est en amistad de Dios; pero Fray Francisco de la Cruz, en quien parece concurran estas razones, le hacan mucha fuerza las contrarias, por el santo recelo con que los hombres espirituales, mientras ms ilustrado tienen el conocimiento, siempre se temen ms y obran ms, porque siempre es incomparable la distancia de lo que son a lo que deben ser.

Esto, que en su alma propuso con piedad, devocin y providencia, lo ejecut con resolucin, presteza y valenta; que en los hombres de su espritu todo lo que mira a Dios camina arrebatado, porque va a su centro; y desde esta ocasin fue disponiendo los medios para la consecucin de tan alto fin.

Esto que vamos refiriendo pasaba por el ao 1641, en que esta materia se empez a consultar por su Confesor y Prelados, reconocindose las grandes dificultades que tena.

Por este mismo tiempo le fue dada inteligencia de que lo que intentaba era muy del agrado de Nuestro Seor, y de que aplicase el principal intento de esta penitencia por la exaltacin de la Santa Fe Catlica, por la paz, en aquellas presentes guerras, entre los Prncipes cristianos, y enmienda de costumbres, y que en su viaje siempre fuese exhortando a oracin y penitencia; con que desestimados los inconvenientes, se asegur del cumplimiento de esta proposicin.

Pero como saba que la Obediencias es el norte fijo de todos los movimientos santos, dispuso consultar su determinacin con su Prelado inmediato, que entonces era el mismo Padre Fray Juan de Herrera, Confesor y Maestro espiritual de nuestro Hermano, pidindole licencia por escrito para hacerlo con ms expresin y claridad, y para significar cabalmente sus motivos, causas y razones; y as lo hizo, en la forma siguiente, segn est sacado al pie de la letra de los papeles originales, los cuales, con los dems que nos han dado materia para las adiciones de esta segunda impresin, paran en el archivo del convento de Madrid.

Ensalzada sea la Santa Fe Catlica. Amn.

 

REVERENDO PADRE PRIOR:

 

Fray Francisco de la Cruz, el gran pecador, indigno sbdito de V. P. R., hablando con la humildad, devocin y reverencia que debo, y protestando ante todas las cosas que soy, por la gracia de Dios Nuestro Seor, cristiano, hijo fiel de nuestra Santa Madre Iglesia Catlica Apostlica Romana, y como tal me someto a su correccin en todo lo contenido en esta peticin; y as digo en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espritu Santo, tres Personas y un solo Dios verdadero: Que viendo en la manera que puedo, con el divino favor, los admirables beneficios que Dios por su bondad nos hizo a los hombres en criarnos a su imagen y semejanza, hacindonos capaces de conocerle y amarle, por lo cual le debemos toda adoracin, obediencia y reverencia, como a nuestro Criador; y viendo Su Majestad la perdicin nuestra, causada por la culpa original, nos hizo otro admirable beneficio dndonos a su Unignito Hijo por Redentor y Maestro, el cual fue concebido por obra del Espritu Santo, y naci de Santa Mara Virgen, y padeci y muri, y fue sepultado por nosotros, y despus de haber resucitado subi a los Cielos con su propia virtud, y desde la diestra de su Padre Eterno, donde est, ha de venir a juzgarnos a todos los vivos y muertos; por todo lo cual le debemos ser agradecidos y servirle y amarle, y mucho ms por ser su bondad la que es y por el infinito amor con que nos ama.

Y para que participemos de sus infinitos merecimientos nos dej en la Iglesia Santa los siete Sacramentos, por medio de los cuales nos comunica su divina gracia y nos hace hijos suyos y herederos de su divina gloria. Y viendo el demonio, enemigo de Dios y nuestro, que nuestro buen Dios nos ama tanto, lleno de envidia ha procurado introducir en el mundo horribles tinieblas en los corazones de los hombres: en unos, para que no vean la certsima luz de nuestra Santa Fe Catlica; y en otros, para enfriar el amoroso fuego de la santa caridad; de las cuales tinieblas han resultado innumerables culpas y pecados, de los cuales est Nuestro Divino Dios muy ofendido, lo cual creo por las calamidades, nunca otra vez vistas semejantes entre cristianos, como al presente se ven entre los muy catlicos y cristiansimos Reyes de Espaa y Francia, y entre sus vasallos y entre otras muchas Provincias de la Cristiandad, que son las encendidas guerras, con las cuales los Reyes gastan sus tesoros, con menoscabo de sus municiones, y los vasallos padecen, no slo gastando sus haciendas por ayudar a sus Reyes y seores, sino dejando sus Patrias y casas, haciendas, mujeres, hijos y familias, arriesgando la salud, vidas y sus honras, de que se ocasionan muchas culpas y se aumentan las ofensas contra Nuestro Seor Dios; y permitir Dios nuevas cadas de pecados sobre tantos como habemos cometido, que es indicio de nuestra perdicin, la cual temo con grandsimo dolor de mi nima, fundndome en ver que falta la paz y en ver que los Reinos estn divididos; y Dios dice que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Segn lo cual nuestro remedio est en que nos convirtamos y hagamos penitencia, para que Dios nos perdone como hizo a los de Nnive; y la Iglesia, Nuestra Madre, dice que a Dios, a quien ofende la culpa, la penitencia le aplaca.

Por tanto, pues, el remedio es la penitencia; en confianza de Dios aadir a mis pobres ejercicios la penitencia siguiente: En el nombre de Dios Todopoderoso y de la Virgen Santsima, Mara del Monte Carmelo, y de todos los Santos Apstoles y Evangelistas, y de todos los Santos de la Corte celestial, pido licencia a V.P. para ayunar tres aos continuos, sin faltar ningn da, excepto los domingos; y que los ayunos hayan de ser, no slo con abstinencia de carne, sino con abstinencia de todos los manjares, comiendo solamente pan y agua, y no ms de una vez al da, sin hacer colacin de noche, excepto los domingos, que podr comer ms de una vez y usar de comer cualesquiera frutas o legumbres, guardando siempre la abstinencia de carne, huevos, pescado y cosas de leche, que esto nunca se ha de comer; tengo de caminar siempre a pie, y pedir de limosna lo que comiere y dar a pobres lo que me sobrare, sin reservar nada de un da para otro; tengo de observar la pobreza evanglica, sin poseer ni tener moneda alguna, ni recibirla de limosna, ni tocarla, ni levantarla del suelo, aunque la halle cada; usar siempre de traer cilicio, y los das que pudiere tomar disciplina; sufrir las injurias por Dios, y desde luego las perdono a quien me las hiciere y a los que me las hubieren hecho antes de ahora en cualquiera manera; llevar una Cruz a cuestas desde aqu a Roma, y all visitar con ella las siete iglesias principales y ms las que pudiere; y en el camino visitar en cada lugar, ciudad o villa el Santsimo Sacramento del Altar, por lo menos una iglesia y ms las que hubiere lugar. Y si en Roma nuestro Santsimo Padre el Pontfice y nuestro Reverendsimo Padre General me dieran licencia para llegar a la ciudad de Jerusaln, ir con la Cruz a cuestas a visitar el Santo Sepulcro de Cristo, Nuestro Redentor, y los dems Santos Lugares de la Tierra Santa; y desde all volver a esta santa Provincia, y en todo siempre con la Santa Cruz a cuestas; todo en confianza de Dios, de quien espero su divino favor y fuerza, mediante su divina gracia.

Y aunque conozco y confieso que mis culpas y pecados son tan grandes, que no bastarn todos los hombres del mundo para satisfacer la divina justicia con toda la penitencia que pudieran hacer, con todo eso digo, con el pesar que puedo de haber ofendido a Dios nuestro bien; digo que en satisfaccin ofrezco a su bondad infinita los infinitos merecimientos de su Unignito Hijo, Nuestro Redentor y Maestro Jesucristo, y los merecimientos de su Santsima Madre y de todos los Santos, y confo en la divina misericordia que perdonar mis pecados y las penas debidas por ellos; y si fuere servido de que yo haga alguna satisfaccin, la remito para despus de pasado los tres aos primeros siguientes, que se contarn desde el da de la Circuncisin del Seor, del ao que viene de mil seiscientos cuarenta y tres, hasta el mismo da del ao de cuarenta y seis, porque en estos tres aos siguientes es mi intencin ofrecer lo dicho por la paz y concordia entre todos los Reyes y Prncipes cristianos, y de todas las Repblicas y Provincias de la Cristiandad, y en recompensa de todas las injurias, ofensas y agravios que todas las criaturas del universo hemos hecho contra Nuestro Dios, Criador, Seor Nuestro y Salvador, de quien esperamos los fieles la Bienaventuranza. Y mis ansias son que la Santa Fe Catlica se dilate por todo el mundo, pues por todos padeci y muri nuestro Seor, y que haya paz, porque podamos mejor obedecer, servir y amar a Dios, y as se coja copioso fruto de su Redencin, y nosotros participemos de los merecimientos de Cristo, mediante la misericordia divina, y as le gocemos y alabemos en la bienaventuranza eternamente, donde vive y reina con Dios en Trinidad de Personas, por todos los siglos de los siglos. Amn, Amn. Y as lo firmo de mi nombre, en este Santo convento de Seora Santa Ana de la villa del Alberca.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espritu Santo. Amn. Un esclavo de nuestra Santa Fe Catlica. Y un indigno sbdito de V. P. R.

 

FRAY FRANCISCO DE LA CRUZ

el gran Pecador

 

 

Ensalzada sea la Santa Fe Catlica, por siempre jams

Amn. Amn. Amn.

 

 

Esta fue la peticin que present nuestro Hermano ante su Prelado inmediato, pidiendo licencia para ejecutar lo contenido en ella; y si esta obra diera lugar para las ponderaciones que se ofrecen, se pasara, de los trminos de una historia singular, a panegrico interminable, que no es sujeto de menos una obra tan heroica y de circunstancias tan heroicas, que aun fuera mucho voto para la criatura ms esforzada de todo el mundo, puesto que no cabe en humanas fuerzas, aun ayudadas de los auxilios divinos de esta Providencia ordinaria, obligarse a hacer milagros. Y si llevar una Cruz a cuestas desde Castilla hasta Roma y Jerusaln, y volver con ella a pie, cargado de cilicios de hierro y muy pesados, comiendo solamente pan y agua, y esto muy pocas veces, tomando disciplinas lo ms das, en tiempo que, con los muchos aos y el rigor de las penitencias continuas se hallaba tan deshecho, que pudiera decir lo que el Santo Job, que, consumidas sus carnes, tena pegada la piel con sus huesos y apenas le haban quedado labios para poder pronunciar; digo que si esto es milagroso, o milagros, lo juzgar a quien le toca; slo dir yo una palabra, y es: que fue sin duda ilustracin de Dios que fuesen tan soberanos los motivos de su empresa como se descubren en su peticin; que una hazaa tan gloriosa, dejara de serlo a no mirar fines tan altos.

Consider su Prelado la peticin de nuestro Hermano, y le concedi por escrito la licencia y sin mucha dificultad; y a m me parece no pudo tener otra razn concluyente que persuadirse a que en Fray Francisco asista aquel espritu mismo que en San Pablo, cuando deca: Todo lo puedo con Dios, que me conforta. Firm, pues, la licencia en 29 de diciembre de 1642.

En el Captulo de la Orden que se celebr en Valladolid por mayo de 1642, pareci Fray Francisco pretendiendo licencia para ejecutar esta sin ejemplar determinacin; y reconociendo su edad, y los graves embarazos que tena la pretensin por una parte, y por otra su espritu y trato con Dios, se le dio licencia para que fuese a Roma a conseguir aprobacin de la Hermandad y Altares que haba fundado con ttulo de la Santa Fe Catlica, con calidad que no la cumpliese hasta fin de febrero del ao siguiente de 43, para con ms tiempo (respecto del limitado que tiene el Captulo) consultar si convendra drsela para la visita de los Santos Lugares con Cruz a cuestas.

Este mismo ao, dos meses antes de Santa Mara Magdalena, el Padre Fray Pedro de Borja, Religioso de aquella conventualidad, sali a Villarrobledo a predicar el sermn de la Santa, en la fiesta que en su da se haba de hacer en aquella villa. El da antes en la noche se entr Fray Francisco en el coro a tener oracin, y al salir de Maitines dijo al Padre Prior: -Vuesa Paternidad se ha de servir de darme licencia para que luego me parta a Villarrobledo (aunque la noche es tenebrosa y amenaza tempestad) para llevar al Padre Fray Pedro de Borja dos espejos que se le han olvidado, que son un Santo Cristo y una calavera, que en el sermn de la Magdalena son precisos. El Padre Prior le dijo: - Que aquellas insignias no eran necesarias en sermn de festividad. Fray Francisco le replic: -Que era muy del servicio de Nuestro Seor que l se partiese luego, y as, que convena le permitiese ir, porque era de suma importancia. El Padre Prior, con el conocimiento que tena del sujeto, entr en recelo y le dio licencia, y con ella se puso en camino, y al da siguiente lleg a Villarrobledo cuando Fray Pedro estaba para subir al plpito, y extra mucho el verle, y nuestro Hermano le dijo que vena a traerle aquellos espejos, porque sin ellos no era bien que hubiese quien predicase de la Magdalena. Con que parecindole al predicador que all haba luz superior, los mostr en su ocasin al auditorio, haciendo con ellos una general exhortacin, y caus grande movimiento. Los efectos interiores que de esto resultaran no se llegaron a conocer, pero bien se dejan presumir. Lo pblico fue que, despus de acabada la fiesta, el Mayordomo de ella llev, con otros convidados, a su casa a comer a los dos Religiosos, y estando para empezar en unas escudillas de caldo, dijo Fray Francisco: -Ninguno las pruebe, porque estn envenenadas. Entonces entraron todos en confusin, y volvi a decir que, para que lo viesen, trajesen la olla; y la trajeron, y prosigui diciendo: - Saquen el repollo, y abran una de esas dos partes en que est dividido, y hallarn dentro un sapo que se ha cocido con ella y la tiene envenenada. Hicironlo as, y hallaron el sapo, y enterraron la olla y comieron de otras cosas prevenidas, y Fray Francisco no quiso comer con ellos, por lograr su pan y agua; y todos dieron gracias a Dios del peligro de que milagrosamente se vean libres, reconociendo la admirable santidad de aquel Religioso, el cual daba tambin gracias a Nuestro Seor, muy cumplidas, de que le hubiese tomado por instrumento para socorrer al prjimo en riesgo tan evidente, y de que hubiese querido que pasase las inclemencias de aquella noche para estorbar tan grande mal, tenindolo por singular favor, pues imitaba de algn modo al que tan a costa suya libert nuestra humana cautividad.

 

CAPTULO XI

 

En que se resuelve que se haga el viaje a Jerusaln con Cruz a cuestas, y se empieza con algunas circunstancias particulares.

 

 

En el tiempo que le reserv el Captulo para volver a consultar la licencia que con grande solicitud procuraba nuestro Siervo de Dios para la visita de la Tierra Santa con Cruz a cuestas, se hacan muchas juntas por los mayores sujetos de la Religin, en virtud y en letras, que en todas edades han florecido en ella tan grandes, que han sido, no slo lustre glorioso de su Familia, sino adorno y resplandor de toda la Iglesia Catlica.

Por este mismo tiempo vio una maravillosa visin (que fue la tercera que tuvo de la Santa Cruz), aparecindosele en el aire y dndole Dios clara inteligencia de que gustaba que hiciese otra como aquella y la llevase en peregrinacin a Roma, a Jerusaln y a Santiago de Galicia, y que con esta penitencia se aplacara, para estorbar un mal grande que amenazaba a la Cristiandad; quedando Fray Francisco de la Cruz con ardentsimos deseos de ejecutar la voluntad divina y cada da ms certificado que conseguira la licencia que casi dos aos haba pretendido. Tambin el P. Fray Juan de Herrera, su Confesor y Prelado, como Ministro ms ntimo de esta pretensin, haca fuertes instancias para que se le diese la licencia, y es cierto que fue lo que hizo mas peso en el aprecio de la Religin. En fin, se le concedi, con grande consuelo de todos (porque esta fue una expectacin universal en toda la Provincia), en 7 de febrero de 1643, con calidad que el peso de la Santa Cruz no excediese de quince libras castellanas; y Fray Francisco, habiendo conseguido la del Seor Nuncio de Su Santidad, y despus de haber hecho extraordinarias mortificaciones y penitencias por el buen suceso de negocio tan arduo, pas a San Clemente a disponer que se hiciese la Cruz, la cual labr un carpintero que se llamaba Alonso de Haro; y es de advertir que desde luego quiso Nuestro Seor mostrar cunto era de su agrado la formacin de esta Santa Cruz, porque el dicho oficial andaba enfermo, y desde que dio el primer golpe en su labor se hall libre de la dolencia que le afliga. Formse un letrero en los brazos de ella, con las palabras de San Mateo al cap. XVI de la Sagrada Historia, que dice:

Qui vult venire post me, tollat Cruce suam et sequatur me.

Y otro a lo largo del lugar, de San Pablo, al cap. II de la Epstola ad Philipenses, que dice:

Humilliavis se metipsum usque ad mortem, mortem autem Crucis.

Los cuales dos lugares de las divinas letras se pusieron en la Santa Cruz por especial inspiracin de Dios que para ello tuvo nuestro Hermano, para que no faltase circunstancia en la obra que no fuese digna de veneracin.

Fabricada la Santa Cruz, faltaba pagar al carpintero; y estando nuestro Hermano con l a la puerta de su casa tratando del precio para saber qu cantidad haba de pedir de limosna para la paga, pas por all D. Juan Pacheco de Guzmn, Caballero de la Orden de Alcntara, y sabiendo lo que se trataba y conociendo la suma pobreza del Religioso, sac el dinero y pag la santa hechura, y Fray Francisco la llev a un aposento que le daba en su casa Doa Ana de la Torre, en donde estaba cuando sala a pedir en aquel lugar las limosnas que le mandaba la santa Obediencia. Desde all la llev a su convento; y en las dos leguas que hay desde San Clemente a la Alberca, quin podr significar los gozos de su alma y los coloquios amorosos que iba diciendo a su Cruz? Quin duda que se valdra de los que nos dej San Andrs en la proclamacin del Sagrado Madero?

Fue muy bien recibido en el convento, y habiendo llegado el dichoso da del cumplimiento de sus licencias y principio de su peregrinacin, se despidi tiernamente de la Imagen de Nuestra Seora del Socorro, para no apartarla de su corazn en todo el camino, y con muchas lgrimas de aquellos Observantes Religiosos, y en especial del Padre Fray Juan de Herrera, que le puso precepto que al entrar en cualquier lugar siempre fuese va recta a la iglesia e hiciese oracin al Santsimo Sacramento, el cual empez a ejecutar en la de su mismo convento en el nombre de la Santsima Trinidad y de su Madre Santsima del Carmen; sali a la peregrinacin en forma apostlica, con su Cruz a cuestas, que pesaba quince libras, en diez y seis de marzo del ao mil seiscientos y cuarenta y tres, siendo de edad de cincuenta y siete aos, dos meses y veinte das.

Sali a campaa este soldado valeroso con aquel Estandarte Real desde donde rein Dios, con aquel Leo que tuvo en s pendiente el precio de todo el mundo y que al perderle se estremeci la tierra en temblores confusos y vergonzosos por lo que hacan sus hijos, o porque no le haban conocido antes con la Sagrada insignia de la Cruz, digo, en donde se hizo posible (aunque a tanta costa) borrarse lo infinito de una culpa, siendo instrumento de la mayor victoria, a cuya vista, no slo se desarman las furias infernales, sino que se pasman los Cielos. Iba caminando Fray Francisco de la Cruz, con la alegra que se puede considerar de que ejecutaba la voluntad divina; y como sta era por el camino de Cruz, quiso que gozase de sus efectos y que fuese acrisolado en los sobresaltos siguientes:

Aquel mismo da, prosiguiendo su viaje, iba en su continua oracin, cuando repar que se ponan delante, como embarazndole el paso, diversos animales en varias formas, y cada uno en la suya, con notable desproporcin de grande, y que mirndole con vista espantosa, le amenazaban con horribles demostraciones. Al principio, como iba tan fervoroso, no puso bastante atencin, queriendo ir caminando; pero como tantas veces le rodeaban y se le ponan delante embarazndole los pasos, conoci lo que poda ser, y valindose de sus armas, se quit la Cruz del hombro, y tomndola en ambas manos, como quien la lleva en procesin dijo:

-Quin es bastante a impedir los caminos de Dios?

Y apenas hubo pronunciado estas palabras, cuando se vio libre de aquella infernal molestia y volvi a seguir su viaje en la forma que de antes.

Otro da, estando en Alconcher sentado descansando, junto a una casa donde est el horno del pan, vio venir hacia donde estaba un gato negro, y en un instante le dej de ver, y en la misma parte por donde vena el gato vio un hombre que, llegndose a l, le dijo:

-Quisiera saber para qu un viejo intenta un viaje tan largo con Cruz a cuestas.

A que le respondi el Siervo de Dios:

-Supuesto que no es suyo el Fraile, quin le mete en ello?

Y entonces el hombre le dijo:

-Antes que veas cumplido tu deseo, yo me vengar de ti.

Y desapareci con grande ruido y espanto.

El mismo da se llegaron a l dos mancebos vestidos de negro, y en buena conversacin le iban acompaando, y en diferentes plticas que se movieron una fue, usando de amistad compasiva, decirle que se haba metido en intentar lo que no caba en fuerzas humanas, y que muchas veces, envuelta en la presumida perfeccin, viene la tentacin, y que haca empeo en un imposible, y que confiar tanto de s era parte de soberbia. l les respondi con la misma razn antecedente:

-Qu se meten ellos en esto? Que no es suyo el Fraile.

Y dicho esto, vio otros dos mancebos junto a s, de mucha gala, que dijeron a los primeros:

-Vyanse luego y no estorben el camino de este Religioso.

Dicho lo cual se desaparecieron todos cuatro, y reconociendo que no se pasaba momento de tiempo en que no recibiese alguna particular misericordia de la poderosa mano de Dios, aclamando su bondad y grandeza entr en segura y alta confianza de que haba de ver el dichoso fin de su peregrinacin.

 

 

CAPTULO XII

 

De un singular favor que le hizo la Virgen del Carmen, y de cmo lleg a Navarra y entr en la Francia.

 

Amaneci el da siguiente; y bien se puede decir amaneci, pues a las tinieblas ms obscuras y horrorosas sucedi la mejor aurora disipndolas y confundindolas. Caminaba Fray Francisco en profunda meditacin, cuando, suspendido algo de una apacible novedad, reconoci que traa el aire fragancia tan delectable y olorosa, que se recreaban en ella los sentidos; tan extraordinaria, que no pudindose declarar con flores, rosas, hierbas ni aromas, no siendo como de alguna, sobrepujaba a todas; tan suave y excesiva, sin embarazar lo excesivo a lo suave, que en ella amorosamente se regalaba el olfato y fervorosamente se encenda el espritu. Admir tambin que a un mismo tiempo se cubra el aire de pjaros de varias naturalezas y de varios gneros de msica y slo no varios en la perfeccin y destreza con que cantaban, pues cada uno recreaba el odo, y todos juntos le aplaudan y admiraban, componiendo la hermosa unin de una msica la concertada diversidad de diferentes voces y msicos.

Estaba sin poder dar fondo a caso tan raro y ameno, a suceso tan extrao y amable, cuando advertidamente reconoci con los ojos corporales que le salan al encuentro doce hermossimas doncella, divididas seis en cada lado, todas ricamente vestidas y adornadas de resplandores excesivos, trayendo cada una en la mano una antorcha, y que al fin de todas vena una nia con el Hbito de su Religin, vestida de blanco y pardo, cercada de tales resplandores, que en su comparacin pierden el lucimiento las estrellas, padece eclipses la Luna y confusiones y embarazos el Sol, y que llegndose a l le dijo:

-Prosigue tu camino sin que te embaracen trabajos ni adversidades, que yo, que soy tu Madre, te amparar.

Dicho esto, acordando ms sus dulces acentos las aves, excediendo ms las fragancias que ocupaban el ambiente, brillando ms las galas de aquellas perfectsimas criadas, luciendo ms las antorchas que tenan en las manos, y obscureciendo ms sus resplandores el da, baj una nube con rojos brilladores matices, con lucidos apacibles reflejos, cubriendo a los ojos del Siervo de Dios este hermossimo teatro.

Qued agradecido y confuso, pidiendo a Nuestro Seor trabajos y adversidades por lograr tan celestiales amparos, y haciendo en todos los lugares en que entraba oracin al Santsimo Sacramento, conforme al precepto que tena (que observ puntualmente hasta volver a su convento de Santa Ana de la Alberca), prosegua su viaje, saliendo los pueblos a verle y a acompaarle por largas distancias, edificados de su devocin, edad y penitencia, rogando todos a Dios fuese servido que celo tan piadoso y fervor tan sin ejemplar llegase a conseguir dichosamente el virtuoso fin de su empresa.

Iba Fray Francisco con una voz edificadora exhortando a todos a oracin y penitencia, aclamando la Exaltacin de la Santa Fe Catlica.

De esta suerte lleg al reino de Navarra y a su Corte, la ciudad de Pamplona, vspera de la Santa Cruz de Mayo, en donde caus tal novedad el verle, que se conmovi toda la ciudad, asegurndose todos que esta era obra del Cielo, y que Nuestro Seor se haba de apiadar de las dos Coronas, Espaa y Francia, en aquellas presente guerras, concedindoles la deseada paz. Fue al convento de su Orden, y el Padre Prior al da siguiente, por serlo de la Santa Cruz, en la procesin conventual permiti que Fray Francisco llevase la suya; donde asisti tanto concurso que, despus de acabada, fue necesario retirarle porque no le cortaran los hbitos. El Cabildo Secular de aquella ciudad le envi dos Caballeros Comisarios para que de su parte le ofreciesen todo el dinero que fuese menester para el camino, y para pagar los tributos que tienen impuestos los turcos en sus Aduanas a los peregrinos que pasan a la veneracin de los Santos Lugares trasmarinos. l se excus, agradeciendo demostracin tan cristiana y generosa, diciendo que iba confiado slo en la Divina Providencia, persuadido a que, en valindose de medios humanos, no haba de conseguir su intento. Los Caballeros Comisarios, viendo que sus ruegos no eran bastantes para que recibiese la liberal ofrenda de aquella nobilsima ciudad, el da que se parti de ella le fueron acompaando hasta que la perdi de vista. Entr en la Francia por la parte de Bayona, y en aquella antigua y clebre villa, que sta y las dems numerosas poblaciones de la Francia, por ms antiguas y nobles que sean, se nombran as porque en ella no se usa del nombre de ciudad, y caus diferentes rumores su venida: unos decan que era loco de tema extravagante; otros, que era embustero y que por allegar limosnas quera mover los nimos con aquella no comn resolucin; otros, que se vala del Hbito del Carmen por tener tan general filiacin; otros, que era Santo fingido y que desdichada y trabajosamente afectaba aquella costosa virtud; otros, que era algn buen hombre devoto que presto se cansara.

El Sr. Obispo, armado de su jurisdiccin, antes que llegase al convento de su Orden le hizo prender y pidi las licencias; y viendo que estaban en forma, dijo que eran falsas, y le mand llevar a la crcel y que en tres das no le diesen de comer; no se sabe con qu espritu se resolvi a tan extraa y arriesgada determinacin, y siempre debemos presumir que asiste Dios a los jueces, y de aqu result gloria suya en el crdito de su Siervo; aunque lo ms cierto parece fue que el Sr. Obispo juzg que era embuste mal cimentado y quiso embarazarle en su origen, y que no se alborotase la Francia con descrdito suyo, pues era el primer Prelado que lo deba remediar. Discurso poltico, fundado slo en razn humana, que nuestro Seor quiso que no prevaleciese, pues no era principio para motivar de l resolucin tan rigurosa; y as como tantos aos sustent a su Siervo con pan y agua y algunas legumbres, ahora le quiso sustentar estos tres das sin alimento alguno; de lo cual certificado el Sr. Obispo, por la persona en cuya custodia haba estado, de que en todos tres das no haba comido y de que, si no es algunos breves ratos que haba dado al sueo, lo dems del tiempo haba gastado en oracin, le mand traer de la crcel a su presencia con demostraciones de honra y aplauso, y le recibi mostrando afectos y urbanidades, encomendndose en sus oraciones y refrendado las licencias, y mandando le diesen una copiosa limosna, la cual, viendo que casi por fuerza le obligaban a que la recibiese, pidi al Sr. Obispo fuese servido de mandar se diese al convento de su Orden; con que caus general desengao un desinters tan absoluto, y las dudas se convirtieron en estimaciones, y el Sr. Obispo mand llevar al convento la limosna y en l estuvo el Siervo de Dios cuatro das, donde tuvo una singular mortificacin, porque el Prelado, viendo que en los tres das primeros no haba comido ms que pan y agua, al ltimo le puso obediencia para que comiese pescado y bebiese vino; y aunque suplic del precepto, que fue para l de mucho rigor y sentimiento, no lo pudo conseguir; con que prob el pescado y gust el vino, pero se parti luego de aquella villa, dejndola toda movida, con edificacin de los catlicos y confusin de los herejes.

 

 

 

 

 

 

 

CAPTULO XIII

 

En que se prosigue su viaje, y de los grandes prodigios que obr Nuestro Seor con l hasta que sali de la baja Languedoc.

 

 

Prosigui su viaje, padeciendo por la Gascua muchas contumelias y afrentas; y porque desde esta ocasin fueron raros los favores que recibi de la Divina mano y de la Reina de los ngeles, ha parecido forzoso, para declararlos con puntualidad, poner aqu la relacin en lengua francesa (que era la Provincia donde sucedieron), que impresa en un libro pequeo se remiti desde Languedoc a Pars, como a Corte en que asisten los Reyes, desde donde se comunic a toda la Francia, y despus se divulg por toda la Cristiandad, y lleg a esta Corte de Madrid: y para que los que no entienden el idioma castellano y entienden el francs, por ser comn a mucha parte de Europa, participen con particular noticia lo que en general habrn odo de los milagrosos consuelos con que fue favorecido el Siervo de Dios Fray Francisco de la Cruz en la Francia, donde tanto ejemplo caus, y se alienten a imitar sus generosos esfuerzos y raras virtudes, se pone aqu el original francs, que es como sigue:

 

RELATION DU VOYAGE DE FRRE FRANOIS DE LA CROIX, CARME ESPAGNOL, DE LA VISION QU`IL EUT DANS TOULOUSE ET DES MIRACLES QU`IL A FAITS DANS LE BAS LANGUEDOC

 

Comme d`un ct les actions les plus saintes et les plus louables sont le plus souvant mal interpretes et les dvotions extraordinaries sont la plupart du temps condamnes d`extravagance et de folie, aussi d`autre part Dieu, pour confondre le jugement des hommes, se plait d`autoriser les ouvrages qu`ils condamnent, et pour les faire connatre qu`ils sont de mise, Il les marque du sceau de ses miracles hunc Pater signavit Deus, et c`est lorqu`ayant reconnu la fausset de leurs opinions ils reurent ce qu`ils avaient autre fois mpris et sont contraints d`avoir recours pour la sant du corps, ceux qui, pendant leur aveuglement, leur semblaient depourvu de celle de l`esprit.

Ainsi Dieu, ayant permis que le dessein merveilleux de Frre Franois de la Croix, Carme espagnol, d`ont vous avez vu ci-devant la relation, ne trouverait point gnralement des approbateurs, et que ou les uns condamneraient absolument son dessein de faiblesse et de mlancolie, ou que si les autres lui donnaient leur approbation, ils jugeraient son enterprise vaine et d`une execution impossible, Il a voulu faire connatre par de signes extraordinaires qu`ll en tait l`auteur, digitus Dei hic est, et qu`on ne devait pas trouver trange qu`un vieillard charg d`une si grande Croix, dans un jene perpetuel peut travailler un si long espace de terre et de nations si diffrentes en moeurs, en langue et en Religion, puis qu`ll est le courage des vieillards, la force des faibles, le pain de vie, le truchement des trangers, le chemin et le port des voyageurs, c`est pourquoi il a autoris sa maison par des signals miracles, anim son courage par des visions glorieuses et promis une fin heureuse a sn religieux dessein.

Aussi ce sont les patentes qu`ll met dans les mains de ses serviteurs pour les faire reconnate; et lorsqu`ll a prsag leur venue Il a dcouvert leur livre, exurgent Prophetae, et facient signa et prodigia multa, Il chrit l`humilit qui les oblige chercher les tnbres, mais Il l`a recompens pour tant, en les exposant au jour qu`ils fuient et en les comblant de la gloire dont ils sont mortels ennemis, Il leur en donne parce qu`ils n`en veulent pas et qu`ils ne la reoivent que pour la lui rendre.

Vous avez appriz par la relation prcdente comme quoi frr Fraois de la Croix, castillan de nation, Religieux laic de l`Ordre des Carmes, ensuite d`une sainte inspiration qu`il eut du Ciel, dlibera de porter de Castille Rome, et de l en Jerusalem, une grande croix sur les paules pour l`aller planter au mme lieu o la vritable Croix fut lve pour notre salut, avec ce dessein d`obtenir, par une si longue et grande pnitence, la paix universelle de la Chrtient, et comme quoi ayant eut la permission de ses Suprieurs, aprs une poursuite de deux ans, il commena son voyage charg de ce pesant fardeau, et arriva dans Toulouse le vingtime de Mai, aprs avoir fait deux cents lieues, parmi un jene perpetuel au pain et l`eau, non sans avoir rempli sans doute les lieux de son passage de l`admiration de sa vertu et des miracles de sa vie, lesquels pourtant son humilit nous ayant cach, nous ne pouvons vous donner la connaissance que de ce qu`il a fait de merveilleux, o dans Toulouse, o dans les villes du bas Languedoc, par o il a poursuivi son voyage.

Il fut de sejour douze jours dans cette ville, pendant lesquels, dans le convent des Pres Carmes o il tait log, il fut visit dun grand concours de peuple qui faisait foule pour le voir et pour couper quelque morceau de son habit; mais sa grande pit et son zle ardent le tenait tellement attach la prire, que ses yeux taient perpetuellement colls au grand autel de l`eglise, devant lequel il tait quasi toujours genoux; aussi sa modestie souffrait avec dplaisir certe foule curieuse jusques l`a pendant son sjour deux processions gnrales ayant t faites dans la ville, et s`tant trouv a la premire son habit y fut tellement rompu et dchir qu`il fut oblig d`exiger du Suprieur de lui permettre de ne point se trouver la seconde; il aima mieux se priver du fruit de cette dvotion publique que de voir avec regret le progrs de sa gloire particulire; et qu`on fit plus de cas de son chetif habit que du satin et de la pourpre; en quoi il faut admirer en passant les divins secrets de la Providencie ternelle, qui aime tant la pauvret qu`Elle a pratique quaprs qu`un saint Religieux s`est dpouill des choses du monde pour son saint amour, et ne s`est reserv qu`un simple habit pour marque de sa retraite, Elle se plait la mettre nu, et lui suscite de pieux larrons qui lui ravisent la seule chose dont il se pouvait dire le matre.

Mais, pour revenir notre sujet ce bon Frre fut command par son Suprieur d`exercer une oeuvre de charit chez Mr. Martin, Trsorier gnral de France, ami et voisin du convent, lequel avait une jeune fille qu`on n`avait pu depuis longtemps ni par prire ni menace oblig prendre son repas en prsence de ses parents, et qui par quelque humeur mlancolique ne mangeait qu` l`cart et dans la solitude. Des que ce bon Frre fut dans sa maison et que cette fille avec ses parents furent en sa prsence, en mme temps elle demanda manger, et se vit dlivre de cettte humeur fcheuse qui lui avait fait si longtemps fuir la compagnie des siens, ceux qui savent la diffrence des maladies de l`esprit et du corps, et combien celles qui s`attachent a cette plus noble partie de nous sont d`une plus difficile cure que les autres qui ont un sujet materiel trouveront cette gurison miraculeuse; mais s`il s`en trouve qui ne croient point qu`il y aient autre miracle que de rendre la vue aux aveugles ils auront de quoi se satisfaire dans la suite de cette relation aprs avoir lu comme ce bon Frre la nuit avant son dpart fut comble de ses travaux passs et anim pour ceux de l`avenir par la vision glorieuse de la Mre de Dieu qui lui apparut dans sa chambre envirione d`un troupe d`Anges lui asurant qu`il verait la fin heureuse de son dessein, et lui apprit le chemin qu`il devait suivre, ce que ce bon Frre communique son Pre Confesseur, qui l`a rvel pour la gloire de Dieu et il ne faut pas craindre d`ajouter foi cette vision puis qu`elle a t suivie de miracles, n`etaient point trange que Dieu ne puisse communiquer sa prsence visible ceux qu`il communique sa vertu, et tant probable que ce bon Frre qui a rendu depuis la vue aux aveugles a puis ce pouvoir dans cette grande source de lumire lorsqu`il a t honnor de son apparition: aussi le lendemain premier jour de Juin il partit de Toulouse, et passant a Montgiscard suivant sa coutme il s`arrta devant la grand`glise du lieu pour y faire sa prire o en mme temps le peuple y accourut, et parmi la foule une femme appelle Anne Colombire, marie avec un nomm Massot, afflige depuis six mois d`une fivre continue ayant approch ce Frre lui coupa un morceau de son habit, mais ce pieux larcin lui fut si profitable qu`en mme temps elle en fut soulage, et l`est encore prsent de l en avant il fut au convent des Pres Cordeliers pour les prier de lui prter un serviteur pour le conduire jusques Castelnaudarry, avec lequel, ayant repris son chemin il trouva un grand ruisseau appell de Gardouch et deux cavaliers bien monts qui taient obligs de retourner sur leurs pas, parce qu`ayant sond le passage ils en avaient connu l`imposibilit; mais ce qui avait arrt ces cavaliers n`arrta point un vieux piton charg d`un pesant fardeau ni son guide: In multitudine non est situm robur tuum, Domine, equorum vires non expetis.

Ils passent ce ruisseau, large de deux cannes et extrmement profond sands tre mouills pour tout ni l`un ni l`autre, aussi tait il juste que puis qu`une grande mer n`avait pu arrter le cours des enfants d`Israel lorsquils allaient la terre promise qu`un ruisseau n`arrte point le juste dessein de ce bon Religieux, puisque ses pas taient dresss vers le Calvaire, vraie terre promise qui a port le sacr Fruit de notre salut, et dont la premire n`tait qu`une figure, spiritus Domini ferebatur super aquas.

La nouvelle de ces miracles tant pandue par le lieux circonvoisins ds qu`il fut Castelnaudarry un aveugle lui fut prsent avec prire de lui toucher les yeux et lui donner sa bndiction de quoi il s`excusa avec humilit; mais ceux qui conduisaient cet aveugle, ayant reconnu qu`un saint homme est prenable par l`obissance plus que par autre endroit, eurent recours au Pre Prieur des Carmes du dit Castelnaudarry, lequel interposa son autorit, et commanda au Frre de toucher les yeux de cet aveugle, quoi il aurait obi et ses yeux furent ouverts et jouirent de la lumire qu`ils n`avaient jamais connue. Combien est prcieuse devant Dieu cette obissance aveugle puis qu`il lui donne la puissance d`illuminer. Quelque temps aprs tant arriv Carcassonne; l`vque du lieu, surpris par la nouveaut de cette dvotion crut qu`il tait insens, et usant dune prcaution no blmable, le fit arrter prisonnier; mais s`tant depuis inform de la vrit et vu ses passeports loua hautement son dessein, tmoigna gran dplaisir de sa prison, et layant mis en libert, le fit honorablement accompagner par ses Vicaires gnraux, ainsi la rputation de sa saintet devanant ses pas, le sieur de Ricardelle, Gouverneur de Narbonne eut avis de son arrive, et pour empcher qu`il ne reoit du dommage par la foule du peuple, envoya deux lieues au devant de lui des hommes arms pour lui servir d`escorte, ausi en consideration de ce religieux devoir, Dieu permit que cette ville fut le thtre d`un clbre miracle qui fut fait la vue de tout le peuple sur une fille aveugle du sieur la Palme, laquelle en baisant la Croix de ce bon Frre recouvra tout coup la vue il y a sujet de croire que ce n`est que le commancement des merveilles que Dieu veut oprer par ce bon Frre et que la paix pour laquelle il a entrepris un si grand dessein, et qui ayant t si souvent propos mais non encore conclu, a fait juger qu`elle ne pouvait tre obtenue que par miracle, sera le plus signal de ceux que nous attendons de la saintet de sa vie, la Reine du Ciel l`a promisse dans son apparition ce saint Plerin.

 

La cual, traducida en castellano en todo el rigor de su letra, dice as

 

RELACIN DEL VIAJE DEL HERMANO FRANCISCO DE LA CRUZ, DEL CARMEN, ESPAOL, DE LA REVELACIN QUE TUVO EN TOLOSA, Y DE LOS MILAGROS QUE HIZO EN LA BAJA LENGUEDOC.

 

Como de una parte las acciones ms santas y loables son las ms veces mal interpretadas, y las devociones extraordinarias son la mayor parte del tiempo condenadas de extravagancias y de locura, tambin por otra parte Dios, para confundir el juicio de los hombres, se sirve de autorizar las obras que ellos condenan, y para hacerles conocer que son ciertas los seala con el sello de sus milagros, hunc Pater signant Deus; y entonces es que, habiendo reconocido la falsedad de sus opiniones, admitieron lo que otras veces menospreciaron, y se vieron obligados a recurrir, por la salud del cuerpo, a los que en su ceguedad les pareca estaban faltos de la del espritu; con que Dios permiti que el designio maravilloso del Hermano Francisco de la Cruz, del Carmen, espaol, del cual ya habis visto la relacin, no hallara generalmente aprobadores, y que donde unos condenaron absolutamente su designio de flaqueza y de melancola, o que si los otros les diesen su aprobacin, ellos juzgaran su empresa vana y de ejecucin imposible. l ha querido hacer conocer, por seales extraordinarias, que l era el autor, de itus Dei hicest, y que no deba extraarse que un viejo cargado de una Cruz tan grande en un ayuno perpetuo pudiese andar un tan largo espacio de tierra y de naciones tan diferentes en costumbres, en lengua y en religin; ya que l es el nimo de los viejos, la fuerza de los flacos, el pan de caminantes, el intrprete de los forasteros, el camino y puerto de los viandantes, por lo cual ha autorizado su casa por milagros sealados y por revelaciones gloriosas, y prometido un fin dichoso a su religioso designio. Tambin lo son las patentes que pone en las manos de sus siervos para hacerlos reconocer, y cuando tiene algn presagio de su venida ha descubierto su librea: Exurgent Prophetae, et facient signa, et prodigia multa; l ama la humildad, que les obliga a buscar las tinieblas; pero sin embargo les recompensa exponindoles al da de que huyen y dndoles la gloria, de la cual son enemigos mortales; l se la da porque ellos no la quieren y no la reciben ms que para volvrsela. Habris sabido por la relacin precedente como Fray Francisco de la Cruz, castellano de nacin, Religioso Lego de la Orden del Carmen, en seguimiento de una santa inspiracin que tuvo del Cielo, determin de llevar de Castilla a Roma, y de all a Jerusaln, una grande Cruz sobre sus espaldas para ir a plantarla en el mismo puesto donde la verdadera Cruz se levant por nuestra salvacin, con el intento de obtener por tan larga y grande penitencia la paz universal de la Cristiandad; y como habiendo tenido licencia de sus Superiores despus de haberla solicitado dos aos continuos, comenz su viaje cargado de tan gran peso, y lleg a Tolosa a 20 de mayo, despus de haber hecho doscientas leguas con un ayuno perpetuo a pan y agua, y sin duda no dejando de llenar por todos los lugares de su pasaje la admiracin de su virtud y de los milagros de su vida, los cuales por su humildad nos ha callado. No podemos omitir el daros conocimiento de lo que hizo de maravilloso, ya en Tolosa, y ya en las villas de Lenguedoc la Baja, por donde prosigui su viaje. Hizo alto en esta villa doce das, en los cuales en el convento de los Padres del Carmen, donde estuvo alojado, fue visitado de un gran concurso de pueblo que haca gran ruido por verle y para cortarle algn pedazo de su hbito; pero su grande celo y piedad ardiente le tena de tal manera fijado en la oracin, que sus ojos estaban perpetuamente clavados en el Altar mayor de la iglesia y casi siempre de rodillas.

Asimismo su modestia sufra con disgusto este pueblo curioso, y en el tiempo de su detencin se hicieron dos procesiones generales en la villa; y habindose hallado en la primera le hicieron de manera pedazos el vestido, que se vio obligado a pedir al Superior que le permitiese de no hallarse en la segunda, y que ms quera privarse del fruto de esta devocin pblica que de ver con sentimiento el progreso de su gloria particular y que se hiciese ms caso de su pobre vestido que del raso y prpura en que ha de admirarse de paso los secretos divinos de la Providencia eterna, que tanto ama la pobreza que practic: despus que un santo Religioso se ha despojado de las cosas del mundo por su Santsimo Nombre, sin reservarse ms que slo vestido muy llano, para seal de su retiro, se sirve de desnudarle y levantar ladrones piadosos que le tomen la cosa slo de la cual puede decirse que era dueo. Pero, para volver a nuestro caso, a este buen Hermano le mand su Superior ejerciese una obra de caridad en casa del Sr. Martn, Tesorero General de Francia, amigo y vecino del convento, el cual tena una hija moza, a quien de mucho tiempo ha por ningunos ruegos ni amenazas pudo obligarse a que comiese y tomase un pasto en presencia de sus padres, y que por algn humor melanclico no coma sino aparte y desviada y en la soledad. Desde que este buen Hermano estuvo en aquella casa, y que esta hija con sus padres estuvieron en su presencia, al mismo tiempo pidi ella de comer, y se vio libre de este trabajoso humor que tan largo tiempo la haca huir la compaa de los suyos. Los que saben la diferencia de las enfermedades del espritu y del cuerpo, y cuantas se pegan a esta tan noble parte nuestra, son de una ms difcil cura que las otras que tienen un sujeto material, hallarn esta cura milagrosa; pero si se hallare que no hay quien crea que no hay otros milagros que de dar vista a los ciegos, tendr de qu satisfacerse en lo que se sigue de esta relacin. Despus de haber ledo como este buen Hermano la noche antes de su partida fue favorecido de sus trabajos pasados y animado para los futuros por la visin gloriosa de la Madre de Dios, que se le apareci en su aposento, rodeada de una tropa de ngeles, asegurndole que vera el fin dichoso de su deseo, que es lo que este buen Hermano comunic a su Padre Confesor, que revel para la gloria de Dios; y no ha de temerse el dar fe a esta visin, ya que fue seguida de milagros, no siendo cosa nueva que Dios no pueda comunicar su presencia visible a los que comunica su virtud; y siendo probable que este buen Hermano, que despus ac ha dado vista a los ciegos, ha sacado este poder de la grande fuente y corriente de la luz, cuando fue honrado de su aparicin. Tambin al da siguiente, primer da del mes de junio, parti de Tolosa, y pasando a Montgiscad, segn su costumbre, se detuvo delante de la iglesia mayor del lugar para hacer la oracin, donde al mismo tiempo el pueblo concurri, y por medio del aprieto del pueblo, una mujer, llamada Ana Colombire, casada con un tal llamado Massor, afligida desde seis meses de una calentura continua, habindose acercado a este Hermano le cort un pedazo de su vestido, y este piadoso latrocinio la fue tan til y provechoso, que al mismo punto se vio aliviada, y lo que est an de presente; y de all, pasando adelante, estuvo en el convento de los Padres de San Francisco, para rogarles de prestarle un criado que le condujese hasta Castel-Naudarry, con el cual, tomado su camino, hall un arroyo, llamado Guarduch, y a dos caballeros bien montados, que se vieron obligados a volver atrs, porque habiendo sondado el vado, conocieron la imposibilidad de l; pero lo que detuvo a estos caballeros no detuvo a un viejo de a pie, cargado de un embarazo pesado y sin gua. In multitudine non est situm robur tuum, Domine, equorum vires non expetis. Ellos pasaron este arroyo ancho de dos canas y extremadamente profundo, sin mojarse de ninguna cosa ni el uno ni el otro; tambin era justo que pues un gran mar no haba podido detener el curso de los hijos de Israel cuando iban a la Tierra de promisin, que un arroyo no detuviese el justo designio de este buen Religioso, supuesto que enderezaba sus pasos al Calvario, verdadera Tierra de promisin, que trajo el sagrado fruto de nuestra salvacin, y de la cual la primera no fue ms que una figura: Spiritus Domini ferebatur super aquas. La nueva de estos milagros estando esparcida por los lugares circunvecinos desde que estuvo en Castel-Naudarry, un ciego se le present con ruego de tocarle los ojos y darle su bendicin, de que se excus con humildad; pero los que llevaban al ciego haban reconocido que a un hombre Santo es menester tomarle por la obediencia ms que por otra va; recurrieron al Padre Prior del Carmen del dicho Castel-Naudarry, el cual interpuso su autoridad y mand al Hermano tocar los ojos de este ciego, a lo cual obedeci, y se abrieron los ojos, y gozaron de la vista, que jams haban conocido. Lo tanto, que es preciosa delante de Dios esta obediencia ciega, pues la da el poder iluminar.

Algn tiempo despus de haber llegado a Carcasona, el Obispo de aquel lugar, alterado de la novedad de esta devocin, crea que estaba loco, y usando de una prevencin que no poda llamarse indiscreta, le hizo poner preso; pero habindole despus informado de la verdad, y visto sus pasaportes, alab superiormente su designio y manifest el mucho sentimiento y disgusto que tuvo de su prisin, y habindole puesto en libertad, le hizo acompaar, con mucho honor, por sus Vicarios generales; de manera que la reputacin de su santidad adelantando sus pasos, el Seor de Ricaldelle, Gobernador de Narbona, tuvo aviso de su llegada, y para impedir que se le hiciese agravio y dao por el concurso del pueblo, envi, dos leguas al encuentro de l, hombres armados que le sirviesen de escolta; y as, en consideracin de este religioso obsequio, Dios permiti que esta villa fuese el teatro de un tan clebre milagro que fue hecho a vista de todo el pueblo; fue una doncella, ciega, hija del Seor de la Palma, la cual, besando la Cruz de este buen hermano cobr de golpe la vista. Hay motivo de creer que esto no es ms que principio de las maravillas que Dios quiere obrar por medio de tan buen Hermano, y que la paz, por la cual ha emprendido un tan gran designio y que habindose propuesto tantas veces y no concluido, ha hecho juzgar que sta no puede conseguirse, que por medio de algn milagro ser el ms sealado de los que aguardamos de la santidad de su vida: la Reina de los Cielos lo ha prometido en su aparicin a este Santo Peregrino.

 

 

 

CAPTULO XIV

 

De lo que le sucedi en Narbona y Montpeller.

 

 

Dbese advertir que Fray Francisco de la Cruz, en todo su viaje, siempre que poda (aunque le fuese dilatando algo) procuraba entrar en conventos de su Religin, por gozar los frutos de estar debajo de Obediencia y la celestial consonancia que tienen las Comunidades Religiosas de la asistencia a las horas del convento y distribucin del tiempo; tambin que por la Francia llev diferentes tratamientos segn las diversas Religiones y diversos conceptos de los hombres; en unas partes le miraban con reverencia y crdito, y en otras le afligan y atropellaban. La entrada que hizo en Narbona (bien contra su voluntad) fue plausible de todas maneras, porque el numeroso pueblo de aquella villa, con la demostracin de su Gobernador y por haber sido en todos tiempos raro ejemplo de constancia en la obediencia y rendimiento a la Silla de San Pedro, y por esto tan estimada de sus Cristiansimos Reyes, faltando a conveniencias polticas por estar siempre en la sujecin Catlica de la Iglesia Romana, de donde la ha resultado, con grandes colmos de glorias, la verdadera poltica, humana y divina, por razn de su venida se vio poblado todo el campo una legua antes de llegar a Narbona, que con lucimiento de las vistosas galas que usan los franceses pareca una primavera, y con los festivos clamores y gente de guerra que iba delante del Siervo de Dios, pareca un triunfo.

Como haba llegado a aquella villa la fama de los prodigios que Nuestro Seor haba obrado y actualmente estaba obrando por l, y en ella son todos catlicos, hicieron empeo (como por causa de Religin) los aplausos y aclamaciones, parecindoles no era mucho lo celebrara la tierra cuando los haba declarado el Cielo, y que a su parecer no era el menor ver un hombre viejo, con una Cruz a cuestas y un ayuno a pan y agua continuo, emprender y sobrepujar tantas dificultades donde, faltando toda la razn humana, slo se poda sostener resolucin tan gloriosa en la asistencia divina; argumento que hizo tanta fuerza, que al seor Obispo de Naure, en el Arzobispado de Tolosano, le asegur un Cannigo de su Iglesia que, movidos por esta razn, se haban, en aquel Obispado slo, reducido al gremio de la Iglesia Catlica ms de tres mil personas; con que el demonio bien se recelaba de Fray Francisco, aun cuando pareca que no le embarazaba.

En la forma referida entr en Narbona, y despus de haber hecho su acostumbrada estacin en la iglesia mayor de la villa, fue a su convento, donde por el concurso se vieron obligados aquellos santos Religiosos a cerrar las puertas: dijronle que en la Francia la Religin del Carmen es de reformados, y l entonces tom unas tijeras y cort la capa dejndola como la de los otros Religiosos; este pedazo cortado de la capa le tienen en aquel convento en estimacin por haber sido de este Siervo de Dios, de que es buen testigo el Hermano Fray Roque Serrano, Corista, hijo de la casa de Alcal, que viniendo de Roma y pasando por Narbona, en aquel convento le ensearon la parte de la capa dicha, y asimismo en la puerta del coro una estampa de Fray Francisco de la Cruz, hincado de rodillas, con su Cruz a cuestas delante de una Imagen de Nuestra Seora, en memoria de la aparicin que tuvo en Francia de esta Soberana Reina de los ngeles, y en un cuadro de la misma estampa Fray Francisco caminando con su Cruz y dos caballeros que le iban acompaando a caballo, y al pie de la estampa un letrero que deca: Effigies Fratris Francisci a Cruce Carmelitan Hispani.

En esta villa estuvo tres das y luego parti a Mompeller, que dista de ella veinte leguas, y al salir le estaban aguardando dos caballeros montados a caballo, que le fueron acompaando, y habiendo caminado dos leguas le quisieron quitar la Cruz, y viendo su constancia en defenderla, le tiraron un pistoletazo y revent la pistola sin hacer mal a nadie, y entonces se fueron, dejndole confuso, atribuyendo este suceso a que deban de ser herejes, y a que, celosos de los aplausos de los catlicos de Narbona, de aquella manera queran impedir la aclamacin que iba haciendo de la Santa Fe, parecindoles que quitndole su Cruz embarazaban la prosecucin del intento o le hacan desestimable. Lleg a Mompeller, donde hall todo lo contrario de lo que haba pasado en Narbona; y no es de maravillar, porque en Mompeller no hay la conformidad de Religin que en Narbona.

Apenas haba entrado en ella, cuando el Magistrado parece que le estaba aguardando y luego le mand prender, y le llevaron a la crcel pblica, le quitaron la Cruz y echaron grillos y cadena y le metieron en un encerramiento que no tena ms luz que la de una ventanilla, con reja de hierro que caa a la calle; aqu le tuvieron dos meses, dndole a comer por castigo lo que l coma por eleccin (sin atender a las instancias que hacan los Religiosos Carmelitas de aquella villa por l): la conformidad que tena con la voluntad divina era tal, que nada le serva de desconsuelo sino lo que resultaba en estimacin suya. Llegse una maana el Siervo de Dios a la rejilla por donde entraba la luz al encerramiento, y vio un nio de muy pequea edad que por la parte de afuera estaba arrimado a ella, y djole: -Nio, quires decir en tu casa que hagan una obra de caridad y me enven recado de escribir? El nio le dijo en castellano que s, y despus a poco rato volvi y le dio recado de escribir, y Fray Francisco le dijo: -Que si se atrevera a llevar al Magistrado de la Villa un papel; y le dijo que s, que le escribiese, que le llevara e informara muy bien por l; con que le escribi en la forma que acostumbraba y le envi con el nio, el cual contena estas o semejantes razones.

 

 

ENSALZADA SEA LA SANTA FE CATLICA

Seores: O me queris hacer bien o mal? Si bien, para conseguir con prisin de grillos y cadena mi enmienda, cmo la puedo tener? En lo que es toda mi defensa vuestra acusacin? Si me queris hacer mal, mirad el motivo de vuestra justicia, de cualquier modo que me consideris. Si esta obra que he emprendido es de Dios, no la podis estorbar; y si no lo es, con fundamento tan flaco como soy yo, ella de suyo se vendr al suelo. Y as, permitidme que prosiga mi camino con mi Cruz; que si vuestro pueblo me mira con devocin, vosotros le servs de escndalo; y si me mira con ofensa, vosotros sois la causa de que le escandalice yo; con que a todo os sirvo de embarazo. Dios os guarde.

 

FRANCISCO DE LA CRUZ

(el gran pecador)

 

Leyeron el papel los del Magistrado y oyeron al nio que le llevaba, que les dijo que aquel hombre que tenan preso era bueno y que no le hiciesen mal; y extraando la diligencia y la calidad de ella, sin hacer aprecio de las razones por que le prendieron, fueron a la crcel y le soltaron de ella y le entregaron su Cruz; y sin haber vuelto a parecer el nio, abogado de tan buena diligencia, Fray Francisco sali de Mompeller sin que le permitiesen ir al convento de su Orden, dando muchas gracias al instrumento de su libertad, aclamndole en su alma, sin otro conocimiento ms que el de libertador y consolador.

 

 

 

 

 

CAPTULO XV

 

En que prosigue su viaje y entra en Roma.

 

 

Prosiguiendo su camino nuestro Siervo de Dios, es digna de ponderacin la desigualdad con que era tratado; en unas partes le gritaban diciendo que era espa y que llevaba escondido el dinero en la Cruz (y es verdad que ella era todo su tesoro); en otras se llenaban los campos de gente a ver aquel espectculo de mortificacin: da hubo en que salieron a verle pasar ms de tres mil personas; l siempre iba intimando su pregn de que todos hiciesen oracin y penitencia y de que fuese ensalzada la Santa Fe Catlica. Otro da encontr unos batallones de caballera que pasaban a la frontera, y todos hicieron salva a la Santa Cruz y se apearon, y postrados de rodillas por el suelo, la adoraron y le besaron la mano (aunque lo resisti cuanto le fue posible).

Muchas veces le sucedi dormir en el campo; y como todo su cuidado era su Cruz, temeroso de que se la hurtasen, dorma encima de ella, porque no hubiera rato en que no estuviese en Cruz; y porque hasta con la reaccin que toman los sentidos con el sueo los tuviese crucificados.

Al entrar en un lugar en los confines de la Francia, entre el concurso de la gente le cortaron un pedazo del hbito y se le llevaron a una mujer principal que estaba baldada de los brazos, y de repente se hall sana.

Prosegua su viaje, y dirigindose hacia Saboya, determin pasar por Niza; pero antes de llegar a esta ciudad alcanz a ver una confusa multitud que sala a recibirle; mas como pona todo su cuidado en huir los aplausos humanos, lo ejecut en esta ocasin mudando de propsito en el camino, por conservar el intento perpetuo de su profunda humildad; para lo cual, dejando a Niza a la mano derecha, tom el camino de la siniestra hacia los Alpes; y aunque consigui con esto no entrar entonces en aquella ciudad, con todo eso no pudo excusar la multitud de sus vecinos, los cuales, habindole alcanzado a ver y que se apartaba del camino derecho, le siguieron por el otro hasta darle alcance, y fue de modo que se atropellaban unos a otros, unos por verle, otros por hablarle, y todos por acercarse a l; y fue tan molestamente, que ya le ahogaban, hasta hallarse del tumulto casi sin aliento y sin poder respirar; lo cual reconocido por los que le ponan en tal aprieto, se determinaron a sacarle en hombros casi con violencia y llevarle a un alto, donde le pusieron, para satisfacer el deseo y devocin de tantos; pero la de una mujer hubo de sobresalir, como la de Marcela entre las turbas, pues llegando ansiosa con un hijo suyo notablemente disforme, por ser giboso en las espaldas y en el pecho, peda al Siervo de Dios con fe y humildad se dignase de rogar a Su Divina Majestad por la salud de su hijo: lo cual hizo Fray Francisco movido de verdadera caridad, y as consigui el enfermo y su madre muy en breve la salud que deseaban; porque las obras de caridad perfecta, cundo no fueron milagrosas?

Desde que sali de la Francia prosigui su viaje por Saboya, Gnova, Miln, Parma y Florencia, y entr en Roma el da de la Santa Cruz, a 14 de septiembre de 1643; y de lo sucedido en los trnsitos por estas provincias no hay ms memoria que la carta que escribi al Padre Provincial de Castilla en 14 de abril del ao siguiente de 44 al partirse a Jerusaln, en que le dice que pas algunos trabajos; y para que se conozca del modo que los siervos de Dios hablan de los favores que reciben de su misericordiosa mano (habiendo sido tantos los que le hizo en la Francia), los refiere, despus de haber mostrado un profundo rendimiento y humildad, en las palabras siguientes:

Vine por Pamplona y por Francia, y por las provincias de Saboya, Gnova y Miln, Parma y Florencia, y en el camino pas algunos trabajos; mas todos fueron pocos para los que yo debo padecer por Nuestro Seor Jesucristo, que tanto padeci por m. Algrome de haberlos padecido por su amor, y de las glorias que resultaron de los efectos de la Santa Cruz, que vino en mi compaa

Fue recibido en Roma con mucha estimacin por las nuevas que a aquella Corte haban venido de las provincias por donde haba pasado y por lo que se granjeaba su persona digna de todo respeto; y el tiempo que estuvo en el convento de su Orden de Transpontina, fue un raro ejemplo de regular observancia. La santidad de Urbano VIII, por su natural inclinacin, fue grande apreciador de la virtud y de todo lo que arga espritus generosos, principalmente cuando se reducan a edificacin del pueblo cristiano, a ejemplos de piedad y de fortaleza y a conseguir la clemencia Divina. Hizo particular estimacin de Fray Francisco de la Cruz y concepto grande del empeo que haba tomado sobre sus hombros, persuadindose a que fbrica tan especial y por senda que hasta ahora ni la devocin ni el esfuerzo cristiano haban hallado, era toda obra de Dios, y le honr mucho y le mand que le fuese a ver algunas veces, mostrando lo bien que senta de esta peregrinacin favorecindole con el Breve que en este captulo se referir; y as dio orden al Eminentsimo Sr. Cardenal Francisco Barberino, su sobrino, para que le oyese y tratase con l y le diese cuenta de todo, y que del Cementerio de Calixto le diesen las reliquias siguientes:

 

Sancti Clementis, Martyris.

Sancti Feliciani, Martyris.

Sancti Vitalis, Martyris.

Sancti Valentini, Martyris.

Sancti Vincentii, Martyris.

Sancti Victoris, Martyris.

 

Las cuales de orden de dicho Seor Eminentsimo Cardenal le entreg, en virtud de dicha comisin, su Confesor el Padre Fray Juan de la Anunciacin, Procurador general del Orden de Trinitarios Descalzos en la Curia Romana y Ministro del convento de San Carlos.

Despus mand Su Santidad al Eminentsimo Sr. Cardenal Gineti, Protector del Carmen, diese a Fray Francisco de la Cruz, del Cementerio de Calixto y del Cementerio de Lucina, las reliquias siguientes, que en virtud de dicha orden Pontificia le entreg:

 

Sancti Oratii, Martyris.

Sancti Pii, Martyris.

Sancti Valentini, Martyris.

Sanctae Valentinae, Martyris.

Sanctae Juliae Martyris.

Sanctae Jeminiae, Martyris.

Sanctorum Flabiani, et Sociorum, Martyrum,

Sanctae Victorae Virginis et Martyris.

Sanctae Primae Martyris.

Sancti Thomae Martyris.

Sancti Viti, Martyris.

Sancti Theodori, Martyris.

Sanctae Blandae, Martyris.

Alii Sancti Flabiani, Martyris.

Sanctorum Luci et Sociorum Martyrum.

Sancti Martiani Martyris.

Sancti Gabini, Martyris.

Alii Sancti Martiani, Martyris.

 

Todas las cuales trajo de Roma el Padre Maestro Fray Diego Snchez Sagramea, Provincial de Castilla, y estn en el convento del Carmen de Santa Ana de la Villa de la Alberca, con sus testimonios autnticos; y habindose abierto el cofrecito cerrado y sellado en que venan por autoridad ordinaria, se publicaron por verdaderas reliquias, y como a tales se les da culto y veneracin. Algunos Religiosos Carmelitas que en aquella ocasin se hallaron en Roma aseguraron que la Santidad de Urbano VIII haba mandado que le hiciesen un retrato de este Siervo de Dios con la Cruz a cuestas, y que se hizo, y que Su Santidad le tena en su Sacro Palacio; y esto parece muy digno de aquel gran Pontfice; porque hombre que consigui tan religiosa determinacin, mereci que su efigie se guardase para ejemplo de los siglos venideros; y aun abstrada esta gloriosa accin de todo lo espiritual y mirada slo en trminos humanos de fortaleza en el aprecio de la antigedad, siempre tan respetable memoria se conservar en mrmoles y bronces.

De esta pintura aseguraron dichos Religiosos es copia la que hoy existe de este Venerable Hermano en la escalera del convento del Carmen de Transpontina, en Roma, y otra que est en la escalera del convento del Carmen de Madrid, de la cual se han copiado las que en diferentes partes, con grande estimacin, algunos devotos suyos tienen.

Ofrecironse muchas dificultades para que pasase con Cruz a cuestas a Jerusaln, que fueron causa de su detencin en aquella ciudad, en la cual, despus de haber visitado las santas Estaciones llevando su Cruz, y tocndola en todas, se prometi humildemente de la bondad divina le haba de conceder las indulgencias y privilegios aplicados a quien debidamente hiciese aquellas diligencia, recelndose de que sus culpas no fuesen causa de impedirle tan gran tesoro. Las dificultades para su pasaje a los Santos Lugares no se podan desestimar, porque tenan graves fundamentos, pero la piadosa afeccin del Santo Pontfice las venci todas; y en dos de abril de cuarenta y cuatro, al ao veintiuno de su pontificado, expidi Breve para que Fray Francisco de la Cruz pasase a la visita del Santo Sepulcro de Nuestro Seor Jesucristo y dems Santos Lugares transmarinos, en ejecucin de las licencias que tena de sus Prelados; el cual Breve present ante el P. Fray Len Bonfilio, Vicario General Apostlico de los Carmelitas de la Antigua y Regular Observancia, y le acept, reverenci y mand cumplir en doce de abril del dicho ao de cuarenta y cuatro y en quince del dicho mes sali de Roma en la forma de su peregrinacin, pregonando oracin y penitencia y aclamando la exaltacin de la Santa Fe Catlica, camino de Loreto, Bolonia y Venecia, para pasar desde all, en ofrecindose ocasin, a Jerusaln.

Asista en aquella Corte romana por aquel tiempo el Ilustrsimo Arzobispo de Estrigonia, aunque de secreto, a fin de solicitar algunos socorros de Su Santidad a favor de Hungra contra los turcos, que afligan notablemente aquel pobre reino con invasiones y tiranas; y habiendo tenido noticias de la singular virtud del Siervo de Dios, quiso valerse de sus oraciones para el mismo intento, y para conseguirlo le refiri el desgraciado estado de las cosas de Hungra; lo cual oy con grave dolor de su corazn, por cuanto sus ardientes ansias fueron siempre por la exaltacin de nuestra Santa Fe Catlica; y as, aunque todas sus penitencias y oraciones se dirigan siempre a este intento, con todo eso quiso aadir otras mortificaciones a su continua oracin, para lo cual pidi licencia a su Confesor, que entonces lo era el P. M. Fray Vicente Susto, el cual se la dio para ayunos ms rigurosos, por algunas semanas; mas no pudo dejar de ponderar algo la providencia de Dios en mover a su Siervo para que se emplease todo en solicitar los auxilios divinos contra los enemigos de la Iglesia en la ocasin que Hungra padeca sus mayores calamidades causadas por los turcos; y si las providencias especiales de Dios nunca carecen de misterios, permtaseme una breve digresin para reconocer el que pudo contener la que Su Majestad tuvo con su Siervo, y ser referir lo mismo que contienen las Lecciones del Oficio de San Gerardo como estn en el Breviario carmelitano el da 24 de Septiembre.

Fue San Gerardo hijo el ms glorioso que ha tenido Venecia, el cual desde su infancia fue tan amante de Jesucristo, que este mismo fue la luz que amaneci su razn, la cual sigui sin perderla de vista hasta morir; y para conseguirlo cabalmente dio su primer paso apartndose del mundo y negndose a s mismo, que eso fue entrar en la Religin como se debe, escogiendo, con el espritu de Dios, la de Nuestra Seora del Carmen, y as tom su santo Hbito en el convento de Venecia; y como todo su corazn se halla nicamente lleno de Cristo, produjo en su alma un vehemente deseo de visitar y venerar los Santos Lugares que consagr aquel Seor con su presencia; para lo cual, habiendo conseguido licencia de sus Prelados, sali de Venecia con algunos compaeros, disponiendo Dios que tomase el camino por Hungra, adonde lleg a la sazn que reinaba aquel santo Rey Esteban, que fue el primero que introdujo nuestra Santa Fe en aquellas partes, causa en que entonces se empleaba todo, y as era su cuidado de hallar un Prelado y Pastor de los rebaos Sagrados tal como lo pide el Apstol San Pablo, y ms cuando haba de ser la primera piedra de la Iglesia en aquel reino; pues habiendo sabido de la venida de Gerardo, quiso experimentar por s mismo qu hombre era, de qu deseos, de qu progresos, y al fin si era capaz para primer Operario de aquella Via Sagrada que entonces se plantaba: y habiendo reconocido en l que no haba ms que desear, le declar su dictamen, y despidiendo a sus compaeros le oblig a quedarse en Hungra, venciendo con el poder la resistencia invencible de Gerardo. Creciendo, pues, el nmero de los nuevos soldados de Cristo, solicit con el Rey que se redujesen sus deseos a las obras, pues ya era tiempo, y as fundo diferentes iglesias por Hungra muy en breve; pero la mayor y que erigi como matriz y metrpoli de todas las dems, fue en las riberas del ro Morifio, y all puso por Obispo a Gerardo; el cual lo fue con tan generoso espritu, que nada dej de intentar ni conseguir que pudiese conducir para el aumento de su Iglesia, siendo las armas para tanto triunfo el poderoso ejemplo de su vida; pues era tal, que no teniendo nada en ella que enmendar, pudo enmendar con ella las de todo aquel reino; pero el enemigo comn de los hombres, envidioso de tanto bien, empez a sembrar cizaas y mover sediciones con el Santo Obispo, lo cual pudo introducir porque el Rey San Esteban haba ya mejorado de reino pasando de esta vida; que mientras vive un Rey Santo, dificultosamente puede vivir el demonio en su reino; prosegua la tormenta creciendo por instantes contra el Santo Prelado, hasta tanto que llegaron a apedrearle, recibiendo las piedras con la generosidad que el Protomrtir, pues fue puesto de rodillas y orando por sus enemigos con las mismas palabras que otro Esteban; consiguiendo el ltimo y mayor triunfo atravesado con una lanza, en que consigui la gloriosa corona del martirio, con que vive eternidades.

Habiendo, pues, sido San Gerardo hijo glorioso del Carmelo, y en Hungra el primer pastor de los rebaos de Cristo; el primer Padre que con su doctrina y ejemplo engendr tantos hijos; el primer Mrtir o Protomrtir de Hungra que con su sangre reg y fertiliz las plantas tiernas de aquel Vergel Sagrado, quin duda que ser perpetuo intercesor por la Iglesia de Hungra? Quin podr dudar que no es misterio haber resucitado Dios el mismo espritu en otro hijo del Carmelo, para que si el primero con empleos ms altos plant la Fe en Hungra contra el poder de los turcos, este segundo, con oraciones y penitencias, la restaure? De que en estos aos estamos puestos en altas esperanzas por la misericordia de Dios y aliento de las almas cristianas, principalmente de las invictas del augusto Emperador Leopoldo y el ms glorioso de los siglos.

Pero, volviendo ya a nuestro intento, me ha parecido no pasar en silencio lo que a Fray Francisco le sucedi con un seor Auditor de Rota, espaol, el cual le encontr un da con su Cruz a cuestas cerca de Santa Mara la Mayor, que iba visitando as las siete iglesias, y llegndose a l, movido de piedad, reconoci sus intentos de pasar a visitar los Santos Lugares de Palestina; y queriendo concurrir a obra tan heroica de algn modo, le ofreci de contado una limosna considerable para el pasaje; pero el siervo de Dios rehus con humildad y fortaleza el recibirla, parecindole tentacin contra su propsito magnnimo lo mismo que fue magnificencia en aquel Prelado, y as le respondi con sumisin que no acostumbraba tomar dineros; de lo cual se edific mucho, y se le aument el concepto que haba formado de su virtud, por lo cual al da siguiente por la maana le fue a visitar con mucha devocin a su convento de Transpontina, por gozar de su conversacin y encomendarse a sus oraciones.

En todo el tiempo que estuvo en Roma, era su ocupacin cotidiana ayudar a Misas, y al tiempo de salir con el Sacerdote desde la sacrista al altar y volver desde el altar a la sacrista, se llegaba a l tanta gente por quitarle a porfa algunos hilos o cabos del hbito, que defendindose a dos manos, apenas poda estorbarlo; tal fue el concepto en que se pusieron los romanos de la virtud del Siervo de Dios; o por mejor decir, tal fue el concepto en que los puso Dios, acaso con especial providencia suya, que era muy justo que generalmente estimasen y venerasen a quien tan a costa suya haca por todos, procurando siempre la causa tan pblica y comn como es la exaltacin de nuestra Santa Fe y la paz entre los prncipes cristianos.

Lo que not de nuestro Hermano el P. M. Fray Jacobo Emans fue el sumo silencio; pues siendo quien ms le trat en el tiempo que persever en aquella Corte, afirma que apenas poda moverle a hablar una palabra; pero si su conversacin era en el Cielo, qu mucho era que le costase trabajo el divertirse a hablar con los hombres en la tierra?

 

 

 

 

CAPTULO XVI

 

De cmo lleg a Venecia y se embarc para Egipto.

 

 

Sali de Roma, y la primera visita que hizo de los Santos Lugares fue la celestial Casa de Nuestra Seora de Loreto, y en ella dio principio a la contemplacin que sigui despus en los ms principales transmarinos. Entrando en consideracin dentro de su alma y fervorizndola toda, viendo que all se celebraron las bodas de las Naturalezas divina y humana, con tantos logros de la tierra, que pas a ser Cielo, y con tanta caridad del Cielo, que se humill a ser tierra, tomando por objeto la desigualdad del partido y haciendo en orden a l actos de profundsima reverencia y humildad, reconociendo que con ella se consiguieron tales efectos, y de agradecimientos indecibles, viendo que tal dicha se adquiri sin mritos nuestros.

Pas a Bolonia, y all estuvo con el Rdo. P. Fray Domingo de San Alberto, Carmelita Descalzo de la Congregacin de Espaa, el cual nos pudo dar noticia de un caso digno de admiracin que le sucedi al Siervo de Dios en las montaas de Espoleto; pero antes de referirle pondr a la letra las palabras de la carta de aquel Religioso escrita a un Padre, Fray Vicente, de su misma Congregacin, residente a la sazn en su Hospicio de Roma, su data en Bolonia a 16 de mayo de 1644. Dice as: Aqu lleg el jueves el Hermano Fray Francisco de la Cruz, con su Cruz a cuestas, y tan fatigado, que pareca quera espirar; porque nos ha contado todo lo que le ha pasado de Roma aqu, que es cosa notable; y en todo el camino de Espaa a Roma, con pasar entre herejes, no ha padecido la vigsima parte.

De modo que al paso de su espritu le venan sin duda los trabajos; y como cada da se adelantaba en aqul, cada da iban stos en aumento; lo que no me admira es de que pareciese quera espirar entonces, cuando era forzoso que siempre pareciese lo mismo en quien viva siempre puesto en la Cruz de Cristo, verificndose de l lo que San Pablo deca de s: Con Cristo estoy crucificado en su misma Cruz; en consecuencia de lo cual (pasando al caso prometido) sucedi que, pasando nuestro Hermano por las montaas dichas, muy fatigado de calor y sed, alcanz a ver seis hombres con armas de bandidos, y llegndose a ellos, les pidi le diesen de beber, mas ellos le respondieron con ms sequedad que la que le causaba su mucha sed; preguntronle de dnde era, y habiendo respondido que espaol y que caminaba a Jerusaln, formaron juicio de que llevaba muchos dineros, y as, le despidieron diciendo: Anda, anda, con intencin daada de reconocerle, siguindole, cuando les conviniese; mas poca diligencia pusieron para conseguirlo; porque habiendo sucedido esto poco antes de anochecer, le hallaron poco despus en una hostera, en donde se haba quedado nuestro Hermano por no haber podido llegar a la ciudad de cansado; ellos trataban de cenar, mientras que nuestro Hermano estaba en una caballeriza y recogido en un pesebre, que esta fue la acogida que le haba hecho el hostelero, aunque despus, ya movido a devocin, le mejor pasndole a una pieza en donde haba algunas camas; pero Fray Francisco, que desde all estaba oyendo la conversacin que los bandoleros haban trabado con el hostelero sobre decir ste que era un pobrecillo y un Santo, y aqullos que era un bellaco ladrn, trataba (medroso) de encomendarse a Dios y reconocer si haba algn medio humano para huir de la mala intencin de que aquellos hombres perdidos daban muestras; pero se encendi tanto la porfa entre los dichos, los ladrones a acusarle y el hostelero a defenderle, que, enfadados con ste, le dispararon una carabina a los pechos, y habiendo odo el estallido nuestro Hermano, sali de la pieza desnudo hasta la tnica (cosa que nunca haca, y ahora lo haba hecho delante del hostelero por darle satisfaccin de que no traa dinero escondido), y sali por una puertecilla falsa que haba en lo alto de la hostera, la cual sala a la misma montaa, por donde huy a esconderse; lo cual reconocido por aquellos hombres malvados, salieron al punto a buscarle por ella como unas crueles fieras: reconocieron los sitios, se entraron por lo fragoso, registraron las cavidades de las peas; pero nuestro Hermano, que los senta, se iba apartando de ellos continuamente, hecho un ovillo y escondindose entre las mismas matas; al fin no le pudieron descubrir; pero consideremos a este pobre Religioso desnudo, casi en carnes, vertiendo sangre por 30 heridas que se haba hecho, desgarrndose entre la maleza del monte, porque no poda ver ni atender adnde pona los pies ni si eran espinas las matas por donde pasaba, y esto en ocasin que padeca calenturas ardientes, como l mismo lo escribi a su General, perseguido de seis fieras crueles, en las soledades de una montaas, perdido su tesoro y su consuelo nico, que era la santa Cruz, que se haba quedado en la hostera: qu diremos de semejante providencia de Dios con su Siervo? Pero qu podemos decir si no es que quiso dar muestras de todos modos de que era su amigo verdadero y que le amaba cordialmente, pues le trataba como trat a su mismo Hijo? Pero a quin persuadiremos a la prctica de esta certsima doctrina? Lo qu yo s es que nuestro Hermano lo estaba tanto, que slo estaba gustoso cuando se hallaba como le hemos pintado. Inspirle, pues, Dios, ya cuando amaneca, que volviese a la hostera, y hall que cuando el bandolero dispar la carabina contra el hostelero, que le defenda, se haba reventado y vultose las balas contra el agresor que, mal herido, se hallaba ya de otro dictamen para con el pobre Hermano, y con el mismo sus compaeros, a los cuales todos exhort a penitencia y al santo temor de Dios; y habindole pedido alguna cosa de devocin, les dio unas medallas, y con esto se despidi, prosiguiendo su viaje.

Pas a Venecia, donde le sobrevinieron nuevas dificultades sobre su viaje con Cruz a cuestas, por los riesgos de las indecencias que se propusieron a aquel Senado entre los infieles, enemigos de la Cruz de Cristo, viendo a Fray Francisco con ella, cosa tan nueva para los brbaros, que no haban tenido otro ejemplar. Los inconvenientes se vencieron con el Breve de Su Santidad y licencias de los Prelados y las noticias de Francia y de Roma de este Religioso, y que habindose reparado esta materia por Su Santidad, le haban dado la facultad que peda, y as se la concedi tambin el Senado, con que se embarc da de San Juan Bautista; habiendo concurrido con limosna para pagar el flete y hacer provisin para el navo, por lo que tocaba a Fray Francisco, el mismo Senado y el Sr. Embajador de Alemania, pero principalmente, ms que todos, el Sr. Embajador de Espaa, como el mismo Hermano lo escribi a su Vicario General, que entonces lo era el P. M. Fray Len Bonfilio, cuya carta original est leyendo actualmente el que esto escribe, con su data en la isla del Zante a 16 de julio de 1644; pero aunque nuestro Hermano vino en que se pagase de las limosnas lo dicho, no quiso vencerse a tomar ni un maraved de otros muchos que los mismos le ofrecan para las Aduanas de los turcos y dems gastos del pasaje por aquellas partes de infieles, y asegurndole que de otro modo le sera imposible cumplir sus deseos de visitar aquellos Santos Lugares (en la verdad le aconsejaban segn buena prudencia); pero como nuestro Hermano obraba sobre toda prudencia humana, que es el modo de obrar en los que proceden movidos especialmente del Espritu Santo, no quiso admitir cosa alguna, respondiendo que l tena esperanza de cumplir sus deseos, confiando slo en Dios.

Padeci en el navo grandes tribulaciones con los pasajeros, que eran de diferentes sectas, y con la gente de mar, porque haban juzgado que llevaba dinero escondido, y que por guardarle haba pedido le llevasen de limosna, y cuando reconocieron la verdad lo desquitaron en baldones y agravios, siendo la risa de todos, afrentndose de llevarle consigo, culpndole los hombres la determinacin de peregrinar con Cruz a cuestas, que era envidia de los ngeles y veneracin de los Cielos.

Arribaron a la isla del Zante por la causa que el mismo Fray Francisco expresa en su carta de que hicimos mencin; y as, para dar noticias ms fundadas y que signifiquen su continuacin en padecer, y la providencia del Seor con su Siervo, me ha parecido trasladar de su carta a la letra lo que a esto pertenece. Dice as:

A la vuelta de una isla que se llama del Zante, tuvimos nueva de la Armada del Gran Turco que iba hacia las fronteras de Italia, y nos retiramos a la dicha isla del Zante (en este pas tienen paces con los turcos); en el puerto no hicieron mal a nuestro bajel, por estar en el puerto y por ser venecianos, mas fueron descontentos y ha ms de diez das que estamos en el puerto y no osamos salir de l; los Religiosos y peregrinos salimos a la isla, y ellos estn en un convento suyo, que son Franciscanos; y yo, con otro peregrino, estamos en casa del Ilmo. Sr. Obispo, el cual me ha tenido en una cama malo, y me ha curado y regalado, y provedo de ropa y provisin de comida (para el navo), y asimismo un caballero que es cnsul de espaoles. En esta isla hay de todas naciones de gentes; la mayor parte es de griegos; los dems son hebreos y turcos, y atestas y de otras sectas; cristianos son muy pocos, digo, de los latinos obedientes al Pontfice nuestro Romano, a quien Dios guarde muchos aos; Sacerdotes slo dos, el uno el Sr. Obispo, y el otro su Vicario. Adems de stos hay otros ocho Religiosos de San Francisco y de Santo Domingo, en tres conventos repartidos, todos los cuales estn como rosas entre espinas y como corderos entre lobos.

Ya me siento para poder navegar, y presto proseguiremos nuestro santo viaje; con la Cruz visit las iglesias, y la iglesia del Sr. Obispo, que se llama San Marcos, y en su casa la he tenido y ya la he tornado al bajel

Muchas cosas se descubren en el contenido de esta carta dignas de toda ponderacin; mas por no molestar con digresiones, las dejamos al juicio de los lectores; solamente dir yo las gracias que debemos dar a Dios los que hemos nacido en partes donde tan fcilmente y con tanta abundancia podemos gozar de los beneficios de la Iglesia y de los consuelos verdaderos del alma; quiera Su Majestad que esto no sea para hacer ms riguroso nuestro juicio.

Advirtese que el no declarar con puntualidad los trnsitos de este viaje y circunstancias de los Santos Lugares, omitiendo su descripcin, que pudiera hacer ms agradable esta lectura con hermosa variedad, principalmente es por ser otro el fin de esta historia y porque, aunque por incidencia de la vida de Fray Francisco de la Cruz (que es el nico intento) se poda detener la pluma en las noticias de ellos, no es ocasin respecto del libro que con tal verdad, puntualidad y devocin ha impreso con ttulo del Devoto Peregrino y Viaje de Tierra Santa el Padre Fray Antonio del Castillo, Comisario General de Jerusaln y Guardin que fue de Beln, sujeto de todas manera venerable y de particular recomendacin por este libro, que parece ofensa de la piedad cristiana no haberle visto en culto y reverencia de tan celestiales memorias; y as en ste nuestro (por ser ms propio del sujeto de l), dejada la parte de la descripcin, nos valdremos de los principales puntos de la meditacin.

Tambin se debe advertir que no es digno de reparo el que Fray Francisco de la Cruz, sin tener caudal para pagar en las Aduanas de los moros, le dejasen pasar, siendo tan codiciosos, porque todo su viaje fue un empeo continuado de la Divina Providencia y el que dispuso que un hombre viejo hiciese tal peregrinacin, sin que en ella le faltase ni la comida, ni el vestido, ni la salud. Tambin quiso esto porque es el todo de todo, y lo quiso, unas veces por los medios de intercesiones de los peregrinos que iban con l, otras por los de quitarle sus pobres hbitos y detenerlos hasta asegurarse de que no llevaba dinero, otras contentndose con maltratarle, y otras con los socorros que por l hizo el padre Prspero del Espritu Santo, Vicario de los Descalzos Carmelitas que habitan el Monte Carmelo y Visitador Apostlico, que movido de la grandeza de esta obra o con inspiracin Divina, luego que tuvo noticia de este peregrino Religioso Carmelita, le sali al encuentro y le acompa en las sagradas estaciones y pag por l los tributos, que fue el nico consuelo temporal que tuvo el Siervo de Dios.

Desembarc en Egipto, y tomando la vuelta del Cairo en compaa de otros peregrinos de diferentes naciones, que llevaban el mismo intento, caminando todos sin sentir las incomodidades ni las inclemencias del tiempo, por los ardientes deseos de ver lograda su devocin, repararon en un perro negro que iba delante de nuestro Hermano, y de cuando en cuando volva a mirarle; de que no se hizo caso, juzgando que sera de algn caminante que le habra perdido. Estando todos en esta consideracin, el perro se lleg a Fray Francisco y le mordi en una pierna, con tal fuerza y enojo, que los dems compaeros no le podan desasir, hasta que a todos se les desapareci de entre las manos, dejndole hecha una herida muy grande, con que el demonio cumpli la amenaza que le hizo a la salida de la Alberca, y Nuestro Seor se lo permiti para mayor confusin suya y acumular mritos y prerrogativas a esta peregrinacin, para agradarse ms en ella mientras ms penas y aflicciones la acompaaban, pues sin ellas no se pudiera conseguir el que este acto fuese imitacin alguna de quien los hizo precio de nuestra redencin.

CAPTULO XVII

 

En que prosigue su viaje, y le sale a recibir el P. Prspero del Espritu Santo, y en su compaa empieza a visitar los Santos Lugares.

 

 

Los compaeros de Fray Francisco ataron con un pao la herida, y con grande trabajo suyo, respecto de lo que le molestaba para caminar, y del ardor de la tierra, llegaron al Cairo, y en l se fueron a hospedar al cuartel de los cristianos, y a nuestro peregrino le acogieron en una casa, para que durmiese en un pajar; sali con su Cruz a pedir de limosna por el cuartel algn pedazo de pan para sustentarse, y en el portal de una casa se le dieron, y agua para ir pasndole, a tiempo que entraron dos moros; y como aquella tierra es tan frtil y barata, extraaron notablemente el gnero de comida; el uno de ellos traa un hacha de partir lea en la mano, y parecindole que aquel hombre deba de ser algn embustero, pues tena la barba y cabello tan crecidos, porque no se los quit en todo el tiempo de la peregrinacin hasta que volvi a Castilla; con que al verle con aquellos hbitos y aquella Cruz, y el aborrecimiento natural que la tienen los moros (en odio de ella), parecindole que haca sacrificio a su Profeta falso, alz el hacha para dar a Fray Francisco, y a un mismo tiempo l se hinc de rodillas, cruzando los brazos, para recibir el golpe, y el otro moro le detuvo con impa miseracin, pues le dej la vida y le quit la corona, pero no el afecto de conseguirla, no siendo menor el martirio, por dilatado, en la crucifixin de todos sus sentidos.

Comido aquel pan de tribulacin, que es el que aumenta las fuerzas del espritu, hallndose mejor de la herida de la pierna, y visitados los Santuarios que hay en aquella ciudad y su comarca, se volvi a juntar con sus compaeros, y se embarcaron para Joppe o Jaffa, puerto de Tierra Santa y el ms cercano a Jerusaln, donde llegaron felizmente; y luego que se desembarcaron, adoraron todos aquella Tierra hincndose de rodillas y dando gracias de haberla llegado a ver, besndola con sumo gozo y agradecimiento. Al tercer da que por tierra prosiguieron su viaje, sali al camino, en busca de Fray Francisco de la Cruz, el P. Fray Prspero del Espritu Santo, Vicario del convento de Carmelitas Descalzos, que est en el Monte Carmelo, que habiendo tenido noticia que haba de venir por mercaderes venecianos, y juzgando desembarcara en otro puerto llamado San Juan de Acre o Cayfa, que est a la falda del monte, donde la arribada es ms frecuente, supo por algunos rabes (de los que corren la tierra como bandoleros slo por el sustento natural, y que en el convento les suelen dar de comer porque no les embaracen el camino para el comercio de lo que necesitan aquellos santos Religiosos), como haba desembarcado en Jaffa; con que vino en su busca; y hallndose, quin podr significar los gozos de entrambos? EL P. Prspero era de nacin portugus, varn de rarsima virtud y singular mortificacin, y que en aquel convento gobernaba lo espiritual con ardiente fervor, y lo temporal con sagacidad prudente y religiosa, y que en su Orden est reverenciado como Santo, por quien ha obrado Nuestro Seor muchos milagros en vida y en muerte.

Apartronse los dos Religiosos de los dems peregrinos, y el P. Vicario del Carmelo solicit el pasaje en las correras que en l ordinariamente hay de rabes, porque a unos conoca y a otros daba algn socorro; con que caminaron sin recibir molestia hasta el Monte Carmelo, que dista de aquel puerto donde arribaron aun menos que Jerusaln, si bien los caminos son diversos, porque desde el puerto para Jerusaln se toma casi lnea recta por Roma contra el Medioda; mas para ir al Carmelo se vuelve sobre la mano siniestra, costeando el mar y caminando hacia el Oriente. Fue nuestro Hermano muy bien recibido de aquellos Santos Religiosos Carmelitas, a quien haban deseado conocer y a quien estimaron por verdadero hijo del Carmelo, consolndole en los trabajos que haba padecido y esforzndole para los venideros hasta que consiguiese el logro de su empresa, de donde resultaba tanta honra y gloria a la Soberana Reina de los ngeles, Madre singularsima del Carmelo, por haber adornado con esta corona ms su esclarecida familia.

Y aunque hayamos de discurrir por la visita de los Lugares Santos omitiendo por la mayor parte lo que pertenece a descripcin segn lo prometido, me ha parecido, con todo ello, hacer una breve del Santo Monte Carmelo, ya porque de algn modo pertenece a la historia del viaje de nuestro Hermano, y ya principalmente por ser el solar feliz de su Religin antiqusima del Carmen, por quien consigui y conserva este nombre tan glorioso en la Iglesia.

Es, pues, el Carmelo un monte en Palestina, elevado entre los fines de Fenicia, Galilea y Samaria, a la parte septentrional del mar Mediterrneo, distinto del todo y separado de otros montes; pero a los ms vecinos sobrepuja su eminencia, descollndose entre cuantos se alcanzan con la vista: no se cie fcilmente, puesto que es su circunferencia casi de cuarenta millas, en cuyos senos se incluyen diversos valles y collados, diferentes riscos y elevaciones; pero lo ms excelso y encumbrado es hacia la parte septentrional, y es lo que comnmente se llama el Promontorio del Carmelo, con lo cual pretende competir en altura (aunque no alcanza) lo que mira del mismo Monte hacia el Oriente; mas por la parte meridional y occidental se humilla mucho ms y es lo ms bajo: es, pues, todo el Monte, por la mayor parte, feraz de arbustos y de plantas, como de olivas y laureles en sus faldas, de pinos y de encinas por las cumbres; todo l es ameno, todo verde y fragante todo, por la indecible variedad de hierbas, de rosas y de flores, cuya vistosa hermosura y apacible temperatura no se causa poco de los abundantes regados, por ser muchas y caudalosas las fuentes que all nacen, los arroyos que discurren por los sitios, las aguas cristalinas que de las eminencias se despean, hasta llegar a disponer una estancia (entre otras muchas) tan extendida en amenidades, en prados, en bosques, y de collados tan vistosos, que viene a componer otro paraso de deleites, siendo este sitio el que se cree llamarse en las Divinas letras Saltus Carmeli o Bosque del Carmelo. Dista, pues, este celebrado Monte: de Jerusaln, como sesenta millas; del mar de Galilea y del Jordn, por consiguiente, no ms que veintiocho; del Tabor, diez y seis, y dos leguas solamente de la insigne ciudad de Nazaret; que sta, Cesarea de Palestina, Castillo de los Peregrinos y San Juan de Acre, Caife, y el mismo mar Mediterrneo, son los trminos y fines de aquel Monte: Monte excelso, famoso y celebrado, no tanto por lo dicho, cuanto por haber sido la Casa Solariega de la Religin del Carmen; con tan sagradas circunstancias que, elevndose hasta el Cielo, pas a ser Monte Santo; es sin duda uno de los lugares que llaman de la Tierra Santa, y segn su situacin el principio de toda ella, y todo incluso en la tierra feliz de Promisin. Dije que el Monte Carmelo es principio de la Tierra Santa, porque la entrada ms frecuente es el puerto clebre de la ciudad de Accon, sita casi a la falda de aquel Monte, a la cual despus el Rey de Egipto la puso por nombre Tolemayda, y despus los insignes Caballeros de Rodas la nombraron San Juan de Acre, con el nombre de su gran Patrn, o Cayfe, que est ms prximo.

Aquel, pues, Monte Santo del Carmelo, fue el que escogi, con impulso soberano, el gran Profeta Elas para asiento suyo, en donde elevndose a s sobre s mismo, introdujo con su ejemplo entre los hombres un modo de vivir de ngeles, ms espiritual que corpreo, ms divino que humano; siendo tan poderoso en el caudal de espritu, que pudo dejarle doblado a su discpulo Elseo, no slo para ste, sino tambin para sus sucesores los Religiosos Carmelitas, que habiendo de durar, segn revelacin divina aprobada por la Iglesia hecha a San Pedro Toms, hasta el fin del mundo, se haban de multiplicar con el mismo espritu de Elas, ms que los astros del cielo, al modo que en nuestro Venerable Hermano, cuya vida fue tal, que bastara para ejemplo de tan dichosa sucesin.

Todo lo dicho considerara Fray Francisco cuando se determin a empezar su visita por el Monte Carmelo, aunque le cost algunas leguas de rodeo, respecto de haber desembarcado en Jaffa, porque quiso empezar con aquella devocin de su espritu por el mismo Monte por donde haba empezado el espritu de su devocin y la vida de su espritu.

Mas para poder hacer juicio de los Lugares Santos de aquel Monte famoso, que visit y vener nuestro Hermano, y que de nuevo ilustr con su presencia, me ha parecido conveniente hacer otra descripcin, con la brevedad posible, de lo sagrado que contiene, pues aun ms conduce para nuestro intento que la que hicimos de lo natural del Monte.

En aquel valle, pues, el ms ameno, que se llama, como dijimos, el Bosque del Carmelo, se hallan veinticuatro cavernas, doce por banda, dispuestas a modo de capillas de iglesia con igualdad y continuadas, y en el medio una mayor, que sirve como de coro, en cuyas ruinas se renueva la memoria y devocin de aquellos antiguos Padres del Carmelo que, dados del todo a la contemplacin divina y a las alabanzas del Seor, vivan muertos para el mundo y como sepultados en aquellas cuevas para resucitar ms gloriosos con Cristo.

A la falda oriental del Monte se ve una fuente hermosa en un sitio que llaman los rabes Mocata, que quiere decir lugar de Occisin, porque fue en el que Elas, lleno de celo santo de Dios, hizo degollar los cuatrocientos cincuenta profetas falsos de Baal, que tenan engaado al pueblo de Dios y reducido a la idolatra, inicua adoracin del demonio en aquel falssimo dios.

Una milla del Promontorio a la parte meridional, inclinando hacia el Occidente, est la famosa y celebradsima fuente de Elas, la cual baja a un valle hermoso por dos canales, las cuales se reciben vistosamente en una taza grande formada en la misma piedra viva; en esta fuente y sitio hizo alto Fray Francisco con la consideracin, reconociendo en aquellas aguas cristalinas las purezas que dimanaron de aquel Monte para su Religin santa y para toda la Iglesia por los dos conductos de los Profetas Elas y Elseo, siendo origen y principio aquella nubecita fecunda que vio el primero, smbolo de Mara Santsima como Madre natural de Dios y adoptiva de sus sucesores en el grado de excelencia que cabe en semejante maternidad, para que puedan llamarse hijos especialsimos de Mara Santsima. Esto consideraba nuestro Hermano cuando, ansioso de renovar su espritu lavndole ms y ms en aquellas aguas de pureza, entr en ellas la Cruz y la ba muy bien, y con eso bast, porque todo su espritu le tena en la Cruz y en ella estaba todo l crucificado.

En la otra banda del valle, a doscientos pasos, en un sitio que hace eminencia a la fuente de Elas, se ven ahora las ruinas de otro convento de Carmelitas que haban edificado San Alberto, Patriarca de Jerusaln, y San Brocardo, Prior General del Monte Carmelo, del cual slo ha quedado una sala y un oratorio, y all otra fuente, que sera del mismo convento y Fray Francisco la mirara como fuente perenne de lgrimas tristes, por verse desamparado y reducido a ruinas muertas el que fue en otros tiempos custodia de Santos vivos.

Ms arriba se extiende un campo que se hizo memorable por un milagro de Elas, y fue que preguntando el Profeta a un hombre qu llevaba, le respondi que piedras; a que replic diciendo: sean piedras en buena hora; y as sucedi de improviso milagrosamente, porque lo que el hombre llevaba eran melones, y para prevenir que el santo no le pudiese pedir alguno, minti diciendo que eran piedras, y piedras se quedaron para siempre en forma de melones, a modo de cristal transparentes. Y lo que es digno de mayor admiracin, que hasta el da de hoy est todo aquel campo lleno de aquellos melones de piedra, para perpetua memoria de la mentira e impiedad de aquel hombre; el curioso que quisiere verlos, vaya al convento de los Padres Carmelitas Descalzos de Madrid, que all hay uno de ellos: aqu admirara Fray Francisco lo maravilloso de Dios en sus Santos, pues aun en las cosas menores los asiste con toda su Omnipotencia; y admrenla tambin los duros de corazn con los pobres, que por su amor y voluntariamente se han puesto en estado de necesitar de todos.

En el sitio que dijimos del convento de San Brocardo hay tradicin que haba ms de mil cavernas, habitadas todas de religiosos Carmelitas, a los cuales redujo a mejor forma de vida y regla aquel Santo, la cual le dio el dicho Patriarca de Jerusaln, San Alberto, habitador tambin del Carmelo, que es la misma que profesan hoy todos los Religiosos del Carmen, como consta claramente de su ttulo y del ltimo captulo de ella misma.

-Aqu- deca Fray Francisco- recibieron los antiguos Padres de mi Religin la misma Regla que yo profeso; aqullos eran tan Santos, que el mundo no era digno de ellos; y yo soy tan gran pecador, que soy indigno de vivir en el mundo; aqullos conservaban el espritu de mi Padre Elas, yo le destruyo con mi mala vida; aqullos con mucha razn se llamaban sus hijos y traan su Hbito Sagrado, pero yo nada de esto merezco; pero pues me hallo yo con las mismas obligaciones que aqullos, har cuanto pueda, con la gracia de Dios, para cumplir con ellas e imitarlos. Ea, Dios mo, ayudadme, que tan grande y tan bueno sois ahora como entonces.

Pasando a la parte occidental, cinco millas de la Fuente de Elas, en un valle escondido entre los escollos, duran hoy 400 cavernas, con sus ventanas cada una, cavadas en la misma piedra viva y cada una con su fuente; delicias propias y disposiciones de Santos contemplativos en que Fray Francisco hallaba nuevos motivos para imitarlos entonces, fijando su mente en el Seor, que as sabe y puede elevar a los hombres a vivir sobre la tierra de su mismo ser, y aun estando en ella corporalmente, hacerlos, segn el espritu, habitadores del Cielo.

En la eminencia del monte, hacia el Poniente, se ven las ruinas de un convento clebre que fund el Cardenal Eimerico; duraba en tiempos de San Luis, Rey de Francia, el cual se aficion tanto a la santa conversacin y modo admirable de vida de aquellos Religiosos, con quien trat devotsimamente, que se llev algunos consigo a Francia para establecer en su reino aquel modo de observancia; que como era Rey santo, saba muy bien que la basa sobre que se conservan y aumentan las monarquas, segn los fines de Dios, es la santidad y religin, porque el fin de los fines de todos los reinos y seoros no es otro que el que haya hombres que se salven. Qu altamente considerara esto el que ofreci tantos trabajos y consagr toda su vida a este intento, como era nuestro Hermano, que iluminado especialmente con las luces de la Fe alcanzaba a conocer bien que el misterio de la providencia especial de Dios todo consiste en disponer medios para que haya criaturas que le gocen!

Volviendo en contorno del Promontorio hacia Levante, se conservan vestigios del templo primero de todos los de mundo que se erigi, dedic y consagr a honra y gloria de la Madre de Dios, aun viviendo esta Divina Seora, que fue siete aos despus de la Ascensin del Seor, la cual fue fundacin de los Carmelitas, como se dice expresamente en las lecciones del Oficio de Nuestra Seora del Carmen su da 16 de julio, siendo el principal fundador San Agabo, Profeta, que fue discpulo de los Santos Apstoles. Oh, qu dulce sera esta memoria para quien deseaba ser verdadero hijo de Mara y tanto se preciaba del Santo Hbito que tanto acredita de esto y de descendiente y heredero del espritu de aquellos Santos Padres del Carmelo!; el cual viva fervoroso en nuestro Fray Francisco, parecindole que por esto mismo estaba en precisa obligacin de imitar continuamente a aquellos Religiosos bienaventurados de su misma profesin, pues fueron los primeros del mundo que se juntaban en aquella iglesia santa a cantar himnos y alabanzas a su Madre, siendo as los maestros que empezaron a ensear en la Iglesia con su ejemplo a dar cultos y veneraciones a la Madre de Dios.

Pero prosiguendo con la descripcin de estos lugares, digo que haca lo ms alto del Monte, a la banda del Oriente, se descubre una campaa que los arbigos llaman Kobar, que quiere decir sacrificio, porque fue el lugar de aquel sacrificio celebrrimo de Elas que hizo en presencia del Rey Acab, a contraposicin de los Profetas falsos de Baal, concluyndolos de tales a vista de todo el pueblo y estableciendo la Fe del verdadero Dios; el cual, para crdito perpetuo de su Ley y del celo santo del Profeta, envi fuego del Cielo visiblemente que consumi el sacrificio del altar, las piedras y el acueducto, obligando a que todos alzasen la voz, diciendo: Viva el Dios de Israel! Por cuya causa hasta el da de hoy los judos visitan este lugar con especial veneracin y se hace eterna la memoria de este caso con 12 piedras que el mismo Elas coloc all por su mano para este intento y hoy perseveran en el mismo sitio, en algunas de las cuales se reconocen algunos caracteres hebreos.

Quin puede dudar que, al reconocer este lugar Fray Francisco, se inflamara de nuevo con el celo de su Profeta Celador, y que en adelante aquellas voces ordinarias suyas de viva la Fe de Cristo y ensalzada sea la santa Fe catlica!, seran ecos de las que daba aquel pueblo siguiendo las de su gran Padre?

Antes de llegar a lo ms eminente del Monte, ser justo hacer memoria de la habitacin del profeta Elseo, inmediato heredero del espritu doblado de su Maestro, y de su capa milagrosa (hoy se conserva esta capa en el Sagrario de Oviedo). Es aquella habitacin una gruta que consta de dos piezas: la una mayor, en la cual hay un altar, y en otra menor, un pozo; siendo tradicin que moraba en ella el Profeta en la ocasin que vino a visitarle Naamn Siro para que le sanase de la lepra que padeca; y siendo esta enfermedad smbolo el ms significativo del pecado, luego se le ofrecera a Fray Francisco su antigua lepra, que era el mal que ms le afliga y del que procuraba sanar con veras de su alma; y si la salud haba de consistir en lavarse en el Jordn, no le hacan falta esta agua, cuando a todas horas se baaba en lgrimas de su corazn; y aunque de sta pudiera presumir que ya estaba limpio, nunca se poda asegurar, acordndose de la sentencia temerosa de San Pablo: Quin sabe si es digno de amor o aborrecimiento, cuando los juicios de Dios, de que tema David, distan de los juicios nuestros ms que dista el Cielo de la tierra? Por lo cual, lleno de aquel temor santo, prorrumpira de lo ntimo de su corazn en mil suspiros, diciendo: 0h Padre mo Elseo, yo estoy ms leproso que Naamn; ruega por mi salud a nuestro Dios para que yo sane con ms ventajas que aqul!

Llegando ya a lo ms alto del Monte, que es el Promontorio dicho del Carmelo, se halla la cueva, gruta o caverna de San Elas, porque fue su habitacin ordinaria. Es toda cavada en el escollo mismo, y tiene de largo como veinte pasos, y quince de ancho; es lugar de la mayor veneracin y tenido por el ms santo del Monte, y vulgarmente se llama el Kader, que quiere decir verde o florida, porque aquel sitio lo est siempre sin sentir las destemplanzas del tiempo, y no dejan a los cristianos visitarla si no es pagando alguna moneda a los mahometanos que la poseen. All hubo una iglesia, dedicada a la Virgen Mara, que se erigi el ao de 83 del nacimiento de su Hijo, por los Religiosos Carmelitas que habitaban aquella cueva, la cual fue edificada en veneracin de aquel lugar, por ser perpetua tradicin que el mismo Hijo de Dios le consagr con su presencia, juntamente con su Madre Santsima, visitndole muchas veces; lo cual se hace fcilmente creble, ya porque Nazaret de Galilea, ciudad de aquella divina Seora, tiene su situacin casi a la falda del Carmelo, en donde vivi muchos aos con su esposo San Jos y con su Hijo Dios, ya por lo que dice la Iglesia en las Lecciones del Oficio de Nuestra Seora del Carmen, que los Carmelitas tuvieron la felicidad de gozar de la familiaridad y coloquios de la Reina de los ngeles.

Dentro de aquella misma cueva de Elas hay otra menor, como de seis pasos de largo, y all se venera hoy una Imagen de Nuestra Seora, con su Altar y lmpara, que arde siempre, en memoria tambin de que Su Majestad estuvo all muchas veces con su madre Santa Ana y San Joaqun, porque la casa de campo de este gran Patriarca vena a estar dentro del mismo Monte; y si es digno de crdito San Juan Damasceno, l afirma expresamente que Mara Santsima naci en la casa de campo de Joaqun, y, por consiguiente, que el mismo Monte Carmelo fue el oriente de aquel Sol, y de esto puede ser profeca, entre otras cosas, la que tuvo Elas de Mara Santsima en el smbolo de aquella nubecita que vio sobre el Carmelo como vestigio de hombre, en quien hall idea y tom forma de pureza y Religin para s y para todos los que siguiesen su espritu e instituto, siendo aquel sitio florido del Kader en el que tuvo visin tan misteriosa y celebrada de los Santos Padres y de la misma Iglesia nuestra Madre.

Pero al verse Fray Francisco en aquel sitio Qu consideraciones no tendra! Qu afectos no se moveran en su corazn! Qu conceptos no se formaran en un entendimiento tan ilustrado de Dios! All quisiera quedarse eternamente, a no parecerle que fuera todo gozar, y no se compona bien con su nimo, que era todo de padecer. Mil veces besara aquella tierra, tan dichosa por haberse visto hospicio del que no cabe en el Cielo; por haber sido trono, en algn tiempo, de la que le tiene eterno de los ms excelentes Querubines. All tocaba su Cruz una y muchas veces, y quisiera traerse en ella toda la virtud del Monte, si se puede aadir virtud sobre la virtud de la misma Cruz; all explicaba, con dulces lgrimas, las dulzuras de que gozaba su alma, y con las mismas lgrimas significaba el dolor de haberse de apartar de aquel lugar de deleites, y mucho ms de verle en poder de los mayores enemigos de la Iglesia y de la Fe. -Justo eres, Seor (dira); pero justo ser lo que te diga: por qu permites que los caminos de los impos mahometanos se prosperen en estas partes en que se abrieron los caminos para el Cielo? Por qu ha de ser Jerusaln de un turco, y de un brbaro el Carmelo? Y por qu todos los Santos Lugares se han de hallar tan profanados de inicuas gentes y naciones? Si esto es por nuestros grandes pecados, y ms por los mos, volvamos al dolor y penitencia. Penitencia; que este era el pregn ordinario de nuestro Hermano por cuantas partes pasaba, especialmente a la vuelta de su dichoso viaje.

Llevle al fin a su convento el V. P. Fray Prspero, el cual se intitula Santa Teresa y su situacin es algo ms abajo del Promontorio, y todo l, en suma, es una gruta, en donde los Padres Carmelitas Descalzos han formado cuatro celdicas con un Oratorio en medio de ellas, un Refectorio pequeito, una cocinilla y horno, donde viven y perseveran, conservando cada uno en s el espritu de su Madre Santa Teresa, que es el mismo de su Padre Elas aunque slo parece faltaba el nombre de aquella gran Virgen para los lustres cabales de aquel Monte.

Con qu caridad trataron aquellos santos Religiosos a Fray Francisco! Cmo le asistan y consolaban, especialmente el P. Fray Prspero, no es decible; pero tampoco lo es el agradecimiento justo de nuestro Hermano, como l mismo lo significa en una carta que escribi a Roma desde Leche, ciudad insigne en la Pulla, Provincia del Reino de Npoles. Pagaba, pues, Fray Francisco, con amor recproco, en oraciones lo que no poda de otro modo; que a la verdad debi mucho, porque sin la asistencia de aquellos Religiosos (segn lo humano) no hubiera podido cumplir con su devocin de visitar aquellos Santos Lugares; pero qu otra cosa se poda esperar de los que miraban a Fray Francisco como Hermano suyo del alma, pues lo eran, segn el espritu, la profesin y el Hbito?

Esta unin de amor en Dios la explic el Santo Fray Prspero no queriendo apartarse de nuestro Hermano en toda la visita de los Santos Lugares, para asistirle de todos los modos posibles, pues lo hizo con su intercesin, con sus Religiosos, con su convento, con sus oraciones, con dinero y con su misma persona, para lo cual se determin a acompaar a Fray Francisco, sin perderle de vista hasta concluir con su visita, volver al Monte Carmelo y, finalmente, hasta que volvi a embarcarse para Europa.

Concedile, pues, el Seor a Fray Francisco con la compaa y comunicacin del P. Prspero todo el consuelo humano que pudo adelantar la imaginacin, y el divino que sabe dar su bondad, porque se participaron los incansables alientos que cada uno tena de caminar a la perfeccin, gastando todo el tiempo que podan en divinos coloquios y fervorosas consideraciones.

Bajaron, pues, los dos del Monte, empezando su visita, y tomaron lo primero el camino para la Santa Ciudad de Jerusaln, y el P. Fray Prspero solicit el pasaje en las correras que en l hay de rabes, porque a unos conoca y a otros daba algn socorro; con que caminaron sin recibir molestia, hasta que llegando a un alto desde donde se descubra parte de la Ciudad Santa, el P. Prspero, arrojando suspiros de su corazn, que daban bien a entender los incendios que dentro se ocultaban, se volvi a Fray Francisco y le dijo: -Esta es Jerusaln; la misma tierra es, el mismo cielo; slo nosotros no somos los mismos cuando ms lo debamos ser, porque siempre somos peores. Aqu, si al Seor de la vida hubieran conocido, no le hubieran crucificado; y nosotros, conocindole, le crucificamos cada da con nuestras culpas. Esta es Jerusaln, de donde tom nombre la Celestial, como si hubiera dudado cul era ms Cielo. Esa tierra es donde padeci un Hombre-Dios, y ese cielo es donde padeci el Sol de verle padecer. Esa tierra es la que arroj de sus sepulcros los muertos para que sintiesen lo que no sentan los vivos. Y ese cielo es el que se cubri el rostro por no ver la mayor ingratitud en el mayor beneficio; y as, dispongamos nuestras almas en la mejor forma que nos sea posible, viendo que entramos a pisar Tierra Santa y consagrada. A lo cual nuestro Hermano, entre sollozos y lgrimas, le respondi: -Padre y seor mo, mi espritu no se levanta del suelo por el gran peso que le hace en m la parte de barro de que est asido. Bien conozco, con la luz que da la Divina gracia, que el lugar donde pretendemos entrar es Santo y que para haber de llegar a l hemos de apartar primero de nosotros todos los afectos de los sentidos. Bien conozco que esta ciudad fue teatro funesto de la mayor tragedia, y que en ella aquel Seor en cuya presencia tiemblan los espritus ms levantados y se estremecen las columnas del firmamento, entreg su Hijo por redimir su esclavo.

Bien conozco que en esta misma entrega, en esta misma ciudad fue desamparado el Divino Hijo hecho Hombre, permitiendo que le llegase la hora de los ingratos y la potestad de las tinieblas, tanto, que se quej a su Padre Dios de que vea su muerte, y de que con ella se extingua la sed insaciable con que padeca su amor y de que mora sin que su pueblo le creyese. Bien conozco que justamente aqu se turbaron los elementos, y se pasmaron los Cielos al ver que no poda errar el Hijo en la queja, ni poda errar el Padre en el desamparo. Bien conozco que fue tal y tanta la grandeza del Redentor, que por lograr su redencin copiosa hizo feliz la culpa. Bien conozco que a vista de esta tierra y de este cielo, frenticos los hombres se enfurecieron contra el Mdico que les vena a sanar, y que cuanto en l fue nos libert del contagio total y suficientemente, y que si hoy no logramos esta absoluta libertad es por no guardar sus preceptos y por no recibir dignamente la virtud de sus Sacramentos. Y as, pues, el Reino de los Cielos padece fuerza y permite ser arrebatado violentamente; yo vengo a procurar conquistarle con la humildad que me ense el que abri el camino para la conquista, Cristo Jess, mi Maestro, y con esta Cruz, instrumento de guerra, en la que padeci tan cruel y sangrienta para que yo consiguiese la victoria por ella; y as, Padre mo, a Jerusaln, a imitar los Sagrados pasos de quien fue nuestro ejemplo.

 

 

 

 

 

 

CAPTULO XVIII

 

En que entra en Jerusaln, y en compaa del Padre Prspero empieza sus Estaciones.

 

Bajaron los Siervos de Dios alternando el Te Deum Laudamus, y entraron por la puerta de Damasco, que est sola destinada para el ingreso de los peregrinos, y habiendo sido registrados y pagado el acostumbrado tributo el Padre Prspero por s y por su compaero, lo cual fue tanto en esta Aduana como en las dems; limosna en esta ocasin de muchas calidades, aunque la mayor fue venir en su compaa, porque le sirvi de gua y de explicacin de los Santos Lugares, por haberlos l frecuentado otras veces. Empezaron por la visita de la casa de Santa Ana, cuyo principio le fue muy agradable a nuestro Hermano, pues para el convento, con ttulo de esta misma Santa fue su vocacin. De all pasaron a la de Simn Fariseo, en donde Nuestro Redentor concedi indulgencia plenaria a la Magdalena de sus pecados, que tambin alegoriz a su modo, porque, a su vocacin, esperaba en la Divina Majestad se haba de seguir la remisin de sus culpas. Desde all pasaron a la casa de Pilatos, que aun hoy conserva su grandeza y no se deja visitar de peregrinos, porque es habitacin de los Virreyes. Aqu empezaron con tiernos sentimientos a meditar estos Sagrados Misterios, viendo maniatado el poder de Dios; preguntado y juzgado el que tiene su potestad para ser Juez de vivos y muertos; coronado de espinas el que es Rey perpetuo y verdadero; azotado y desfigurado el espejo sin mancha y resplandor de la luz eterna, y con Cruz a cuestas el que tena por la ms pesada la representacin de los que no se haban de aprovechar de ella.

Dile noticia el P. Prspero como desde lo alto de la casa de Pilatos se vean las ruinas del Templo de Salomn, reedificado muchas veces y tantas destruido, adonde no se permite llegar a los cristianos. Siguiendo sus estaciones llegaron al palacio de Herodes, en donde se burlaron del Redentor, tratndole como a loco, cuando no caban en humano ni anglico entendimiento las finezas que estaba haciendo por los mismos que as le injuriaban; cerca de este sitio adoraron el lugar desde donde fue mostrado al pueblo, coronado de espinas, azotado y vestido de prpura, cuando Pilatos dijo: Ecce Homo, como que ganaba grandsimos aplausos llamndole hombre por desdoro, siendo as que porque se hizo hombre se remedi el hombre.

Desde all pasaron al lugar que llaman el Pasmo de la Virgen, dicho as porque, llevndole a crucificar, le sali al encuentro y le vio tan desfigurado, que no era su rostro ni su hermosura la que traa; donde consideraron la fuerza de los tormentos, pues en tan pocas horas hicieron lo que aun no suele acontecer en tiempo ms dilatado; y que si al primer hombre, despus de causada su ruina y la nuestra, parece que no le conoca el mismo que le hizo, y preguntado por l, daba a entender lo desfigurado que estaba, al que le vino a remediar sucedi lo propio, para que, por los mismos trminos que se caus el mal, se consiguiese tan perfectamente el reparo. Tambin consideraron los intensos dolores de aquella Santsima Seora, que en cualquier mujer fueran de muerte, por razn de madre, y en ella, por la de saber con tan cierto conocimiento quin era el que padeca y por quin padeca, no lo fueron, porque el morir era alivio a su pena en ocasin de tal pasmo, que ms propiamente fue admiracin indecible de lo que vea y conoca en su Santsimo Hijo.

Advirtase que en las distancias de unas Estaciones a otras siempre iban oyendo baldones y afrentas, as de turcos como de indios, y en algunas los muchachos les tiraban piedras; y tambin que no las seguan consecutivamente, como cuando se visitan las Vas Sacras que hay en Espaa y en otras muchas partes de la Cristiandad, sino que iban por la ciudad adorando los lugares en que se obraron diferentes misterios de la Pasin de Nuestro Seor Jesucristo, hasta llegar al Monte Calvario y Santo Sepulcro, reservando para otros das la visita de otros Santos Lugares dentro y fuera de Jerusaln. Lleg la ocasin de ver en una calle una piedra grande; y preguntndole al Padre Prspero si en ella haba alguna significacin, le respondi que all haba padecido el glorioso Protomrtir San Esteban, y all haba perdonado a sus enemigos y visto los Cielos abiertos, que parece es consecuencia uno de otro; la cual, al tiempo del martirio del Santo, estaba fuera de la ciudad, y ahora con la nueva reedificacin qued dentro de ella, sucediendo lo mismo al Monte Calvario y Santo Sepulcro. Fray Francisco se inclin a besar la piedra al tiempo que pasaba un Rabino de la sinagoga de Jerusaln, que hizo tanto sentimiento de ver aquella religiosa y devota demostracin, que alzando una piedra le dio con ella al Siervo de Dios tan recio golpe en lo alto de la espalda del lado derecho, que pasando por encima de la cabeza le caus gran sentimiento, y tambin se hiri algo el rostro en la piedra del Santo, con el natural movimiento. Los efectos que resultaron de la vehemencia del dolor fueron quedarse un breve rato en oracin, el rostro sobre la misma piedra, y levantarse de all y seguir al Rabino que le hizo el agravio y decirle estas palabras: -Por el bien que me has hecho en Nuestro Seor Jesucristo, que te ha de conceder la dicha de que entres en el gremio de su Iglesia. A que respondi el Rabino en idioma toscano, fcilmente inteligible: -Hombre, djame, que me has herido en el alma: qu Iglesia es esta que tiene hijos que saben perdonar injurias? Yo, siempre que pasaba por esta piedra, me rea de las memorias que celebris de vuestro Esteban, creyendo por fbula lo que rezis de l, que perdon a los que le apedreaban; y lo que nunca he credo, ahora he experimentado: qu Iglesia es esta, que aun despus de tantos aos tiene quien con Cruz a cuestas sabe imitar a su Maestro? Y quin perdonando a su enemigo, accin que sobrepuja las fuerzas humanas, y que no teniendo su fundamento ni en la poltica ni en la naturaleza, siga tan costosos ejemplares, pretendiendo que trae su origen del mismo Dios? Vuelvo a decirte, hombre, que me has herido en el alma; yo te buscar antes que te partas de esta ciudad. Fuese el indio, y el Padre Prspero dijo a Fray Francisco que se tena por muy dichoso en haberle venido acompaando, por haber visto suceso tan extraordinario, que esperaba en Dios que haba de resultar de l alguna grande gloria suya que prosiguiesen su camino al Monte Calvario y Santo Sepulcro; nuestro Hermano le dijo que era tan vehemente el dolor que tena del sentimiento de la piedra, que apenas poda caminar. Entonces, llegando la mano el Padre Prspero a la parte del golpe, reconoci que se le haba hecho un tumor grande, y le consol, diciendo que diese repetidas gracias a Nuestro Seor, pues le conceda una tan grande misericordia como que anduviese aquellos Sagrados Lugares con dolores y afrentas.

Este tumor, como no haba entonces modo de hacerle algn remedio, se le qued permanente en la proporcin misma que cuando se hizo, y le dur hasta que fue a la sepultura.

Volviendo a sus Estaciones, llegaron adonde cay el Salvador llevando la Cruz a cuestas, aqu Fray Francisco se hinc de rodillas, pidiendo a su compaero se detuviesen algo; y ponderando este paso, que era en el que su corazn se encenda ms fervorosamente, alumbrado con luz celestial, dijo:

 

 

 

CAPTULO XIX

 

En que prosigue esta materia, con la visita del Monte Calvario y Santo Sepulcro.

 

-Seor, esta Cruz, representacin de aquella con que en este mismo sitio casteis, os pongo por intercesora, para que me permitis (no atendiendo a mis indignidades) ponderar y pedir que esta Sangre precio-ssima que aqu derramasteis venga sobre mi corazn, ms duro que el diamante, y le labre y justifique, para que, incorporado y enternecido con ella, sin malbaratar su virtud, siga vuestras sagradas huellas y las medite con aprovechamiento.

Seor, aqu dos ladrones, justamente condenados, no llevan Cruz por menos pena y Vos la llevis, habiendo sido declarado por el mismo Juez por inocente; Vos, desnudado de las vestiduras que os puso la irrisin y vuelto a poner las vuestras, vens a este lugar, para que no se equivocase nadie de que erais Vos y fuese la satisfaccin del mundo la reprobacin de este pueblo, cuando irreverente, sobre atrevido, no quiso arriesgar lo cierto de la ofensa en las dudas de la persona: concededme que, desnudo yo de las que me puso la culpa, me vista de verdadera mansedumbre, paciencia, humildad, misericordia y caridad, que son vestiduras vuestras.

Vos aqu arrodillado con el peso de mis culpas, para que yo me pudiese levantar sin ellas; Vos quitada la Cruz aqu con sacrlega humanidad, para que no se frustrase el que despus dieseis la vida en ella, y tambin con misteriosa, para que quitada de esos divinos hombros se repartiese entre vuestros fieles y os pudisemos seguir llevndola: suplcoos, Seor, que la Cruz que con tanta piedad me habis cortado a mi medida sea ms pesada, para que yo caiga con ella, y con imitaros pueda gozar los frutos de vuestra cada.

Concededme, Seor, que sea el extranjero Cirineo a quien la carguen, cuando los discpulos no la reciban de cobarda y los gentiles no la quieran, por mirarla como afrenta, y los indios la aborrezcan como a maldita, pues yo la adoro por honra, por dicha y por consagrada, y espero en Vos que, siguiendo estos pasos que disteis a la muerte temporal, me habis de guiar a la vida eterna.

Hecha esta humilde peticin con toda reverencia, procedieron a la visita del Monte Calvario y Santo Sepulcro, y habiendo pasado por la casa del rico avariento, por la de la mujer Vernica, por la Puerta judiciaria y crcel de San Pedro, reverenciaron el Santo Cenculo, y el P. Prspero dijo a Fray Francisco: -Qu corazn devoto, agradecido y cristiano puede pasar adelante sin detenerse, primero a contemplar que aqu, despus de haber el Seor lavado los pies a los Discpulos, instituy el Santsimo Sacramento del Altar, para ensearnos con la limpieza que se ha de llegar a l, por ser el mismo Cristo con presencia corporal y perpetua, y por ser la mayor ofrenda que se pueda hacer a Dios, en que se declara su amor, pues cuando los hombres le quitaban la vida, l institua un Sacramento para drsela y para quedarse con ellos, haciendo alarde en su institucin de sus grandezas, especialmente de su infinita sabidura, omnipotencia, liberalidad, bondad y caridad, como obra que fue de sus manos, en que nos da la mejor que tiene, y esto al tiempo de morir, pudiendo ser despus de resucitado, para que conocisemos a quin apartbamos de nosotros y quin era el que parece que no acertaba a dejarnos, y para que se consiguiese nuestra edificacin se comulg primero a s, ensendonos con el ejemplo, y luego con el precepto, queriendo quedar invisiblemente debajo de accidentes visibles para que ejercitsemos nuestra fe?

Llegaron al convento de San Salvador, que es de Religiosos Franciscos, aguardando a que fuese ocasin de entrar, y despus de pagada la tasada distribucin que tienen impuesta los turcos entraron, siendo recibidos en procesin, causando en ella particular edificacin Fray Francisco, maravillndose todos los Religiosos de aquel gran espectculo de penitencia, y de ver una accin tan del esfuerzo cristiano y tan sin ejemplar, y en tanta edad y con tanta carga de cabellos, persuadindose a que la asista con particular manutencin el brazo poderoso de Dios, por altsimos fines suyos. Hechas las piadosas y edificativas ceremonias que aquellos hijos del Serafn Francisco acostumbran, y tratados con alguna prudente deferencia los dos Religiosos peregrinos; y despus de haber comulgado todos de mano del Padre Guardin, como es costumbre, lleg el dichoso deseado da de poner nuestro Siervo de Dios la Cruz que traa en el mismo venerable y santificado hueco donde para salud del mundo estuvo arbolada la de Nuestro Seor Jesucristo; fue da en aquel religiossimo convento de grande y extraordinaria solemnidad, porque asisti toda la Comunidad procesionalmente a acompaar a Fray Francisco a llevar la santa Cruz, el cual fue descalzo; y desde que vio el lugar consagrado con la Sangre de un Hombre Dios (all en el mismo), pasible y mortal, camin de rodillas, corriendo arroyos de lgrimas por el rostro y vestido; y habiendo llegado a l, entr todos cuatro extremos de su Cruz en el sagrado cncavo, y dejndola all (a ruegos suyos) la Comunidad, en compaa del P. Prspero, y estando colocada la Cruz por espacio de tres horas, en veneracin de otras tres que estuvo Cristo nuestro bien pendiente de la suya, y ellos postrados reverentemente de rodillas, en alta y fervorosa oracin: quin duda que en ella le contemplaran en esta o en otra ms significativa forma?

Este mismo sitio, desestimado del mundo, lugar de calaveras, de facinerosos, que sirvi de poner horror para estorbar delitos, eligi para s el que todo lo puede; misterio es de su Providencia, pues quiso, desde luego, ostentar el valor de su Sangre salpicando con ellas reliquias de delincuentes.

Aqu le dieron vino mirado, para que no sintiese, al que tiene por blasn ser varn de dolores; al que invent modos por padecer ms, permitiendo que le quitasen la Corona para quitarle las vestiduras, y se la volviesen a poner para hacerle as otras tantas heridas de nuevo; al que el pueblo hizo la mayor ofensa ofrecindole credulidad si dejaba de padecer; al que (cuando se dieron por vencido los cuatro crucificantes que les faltaban tormentos, habindole ya levantado en la Cruz), el amante de ms penas se hizo del nmero de los que le afligan, causndole las mayores (por ser sobre tantas) estribando en los clavos con el mismo peso de su Cuerpo.

Aqu aadieron hiel a la bebida, para que, atormentado tambin lo que se encubre a la vista, le faltase el consuelo de la compasin, dejando de lastimarse en lo que no vean sus amigos.

Aqu le clavaron las manos para que dejase de hacer mercedes: Oh ingratos! Oh incrdulos! Oh sacrlegos! Si pensaron que a Dios le poda faltar el dar; y para que se desengaasen que este es su oficio, fueron instrumento de las mayores, perdonndoles (aun con manos clavadas) lo mismo que hacan.

Aqu el Seor de las batallas dej el trono de su gloria por el de la Cruz, y peleando con las armas de las insignias de su Pasin, destruy el reino del pecado, poniendo en vergonzosa fuga al fuerte armado que le posea.

Aqu hizo el mayor favor que cabe en lo posible a los que se llegan por imitacin y amor, hacindoles que sean un espritu con el suyo y ste encomendndosele a su Padre en tan grande ocasin.

Aqu, habiendo muerto, inclinada la cabeza por obediencia, le abri una lanza la puerta del costado para que por los Sacramentos que se franquearon por ella entrsemos a la vida; y para que no faltase a este golpe sentimiento por ser ya difunto, le sustituy en su Madre, porque tambin fuese espiritualmente crucificada.

Despus de haber estado tres horas en adoracin de este Sacrosanto lugar (teniendo por todo este tiempo colocada la Cruz), se levantaron de su ardiente oracin, dando gracias al Redentor a vista del ms singular beneficio; y volvindola a poner sobre sus hombros nuestro Peregrino, caminaron a la visita del Santo Sepulcro.

 

 

 

CAPTULO XX

 

De la visita del Santo Sepulcro y otras, hasta llegar al Monte Carmelo y volverse Fray Francisco de la Cruz a embarcar para Italia.

 

 

Luego que llegaron a ver aquel depsito del mayor tesoro, hincados de rodillas, con indecibles consuelos de sus almas, para el particular de nuestro Hermano dijo el Padre Prspero: - Ea, valiente soldado de Cristo, fortsimo espaol, a quien quiso conceder lo que a otra ninguna gente: ya que has gustado parte de los dolores y contumelias de la Sagrada Pasin, te quiere el Seor hacer partcipe de las glorias del Sepulcro y Resurreccin; y pues habiendo recibido su Cuerpo consagrado somos tambin Sepulcros de Cristo a vista del suyo, dmosle gracias de los malos tratamientos que nos hacen estas naciones, de donde resulta su imitacin, pues a l no le perdonaron ni vivo ni difunto.

En esta Sagrada Urna le guardaron ungido todo de mirra, sellando su puerta por que no se le hurtasen, para que nosotros, que le hemos comulgado, sellemos nuestras almas con el recato de los sentidos, ungindolos tambin con mirra de mortificacin, por que no se nos ausente; y pues aqu se encerr con los despojos ganados para nosotros en la batalla de la Pasin, que son todas las virtudes, y de su difunto Cuerpo nunca se apart la divinidad, pidmosle que seamos de sus escogidos y nos las comunique. Consideremos el amor inmenso a los hombres de este Seor; pues mientras aqu su Cuerpo se fi de los pecadores, su alma se fue al depsito de los Santos Padres a buscar los justos; y mientras aqu les daba claridad al entendimiento, para que libres de culpas le consiguieran, en el Limbo, donde no las tenan, les daba lumbre de gloria para que desde luego le gozasen, aun antes de entrar en el Empreo.

Aqu entr con las almas santas, dando por bien empleados sus dolores, para que le acompaasen en su triunfo.

Aqu reuni la Sangre derramada, porque no mereca estar fuera de tal Cuerpo.

Aqu, dejando las seales de lo pasible, las transfigur en dotes de gloria; y pues los crditos de su Pasin estuvieron pendientes de su Resurreccin, veneremos este Santsimo Lugar como al seguro de nuestra Fe, que nos dice que si padecemos con Cristo seremos glorificados con l, y que no son condignas las pasiones de este mundo con la futura gloria, y esforcmonos a morir a l, para que nuestra vida se esconda en este Sepulcro con Cristo en Dios.

Significados con tiernos impulsos del corazn estos devotos sentimientos por el P. Prspero, Fray Francisco los esculpa en su memoria para valerse de ellos en sus retiros; y desde este sitio fueron prosiguiendo las Estaciones siguientes, haciendo en sus almas cada una (conforme la diferencia de Misterios) diversas impresiones.

La Capilla donde se apareci el Salvador a la Virgen Santsima, su Madre, el da de la Santsima Resurreccin.

El Altar del Santo Lignum Crucis.

La Columna en que fue amarrado y azotado en casa de Caifs.

El lugar donde Santa Elena hall las tres Cruces.

La crcel donde estuvo mientras se preparaban los instrumentos de la Pasin.

La Capilla de San Longinos, donde estuvo muchos aos la Santa Cruz.

La Capilla de la divisin de las Vestiduras.

La Capilla de Santa Elena.

La Capilla de la piedra del Improperio.

La Capilla del sitio donde fue enclavado en la Cruz.

La Capilla del sitio en que apareci el ngel a las Maras diciendo la Santa Resurreccin.

La abertura que hizo el Monte Calvario en la muerte de Cristo.

La piedra en que fue ungido para sepultarle.

El lugar donde apareci el Seor a Santa Mara Magdalena de Hortelano.

Y habiendo recibido testimonio autntico en toda forma de cmo haba visitado aquellos Santos Lugares y otros que contiene aquella Celestial Casa, con una Cruz grande a cuestas, con que lleg a ella, trayndola en peregrinacin, dado por el P. Fray Pedro de Montepelusio, Comisario Apostlico en las partes del Oriente, Custodio de Tierra Santa y Guardin del Monte Sin, su fecha en el convento de San Salvador de Jerusaln en 26 de agosto del ao 1644, en el cual se declararon todos los sitios Sagrados que hay dentro del convento, donde se reverencian diferentes Misterios, en que siempre iba tocando su Cruz nuestro Peregrino, y lo mismo hizo en todos los que estaban fuera de l.

Concluidas estas funciones, dejaron el convento, y en l sus almas; y al salir les estaba aguardando el Rabino de quien se ha hecho mencin, cumpliendo su palabra, el cual les dijo que haba resuelto embarcarse para la Cristiandad, con intento de volver a Liorna, donde haba estado algn tiempo con sus parientes, y que quera desde all no apartarse de su compaa mientras llevasen un viaje. Fray Francisco se alegr mucho, persuadido (aunque nunca declar el motivo) a su conversin.

Prosiguieron en sus visitas, acompandoles el Rabino, y caminaron al ro Jordn, en cuyas aguas bao la Cruz. Habiendo venerado el Valle de Josafat, Arroyo Cedrn, Huerto de Gethseman, Casa de Simn Leproso, Sepulcro de Lzaro, casas de Santa Mara Magdalena y Santa Marta; y por la Galilea, el sitio donde Nuestro Seor Jesucristo dio vista al ciego, el de Zaqueo, la ciudad de Jeric, monte de la Cuarentena, Ciudades abrasadas y mar Muerto.

Luego, volviendo a Jerusaln, tomaron el camino de Beln, veneraron la Sagrada Cueva donde naci el Hijo de Dios, el Santo Pesebre, el lugar de la Circuncisin, donde fue la vez primera que derram Sangre el Redentor; vieron el rbol llamado de Terebinto, dejando a los lados la villa del Mal Consejo, Casa de Simen, Sepulcro de Raquel, Camino de Hebrn, Cisterna de David, el lugar donde se escondi la Virgen mientras se prevena la ida a Egipto, la Casa de San Jos, la Villa de los Pastores, Pozo de la Virgen y el sitio donde se aparecieron los ngeles a los Pastores.

Desde Beln fueron a las montaas de Judea por el desierto de San Juan, vieron la Cueva en que habitaba, la Casa de Zacaras, el Lugar de Santa Isabel, que fue donde sali al encuentro a la Virgen, y donde esta Santsima Seora, Madre de Dios, compuso el cntico del Magnificat, y all vieron el lugar donde naci San Juan.

Despus caminaron a la ciudad de Nazaret, llegaron al lugar donde fue echado de menos el Nio Jess, y al Pozo de la Samaritana, y al lugar donde san el Seor a los leprosos, a la ciudad de Naum, donde resucit el hijo de la Viuda.

Entraron en Nazaret y en la Casa donde el ngel dio embajada y vivieron juntos Jess, Mara y Jos veintitrs aos, y en la Gruta donde esta Seora se retiraba a tener oracin.

Despus fueron al Monte Tabor, donde veneraron la gloriosa Transfiguracin, y al Mar de Galilea, donde San Pedro y San Andrs, San Juan y Santiago, fueron recibidos como Apstoles, y donde socorri a los Discpulos que naufragaban, y al mar de Genezareth, donde libr dos hombre maltratados del Demonio y donde culp a San Pedro de poca fe.

Vieron la ciudad de Cafarnaum, donde se obraron tantas maravillas y la Conversin de San Mateo, que fue la mayor; y, en fin, todos los Santos Lugares transmarinos, tocando su Cruz nuestro Siervo de Dios en cada uno, asombrndose el judo Rabino de su constancia y de la devocin de entrambos Religiosos; y aunque parece que su corazn se iba moviendo, nunca admiti pltica de nuestra Santa Fe Catlica hasta que por impulsos bien extraordinarios se persuadi a ella, y la abraz, y recibi como adelante se dir.

En esta conformidad todos tres tomaron la vuelta del Monte Carmelo, donde fueron muy bien recibidos por aquellos santos Religiosos, perseverando algunos das en aquel observantsimo convento, mientras se dispona su embarcacin, con singularsimo consuelo de su alma y de aquellos virtuosos Religiosos que observaban y admiraban la pureza e integridad de vida de nuestro Hermano.

Pero antes de salir del Monte me ha parecido participar a todos dos noticias, dignas de perpetua memoria: la una es que, conforme al estilo del Carmen, en comiendo la Comunidad se sale a la portera a dar de comer a los pobres, y no quiere Nuestro Seor que en convento donde con tanta puntualidad se cumplen sus institutos falte esta piadosa ceremonia; y as en comiendo sale el portero, y la comida que ha sobrado pone en el portal de afuera y toca una campanilla, y a la voz de ella vienen muchos animales que habitan aquel monte y comen lo que ha sobrado a los Religiosos, y despus de acabada la comida se estn quedos, y el portero da gracia por ellos, y en haciendo seal con un golpe en la mano, todos se van por el monte hasta otro da, y esto es sucesivamente todo el ao, lo cual supimos del mismo Fray Francisco.

Lo segundo que hemos de referir cede en honra y gloria de Dios y gran crdito de la Religin del Carmen, y es que hay tradicin perpetua en aquellas partes, la cual confiesan los mismos rabes, que en todos los tiempos que los Religiosos del Carmen habitaron aquel Santo Monte corra la Fuente Milagrosa de Elas, y luego que le desampararon por la persecucin de los rabes, y de los mahometanos (a cuyos rigores derramaron la sangre por Cristo innumerables mrtires en diferentes ocasiones), ces de correr la Fuente por todo el tiempo que faltaron los Religiosos; y habiendo vuelto otra vez, ha vuelto a correr con la misma abundancia que antes. Esto lo testifica Gabriel de Bremond, natural de Marsella, como testigo de vista, en clebre libro cuyo ttulo: Viaje hecho en el Egipto Superior e Inferior, en el Monte Sina, y los lugares ms famosos de aquella regin, en Jerusaln, etc., del cual hizo versin en italiano Jos Corvo y le dedic al Excmo. Seor D. Luis Odescalchi, Duque de Ceri y sobrino de nuestro Santsimo Padre Inocencio XI, que al presente gobierna la Iglesia felizmente; su impresin en Roma por Pablo Moneta, ao de setenta y nueve.

He dado tan individual noticia de este autor, porque en l se halla, no slo la noticia dicha inmediatamente, sino es tambin cuanto dejamos dicho en el captulo XVII de este libro tocante a la visita del Monte Carmelo, ya para su descripcin, ya para las noticias, ya para lo que conduce a la Religin y Religiosos del Carmen; y la razn que he tenido para citar este autor ms que a otros muchos que aseguran lo mismo, es: lo primero, porque no siendo autor de la misma Religin, se quita la sospecha de apasionado; lo segundo, porque hasta hoy no ha escrito autor de vista que con tanta puntualidad, observacin e individualidad, ni con tanto cuidado, haga descripcin y d noticias, hasta las ms menudas, de lo que promete; el cual, para tomarlas ciertas, hizo dos viajes en aquellas partes desde su tierra que, como dijimos, es Marsella de Francia.

Lo tercero, porque es el ms moderno de los que han escrito generalmente de aquellas partes como testigo de vista; puesto que en el captulo V del libro II de su viaje habla del P. Fray Prspero como de Santo, que ya haba pasado a mejor vida cuando l visit el Monte Carmelo, siendo el mismo Padre que acompa a nuestro Hermano y de quien obtuvo las letras testimoniales de la visita del Monte Carmelo, los cuales originales paran hoy en mi poder y es traslado el que est al principio de este libro; de donde se infiere con evidencia que el dicho autor francs visit el santo Monte Carmelo despus que Fray Francisco. Su libro es de la mayor erudicin en la materia que se puede desear: vale el curioso.

Lleg el caso de la embarcacin, y habindose despedido Fray Francisco tiernamente del P. Prspero (y habiendo recibido su testimonio autntico en cuanto a la visita de aquel santo Monte) y de aquella religiossima Comunidad, en compaa del judo Rabino, en un puerto que hay a la falda del Monte Carmelo, junto a la ciudad de Caifa (dicen que este puerto es hoy mejor y de ms crdito que el de San Juan de Acre, del cual dista muy poco), en el nombre de Dios se hizo a la vela para Damiata, y desde all al Cairo, Venecia y Roma.

 

LIBRO TERCERO

 

CAPTULO I

 

En que Fray Francisco de la Cruz empieza su viaje, y de la tempestad que padeci y de las maravillas que Nuestro Seor obr con su Siervo por medio de la Santa Cruz.

 

Embarcado Fray Francisco de la Cruz en compaa del indio Rabino, tomaron la vuelta de Damiata, gozando en esa navegacin de tiempo apacible, poniendo todo su cuidado nuestro Peregrino en la veneracin de la Santa Cruz que traa en su compaa; con cuya ocasin, y con la de verle gastar lo ms del da y de la noche en oracin, en los ratos que le adverta desocupado de ella, el indio le mova plticas de nuestra Santa Fe, dicindole que desde el lance que le sucedi en Jerusaln, en la piedra de San Esteban, tena vehementes impulsos interiores que parece le obligaban a abrazarla, pero que mientras su entendimiento no se persuadiese, sera liviandad reprensible desamparar la religin de sus padres; con lo cual, haciendo diferentes preguntas el Rabino y respondiendo nuestro Hermano en la forma que el Seor le alumbraba, llegaron a Damiata, y despus que los pasajeros se previnieron de algunas cosas para su viaje, le prosiguieron por tierra para el Cairo; y con el motivo de la amenidad de aquella fertilsima provincia, todo lo que vea Fray Francisco lo espiritualizaba, con grande admiracin de su compaero, tanto, que un da le dijo que era bien empleado el tiempo que haba gastado en sus estudios y era dichosa la Religin que tal sujeto haba criado, pues tan propiamente hablaba en materias de tanta importancia como son conocer y engrandecer al Criador por sus obras; hallando en ellas tales sentimientos, que con profesar l humanas y divinas letras nunca los haba encontrado; de donde llegaba a conocer que, pues esta ciencia no la hallaba en los libros y la ruda naturaleza no daba de s tanta perfeccin, era slo Dios quien la comunicada, pues slo en l o por l se podan adquirir fondos tan inaccesibles y bienes tan soberanos.

Fray Francisco, vindose tratar con aparatos de estudiante y de docto, le desenga diciendo como era un hombre rstico, que habiendo tenido vida secular muy trabajosa, Nuestro Seor le hizo la misericordia de que viniese a la Religin, y en ella era un pobre Lego que cuidaba de pedir limosnas para su convento y de beneficiar la hacienda del campo.

Maravillado el indio de ver tan extraordinario hombre, convirti la admiracin en confusin, parecindole que en Fray Francisco todo era sobrenatural, pues ofendido perdonaba injurias, se sustentaba sin medios humanos con tan corto alimento como pan y agua, tena fuerzas para tan larga peregrinacin, no le faltaba la salud a vista de tantas descomodidades y de traer una cruz pesada sobre sus hombros, sin haber estudiado asentaba proposiciones seguras con fundamentos ciertos, en las cosas espirituales y trato con Dios tena admirable eficacia en el decir, y con retrica casi celestial persuada y ataba el entendimiento; y de todas estas consideraciones juntas infera que era Dios quien obraba en l, y que favores tan sin medida no los haca a quien no tena en su gracia; y as, que Fray Francisco estaba en amistad con Dios, lo cual no pudiera ser si la ley que profesaba no fuera cierta.

Ya parece que a las obscuridades de su entendimiento las entraba alguna luz; pero era tanta la contradiccin de la naturaleza, la fuerza de la sangre y de la costumbre, que no acababa de persuadirle, y si estaba persuadido no acertaba a rendir estos inconvenientes y romper tales impedimentos; que esta razn de la naturaleza, aun sin razn, obliga, y esta ley de la costumbre, aun sin razones, sujeta.

Llegaron al Cairo, y a pocos das volvieron a proseguir su viaje, pasando a Alejandra de Egipto, donde se embarcaron para Italia por el Mediterrneo.

El navo en que venan era veneciano, hermoso y fuerte, y con tiempo sereno navegaron a vista de Ganda, de Mondn y de Corf.

El navo caminaba con viento prspero, aplaudiendo el aire los clarines, tendida la bandera a popa, adornados los paoles de las entenas con flmulas y gallardetes, cuando a un mismo tiempo dos pilotos dijeron: Tormenta!- Apenas lo hubieron pronunciado cuando luego los marineros aferraron las velas, calaron masteleros, el mar empez a irse inquietando, el viento a irse embraveciendo, el cielo a ir negando sus luces, y todos a entrar en confusin y miedo, viendo por instantes enfurecerse ms el mar, cubrirse ms el sol y encresparse ms las olas; como el riesgo era comn, todos trabajaban; y como la turbacin tambin lo era, muchos, por adelantar la prevencin, la embarazaban; slo nuestro Fray Francisco no lo pudo errar, porque luego se acogi a la oracin, abrazndose a su Cruz.

Creci el temporal, las nubes con relmpagos repetidos alumbraban, quitando la vista, y con truenos espantosos confundan, para tomar acuerdo: oficios piadosos y que lograran nuestra atencin y enmienda, si no quedara a disposicin de lo humano lo divino.

El viento, por instantes mas reforzado, se llev las velas menores de los masteleros, rompi el rbol mayor, desarbol trinquete, bauprs y mesana; un golpe furioso de mar arrebat el timn, alczar y castillo; y desencajando todo lo sobrepuesto, dej el buque sin ninguna de las obras muertas; con que (dndose todos por zozobrados), desamparando los medios humanos, se valieron de los divinos (que nunca llegan tarde), pidiendo a Dios misericordia. Entonces nuestro Peregrino, arbolando su Cruz, con que hasta aquel tiempo haba estado abrazado en fervorosa oracin, les dijo: - Este es el leo que salva; en l se caus nuestra salud eterna, y por l hemos de conseguir hoy la temporal. Y atndola fuertemente en el pedazo que haba quedado del rbol mayor, para que la furia de los vientos no la moviesen y para que, vista en descubierto, la respetasen, prosigui: -Sola T, Sacratsima Cruz, fuiste digna de llevar la vctima del mundo, y en su naufragio prepararle el puerto; el mismo valor tienes hoy: intercede para que nos veamos por ti libres, y para que nuestros clamores, unidos con tu intercesin, penetren las puertas del Cielo, que se nos muestran de bronce y de diamante. Entonces, postrados todos de rodillas, a imitacin del Siervo de Dios, delante del Sagrado Madero, y el judo Rabino entre ellos, con repetidas y altas voces decan: -Seor, misericordia, slvanos por tu Cruz!

Con intercesin tan poderosa, qu gracias no se haban de franquear? Con tal medianero, qu mercedes no se haban de conceder? Afectos nacidos de corazones humildes y atribulados, qu no haban de conseguir?

Hecha esta devota y cristiana sumisin, luego el aire empez a minorar su fuerza, las ondas (como consecuencia suya) empezaron a desembravecerse, las nubes a ausentarse, el da a reconocerse y el sol a comunicar sus castos resplandores, y los pilotos, con la tranquilidad no esperada, reconocieron el puerto imperial de Trieste, en el golfo veneciano, llamado antiguamente Treviso, en la marca Trivesiana y el ms inmediato a Venecia, donde trayendo el navo a la Santa Cruz por rboles, banderas, velas y timn, el propio mar hizo que tomasen el puerto milagrosamente.

 

 

 

CAPTULO II

 

De lo que le sucedi a Fray Francisco de la Cruz hasta volver a Roma, y en ella.

 

 

Desembarcaron en Trieste, con gran admiracin de la gente de la tierra, viendo de la suerte que aquel navo haba llegado al puerto; y Fray Francisco, con los pasajeros que haban venido embarcados con l, llevando su Cruz procesionalmente, fueron a dar gracias a la iglesia mayor, mostrando todos el debido reconocimiento de milagro tan patente, y ms que todos el judo Rabino, que publicaba las obras maravillosas de Dios, llamndose cristiano y reconociendo sus juicios inaccesibles, pues sin ningunos mritos suyos, antes por caminos tan encontrados y por veredas tan extraordinarias, parece que a pesar suyo le haba metido el Cielo en su alma con la dicha de la vocacin a su Iglesia, compelindole a entrar en ella, sacando aquel Religioso de tan remotas partes con una Cruz a cuestas, permitiendo el suceso de Jerusaln y poniendo en su boca palabras que l, siendo contrario de la Iglesia, no las pudo contradecir, para empezarle a mover; y viendo que a tantos golpes se daba por desentendido y que necesitaba de instrumentos ms fuertes, quiso batir su corazn rebelde y obstinado con la artillera de una tempestad y con lo visible de milagro tan raro, y as que l se confesaba por hijo de la Iglesia Catlica y trofeo de la Santa Cruz, atribuyendo a las oraciones y diligencias de aquel Religioso Carmelita, verdaderamente varn de Dios, su felicidad y conversin, pidiendo a voces las saludables aguas del Bautismo.

Llegaron a la iglesia, y despus de haber hecho oracin se despidieron los pasajeros, llevando el Rabino consigo a Fray Francisco a una posada para que le perfeccionase en la noticia de los principales Misterios de nuestra Sagrada Religin Catlica Romana, lo cual se consigui brevemente, porque al Rabino le faltaba la voluntad y no el conocimiento, y cualquier instante que se dilataba su entrada en la Iglesia le parecan muchos aos. En fin, lleg el dichoso da en que recibi la Fe, siendo su padrino nuestro Hermano, tomando su mismo nombre de Francisco de la Cruz, en reverencia de la Santa Cruz y en obsequio de su bienhechor, con tanto aplauso de aquella ciudad imperial, que movida de la novedad del caso, y habindose divulgado en ella las divinas misericordias sucedidas en la tormenta, concurri tanto nmero de gente y con tanto empeo y fervor, que se celebr aquella funcin con general solemnidad y con gozos tan indecibles del Siervo de Dios, que por slo haber visto este da con tan fervorosas aclamaciones de la Santa Cruz y haber sido el algn instrumento para la conversin de un alma, daba por dichosos sus trabajos.

Concluida la celebridad, pareci a entrambos Franciscos de la Cruz que era muy del servicio de Nuestro Seor que el nuevo cristiano pasase a Liorna, donde tena muchos deudos; con que se despidieron, tomando el Rabino aquel viaje y Fray Francisco tom el suyo por aquel mar Adritico, y a los siete das de navegacin arrib a un puerto que, segn el mismo Fray Francisco escribi, est junto a Finisterre (estas son sus palabras expresas); parece que fue cerca de un pueblo de la Pulla, que se llama Tricata o Trecata, desde donde tom el camino para la ciudad de Leche, que es cabeza de aquel partido y el asiento del Gobernador de ella, adonde lleg hacia los fines de noviembre de 44, de que se hace evidencia por la fecha de una carta suya escrita a Roma all mismo en 29 de dicho mes y ao; lleg, pues, a aquella ciudad acompaado de una numerosa multitud que haba salido a recibirle llevada de la fama milagrosa de nuestro Hermano.

Entr en su convento del Carmen, en donde persever cuatro das; y en este tiempo era el concurso tan fervoroso, que siempre estaba la iglesia llena de gente, aun lo interior de todo el convento, deseando cada uno gozar de su presencia y besarle el Hbito, como si fuera algn Apstol o algn ngel de Dios; pero principalmente se reconoci la devocin de aquella piadosa ciudad (bastaba ser de nuestro catlico Monarca) en una tarde que fue expuesta la Santa Cruz a la veneracin pblica, pues fue de modo que afirmaron los Religiosos de aquel santo convento que apenas hubo persona alguna en toda la ciudad que no concurriese a adorar la Santa Cruz y a besar el Hbito del Venerable Hermano, que en semejantes crditos le pona el Seor con las maravillas que obraba por su Siervo; una de las que all se vieron fue que a la sazn de su venida estaba enfermo el P. Fray Simn de Bomo, Religioso de aquel convento, de unas llagas que padeca en las piernas muchos meses haba, las cuales le afligan sobremanera por los dolores intolerables que le causaban, y lo peor era que se hallaba sin esperanzas de remedio; pero quiso Dios que se puso en una fe singularsima de que haba de sanar por medio de las oraciones del Venerable Hermano, con lo cual se encomendaba a l nicamente y le rogaba con instancias le diese salud; y aunque Fray Francisco le responda con sequedad que l no poda drsela, volva a instar; hasta que, movido de sus ruegos y de la fe viva que reconoca en l, se lleg al enfermo y empez a corregirle fraternalmente con mucho fervor y humildad, aconsejndole que fuese buen Religioso y atendiese como deba al servicio de Dios; y habiendo dicho esto, hizo la seal de la Cruz sobre la pierna llagada, y al mismo punto se hall el enfermo sano y libre de todo su mal; pero qu no puede con esta seal poderosa de la Cruz quien la tiene en su corazn tanto como nuestro Hermano? que es, sin duda, rbol milagroso; pero mal podr gozar de sus frutos quien no se abraza con ella.

Otro da de aquellos cuatro baj el Siervo de Dios a la iglesia para comulgar como lo tena de costumbre (esto segn Obediencia, que no est lo grande en comulgar por costumbre, sino en tener costumbre de obedecer comulgando; por lo cual, aunque cuando comulgaba era con singular gozo de su alma, el mismo tena en obedecer cuando la misma Obediencia se lo estorbaba; porque como tan espiritual, saba muy bien que quien comulga slo por agradar a Dios, con la misma prontitud deja de comulgar, por agradar al mismo, en obedecer a quien le toca mandar); y estando disponindose, como era razn, para llegar a la Mesa de aquel Cordero inmaculado de Dios, se lleg a l un Religioso, advirtindole que su celda estaba abierta, y as que fuese a cerrarla; a que respondi Fray Francisco que no poda ser, porque l mismo la haba cerrado con llave, la cual tena all consigo. Replic el Religioso, diciendo: -Yo mismo, por mis ojos, la he visto abierta. Pero Fray Francisco, con mucho sosiego, le dijo: -Nuestro enemigo quiere siempre interrumpir nuestra devocin, pero ahora no le ha de suceder como l quiere; con todo ello el Religioso parti de all derechamente, con nimo de cerrar la celda del mejor modo que pudiese, hasta que volviese a ella Fray Francisco; pero al llegar a la puerta la hall cerrada, y como haba visto claramente lo contrario, lleg a probarlo con las manos; pero reconoci que estaba echada la llave, como haba dicho nuestro Hermano, de lo cual qued admirado. Este caso, ms tiene de doctrina que de milagro, en la cual debiramos estar todos los que nos llegamos a aquel Soberano Sacramento, y es dejar todos los cuidados del todo y trabajar en desocupar el corazn y dilatar los espacios de la caridad para que pueda caber en l Seor tan grande; pero qu heroicamente practic esta enseanza el Siervo de Dios en esta ocasin!; pues aunque en la celda no tuviera otra cosa que guardar, ni a que atender, que su Cruz, sta era todos sus tesoros, y por consiguiente en ella tena todo su corazn, y ni este cuidado quiso admitir en la ocasin de estarse disponiendo para comulgar.

Sali de Leche, dirigiendo su viaje para Npoles; pero qu movimientos no caus la devocin de Fray Francisco en todas las personas de aquella ciudad, pues quedando aquel da desierta se poblaron sus campias, siendo el nimo de todos no despedirle, sino seguirle con los afectos del alma? As se despidi, tomando el camino por Misana, San Vitto y Ostuno, obrando siempre maravillas y edificando con su predicacin continua; que, como sta era Penitencia y pona en s mismo un ejemplo tan poderoso, mova ms con una palabra que cuantos pueden predicar con elocuencias humanas.

Desde Roma pas a Npoles, y asisti en el convento de la Santa Madona del Carmen, que es el mayor que tiene aquella ciudad de su Orden; hay en l una joya muy preciosa, que es un pedazo grande de Lignum Crucis, que en aquella ocasin le estaban engarzando en plata, el P. Prior (como en premio de su resolucin cristiana) le dio dos astillitas muy delgadas, las cuales de limosna se las engastaron en planta, con una reliquia de San Jernimo que le dieron en aquella ciudad de Npoles y estn colocadas con su Cruz en el convento de la Alberca. Fue tanto el consuelo que recibi con aquella preciossima joya, que le pareci se le haban doblado las fuerzas y alientos para proseguir su demanda, y la guard de suerte que no la volvi a ver hasta Castilla.

En aquel tiempo que se hallaba en Npoles, se lleg a l el P. M. Fray Atanasio Acitelli, y celoso de la conservacin y aumento de aquel gran convento, donde se venera la antiqusima y milagrosa Imagen que comnmente se llama la Madona del Carmen (devocin universal de aquella insigne ciudad), le rog encomendase a Dios en sus oraciones dicho convento; y aunque se excusaba con su humildad, al fin, instado, se venci de la misma piedad de la causa: hizo, pues, oracin con la devocin y espritu que sola, y se le ofreci en visin una multitud de hombres armados que estaban en el mismo convento, y que derramando mucha sangre quitaban la vida a algunos: luego vio el convento lleno de soldados y armas, lo cual le puso en gran cuidado a Fray Francisco y llen su corazn de amargura y dolor: despus de dos tres das le refiri la visin al dicho Maestro Acitelli, el cual lo tuvo ms por imaginacin que por visin verdadera; pero el suceso le dio a entender lo contrario, pues a muy pocos aos se cumpli a la letra en la gran rebelin de Npoles contra el Gobierno de nuestro catlico Monarca, cuyos soldados se apoderaron del convento, por ser uno de los principales fuertes de aquella ciudad donde se experimentaron los casos tristes de la guerra, mucho derramamiento de sangre y muertes violentas, hasta que al fin quiso Dios que se apaciguase aquel incendio a favor de nuestro Rey Catlico; y si para ello condujeron las oraciones de nuestro Venerable Hermano, lo podr juzgar quien sabe; que no revela Su Majestad sucesos en profeca a sus siervos si no es a fin de moverlos a procurar en su misericordia los buenos xitos en los casos que permite, por los motivos de su Providencia.

Sali de Npoles para Roma, donde lleg por mayo de 45; y habindose divulgado el da de su venida, se llenaron los campos de aquella ciudad de cortesanos y pueblo; pero habindolo reconocido Fray Francisco, se volvi a retirar huyendo su propia estimacin, y despus de anochecido entr en Roma y en su convento de Transpontina, donde fue recibido con singular gozo de los Religiosos, principalmente de algunos provincianos suyos que asistan en aquella Corte.

Desde que entr en su convento empez a distribuir las horas de la misma suerte que cuando viva en el de la Alberca, y el descanso que tom de tan larga jornada para proseguir otra no menor fue ayudar a todos en sus ocupaciones, principalmente a los Hermanos de vida activa: l supla por todos y se hallaba en todo lo que era de molestia y trabajo, sin que por ello faltase a su continuo ayuno de pan y agua, ni a las aflicciones continuas de su cuerpo con extraordinarios modos de penitencias, ni a quedarse las noches enteras en la iglesia en oracin, ni a dar tan limitado reparo a los sentidos, que no se saba cundo dorma o cundo descansaba.

La Santidad de Inocencio X, que siendo Cardenal le haba favorecido y reconoca el mucho aprecio que haba hecho de Fray Francisco su glorioso antecesor, mand que le fuese a ver; el cual favor fue para el Siervo de Dios de mucha estimacin y de mucha confusin; porque como era verdadero humilde, no quera gozar de tan singulares honras, sino ser el desprecio y abatimiento de todos; pero obedeciendo, fue a besarle el pie, y Su Santidad gust que le refiriese su peregrinacin y el estado que tena la Cristiandad de los Santos Lugares transmarinos, y l lo hizo con mucha brevedad, respeto y puntualidad; de suerte que le caus agrado al Pontfice, y por mostrarle el concepto que tena de su persona le dijo que quera hacerle gracia de darle dos cuerpos de santos enteros para que se colocasen juntamente con la Santa Cruz; Fray Francisco estim con los rendimientos debidos merced tan singular, y le propuso que no tena modo para llevarlos a su Provincia con la decencia necesaria respecto de ser su viaje a pie; pero que le suplicaba fuese servido que conmutase aquella gracia en concederle un jubileo en el da de la Santsima Trinidad para el Altar de Nuestra Seora de la Fe, y otro en el altar de Nuestra Seora del Socorro en el da en que se celebra su fiesta, entrambos para el convento de Santa Ana de la Alberca, y en que se bendijera solemnemente la Santa Cruz con su autoridad pontificia. Todo lo cual concedi Su Santidad; y los Breves, con la licencia de su ejecucin, dada por D. Diego de Riao y Gamboa, Comisario General de la Cruzada, de 9 de abril de 1647, estn en el arca de tres llaves de dicho convento. Y en cuanto a la bendicin de la Cruz, ofreci dar sus veces; y habindole besado el pie, le despidi, con orden de que al otro da le volviese a ver; y as lo hizo, obedeciendo tan superior precepto.

Como estas visitas fueron tan extraordinarias, corri voz por Roma que nuestro Hermano era bien acepto al Pontfice, y no fue menester ms que esto para que luego aquellos cortesanos hiciesen grande estimacin de l; con que se empez a ver muy afligido, parecindole justamente que era tentacin y que el demonio se vala de este instrumento para descomponerle; y no fue errado el dictamen, porque los cortesanos romanos andan siempre adivinando el aire del Prncipe, y como les sabe bien su engao, fundan torres de esperanzas en mviles cimientos, y en sus disimuladas afectaciones y exageradas cortesanas tena bastantes armas el enemigo para introducir una hostilidad sangrienta en pecho menos fortificado; pero el humilde Religioso, vindose buscado de la Nobleza de aquella Corte, creyendo solamente que sera por curiosidad de tener noticias, y recelndose que el enemigo le mova aquella guerra para embarazarle con ociosidades sus ejercicios, haca su asistencia de ordinario en las ocupaciones ms nfimas del convento, para que lo desautorizado de su persona hiciese que no le buscasen las de tanto lustre. En una ocasin, a instancias de un gran seor, los Prelados le mandaron llamar, y le hallaron en la caballeriza limpiando las bestias; con lo cual, y con no verle en Palacio, le fueron olvidando y se pas aquella tempestad.

Su Santidad dio sus veces (como lo haba ofrecido) para bendecir la Santa Cruz solemnemente al Ilmo. y Rvmo. Seor D. Fray Jacobo Wemmers, Obispo de Gaeta, Religioso Carmelita de la Antigua Observancia, el cual, en el convento de Transpontina, de su Orden, celebr la bendicin de la Santa Cruz, con grande ostentacin y aplauso, el segundo da de Pentecosts, a 5 de junio, asistiendo muchos Cardenales, Obispos y Grandes Prncipes; y despus de bendita, conforme al ceremonial, se hizo la adoracin, llegando, cada uno en su grado, a adorarla, no pudiendo refrenar las lgrimas de alegra de nuestro Siervo de Dios de ver este triunfo de su Santa Cruz, la cual, despus de hecha la adoracin, se coloc en el altar mayor por nueve das, donde acudi por todos ellos a hacer la adoracin innumerable concurso del pueblo romano.

 

 

 

CAPTULO III

 

De cmo sali de Roma prosiguiendo su peregrinacin a visitar el santo sepulcro del Apstol Santiago, y de los favores que iba recibiendo del Cielo con el ejercicio de nuevas virtudes.

 

 

Celebrada la bendicin y adoracin de la Santa Cruz y habiendo vuelto a visitar las Sagradas Estaciones y dems sitios venerables de Roma, el da 1 de septiembre de 1645 volvi a salir en campaa este valiente soldado, habiendo vuelto a besar el pie a Su Beatitud con licencia de los Prelados, en la forma de su peregrinacin, exhortando a la confesin de la Santa Fe Catlica y pregonando oracin y penitencia, con sentimiento universal de los ciudadanos romanos, porque fue rara la estimacin que se granje en aquella Corte (huyendo de ella); que en esta virtud, ms propiamente que en las otras, se reconoce la grandeza de la fbrica en lo profundo de los cimientos. Su primer intento fue ir a visitar la Majestad del Santo Cristo de Luca, donde estuvo en 6 de octubre del dicho ao, y habiendo conseguido licencia del Cabildo de la Catedral de aquella Santa Iglesia, vio y ador su devota Imagen, de que recibi testimonio autntico, su fecha de dicho da.

De hombre tan penitente y tan ilustrado del Cielo, bien se deja entender la profunda humillacin y devocin con que estara delante de aquel Seor Soberano; lo que consigui en aquella fervorosa oracin fueron encendidos deseos de ser algn instrumento para traer almas al conocimiento seguro de la Iglesia, y ansias ardentsimas de dar la vida por su verdad; y desde esta ocasin propuso, en la forma que Nuestro Seor le diese luz, en todos los pueblos por donde pasase, predicar los principales Misterios de la Santa Fe, hasta poner por ella la garganta al cuchillo. Estando con estos afectos tuvo una visin maravillosa, que fue ver un Predicador, sin conocer quin era, que tena un sol sobre la cabeza, donde se debe entender que al que predica con estos motivos le asiste el Sol Divino.

Desde Luca pas a Gnova a visitar sus Santuarios, y el muy clebre de Nuestra Seora del Carmen, a que parece interiormente era movido. Entr en ella, y slo con el trnsito que hizo hasta llegar al convento de su Religin se conmovi toda la ciudad, causado mucha edificacin; siendo tan grande el concurso de gente que le quera ver, que se atropellaban unos a otros, y estando en una celda se entraban por diferentes partes del convento desde donde se alcanzaba a ver la ventana de ella, para procurar verle. sta era la del Padre Maestro Fray Vicente Calahorra, que estaba en aquella ciudad aguardando viaje para Espaa, donde, en la Provincia de Valencia es Calificador del Santo Oficio y la consulta y estimacin de aquella ciudad; el cual, sabiendo que se dispona dar a la estampa la vida de este Siervo de Dios, escribi en carta de 26 de mayo de 1665 algunas particularidades que se pasaron con l, dignas de que se haga memorias de ellas.

Una es que no quiso para s nada de lo satisfactorio de su peregrinacin, porque todo lo tena aplicado al bien y provecho de las almas en la propagacin de la Fe.

Otra, que estando el dicho Padre Fray Vicente muy temeroso de embarcarse para Espaa en el navo que tena prevenido del Capitn Barla, por haber tenido avisos de que unos navos de Francia iban en su busca, Fray Francisco de la Cruz le dijo que se embarcase, que ira seguro, y que a ocho das de navegacin entrara en Alicante, y que sucedi como lo dijo.

Asimismo tiene la dicha carta un captulo que es muy particular en la vida de nuestro Hermano, y as como se contiene en ella se pone, que es el siguiente:

 

Otro da, estando los dos solos en la celda, me dijo: Hgame caridad de leerme en la Biblia en lenguaje castellano. Comenc a leer el primer captulo del Gnesis, vertindole en Romance, y me iba explicando el Sagrado Texto; y alguna vez reparaba yo interiormente que el sentido que daba a la Sagrada Escritura era spero. Pasando adelante en la lectura, donde el Texto Santo hablaba ms claro en la materia de mi reparo, me deca: No ve vuestra Paternidad cmo es lo que yo digo? En que pareci conoca mi interior. Reparo en que conceb la explicaba como un San Jernimo o como otro de los antiguos Padres, que cierto qued maravillado.

 

Quisieron visitarle muchas personas de autoridad; pero con su humildad se excus, y slo admiti la de dos Senadores, porque se lo mand el Padre Maestro Fray Jacobo Spnola, que a la sazn se hallaba Provincial de aquella Provincia de Lombarda.

Sucedi all que le mordi un perro tan mal, que fue necesario le curase el cirujano; y ordenando, entre otras cosas, para su curacin que se alimentase de comidas ms substanciosas que su continuo pan y agua, no fue posible con l, hasta que, sabindolo el dicho Padre Provincial, se lo mand, y entonces obedeci, tomando por gran regalo algunos caldos de carnes, parecindole demasiada indulgencia para el cuerpo a quien trataba ms de la salud del alma.

Determin salir de Gnova, y ofrecindole muchos ciudadanos dineros para el camino, no le pudieron vencer para que tomase una moneda; y parecindole a alguno que la instancia demasiada vencera su determinacin firme, le apret demasiado, llegando casi por fuerza a ponerle el dinero en las manos; pero parecindole al Siervo de Dios vehemente tentacin contra su propsito de no tomar dineros ni aun tocarlos, los arroj de golpe en el suelo; dejando as un ejemplo perpetuo de lo que se deben estimar las riquezas del mundo, y una confusin perpetua en los que viven posedos de su amor desordenado.

Desde Gnova, donde estuvo tres das, pas a Niza, tardando en el viaje hasta 20 de noviembre, y desde all, en 30 del dicho, entr en la Provenza; y luego que descubri tierra de Francia tuvo otra visin admirable y terrible, y fue ver que llovan rayos que la abrasaban; lo cual se verific en el ao siguiente en las guerras civiles, que duraron hasta el ao de 52.

Entr en Aix, y al salir de la Estacin del Santsimo Sacramento, en la puerta de la iglesia hizo una pltica, parte en espaol y parte en italiano, de los misterios de la Santa Fe Catlica y de la obediencia a la Silla de San Pedro, y de la necesidad de hacer penitencia y oracin; asisti a ella Luis de Valois, Conde de Ales, Gobernador de la Provenza y General de la Caballera ligera de Francia, Caballero de la Sangre Real, el cual hizo particulares favores a Fray Francisco, ofreciendo labrarle un suntuoso templo a la Santa Cruz, detenindole consigo cuatro das y ofrecindole el dinero que quisiese para guarnecerla de plata, de que el Siervo de Dios mostr los debidos agradecimientos, y asegur que con las limosnas que le ofrecieron para guarnecer de plata su Cruz se pudieran guarnecer cuarenta cruces como ella.

En estos cuatro das de su detencin tuvo particular consuelo de las noticias que le daban de muchas personas que se reducan al gremio de la Iglesia; con que se resolvi a proseguir su exhortacin en los lugares principales, conociendo que no bastaba su influencia si Dios quera que por aquel camino se hiciese su causa.

El tiempo que estuvo en Aix fue hospedado en el palacio del dicho Sr. Conde de Ales, y en el mismo haba estado a la ida de Roma, porque este seor mostr singularsima devocin con nuestro Hermano, y as hizo grande aprecio de su persona y se encomend a sus oraciones con mucha fe, pidindole rogase a Dios por s y por todos los de su familia y por las cosas pertenecientes a su Estado, y procur hacer por Fray Francisco cuanto le fue posible, aunque poco se puede hacer con quien no quiere cosa alguna de este mundo; y as fue que le ofreci una gran cantidad de oro, pero nuestro Hermano slo quiso tomar sobre s la obligacin de encomendarle a Dios como se lo haba pedido, agradeciendo su piedad y caridad singular; y es de observar que nuestro Hermano hubo de reconocer que naca de corazn recto, y as dio seas de ms agradecido que con otros muchos, porque puso por memoria (sin duda para no olvidarse de encomendarles a Dios) los nombres de aquellos seores, como se hallan de su mano entre los dems papeles originales y est en esta forma:

Monseor Excelentsimo Luis de Valois, Conde de Ales, Coronel general de la Caballera de Francia, Lugarteniente general, por el Cristiansimo Rey de Francia, en su Real pas de Provenza.

Y la Ilustrsima Seora Condesa Lienrieta de Laquiche, su mujer.

Y la Ilustrsima Seora Francisca Mara de Angulema, hija de los sobredichos Excelentsimos Seores

Entr en el Languedoc, en que tambin el Gobernador de ella, Duque de Luy, le recibi con mucha estimacin, y con ella le miraban en todos aquellos lugares; y por esta razn excus, lo ms que le fue posible, entrar en los que haba sido tratado agradablemente a la ida.

Iba nuestro Peregrino por sus trnsitos previnindose y alegrndose en la consideracin de que, con la novedad de verle predicar la obediencia al Pontfice, sera maltratado en donde a la ida haba sido ofendido e injuriado, y se persuada de que, no desistiendo de esta determinacin, tampoco haban de desistir los enemigos de la Iglesia de afligirle, y que entre su constante resolucin y la pertinacia de los herejes, era forzoso que esto quebrase por su vida, con que sacrificada por la Fe consegua la corona a que aspiraba; no por ver el fin dichoso de sus trabajos, ni el principio del premio, ni por toda la felicidad eterna, sino slo por la honra de la Majestad de Dios, por dar ejemplo al prjimo y por mostrar al Seor que amaba que principalmente lo padeca porque le amaba. Por otra parte, se volva a Dios y deca: -Seor: ya que soy un pobre hombre, ignorante y rudo, que en m no hay elocuencia, ni fervor, ni sabidura para traer almas a vuestro conocimiento, os sacrifico la sed que tengo de que ellas vengan a Vos; y ya que no tengo obras que ofreceros, admitid mis afectos!

Con estas consideraciones se iba disponiendo el Siervo de Dios, y en habiendo ocasin prosegua en hacer sus plticas; y se conoce bien la asistencia divina que tena, pues no se puede dar nmero determinado a la muchedumbre de gente que en das de sus trnsitos por la Francia se redujo al gremio de la Iglesia.

Como los milagros que obr Nuestro Seor por nuestro Hermano cuando pas a Jerusaln los tenan aquellas provincias tan estimados y presentes y ahora le vean conseguido el dificultoso fin de su empresa que la Reina de los ngeles les prometi en su gloriosa aparicin, no les qued duda de la certeza de ella, porque por medios humanos faltaba todo el dictamen de la naturaleza para poderle conseguir; y como ahora se les volva a representar con aquella presencia venerable y penitente, con la misma Cruz sobre sus hombros, con los cabellos que le llegaban a la cintura, y con una predicacin que enterneca las piedras, fue tanta la mocin de todos gneros de estados, que le seguan por los campos de unos pueblos a otros, que a veces eran ms de dos mil personas, dando gracias a la Majestad de Nuestro Dios y Seor de que sabe dar tal fortaleza y espritu a los hombres para conseguir con tan costoso ejemplo una general reformacin.

 

 

 

CAPTULO IV

 

De cmo prosigue su viaje y llega a Santiago de Galicia y visita el Santo Sepulcro del Apstol, y le vuelve a proseguir hasta entrar en el convento de Valderas, en que tuvo fin su peregrinacin, y del premio grande que Nuestro Seor le concedi por remate de ella.

 

 

Desde quince de diciembre del dicho ao que entr en el Languedoc, hasta diez y siete de enero del siguiente de cuarenta y seis que sali de Bayona, se detuvo en las plticas y exhortaciones que iba haciendo; y en todo este tiempo, as las Religiones como las Catedrales estaban llenas de hombres y mujeres que frecuentaban el Santo Sacramento de la Penitencia; y cuando Fray Francisco peda a Nuestro Seor ansiosamente fuese servido de hacerle instrumento de la conversin de una sola alma, le concedi que lo fuese de innumerables conversiones.

Sali de la Francia e hizo alto, volvindose a mirar aquella tierra, para cuyo beneficio parece que principalmente Nuestro Seor le sac de su convento; y acordndose de las mercedes que en ella recibi de la Virgen Santsima, la dijo: -Seora, para volver a entrar en Francia tuve ardientsimos deseos de traer almas a la Iglesia y de padecer por vuestro Hijo y por ella hasta dar la vida; y en lugar de tribulaciones, he tenido los consuelos de ver las maravillas de la Santa Cruz; y pues viene de vuestra mano el tener tal compaa, con vuestra clemencia y su interposicin fo que el Seor, que me concedi a los trabajos y a la conversin de las almas y al martirio tantos deseos, es tan fiel y liberal, que mirando a ser quin es, ya que me dio el afecto, ha de querer que logre el mrito.

Prosiguiendo su viaje, entr en Fuenterraba en 19 de enero del dicho ao de 1646, donde parece que tom el puerto de su patria: en ella fue muy bien recibido de los soldados de aquel presidio y de D. Baltasar de Rada, su Gobernador, haciendo muchas salvas a la Santa Cruz y celebrando el nombre espaol; y nuestro Peregrino, viendo que le hacan tantas demostraciones de honra y aplauso, se sali luego de Fuenterraba huyendo su propia estimacin, y sigui su camino por Vizcaya y Asturias, padeciendo intolerables fros y continuas inclemencias del tiempo, por ser en lo ms riguroso del invierno y por montaas llenas de nieve tan helada, que apenas tena donde poner el pie en firme que no resbalase; pero los encendidos volcanes del amor de Dios, que tena en su pecho se refundan a dar calor y casi vivificar el esqueleto de aquel venerable anciano, tan desfigurado con el dilatado padecer, que de viviente no se advertan ms seas en l que el movimiento, para que se reconozcan mejor los trofeos de la Divina gracia, que alienta, adorna, mantiene y perfecciona la naturaleza. Alguna noche le fue forzoso quedarse en el campo, por faltarle da para llegar al pueblo, amparado de alguna quebradura de la tierra, expuesto, no slo a los rigores del hielo, sino tambin a las fieras, de que hay tanta abundancia en las montaas de Asturias: caminaba en profunda oracin y en continua presencia de Dios, con tales ayudas de costa, que slo ellas podan hacer tolerable aquel trabajo.

Decanle en los lugares que adnde iba con tiempo tan riguroso y tantas incomodidades y una Cruz tan pesada a cuestas; que aguardase para ir a Santiago otro mejor; y l responda: -Ms padeci el Santo para darme ejemplo y para llegar adonde est rogando por m; y as, rendirme a los temporales es desestimar su intercesin, que puede ms que ellos. En fin, sobrepujadas todas las dificultades y sin que la salud le hiciese falta, a vista de todas ellas entr en la ciudad de Santiago en 10 de marzo del dicho ao, y visit el Santo Sepulcro, tomando al Santo Apstol por especial Tutelar para que Nuestro Seor le perdonase sus culpas, estando hasta el da 13 en aquella Santa estacin, en cuyo tiempo bien se dejan conocer los amorosos coloquios que tendra con el Santo, las humildes splicas, los rendidos afectos, las fervorosas instancias, las bien admitidas peticiones, los ardientes deseos de su imitacin, los propsitos bien ejecutados y las gracias con larga mano concedidas.

Hechas sus devotas diligencias y habiendo tomado testimonio, su fecha en el dicho da 13, signado del Notario pblico constituido para estos casos y refrendado de tres Notarios, se volvi a poner en camino en la forma de su peregrinacin para Castilla.

Vena por l, en contemplacin alta y encendida, fervorizndose cada instante ms con las gracias que se le concedan, logrando sus fines a vista de tantos inconvenientes, cuando dentro de su alma oy una voz que le dijo esta palabra: Unin; y aunque amorosa y regaladamente le sobresalt, no dej de imprimir alguna extraeza en los sentidos; pero volviendo aquella voz a repetirle dentro de su alma diversas veces Unin, se dio por llamado y por entendido de ella; y trayendo a la memoria las lecciones que su Maestro de los grados de la perfeccin le haba practicado, y lo que en los diferentes libros espirituales haba ledo, y principalmente lo que el Seor le daba a entender, se persuadi que aquella voz Unin, con que pareca que reciba su alma suavidad indecible y tan extraordinario deleite, que la regalaba y acariciaba, era bondad y misericordia de Dios, que con aquella voz le reprenda como dndole en rostro, diciendo: Mira lo que pierdes por no ser el que debes, para alentarle al premio si mejoraba de vida. Por otra parte, se acordaba de las misericordias recibidas del Seor, y no quisiera ponerla alguna duda, por no acusar su liberalidad y caer en ingratitud; pero en estas perplejidades parece tom el medio de mejor proporcin, que es sentir de Dios con la rectitud que se debe, y reconocer el bice en s para que no se llegasen a comunicar estas gracia; y de esta ltima proposicin se haca evidencias hablando consigo por el camino en las consideraciones siguientes:

Yo conozco lo malo que soy, y esto es aun cuando no me llego a conocer, y lo que de m conozco aun basta para confundirme y aborrecerme; pues si esta palabra Unin significa aquel lazo con que el alma se une con Dios, y ste se previene con la disposicin de verdaderas ansias para llegarse a unir, habiendo sido las mas tan imperfectas, cmo pueden aspirar a tanto bien?

Si a esta felicidad se llega con una reformacin universal de todas las imperfecciones naturales, y yo cada da soy peor cmo la tengo de conseguir?

Si la unin del alma con Dios se hace habiendo semejanza entre las cosas que se unen, y el amor enlaza los afectos, juntando en uno dos cosas diferentes que concuerdan en una calidad, puede haber mayor distancia que la bondad y hermosura de Dios, y la malicia y fealdad de mis pecados?

Si la verdadera unin consiste en tener la voluntad atada con la de Dios, y todo el bien que la proviene es de esta conformacin, yo, que la he tenido tan divertida y empleada en tanto nmero de culpas, ser un hombre sin discurso si imaginare que se hizo para m esta dicha? Yo he de juzgar posible en m que mi espritu, unido con Dios, se haga uno mismo con l, por caridad y amor, y que haya participacin entre los dos, y que mi alma en alguna manera se desnude de s para vestirse de Dios, y que sea hermoseada y enriquecida por aquel instante con las perfecciones Divinas, como el diamante, que de algn modo se desnuda de lo grosero de tierra para vestirse los resplandores del Sol? Cmo puede caber esto en juicio humano sino faltando el juicio humano?

Con este humilde y casi celestial reconocimiento iba pasando su camino; y aunque todos los das tena rebatos en el alma de esta voz, que dentro de ella le deca Unin, todos los das se vala de estas o semejantes consideraciones para apartar de s el pensar bien de s, hasta que habiendo entrado en Castilla, lleg al convento de Nuestra Seora del Socorro de la villa de Valderas, de su Orden, y el primero de esta Provincia, donde tuvo fin dichossimo su peregrinacin, por haber sido la promesa salir de esta Provincia de Castilla, con Cruz a cuestas, a las Sagradas estaciones de Jerusaln, Roma y Santiago de Galicia, hasta volver a ella, la cual se cumpli llegando a este convento, por ser de esta Provincia. Lo primero que hizo fue ir a visitar el Santsimo Sacramento, en cuya visita tambin se cumpli la formalidad de esta obediencia; y estando postrado delante de aquella Majestad Sacramentada, ofrecindole los trabajos de su peregrinacin, y de volverla a empezar de nuevo si fuera gusto suyo, y dndole gracias de tanta inmensidad de misericordias recibidas en ella, oy una voz clara y distintamente dentro de su alma, teniendo luz de que era Divina locucin, que dijo: - Si te dijeren que no ests unido, no te lo he dicho yo; fiel soy, confa en m. Y juntamente tuvo conocimiento de que a su oracin se le haba concedido el grado de Unin. Con que, para nuestra enseanza, no se puede pasar adelante sin hacer reparo que tenemos un Dios que as premia, y que a este devoto Siervo suyo le levant al orden supremo, que en la tercera jerarqua del alma corresponde a los Serafines, que es la Unin por amor; a un grado que contiene intelectuales extensiones y recibos, donde se llega, ms por el afecto que por el conocimiento, a los desposorios espirituales que celebra el alma con Dios; adonde en el hombre ya no vive el hombre, sino Cristo vive en l; adonde parece que se recobr lo que de la masa de Adn se desorden por el pecado; y, ltimamente, adonde de algn modo participa el cuerpo de las redundancias del espritu, que le califican y ennoblecen de suerte que el espritu es llevado de Dios, y el cuerpo del espritu; de que se sigue, para nuestro ejemplo, que tenemos el mismo Seor, y que lo que hizo con los Santos har con nosotros si hiciremos lo que los Santos hicieron.

 

 

 

CAPTULO V

 

De cmo prosigue su viaje, pasa por Valladolid y entra en Madrid.

 

 

Recibi nuestro Hermano Fray Francisco singular consuelo de hallarse en esta Provincia y de verse con los Religiosos sus hermanos. En este convento quiso quitarse el cabello, por estar cumplida ya aquella rigurosa penitencia que l se impuso, que fue otra Cruz aparte; pero el Padre Prior le impidi que se le quitara todo de una vez, porque con la destemplanza forzosa no se originase alguna dolencia, y as empez a rsele quitando, y lo fue prosiguiendo poco a poco, hasta que en Madrid se acab de regular al estilo comn de su Religin.

Aquella santa Comunidad, viendo que se quera volver a poner en camino, le hizo muchas instancias para que no viniese a pie, pues ya su promesa estaba cumplida; y no fue posible conseguirlo, afirmndose en que era muy del servicio de Nuestro Seor que en accin de gracias del buen suceso que haba tenido prosiguiese su forma de peregrinacin hasta entrar en Madrid y dar la obediencia a su Provincial; y que si el Seor le haba concedido, sin mritos suyos, dar algn buen ejemplo en las tierras por donde haba pasado, razn era el proseguirle tambin en Castilla; y as, ejecutando tan santa determinacin, sali del convento de Valderas para Valladolid, y en aquellas 14 leguas que hay de distancia fue grande la edificacin que iba causando en los lugares por donde pasaba, principalmente en Rioseco, donde si se accediera al deseo de los que le rogaban se detuviese en aquella ciudad, no saldra de ella en muchos das.

Entr en Valladolid, y fue tanto el rumor de toda la Corte, que cuando lleg a su convento se llevaba tras de s todos los que haba encontrado en las calles. Sus Religiosos le detuvieron algunos das, y despus de visitadas las Imgenes ms frecuentadas en aquella ciudad, prosigui su camino para Madrid, adonde, por carta del convento de Valladolid, se supo el da en que haba de entrar, que fue a los principios de mayo del dicho ao; el cual habiendo llegado, le salieron a recibir Fray Andrs de la Trinidad y Fray Gregorio de los Santos, Religiosos Carmelitas que le tenan particular afecto.

Hallronle enfrente de las tapias de la Casa de Campo, sentado al pie de un rbol y en l arrimada la Santa Cruz. Alegrronse mucho de verse, y los Religiosos le dijeron que venan a acompaarle; Fray Francisco les dijo que el haberle hallado sentado no era por descansar ni por hacer hora; que l estaba all en un negocio del servicio de Dios Nuestro Seor; que se volviesen al convento, que en l se veran; y que cuando no estuviera con tan precisa detencin, no era bien entrar en Madrid acompaado, contra el estilo que haba practicado en su viaje; con lo cual se volvieron los Religiosos y le dejaron.

Estvose all hasta las diez y media de la maana, y a esta hora lleg un hombre solo cerca de donde estaba, a orillas del ro, y se empez a pasear entre los rboles que tiene aquella ribera. Entonces el Siervo de Dios se levant, y poniendo la Cruz sobre sus hombros se fue a l y le dijo:

-Mucho me maravillo que un hombre de razn as d lugar al demonio en su alma, queriendo matar a un inocente y llamndole a este puesto debajo de la confianza de amistad; la causa, seor, que os ha movido, no es cierta, y ese hombre que aguardis no tiene culpa y viene llamado de su amigo, que sois vos, sin recelarse de la alevosa que se ha apoderado de vuestra alma; recibdle bien y haced penitencia de vuestro pecado.

El hombre, viendo descubiertos los secretos de su corazn, con verdaderas demostraciones de dolor y arrepentimiento declar a Fray Francisco que era verdad todo lo que le haba dicho, pidindole que, pues por su medio se vea libre de tales lazos del demonio, le encomendase a Nuestro Seor.

En el cual suceso quiso mostrar la Divina bondad que para casos de tanta importancia tomaba por instrumento a Francisco, declarndole por amigo a quien revelaba su providencia, y otorgndole el mrito como a causa eficaz de que se estorbase tan grave culpa, y de que se consiguiese el dolor de haberla consentido y de que se socorriese a un inocente de contado en la vida y en el alma conforme el estado en que se hallara.

Conseguido suceso tan feliz entr en Madrid, siguindole aquel hombre entre la dems gente hasta su convento, donde declar a algunos religiosos lo que haba pasado. Visit las milagrosas Imgenes de la Almudena, Soledad, Buen Suceso e Inclusa, y al pasar por la plazuela de la Villa, el que esto escribe le oy decir en voz alta: Ensalzada sea la Santa Fe Catlica; aplaquemos a Dios haciendo oracin y penitencia.

Lleg a la iglesia del Carmen a las doce del da, y despus de hecha oracin al Santsimo Sacramento entr a hacerla en la capilla de Nuestra Seora del Carmen, donde fue tanta la gente que haba concurrido a verle, que fue menester cerrarle dentro de la capilla.

Despus de haber hecho oracin y que multitud de la gente hizo calle para que pudiese subir a su convento, sali el Siervo de Dios con su Cruz a cuestas y fue a la celda del Padre Provincial, el Maestro Fray Diego Snchez Sagramea, donde le recibi estando presentes muchos Religiosos que entraron con l. Al punto que vio a su Prelado, arrimando la Cruz, se ech a sus pies, hechos sus ojos un mar de lgrimas, y dijo su culpa en voz alta con la formalidad que la dicen los Hermanos de la Vida Activa, pidiendo perdn y penitencia por sus muchas imperfecciones, y despus le bes los pies y asimismo a los Religiosos que se hallaron presentes, con tan profunda humildad, que todos aquellos Padres acompaaron enternecidos al Siervo de Dios en las mismas demostraciones de sentimiento que l tena.

Despus que se despidi la gente que haba concurrido y que se cerr la iglesia, Fray Francisco se entr en ella en la capilla donde estaba Nuestro Seor Jesucristo con la Cruz a cuestas, y donde hoy permanece, que es la de Santa Elena y donde hizo sus primeros votos; y postrado delante de aquel Divino Seor, con encendidos afectos de su corazn dijo: -Aqu me tenis, Seor, en vuestra presencia, confuso de vuestras obras y avergonzado de mis ingratitudes; yo soy aquel indigno Religioso a quien habis hechos tantas mercedes y que me he aprovechado tan mal de todas ellas; yo soy el que llamasteis a la Religin para que obrase con ejemplo, y he obrado con escndalo; el que habiendo recibido vuestra Cruz para imitaros de alguna manera, he desautorizado vuestro nombre, procediendo a vista de ella como si estuviera dejado de vuestra mano; tanto, que si fuera posible tener el Sagrado Madero alguna ignominia y desdoro, fuera el haberle trado sobre mis hombros; pero Vos le santificasteis de suerte que aun no he bastado yo a causarle algn borrn. No permitis, Seor, que lo que para todos es puerto para m sea naufragio, y que me pierda yo donde tantos se salvan. No os acordis de las conversiones que se han dejado de hacer, de las costumbres que no se han reformado, de los pecadores que no se han reducido ni de las culpas que no se han evitado slo por no haberse visito en m en esta peregrinacin la modestia debida y la devocin necesaria; con que para aplacar vuestra justa indignacin, no me queda otro recurso sino el de ampararme de la misma Cruz, aun contra las quejas que (con tanta razn) puede tener de m la Santa Cruz, y valindome del Sagrado de su Ara, con este perdn de parte, esperar debajo de su proteccin vuestra clemencia; porque si est enseada a que en ella se borren las culpas de todo el mundo, no extraar que por ella se perdone a quien tiene ms que todo el mundo.

CAPTULO VI

 

De algunos sucesos de Fray Francisco de la Cruz en Madrid.

 

 

Despus de haber ofrecido los referidos sentimientos, y los que su fervor le ocasionaba en presencia de aquel Seor con la Cruz a cuestas, acudi a seguir la Comunidad en el grado que le tocaba, ejecutando en todo la santa Obediencia y cumpliendo con sus ejercicios, con ms penalidad en Madrid que en la Alberca, por ser ms las ocupaciones que le embarazaban el tiempo.

La Santa Cruz se puso en el Altar de la capilla de la Concepcin mientras se colocaba en el Altar mayor, adonde asista todo el da un Religioso tocando rosarios, cruces y medallas, satisfaciendo a la piadosa devocin de los fieles; que la tierra de Madrid es frtil para que prenda cualquier motivo de Religin y cualquiera devota novedad sea seguida.

Colocse en el Altar mayor el da de la Gloriosa Ascensin del Seor, que fue en 10 de mayo del dicho ao, con gran festividad. Fray Francisco de la Cruz, con licencia del Prelado, trat luego de pedir limosnas para hacer guarnicin de plata a la Santa Cruz para su adorno y defensa, porque sin ella algn piadoso y devoto desorden, por participar de su Reliquias, no la dividiese en partes.

Disele por compaero al Padre Fray Luis Muoz, que fue hacerle un favor muy singular, por la verdadera amistad que se tenan; lo cual no careci de providencia, porque quiso Nuestro Seor hacerle testigo de vista de algunas maravillas que obr por su Siervo, que, junto con el afecto que siempre ha tenido a su memoria venerable, ha sido la parte principal para que este libro se pueda conseguir, debindose a su cuidado el recoger noticias de los Prelados y Confesores que tuvo, de los Religiosos que fueron sus compaeros en diferentes tiempos, de las Provincias por donde hizo su peregrinacin, y de la aplicacin del que escribe este libro a su composicin, que por las instancias del dicho Padre Fray Luis Muoz, su Hermano, ha cargado sobre fuerzas dbiles peso desproporcionado.

El da siguiente a la colocacin, al ir a decir Misa el Padre Fray Luis Muoz, le sali Fray Francisco al encuentro y le dijo: -Pues va a tratar tan de cerca con el Divino Seor Sacramentado, dele muchas gracias, y a m el parabin, de una gran merced que me ha hecho, y es que, como me ha visto ya sin Cruz, no quiere que est sin ella, y me ha concedido el que se me hayan hechos dos roturas en entrambos lados; accidente que, no habindole sentido en todo el tiempo de la peregrinacin, habiendo padecido tantas inclemencias, ahora ha sobrevenido en el descanso: sea bendito para siempre, que con tal misericordia de Padre me trata, para que yo no me olvide de quin es y de quin soy, pues viendo que con la Cruz que he trado he caminado muy poco en su servicio, me ha querido dar otra de su mano para que alargue el paso. El Padre Fray Luis Muoz le dijo: -Que sera necesario prontamente hacer algn remedio. A que le respondi: -Que ya haba hecho algunos reparos; pero que en cuanto a su curacin, slo en la sepultura se poda hallar. Con que ces esta pltica y se apartaron cada uno a cumplir con su obligacin.

Y lo que de aqu resulta es que, en el varn perfecto, si crece la enfermedad es para que no se haga soberbia la santidad; porque el Mdico Divino toca el pulso al virtuoso, y le enferma o le sana conforme pulsa la virtud, la cual se perfecciona en la enfermedad con total seguridad del doliente, porque en manos de este Mdico ninguno peligra.

En Madrid fue grande la estimacin que se hizo de Fray Francisco; porque como en todos los Estados fue tan general la devocin de esta Santa Cruz, pues, sobre ser instrumento de nuestra Redencin, las circunstancias que concurran en ella eran tales, que traan veneracin aparte; y as, cuando se trataba de ella, siempre se hablaba de este Siervo de Dios y del ejemplo de su vida; con que todos deseaban comunicarle, y acudan a verle al convento las personas de ms suposicin de la Corte, as en sangre como en dignidades; lo cual le serva de intolerable molestia, y el remedio era (en cuanto los Prelados no le mandaban otra cosa), o estar retirado en oracin, o asistir a los ministerios que como Hermano de Vida Activa le tocaban, o salir por las tardes luego a pedir su demanda para la guarnicin de la Santa Cruz.

Entre otras personas que vinieron a verle fue un gran seor, y, por el obsequio debido a su persona, el Padre Provincial le sali a recibir y llev a su celda, y envi a llamar a Fray Francisco con el P. Fray Luis Muoz, que acert a hallarse en aquella ocasin, al cual le dijeron que en el Coro le hallara; con que fue a llamarle, y al entrar en el Coro vio al Siervo de Dios en oracin, tan dentro de su espritu, que, aunque le llam, no hizo movimiento; y queriendo entrar a llamarle de ms cerca, por dos veces que quiso entrar fue detenido con violencia sobrenatural, que no solamente le embarazaba los pasos, sino que le causaba un gnero indecible de reverencia y pavor; con que se resolvi a no intentar ms el entrar en el Coro sin dar cuenta al Padre Provincial de aquel suceso extraordinario; y as, volvi a su celda y le refiri lo que le haba sucedido, el cual le dijo: - Vuelva el P. Fray Luis al Coro, y diga a Fray Francisco que yo le mando con obediencia que luego venga. Volvi con aquel precepto, y al entrar en el Coro encontr a Fray Francisco, que vena hacia l y le dijo: -Vamos, P. Fray Luis, a obedecer lo que manda el Padre Provincial.

Rara fuerza de la obediencia!; que parece que quiere la Majestad de Dios que sus Siervos tengan puesto el odo ms en la locucin del Superior que en la suya, y que sea como desamparado, cara a cara, para ser vuelto a buscar con la compaa de esta virtud, y que parezca que hallan sus amigos ms Dios en buscarle de esta manera que en tenerle de la otra; y que parezca, por decirlo todo de una vez, que compitiendo Dios y la obediencia del Prelado, de alguna manera (aunque todo es Dios) queda por Dios.

Entr Fray Francisco en la celda del Padre Provincial, y aquel seor que le esperaba deba de ser muy cortesano, y tambin debi de juzgar que haba de hallar una conversacin discreta y pulida, como hombre que haba peregrinado por tanta diversidad de gentes, costumbres y ritos, porque al verle mostr mucho agrado y le hizo particulares favores y ofrecimientos, encomendndose, y a su familia, en sus oraciones, aplaudiendo su constancia y fortaleza en haber conseguido tan glorioso empleo, poniendo al nombre espaol una corona de tantos realces, pues hasta l ninguna otra Nacin del mundo haba conseguido, ni aun intentado tan alta determinacin.

Nuestro Hermano estaba con notable ahogo y sobresalto, porque juzgaba que durar en or sus aprecios era tentacin conocida, tan fuerte como era conocido el riesgo; y, por otra parte, tambin adverta que faltar a lo que el Prelado le mandaba era peligroso; pero, ponindose en manos de Nuestro Seor, se dej caer a la parte de la razn, que le haca mayor peso, que era no desamparar la presencia del Superior habiendo sido llamado; y as, despus de haber odo todo lo que el seor le quiso decir, tom esta forma, que fue no responderle palabra alguna a lo que le haba dicho, e hincarse de rodillas y pedirle que por amor de Dios interpusiese su autoridad con el Padre Provincial para que le mandase ir a su ocupacin y ejercicio, que era ya la hora en que haca falta en la cocina. Con que el seor, admirado de aquel silencio y profundsima humildad, quiso condescender con su peticin y splica, y se lo pidi. El Padre Provincial lo mand, y Fray Francisco de la Cruz se apart de su presencia confuso y atribulado.

 

 

CAPTULO VII

 

En que se prosigue esta materia de los sucesos de Fray Francisco de la Cruz en Madrid.

 

 

Asista nuestro Hermano con su compaero y amigo a pedir su demanda; y como el intento era tan religioso y el Religioso era tan bien recibido, fue mucha la copia de limosnas, as de los Consejos como de particulares. Hallronse un da junto a las casas del Marqus de Santa Cruz, que viva al fin de la calle Leganitos, y dijo a Fray Luis Muoz: -Aqu tengo un primo en servicio del Marqus, que es Pedro Daz de Viezma (que despus fue Guarda-Damas de la Reina); entremos a verle. Entraron, y hallaron aquella familia muy lastimada, con notable desconsuelo del dicho Pedro Daz, y ms de su mujer, porque un hijo que tenan llamado Eugenio, de edad de siete aos, estaba en los ltimos de la vida, desahuciado de los Mdicos. Recibironle con el gusto de verle, mitigado de la ocasin en que le vean; dijronle su pena, y Fray Francisco se lleg al sobrino y le dijo: -Yo fo en Dios que no morir de esta enfermedad, y le puso las manos sobre la cabeza, y volvindose a sus padres les dijo: -Demos gracias a Dios, que ha sido servido de dar salud a mi sobrino Eugenio.

Despidironse por entonces, y de all a dos das volvieron por aquella calle; entraron a ver al dicho Pedro Daz de Viezma, y hallaron a su sobrino Eugenio bueno y levantado, jugando con otros muchachos. Lo mismo le sucedi en la calle de San Luis, entrando a ver a Pedro Garca del guila, que Doa Mara Arias de Sandoval, su mujer, estaba en mucho riesgo de la vida de una grave enfermedad; y como eran muy devotos de Nuestra Seora del Carmen, y el nombre de Fray Francisco de la Cruz era tan clebre en toda la Corte, deseaba la enferma verle; con que hallndose en aquella casa entr a verla, y la enferma le pidi encarecidamente la encomendase a Dios; y se lo ofreci con las cualidades de modestia que se pueden creer de su humillacin, y desde el mismo punto la falt la calentura.

No se puede dejar de hacer reparo, para dar satisfaccin a algunos ingenios que no se aplican a atribuir estos sucesos a la intercesin de los Siervos de Dios, mientras quedan en los trminos de la posibilidad de la naturaleza, los cuales no pueden negar que es Dios admirable en sus Santos, y que la gracia que les comunica de sanidad se ha de verificar de alguna manera; y si debemos sentir de Dios en bondad, por qu a los que les concede otras prerrogativas les ha de negar sta? Y hacer regla general en que siempre la naturaleza es la que se recobra, cuando el punto de la crisis es imperceptible, y nunca dar caso en que lo hace la Divina gracia, es dar a la incredulidad lo que se debe a la piedad.

Prosiguiendo su demanda los dos compaeros, encarg el P. Prior al P. Fray Luis Muoz que hiciese una diligencia, tocante a negocios del convento, en la calle de la Ballesta, en Casa de Doa Juana de Tovar, persona principal, natural de la ciudad de Toledo, a que acudieron lo primero aquella tarde, para proseguir despus la demanda de su limosna. Entrando en el cuarto de la susodicha, dijo Fray Francisco de la Cruz: -La paz de Dios sea en esta casa. A que respondi Doa Juana de Tovar: -Vendr en muy buena ocasin, porque bien la habemos menester. A que respondi Fray Francisco: -Si vuestra merced, de tres hijas que Dios la dado no tuviera puesta la aficin desordenadamente en la menor de ellas, paz hubiera en esta casa. Estaban todas tres con su madre, y oyendo aquella respuesta tan verdadera de lo que les estaba sucediendo, se maravillaron en extremo, mirando con grande cuidado y atencin a aquel Orculo que les hablaba tan al alma. La madre pregunt al Padre Fray Luis Muoz que quin era aquel Religioso que tanta noticia tena de lo que pasaba en su casa y del amor particular que tena a su hija Leocadia, y la dijo: -Que era el Hermano que haba trado la Santa Cruz que estaba en el Altar mayor de la iglesia de su convento; y ella le respondi: -Muy dificultoso es que haya llegado a su noticia el modo de proceder que tengo con mis hijas; y me persuado a que es ms aviso del Cielo para lo que debo hacer en adelante, que conocimiento de lo que hasta aqu he obrado; pero con este recuerdo yo espero en Dios que me ha de ayudar a tener paz, tratando sin diferencia a las que nacieron con la igualdad de hermanas.

Mientras pasaba esto y que se trat del negocio que al Padre Fray Luis haba encargado el Padre Prior, Fray Francisco de la Cruz estaba sentado enfrente de una Santa Vernica que estaba en la sala con particular adorno y reverencia, y de cuando en cuando arrojaba suspiros lastimosos que manifestaban la congoja de su corazn, hasta que aquellos sentimientos se declararon en hacerse arroyos de lgrimas, estando siempre mirando La Santsima Imagen, el Padre Fray Luis Muoz dijo:- Vuestra mercedes no se maravillen, porque mi compaero es un Religioso muy espiritual; y como ha visitado los Santos Lugares de Jerusaln, trayendo a la memoria lo que en ellos pas nuestro Redentor, Salvador y Maestro Jesucristo con la ocasin de tener delante esta su devota y Santa Imagen, no es de maravillar que se haya enternecido y contristado su corazn y encendido en tan amorosas y debidas demostraciones.

Doa Juana de Tovar les dijo entonces: - Pues han de saber vuestras Paternidades que esta Santa Imagen es la devocin de toda mi familia, y que sirvi algunos tiempos antes de venir a nuestro poder como de pala para coger basuras y de otros ministerios indecentes, hasta ir a para por un trasto desechado a un gallinero, de que an duran hoy seales en el reverso de la tabla, que de industria no se han limpiado del todo para que se conserve la memoria de este caso maravilloso, y en ella nuestra devocin.

Y por ser digno de saberse, ha parecido referirle en suma, ofreciendo hacerlo por extenso en tratado aparte, dando en estampa la Efigie verdadera de esta Santsima Vernica, que no lo es la que se ve en la primera impresin, por cuya causa se ha quitado en sta; y de las diligencias exquisitas hechas para averiguar la verdad, se hallar razn cabal al principio de este libro en la Prevencin al lector. Fue, pues, el caso a la letra como se sigue:

En la iglesia parroquial de San Miguel de la ciudad de Toledo hubo un linaje con el apellido de Castros, y su ltima sucesora fue Ana de Castro, la cual en una ocasin llam a una vecina suya, llamada Mara de Toro, a quien dijo: -Yo me hallo ciega y con ciento catorce aos de edad, y por consiguiente, cercana a la muerte; pero sin hijos ni parientes; por lo cual, en seal de mi afecto y amistad que hemos profesado, te doy esta Santa Vernica: estmala en mucho, porque ha sido la devocin de todo mi linaje y por su medio ha obrado la Majestad de Dios Nuestro Seor muchos prodigios y milagros. Tomla Mara de Toro agradecida; pero juzg que todo lo que haba dicho era vejez de su amiga, porque slo vio una tabla sin seal de Imagen alguna, de que se origin el desestimarla y servirse de ella en los ministerios que quedan referidos, tan indignsimos del tesoro tan grande que en ella se ocultaba.

A esta sazn viva en aquella vecindad Doa Luca de las Casas, la cual una vez, entre otras que Mara de Toro arrojaba basura con dicha tabla, repar en que tena marco, y concibi alguna especie de que en ella haba habido alguna cosa de devocin, por lo cual se la pidi con intencin de limpiarla y poner en ella alguna Imagen o estampa de su agrado; disela la dicha Mara de Toro; y habindola tomado Doa Luca y reparado con todo cuidado, tampoco descubri por entonces cosa alguna, hasta que despus, estando a la muerte Mara de Toro, hizo llamar a Doa Luca y la dijo que mora con gran desconsuelo y escrpulo porque su amiga Ana de Castro le haba dado aquella tabla con singular recomendacin, y que ella, no haciendo aprecio de lo que la dijo, la haba empleado en ministerios bajsimos, y as que la mirasen con todo cuidado por su consuelo.

Movida de la curiosidad Doa Luca, empez a raerla sutilmente con un cuchillo, y no descubriendo en la tabla Imagen alguna, la dio a una criada para que la fregase, lo cual hizo con leja y un estropajo, poniendo en ella cuanta fuerza pudo; mas fue ociosa diligencia, porque tampoco se descubri cosa alguna; movise Doa Luca interiormente a ejecutarlo por s misma, y echando otra leja clara en una vasija limpia, con mucha devocin se puso de rodillas, y encomendndoselo a Dios prosegua restregando la tabla; mas al primer movimiento se descubrieron unos ojos como de vernica, de lo cual admirada Doa Luca, arroj aquel instrumento menos decente con que la limpiaba, y pidiendo agua clara y un lienzo blanco, prosigui con su intento, el cual no le sali en vano, porque se fue descubriendo el Santsimo Rostro de Nuestro Seor Jesucristo de tal venustidad y devocin, que causa mucha en cualquier cristiano que la mira con toda atencin.

Lo ms digno de ponderacin es que la Imagen es de papel, sobrepuesta en la tabla, como hasta hoy da se conserva, del mismo modo que se descubri en casa de Doa Juana de Tovar y de Doa Mara de Rivadeneyra, hija y nieta de dicha Doa Luca, las cuales viven al presente en esta Corte

Dicho esto, se levant Fray Francisco y la dijo: Vuestra merced tiene razn; y pues todo lo que ha dicho es cierto que pas as, no se maraville que un cristiano, considerando estas indecencias, haya tenido estos afectos; y con esto se despidieron.

De suerte que el Seor, para expeler el espritu de discordia de sus criaturas, toma por medio a Fray Francisco y quiere darlas su paz, no como la da el mundo, por el conocimiento natural y ordinario, sino iluminando superiormente su entendimiento y poniendo en su boca palabras vivas y eficaces que penetren ms que toda espada de dos cortes, para que se consiga un fin tan dichoso; y no es esto lo ms, sino que quiso dar a su Siervo una ejecutoria de su mano, con seales visibles y evidentes de que la visita que hizo de los Santos Lugares de Jerusaln le fue agradable, pues ahora le pone delante de sus ojos y los asfixa dentro de su alma las indecencias que esta Imagen suya padeci, como quejndose a un amigo de sus improperios, para conseguir la compasin y el consuelo, que son influencias de la queja, dando a entender que se haba hallado bien con los sentimientos de su Siervo en Jerusaln, y que ahora los echaba de menos, y que a la decencia con que era respetada su Imagen le faltaban estos fervores (que tena por la mayor veneracin) para estar de algn modo satisfecha, y que aquella puntual representacin haba sido dar a entender que aguardaba el holocausto que all Fray Francisco le haca de su corazn, en un fuego de afectos que arda mas inundado en lgrimas, y que en ellas haba anegado su enojo, para aceptacin del sacrificio y premio del mismo corazn sacrificado.

 

 

 

CAPTULO VIII

 

De algunos sucesos de Madrid y de Toledo, y de cmo se puso la guarnicin a la Santa Cruz y sali con ella para su convento de la Alberca.

 

 

En el tiempo que estuvo en Madrid, mientras se ocupaba en su piadosa demanda, pidi licencia al Prelado cuatro veces para salir sin compaero al convento de Religiosos Descalzos de la Santsima Trinidad, a visitar al P. Fray Toms de la Virgen, varn de rara perfeccin, que fue la estimacin y respeto de la Corte y que padeci enfermedad que dur cuarenta aos, los treinta y seis en la cama, por quien Nuestro Seor ha obrado casos maravillosos en vida y en muerte. Reciba a Fray Francisco el V. P. Fray Toms con gran consuelo, y el da que iba a verle era por la tarde, y estaba toda ella con esta visita, sin querer admitir otra aunque fuese de personas privilegiadas. Los coloquios que entre tan grandes Siervos de Dios pasaran, nadie sabe los que fueron, y nadie puede ignorar los que debieron y pudieron ser; y todos debemos imitar los esfuerzos con que se alentaran a la perfeccin, y las gracias que daran de las mortificaciones que padecan sus cuerpos, ponindolos en servidumbre, habiendo sido tan esclavos de la razn por tan diferentes caminos, hallando entrambos a Dios, uno peregrinando el mundo y otro desde la cama, haciendo el uno al lecho campo de batalla en continua lid, ganando trofeos del enemigo del gnero humano, y haciendo el otro las campaas de tantas provincias, descanso apacible a su meditacin suave, siendo entrambos dechados de prudencia, de justicia, de fortaleza, de templanza y de todas la virtudes religiosas.

Lleg el tiempo en que se acab la guarnicin de la Santa Cruz, deseado de nuestro Hermano, porque estaba muy violento en Madrid; pes, por certificacin del contraste, cincuenta marcos de plata y treinta reales ms, precio que no se sabe apartar de la Cruz: del dinero de la limosna (que ni para recibirle ni para pagarle nunca entr en su poder) se dio satisfaccin a Francisco Martnez, que fue el platero que la hizo, y sobraron doscientos ducados, los cuales, con licencia del Prelado, emple en hacer una reja de hierro para un nicho que estaba en forma de entrada de capilla en la iglesia del convento del Carmen de la Alberca, donde se venera un Santo Cristo atado a la columna, con una Imagen de Nuestra Seora de la Soledad que sacan en la procesin de la Semana Santa.

Despus de guarnecida la Santa Cruz, se volvi a colocar en el Altar mayor y se le dedic un da de festivo, con msica y sermn, que le predic el Padre Maestro Fray Celedonio de Agero, sirvindole de compaero nuestro Hermano. Concluida con grande aplauso y concurso esta festividad, trat de salir de Madrid para su convento de la Alberca, donde tena su corazn.

El Padre Fray Luis Muoz, valindose de la amistad que se profesaban, le pidi, por satisfacer los piadosos deseos de su hermano D. Juan Muoz, que un da fuera su convidado; Fray Francisco lo acept con licencia del Superior, y seal el domingo primero, que fue el de Ramos. En este mismo da, que fue el del ao de mil seiscientos y cuarenta y siete, pasendose por el claustro del Carmen con una persona que siempre ha tratado de estudios, acabada la ceremonia de la bendicin de los ramos le habl Fray Francisco de la celebridad de aquel da con tan devotos sentimientos, con tanta diversidad de sentido, con tan altos conceptos y con tan propia significaciones, concluyendo la pltica con decir que en los ramos de aquella procesin eran ms los misterios que las hojas, que la persona con quien conversaba se persuadi a que, a fuerza de muchos estudios, era muy dificultoso alcanzar parte de lo que haba odo, y casi imposible tanta diversidad de conceptos, con tanta propiedad de voces en quien no haba estudiado facultad alguna; y as, que era ciencia sobrenatural y divina; y aunque tiene grave dificultad el querer asegurar ciencia insulsa, tambin la tiene el que sea adquirida, y es fuerza que haya una de las dos; y porque para entrambas hay razones y para entrambas las deja de haber, se queda a la discrecin del que leyere esta VIDA el que elija lo que ms fuerza le hiciere, con recomendacin en igual grado a que no desampare la parte ms piadosa; lo cierto es que pas as, y el que lo oy lo testifica y escribe.

Lleg (como se ha dicho para este da) la hora del convite, y sentronse a comer, y Fray Luis Muoz, como Sacerdote, ech la bendicin a la mesa en la forma ordinaria y ms breve, y el Siervo de Dios dijo entonces: -Esta bendicin comprende mucho, porque en los cuatro remates de la Cruz que se forma para la bendicin se ha de entender que se bendice a las cuatro partes del mundo, y en ellas, no slo a todas las criaturas, sino tambin a los elementos y a todas las obras del Seor; y mi compaero claro est que con esta intencin la habr echado, conociendo que el Creador quiere ser bendito y glorificado por todas y en todas sus criaturas.

La comida estaba prevenida con algn cuidado, aunque el Padre Fray Luis le haba dicho a su hermano que el husped no le gastara mucho de ella; y as fue, porque Fray Francisco le dijo: -Que no le rogasen que comiese, que l comera todo lo que pudiese comer; y tomando unas migas de pan, las ech en el agua de unos esprragos, y despus de estar muy mojadas las fue pasando poco a poco con grandsimo trabajo, que en aquel estado le puso la continuacin de tantos aos de ayunos; y despus de mucho tiempo que tard en comerlas, pidi agua y ech en ella un poco de vino, diciendo: -Que le hemos de hacer! ello por los nuevos achaques nos obliga a esto; -y el pasar la bebida tambin fue con excesivo trabajo, quedando todos lastimados de ver lo que le costaba el gozar de un alimento de aquel gnero, y reconociendo que no era mucho emplease la vida en aflicciones del cuerpo quien la sustentaba con pan de dolor; y aunque quisieran que se lograra la prevencin, se rindieron a no molestarle con el presente desenga, contentndose con tenerle en la mesa y or sus consejos saludables.

Acabada la comida con la accin de gracias, mostr el devoto Religioso los admirables tesoros que hay en ellas; pues si al bienhechor humano son debidas, qu sern a Dios y en cosa que con la refaccin cotidiana se vive para servirle ms y agradarle ms? Lleg el tiempo de volverse al convento, y D. Juan Muoz y su mujer le pidieron con grandes instancias rogase a Nuestro Seor les diese hijos, si conviniese; l les prometi hacerlo, con aquel recato y humildad que acostumbraba; y despus de despedidos, al salir a la calle dijo a Fray Luis: -Su hermano tendr hijos, pero se morirn presto, y luego l los seguir; y as sucedi.

Antes de retirarse con la Santa Cruz a su convento de la Alberca pidi licencia a su Superior para ir a visitar un gran Santuario; y preguntndole adnde era, dijo: -Que en Toledo, en el cementerio donde se entierran los incurables del Hospital del Rey los ajusticiados; y se la dio y fue; y estando en el dicho cementerio, que est contiguo al convento del Carmen, le vio un Religioso de su Orden haciendo oracin, y que la cabeza la tena baada de resplandor.

Visit la milagrosa Imagen de Nuestra Seora del Sagrario, y luego que volvi dispuso su partida, llevando la Santa Cruz en una caja de madera que hizo para el caso, y el cofrecito de reliquias que le dio en Roma la Santidad de Urbano VIII, y la reja de hierro referida, en un carro de la Mancha, en compaa del Padre Fray Juan de Camuas, que entonces era estudiante y al presente es Prior del dicho convento de la Alberca.

Despidise de los Religiosos del de Madrid y de muchos devotos y bienhechores que tena en la Corte, con general sentimiento de todos, y en particular de su amigo y compaero el Padre Fray Luis Muoz, y al tiempo de partirse le llam aparte y dijo: - Yo cumplir la palabra que he dado de escribir a mi Padre Fray Luis todos los ordinarios; en el que le faltare carta ma, me haga caridad de acudir al Padre Prior y decirle que ya he ido a dar cuenta a Dios de mi mala vida, que bien puede hacerme los sufragios de la Religin; lo cual sucedi de la misma suerte que el santo Hermano dej profetizado.

 

 

 

 

 

 

CAPTULO IX

 

 

De los sucesos del viaje; entrada en el convento de la Alberca y colocacin permanente de la Santa Cruz.

 

 

Parti Fray Francisco de la Cruz con el Padre Fray Juan de Camuas al convento de Santa Ana de la villa de la Alberca (como queda referido) por el camino de Ocaa para Tembleque, y en l fue preciso pasar por la barca el ro Tajo, y Nuestro Seor en todas ocasiones oa las voces de su Siervo. Sucedi que al sacar el carro de la barca estaba otro para entrar; el carretero era mozo y poco diestro en su oficio, y habiendo de tomar el camino derecho, torci a un lado y meti el carro a la lengua del agua, con peligro manifiesto (por la disposiciere el sitio) de ladearse al ro; y haciendo esfuerzo con las mulas para arrancarle de aquel lugar, dos veces rompieron las cuerdas, con que todos entraron en turbacin y desconfianza. Entonces nuestro Hermano, con gran paz y seguridad, dijo: -Otra vez se han de volver a poner las mulas, que Dios ha de ayudar y saldr el carro. Volvieron a poner las mulas, atando las cuerdas rotas, y tiraron del carro, sacndole con tal velocidad como si otras tantas se hubieran aadido al tiro; con que todos los presentes lo atribuyeron a milagro; y el Padre Fray Juan de Camuas, como testigo de vista, en algunos apuntamientos que remiti para este libro, reconoce este suceso por milagroso.

Prosiguieron su viaje, yendo siempre Fray Francisco en tan profunda oracin como si el que iba con l llevara en su compaa una estatua.

Llegaron a la villa de la Alberca, y desde que entraron en ella, que conocieron a Fray Francisco, se convocaron los vecinos unos a otros a voces altas, dndose el parabin de su venida; de suerte que, cuando llegaron al convento, ya estaba todo el lugar con l, con una alegra tan universal como si a cada uno de lejas tierras le hubiera venido su padre; y as fue, porque l lo era de todos.

Despus de haber hecho oracin al Santsimo Sacramento y visitado la devota Imagen de Nuestra Seora del Socorro, y que fue recibido en el convento, aquellos santos Religiosos no hubo demostracin de gozo que no hiciesen; que tambin Nuestro Seor sabe dar consuelos exteriores a sus Siervos, para estimacin de la virtud y santos recreos de los virtuosos y para que (haciendo treguas por algn tiempo sus amigos con alguna ejemplar diversin) vuelvan a las tareas espirituales con mayor fuerza.

Dio la obediencia al P. Fray Juan de Herrera, su Prelado inmediato y maestro de espritu, que por haber sido dos trienios continuos Prior de aquel convento lo era en esta ocasin, y a quien debi nuestro Hermano todo el estado de perfeccin a que Nuestro Seor haba levantado su dichosa alma, y que al acierto de aquel viaje sagrado todo se debi a sus continuas instancias, que fueron el principal motivo de la Religin para conceder tan dificultosa licencia.

Recibile el Padre Prior con el contento de ver la frtil cosecha del grano que haba sembrado; y como el grano era la palabra de Dios y haba cado en tierra tan beneficiada, le concedi el Seor que viese, por efectos de su cultura, frutos centsimos.

Despus de haber cumplido con los piadosos afectos de sus compaeros y amigos, el P. Fray Juan de Herrera le retir solo a su celda, para saber en qu estado se hallaba de conciencia en Dios: que como Religioso tan observante y perfecto, este era su principal cuidado, ms que el saber las curiosas particularidades de tan larga peregrinacin.

Luego que entraron en la celda, Fray Francisco se le hinc de rodillas, y con suspiros ardientes, nacidos de lo ntimo de su corazn, le dijo: Padre, Maestro y Seor Mo: yo vuelvo a su dichosa escuela tan desaprovechado y lleno de imperfecciones, por la gran falta que me ha hecho su asistencia, que tengo por cierto ha menester conmigo volver a trabajar de nuevo; y pues el Seor ha querido poner mi alma en sus manos, y que con su doctrina tuviese algunos deseos de servirle, y ahora quiere que vuelva otra vez misma educacin, bien conoce la necesidad que tengo de ella; y as, por lo que Vuestra Paternidad le desea agradar le suplico no me desampare, ni quiera que mi espritu entre en tentacin y tribulacin, que l viene tan flaco por las muchas impresiones que le ha causado la falta de seguir mi religiosa Comunidad, que no podr andar sino arrimado a las paredes; y pues sabe sus muchas enfermedades, por amor de Dios no le deje de socorrer con el arrimo del bculo de su enseanza, para que no le pueda derribar su enemigo, y la fbrica que tanto le ha costado la vea venir al suelo por no acudir a tiempo con los reparos.

El P. Fray Juan de Herrera, consolado y enternecido por aquel profundo ejemplo de humildad y de propio concepto que se debe tener, le abraz, levant y esforz, y tambin reconoci su grado de oracin para proseguir en adelante el estado en que se hallaba con la gracia del Espritu Santo, y sealaron hora para tratar con la Comunidad de la colocacin de la Santa Cruz y de las Reliquias que haba trado.

Hecha la conferencia, se resolvi que la Santa Cruz se colocase en el Altar mayor, debajo del dosel en que hoy est, con grande reverencia y devocin, y adonde acuden los fieles a adorarla y a cumplir sus votos, no slo de toda la Mancha, sino de partes ms remotas. Y en cuanto al Relicario, que se pidiesen limosnas para formarle en habiendo ocasin.

Para la colocacin permanente de la Santa Cruz se dedic un da festivo, y Fray Francisco dispuso el que viniese msica de fuera de la villa, por no haberla en ella, ni en el convento, para tan grande festividad; con que se celebr la colocacin con mucho concurso de gente de los lugares vecinos, que, con la novedad de la Fiesta y de la Santa Cruz y de ver a Fray Francisco, que de todos era muy respetado, se llen todo aquel lugar de forasteros, y el da fue de universal regocijo y edificacin.

Nuestro Hermano, como era menester pedir de limosna los gastos de la Fiesta, tambin pidi para la comida de los msicos, que fueron seis; y por no dar ms embarazo en el convento del que tenan con acudir a la solemnidad, que como era tan pobre cualquier cuidado ms lo fuera, respeto de ser tan limitado por esta razn el nmero de los Religiosos dispuso llevar la comida de los msicos a casa de Jos Nuez, su bienhechor, con quien tena particular amistad para que su mujer, Quiteria Nabasta, y la gente de su casa, cuidasen de la comida.

Despus del Sermn y de la Misa pasaron los msicos a comer y con ellos catorce personas ms que haba ido a ver la colocacin; cuando la dicha Quiteria reconoci que venan a comer veinte personas, envi luego a llamar al siervo de Dios y le dijo: -Que la comida que haba trado era para seis, y eran veinte los que venan a comer. El entonces la respondi: -Calle, hermana, que ya no es tiempo de ms prevencin; Dios es Padre y lo remediar; sintese a comer. Dicho esto se fue, quedando aquellos sus devotos con sentimiento de que ya no era hora de poderse remediar tan notable falta.

Los convidados se sentaron, y la comida se puso en la mesa, y mientras coman entraron otras muchas personas, an ms en nmero de las que estaban sentadas, y alcanzaban de la mesa igualmente con los que estaban en ella. Acabada la comida todos quedaron satisfechos, y sobr ms comida que la que nuestro Hermano haba llevado, que se reparti entre los vecinos de aquella casa; con que nuestro Seor supli las faltas de su amigo, que puso en l su confianza; la cual noticia remiti firmada al convento de Nuestra Seora del Carmen de Madrid, sabiendo que se trataba de escribir este libro, el Licenciado Diego Nuez, Clrigo Presbtero, hijo de los dichos Jos Nuez y Quiteria Nabasta, testigo de vista, para hacer deposicin de lo referido, con juramento y en forma, l y la dicha su madre, con otras personas, que tambin se hallaron presentes, de la dicha villa de la Alberca, siempre que se trate de la veneracin pblica del cuerpo de Fray Francisco de la Cruz.

 

 

CAPTULO X

 

De cmo volvi a disponer su vida religiosa, y de sus afectos amorosos a la Santa Cruz.

 

 

Con la enfermedad que le sobrevino al Siervo de Dios, y la edad y los quebrantos, nacidos de sus penitencias y viajes, le iban desamparando las fuerzas y se le iba fortificando el espritu. En orden a las penalidades de aquella conventualidad, en el grado de Hermano de Vida Activa, no slo acuda a las obligaciones de su cargo, sino que quera hacer todo lo que tocaba a sus compaeros con las mismas puntualidades que cuando estaba en edad robusta; y porque el Superior le excusaba de algn trabajo, l no se daba por entendido y a todo asista; y si le reprenda, deca que no tena precepto en contrario, que si supiera que le desagradaba no lo hiciera, porque tena la voluntad siempre pendiente en la suya.

Era tanta la asistencia a la oracin en el Coro, y en la iglesia y en otros sitios retirados, que no haba menester celda, porque todo el tiempo que le dejaba la obligacin conventual le gastaba en ellos, y el reparo que tomaba con el sueo era o en la sacrista o en la iglesia; y parecera esto exageracin si no constara por el desapropio que hizo para morir, que l no declara ms que los vestidos, como adelante se dir.

Sus penitencias y mortificaciones eran con mas exceso (si en servir y agradar a Nuestro Seor le puede haber), que antes que fuera a Jerusaln.

De noche andaba por el convento con diferentes penitencias, y la principal era disciplinarse tan rigurosamente, con el reconocimiento de que castigaba a un enemigo, que corra sangre de su cuerpo de suerte que baaba las paredes y el suelo; y aunque pona todo su cuidado en lavar las seales que quedaban, nunca se podan encubrir del todo, y algunas veces el mismo encubrirlas lo declaraba.

Volvise a poner el cilicio de hierro; y como ya era menor la resistencia, era ms vehemente el sentimiento; qu mucho, si todo l estaba hecho una llaga!

Entre los papeles escritos de su mano se hallaron unos que acaso guard en el pecho y conservan hoy las manchas de la sangre; y lo que ms se debe reparar es la grandeza del santo temor de Dios que tena porque aun en aquel estado tema las desobediencias de la carne al freno de la razn, pues todo el intento de nuestro Siervo de Dios era tenerla puesta en servidumbre.

Tanto era lo que se afliga y aniquilaba, que el Padre Fray Juan de Herrera, su Prelado y Maestro espiritual, le puso trmino, dndole tasa en los ejercicios y en la forma de ejecutarlos, con precepto formal de obediencia; con que vindose por todas las partes cogidos los puertos, se declar y le dijo: -Padre mo: yo he de obedecer lo que Vuestra Paternidad me mandare, como sbdito suyo de tantas maneras; pero ha de advertir que en los sentimientos que le tengo insinuados estoy certificado ms de que ya tengo muy cerca la partida; y as, lo que no llevare no lo he de hallar, y es justo que la prevencin sea la ms cumplida, porque no hay recurso de mejorarla; si en todos los lugares de este convento he estado cometiendo tantas y tan graves imperfecciones por tantos aos, bien se me debe permitir que en todas procure tomar algn descuento para moderar de alguna manera el peso del cargo, que es tremenda la Majestad que le ha de hacer. Con que el Padre Prior, con el seguro conocimiento que tena de su conciencia, ahora ms declarado, y por no desconsolarle, parecindole que fuera del convento, con el menos tiempo, sentira menos la regla que le haba dado de moderacin, y por pactar tambin con los piadosos deseos que tenan los pueblos vecinos de ver en ellos a Fray Francisco por razn de las limosnas que la comarca haca al convento, le mand que saliese a San Clemente, Tembleque y otros lugares, a pedir limosnas, como de antes lo haca, a que l se rindi con la total subordinacin que siempre.

Mientras estuvo en el convento todos sus amores eran con la Santa Cruz: ella era el objeto de sus tiernos coloquios, de sus afectos encendidos, de sus dulces plticas, de sus continuas consideraciones y de todo el empleo de su alma; en ella pona lo encendido de su pecho, lo fervoroso de su imaginacin y lo firme de sus propsitos; a ella atribua la dicha de su vocacin y la gracia de su conservacin; por ella se reconoca esclavo de la Santa Fe, partcipe de la Esperanza y capaz de la Caridad.

Tanto se lleg a encender su corazn con las deudas que reconoca a la Santa Cruz, en la libertad de tantos riesgos que gozaba por su intercesin y en el remedio final que esperaba, sindole protectora, que entre afectos y fervores e incendios de amor rompi su espritu devoto y agradecido, contra la costumbre de toda la vida, desembozando una habilidad y propiedad ignorada de la misma naturaleza, con harmona y consonancia puntual en el arte, con acentos y nmeros dulces y sonoros a la Santa Cruz, en las octavas siguientes:

En Cruz Cristo muri crucificado

para que yo en mi Cruz su Cruz siguiese;

la Cruz le hizo glorioso, y yo Cruzado,

imitar su Cruz, si en Cruz muriese;

dichosa es ya mi Cruz, pues la ha abrazado

su Cruz, para que yo su Cruz sintiese;

sigue la Cruz, que en Cruz que es tan suave,

llevar la Cruz con Cruz no se hace grave.

 

Ya no pesa la Cruz, que es Cruz ligera,

despus que en Cruz se levant el ms Justo;

abrzate a la Cruz, y considera

que no pesa la Cruz sino al injusto;

el premio de la Cruz en Cruz espera,

si con su Cruz tu Cruz llevas con gusto;

pues despus que en la Cruz venci al pecado,

el yugo de la Cruz ya no es pesado.

 

El que sin esta Cruz llegar se atreve

al Triunfo de la Cruz, ciego camina,

que es Estrella la Cruz que al alma mueve,

y siguiendo esta Cruz, va peregrina

tu Cruz, porque el camino es breve;

merece con la Fe su Cruz Divina,

que el premio que por Cruz se da al cristiano

si se cie, a la Cruz tiene en la mano.

 

No temas con la Cruz, tu pecho inflama;

camina al Cielo en Cruz, corre la posta;

no pierdas la ocasin, la Cruz te llama,

aunque es la senda de la Cruz angosta;

goza los bienes que la Cruz derrama,

ganados en la Cruz con tanta costa;

que vindote con Cruz Dios en su gloria,

no tendr de su Cruz tanta memoria.

 

 

De esta suerte se desahogaba aquel espritu, rebosando llamaradas celestiales, centellas del ardor en que se abrasaba y no se consuma, calidades del fuego divino; y si se desahogaba, era para volverse a llenar; que donde el Seor elige apacible morada no hace su asistencia pausas, antes sucesivamente iluminada, adorna, arde y quema, para no aniquilar, y desahoga, parar estar dando ms, y aun ms, que no tiene trmino ni tasa, porque no se mide con el que recibe, sino es con el que da, que para que el lleno sea ms cumplido se da a s, y consigo toda la inmensidad de tesoros que goza en sus Alczares Soberanos.

 

 

 

CAPTULO XI

 

De las maravillas con que Nuestro Seor dio a

entender el nuevo grado de perfeccin a que haba sublimado a su Siervo.

 

 

En ejecucin de lo que el P. Fray Juan de Herrera, Prior y Padre espiritual de nuestro Hermano, le haba mandado, sali a pedir limosna para el convento por los lugares de la Mancha, donde la sola pedir antes que partiese a su peregrinacin; y si haba sido en todos querido y respetado, ahora lo era mucho ms, por la santidad que siempre reverenciaban en l, por las aclamaciones que en toda aquella tierra hacan a la Santa Cruz, y por haber conseguido un fin tan sin ejemplar.

Lleg a Tembleque, y despus de haber tratado con la justicia y el Cura que se erigiese un Altar con ttulo de Nuestra Seora de la Fe, yendo pidiendo su limosna por las casas entr en la de Mara Daz y detvose a hablar en el portal de ella con Alvaro Lpez, su yerno, a tiempo que sala la susodicha a arrojar en la calle una pjara, que en la Mancha llaman churra y es al modo de una perdiz, aunque algo mayor. Fray Francisco la dijo: -Mara Daz, dnde va con este animalito de Dios? Y ella le respondi: -Voy a arrojarla en la calle, porque salt del corredor y se quebr un ala har diez das, y debajo de ella se le ha hecho una postema, y la materia se ha corrompido de suerte que ofende lo excesivo del mal olor; y as, pues no tiene remedio, la voy a echar a la calle. El siervo de Dios, compadecido, la tom en las manos y vio que el tumor era mayor que una nuez, y que se la haba cado toda la pluma de aquel lado y mucha parte del otro; y con aquella ternura compasiva que sabe Dios dar a sus amigos, la humedeci con la boca el ala quebrada y toda la parte enferma. Entonces se suspendi, como con un gnero de desmayo, entorpeciendo o casi muertos los sentidos exteriormente, quedando sin movimiento natural, y al mismo tiempo se solt la pjara de entre sus manos, saltando por todo el portal de la casa. Mara Daz y Alvaro Lpez, su yerno, con una novedad tan rara, acudieron a levantar el ave del suelo y la hallaron soldada el ala, sin tumor ni parte alguna enferma, y toda cubierta de pelo nuevo. Fray Francisco, despus que estuvo as por breve espacio de tiempo, recobrado de aquel enajenamiento, recelando su modestia algn gnero de aclamacin en los testigos de vista de un suceso tan extraordinario, diciendo tres veces Jess, se ech la capilla sobre la cara y se fue con pasos apresurados hasta salir luego del lugar, quedando los susodichos aclamando aquella maravilla de Dios en su Siervo por todo l, con admiracin general, los cuales aquel mismo ao (despus de muerto Fray Francisco), juntamente con la hija de la dicha Mara Daz, mujer del dicho Alvaro Lpez, se vinieron a vivir a Madrid, a una casa de arco que est a las espaldas de las Monjas del Sacramento, que llaman del Duque de Uceda, trayendo consigo la misma pjara, donde fueron a verla, con la noticia que haba del suceso, muchos Religiosos Carmelitas.

Pide este suceso volver con alguna brevedad a la controversia que se trat en el captulo sptimo, sobre si la salud que est en la posibilidad de la naturaleza se recobra por ella, pues en este caso y en los referidos influyen los mritos de un mismo sujeto por cuya virtud se obran; y de la propia suerte que no es poderosa la naturaleza a soldar lo roto de una ala ni a supurar de repente una postema, a reintegrar unas partes corrompidas ni a volver a cubrir un ave de pelo negro, de la misma forma es incapaz a suspender unos trminos embarazando lo sucesivo, haciendo sanidad la enfermedad; con que siempre se debe acudir a la intercesin de los Siervos de Dios, pues es tan poderosa.

Era tan devota de nuestro Hermano la dicha Mara Daz, que sobraba este suceso para confirmar su crdito; la cual, para haber de venir a Madrid a vivir de asiento, hizo copiar el cuadro de los Misterios de nuestra Santa Fe Catlica, que l form por ilustracin Divina, que estaba colocado en la iglesia de Tembleque, para tener consigo estas religiosas prendas suyas; el cual despus sirvi de cumplir la promesa de una sanidad no esperada, como en su ocasin se dir.

Volvi al convento Fray Francisco a comunicar con su Prelado y Maestro lo sucedido; que no hay quien tanto tema el acierto como quien desea acertar en todo.

Ofrecisele al Fray Juan de Herrera ir a Villar de la Encina, que es cerca del convento, y llevse consigo a Fray Francisco para dejarle all pidiendo sus ordinarias limosnas.

Los coloquios que por el camino llevaran, bien se dejan entender de varones tan espirituales y mortificados; y aunque iban a pie, se engaara el cansancio con las preguntas de Discpulo tan obediente y que estaba siempre deseando aprovechar ms, y de Maestro tan discreto y fervoroso.

Iban por el pinar en estas plticas, esforzando los ardores de sus pechos en la reverencia, adoracin y amor de un Seor tan sumamente misericordioso y remunerador, cuando nuestro Hermano, diciendo en un suspiro vehemente: Ay Dios! se levant tanto del suelo, que lleg con la cabeza a tocar en las ramas de aquellos altos pinos, quedando tan firme en el aire como si le sirviera de estribo.

El P. Fray Juan de Herrera, como hombre experimentado en las doctrinas msticas y espirituales, reconociendo que aquel rapto se poda causar de dos maneras, y por si era con violencia de los demonios, queriendo maltratar aquel perfecto Religioso como otras muchas veces lo haban hecho, los conjur de parte del Omnipotente Dios para que se le volviesen a su lado sin lesin alguna; y viendo que esta diligencia no surta efecto, reconoci que aquella era subida del alma a Dios, que, llevada de una apacible violencia de fervorosa contemplacin, se haba engolfado, inflamado el corazn en los arrobos de ardentsimos afectos intelectuales, y arrebatada en la llama del Divino Amor se haba convertido tanto en l, que todo lo que era antes lo haba dejado de ser, perdiendo el sentir y el querer y todo modo natural, y como abrasada mariposa revoleteaba en el fuego divino sin poderse apartar de l; con que reconocida la causa, mand al Siervo de Dios, con Obediencia, que volviese a proseguir su viaje, a que luego obedeci, recobrado de aquel xtasis, y se puso al lado de su Maestro.

Aunque entendi el P. Fray Juan de Herrera muy bien la verdad de este arrobamiento, y no ignoraba del modo que se poda haber causado; pero como son tantos los caminos de Dios, para la perfecta direccin de esta alma mand a Fray Francisco como Prelado y Confesor le dijese lo que en este suceso haba sentido, el cual respondi:

-Fue tal la novedad repentina que me sobresalt, estando con vivos afectos de unirme con Dios, que me pareci que tan totalmente haba perdido todo mi ser, que aun quedaba en menos que irracional; cuanto va de diferencia en considerar el ser de alguna manera a un gnero de privacin del mismo ser, que es estar reducido a nada, hallndose mi alma en el principio, que es del que puedo decir algo, con un acto intenso de un amor devoto, traspasados los sentidos, a semejanza de un rayo encendido que se desvanece presto; con que dejando de obrar ellos fue mi alma levantada a cosas sobrenaturales y divinas, que como no se pueden comprender no se pueden explicar.

Fray Juan de Herrera, habiendo reconocido la inmensa bondad de Dios en los bienes invisibles que tiene preparados a los que le aman, se volvi a l con una agradecida y afectuosa aclamacin diciendo:

-Seas bendito, Seor, para siempre, y por todas las eternidades te aplaudan y engrandezcan todos los Coros celestiales, que con tan larga mano premias a este amigo fiel tuyo, levantndole a Ti, no por la grandeza de la admiracin de lo que T eres, como sueles a otras alma puras, ni por la grandeza del contento, como suelen ser llevados a Ti otros escogidos tuyos, sino por la grandeza de la devocin, medio el ms superior y privilegiado para que el alma de este Siervo tuyo, herida de tus ardores, que eres Sol divino, haga un trueque y mudanza contigo, y esto por el camino ms excelente, saliendo de lo grosero de su natural a lo perfectsimo del tuyo, quedando mientras ms sublimada ms humilde.

Con que volvindose a Fray Francisco, le dijo:

-Demos gracia a nuestro Seor de todas sus misericordias y maravillas.

En ellas les cogi el remate de aquella breve jornada, y entraron en Villar de la Encina.

 

 

 

CAPTULO XII

 

De un favor particular que recibi de mano de la Reina de los Angeles, y de lo que sucedi en la fundacin de un Altar, con ttulo de Nuestra Seora de la Fe, en Tembleque.

 

 

El Padre Prior ajust el negocio a que haba ido, y dejando a Fray Francisco a pedir su demanda, as para las ordinarias limosnas como para la formacin del Relicario, se volvi al convento; el Siervo de Dios la pidi y remiti, y resolvi volver a Tembleque, adonde haba dejado dispuesto el levantar un Altar con ttulo de Nuestra Seora de la Fe. Para que tuviese efecto y hacer este servicio a la Reina de los Angeles, sali con este justo deseo, despus de haber caminado (siempre a pie, en este y en todos los dems viajes que haca para pedir limosnas), y entr en consideracin de lo poco que hacemos en servicio de la Virgen Santsima y de la mucha obligacin que tenemos para amarla, reverenciarla y servirla; y que no cumpliendo con lo que debemos, es tan piadosa esta Soberana Seora, que se conduele de nuestras aflicciones y necesidades, y por su intercesin nos vemos libre de los peligros visibles e invisibles que nos cercan.

Cuando las almas estn puestas en Dios Nuestro Seor, como la de nuestro Hermano, no saben encenderse poco en sentimientos sobrenaturales y divinos, antes toman vuelos de tanta altura, que luego se hallan a las puertas de lo que desean.

No le desagrad a la Santsima Madre de Dios la consideracin de este devoto Siervo suyo, porque estando discurriendo con estos motivos, se le apareci, cercada toda de resplandores, con una corona de rosas en la mano, y le habl de esta manera: -Ten nimo, hijo Francisco, que vencidas algunas dificultades que te faltan, te dar por premio mi Hijo precioso esta corona. Dicho esto se desapareci, quedando el agradecido Religioso baado en una dulzura celestial, prosiguiendo en los agradecimientos y deudas que se deben tener a una Seora que sabe hacer estos favores, fortalecido su corazn para amarla ms y servirla ms, creyendo (como es verdad) que nunca puede estar servida ni amada con la dignidad que merece.

Prosigui su viaje con tan singular merced hasta volver a entrar en Tembleque; y aunque se hizo alguna violencia por el caso que se refiri, pudo ms el deseo de servir a la Virgen, dejando a su cuenta el que el suceso pasado no le fuese causa de alguna imperfeccin, porque en su servicio se allanan todos los caminos.

Debe advertirse que en este y en todos los lugares en que entraba Fray Francisco, ya fuese a pedir limosna, ya a las fundaciones que hizo de las Vas Sacras, ya a erigir los Altares de la Santa Fe Catlica y de Nuestra Seora de la Fe, lo primero que haca era dar obediencia al Cura y Alcalde, como superiores de los pueblos, cada uno en lo que le tocaba; con que haca un acto heroico de esta virtud y tambin ganaba la pa afeccin de las personas que haba menester para conseguir sus religiosos intentos; que lo que consiste en modo humano, quiere buen modo.

En Tembleque volvieron a estimar en mucho su venida, y luego trataron de dedicar una Imagen de Nuestra Seora y levantarla Altar con el Ttulo de la Fe, aplaudiendo su pensamiento con los debidos reconocimientos de que quisiese hacer tanto bien a aquel pueblo y que su asistencia en l fuese tan repetida.

Fray Francisco, para celebrar ms solemnemente esta fiesta, acord con el Alcalde y el Cura que se hiciese una procesin y en ella fuesen doce doncellas de pequea edad con luces en las manos; ellos, reconociendo el lugar, hicieron nmina de las que haba para poder ir en la procesin, y hallaron que de aquella edad e igualdad que se pretenda no haba ms que once nias para el caso, y dijronle que con aquellas nias se poda disponer, que no era bien buscar en otro lugar la que faltaba, pues no haba ms. El Siervo de Dios les dijo: -Mire bien si hay otra, porque la procesin se haga con el nmero de doce, para que en l se comprendan todas las doncellas del mundo, y que se entienda que stas, por todas, prestan culto y rendimiento a la Reina de los ngeles, que en este se dar por bien servida. Entonces dijo el Alcalde: -En las que hemos referido falta una, que es la hija del barbero; pero ha mucho tiempo que est en la cama tullida de pies y manos, y as no la nombramos, porque no puede asistir. A lo cual dijo nuestro Hermano: -Callen, seores; que para efecto de que la Madre de Dios sea servida y reverenciada, no hay impedimentos que basten, porque todos se desvanecen; y as, yo voy por ella.

Dicho esto los dej y fue en casa del barbero y pregunt por la doncella que estaba en la cama y encarg a sus padres que se la compusiesen luego, que haba de ir en la procesin de Nuestra Seora de la Fe. Los padres (aunque era grande el concepto que tenan de la santidad del Religioso) dijeron que era imposible, que estaba tullida de pies y manos, y le llevaron adonde estaba para que la viese; l, habindola visto, dijo a sus padres: -La nia esta buena, y as no hay sino adornarla y llevarla a la iglesia cuando se haga la procesin. Y con esto les dej y la nia se incorpor en la cama: y admirados los padres de aquella demostracin, reconocieron la sanidad de su hija y la vistieron y compusieron, y asisti a la procesin con su vela encendida como las dems.

Lleg el da de la colocacin de la Virgen de la Fe en el Altar que para este fin se haba erigido, y se hizo la procesin con toda la solemnidad que pudo tener la disposicin de aquella villa, aclamando todos y engrandeciendo las obras de Dios en su Siervo, y con mucha razn, porque Tembleque fue teatro de muchas maravillas que obr para declarar la santidad de nuestro Hermano; y asistiendo las doce doncellas muy vistosamente adornadas, con sus velas encendidas, se llev el aplauso de todos la nia tullida, que vindola en la procesin con entera salud hizo a todo el pueblo testigo de tan indubitable milagro.

Despus de acabada la procesin y que todos se fueron a sus casas, Fray Francisco se qued en la iglesia, y postrado de rodillas, devotamente delante de Nuestra Seora de la Fe, la habl de esta manera:

-Seora, dadme gracia para que os sepa dar gracias de que estis haciendo conmigo una misericordia que yo la ejecuto y no la entiendo. Vos me permits que os ponga nombre, y siendo el de la Fe el primero y el que os conviene ms, le habis tenido como escondido para que nadie le halle sino es yo. Cundo he merecido esta dicha? Tan gran tesoro se guarda para tan gran pecador? Profundidad es de los secretos de vuestro Hijo. Cmo puedo dejar de admirarme el que reverencindose tantas Imgenes vuestras con el nombre de la Esperanza y con el de la Caridad, se haya omitido la virtud por la cual fuisteis beatificada de Santa Isabel, que es la Fe? Si Vos sois la puerta por donde entramos a los grados de vuestro Hijo Dios y cuando recibimos la Fe es cuando entramos, por vuestra intercesin entramos; luego siempre ha sido ste el debido nombre vuestro (aunque hasta ahora no se haya declarado). Y pues habis concedido tal privilegio a tan indigno esclavo vuestro y de la Santa Fe, concededme tambin que mis culpas no rompan las dichosas cadenas en que habis puesto.

 

 

 

CAPTULO XIII

 

Del viaje que hizo a Quero con luz celestial, y de los sucesos del camino.

 

Para el ejercicio de la oracin en nuestro Hermano no haba distincin de lugares, porque en todos, y a todas horas, siempre estaba en ella.

Despus de haber concluido la celebridad de Nuestra Seora de la Fe en Tembleque, fue alumbrando su entendimiento con claridad superior de que convena ir a la Villa de Quero a proseguir en su demanda; y los hombres espirituales, en llegando a conocer que es la voluntad de Dios que se empleen en alguna obra de su servicio, luego arrebatadamente lo ejecutan; y as fue en Fray Francisco, porque sin dilacin alguna se puso en camino para la Villa de Quero, cuatro leguas distante de Tembleque, donde se hallaba. Parecile entrar en un lugar cerca de entrambos a pedir limosna; entr en l y fue muy bien admitido de la justicia, y le dieron un hombre para que le acompaase, el cual le enseaba las casas en que ms frecuentemente se sola repartir. Pasando por una, que era de las mejores, dijo el hombre: -En esta no hay que entrar, porque no se da limosna en ella; a que respondi el Siervo de Dios: -Aunque no se d, no es bien que quede por m el pedirla, porque no quede por m de alguna manera el darla.

Entraron, pues, y fueron muy mal recibidos, y en lugar de la limosna, les dieron una reprensin, fundada en querer desvanecer la virtud religiosa con los malos pretextos de ociosidad e hipocresa, aplaudiendo slo la cultura de los campos y las manufacturas, como si en su lnea cada cosa no tuviera su perfeccin, con la diferencia de los fines, porque la una espira con lo caduco del cuerpo (mirndola materialmente), y la otra reina con lo eterno del espritu.

Con gran paz recibi nuestro Hermano la mal fundada doctrina, diciendo al dueo de la casa: -Cierto, seor, que vuestra merced aborrece una virtud muy hermosa y muy barata, porque con ella se agrada a Dios y se gana la victoria del Cielo sin sangre; y si considera qu es lo que da, a quin lo da, y por quin lo da, hallar que lo que da es un poco de aire, y que con l se satisface a un necesitado; que aunque no se haga por Dios, es deuda de la naturaleza; y hacindose, queda obligado y agradecido aquel Seor, que es el que nos ha de juzgar, y atemoriza saber de fe que en aquel juicio tremendo por ella se nos ha de hacer el cargo y el descargo. A que el hombre, furioso, colrico y desbaratado, le dijo: -Vaya con Dios, o har que le echen los perros para que sea ms apresuradamente. Entonces se apartaron porque no prosiguiese en aquel furiosos atrevimiento, y Fray Francisco fue pidiendo a Nuestro Seor diese algn rayo de su divina misericordia a aquel corazn de piedra.

Apenas haban vuelto la calle cuando aquel mismo hombre fue corriendo en su seguimiento, llamndoles a voces que volviesen a su casa por amor de Dios; Y as volvieron, y con muchos afectos y lgrimas dijo a Fray Francisco: -Que no slo le quera dar limosna, sino que toda cuanto haba en su casa era suyo; que las palabras que le haba dicho le haban atravesado el corazn. El Siervo de Dios le consol y exhort a penitencia, y a que no diese lugar al demonio por un camino tan sin disculpa, pues es Dios tan bien contento, que admite cualquier limosna, sin que deje de tener su aprecio por corta, y al que no la pueda dar admite el deseo, sin que le falte el mrito. El hombre le dio una copiosa limosna y prometi que a ninguna persona que llegase a su puerta a pedirla se la negara, y que le daba palabra de hacer en su casa un hospicio donde se recogiesen los pobres pasajeros que se quisiesen detener en aquel lugar, y as lo ejecut por todo el tiempo de su vida.

En este mismo lugar, entrando en otra casa, prosiguiendo su demanda, se la dio el dueo de ella, y l le apart a un lado y le dijo: -Que pues tena tan buen medianero con Dios como era su corazn, inclinado a misericordia, que no embarazase por tanto tiempo la que Nuestro Seor le haba de hacer a l si frecuentara los Santos Sacramentos; que ya era tiempo de volver sobre s. El hombre le respondi: -Padre mo, catorce aos ha que no me confieso; y pues Dios ha sido servido de enviarme este llamamiento, yo le ofrezco que he de responder a l con verdadera penitencia.

Sali de aquel lugar, prosiguiendo su camino a la Villa de Quero, dejando en l cogida tan frtil cosecha espiritual. Al llegar a la dicha Villa (que es del Priorato de San Juan), en un corral de una casa que sala al camino que serva de aprisco de ovejas, unos pastores que las queran ordear arrojaron al campo unos pedernales que hallaron en el corral a tiempo que pasaba Fray Francisco de la Cruz, el cual iba en su continua oracin, y tropezando en uno de los pedernales repar en l y lo alz, y mirndole con atencin, vio en un llano que hacia el pedernal esculpida una Imagen de la Concepcin, por modo de natural, con tres ngeles que cercaban la parte inferior. Admirado el devoto Hermano de un prodigio como ste, pregunt a los pastores: -Que para qu arrojaban aquellos pedernales del aprisco; y le dijeron: -Que unos muchachos de aquella casa, para igualar el peso de unas cargas de lea, haban puestos aquellos pedernales, y porque all no era menester los arrojaron al campo. Entonces les dijo el Siervo de Dios, ensendoles la Santa Imagen: -Pues miren y adoren la que han apartado de s, y den muchas gracias a Nuestro Seor de vivir en tierra que fue servido de elegir para que en ella apareciese esta Imagen de su Madre Santsima. Los pastores reverenciaron aquella representacin de la Virgen Seora Nuestra; y nuestro Hermano pidi su limosna y se volvi a la Alberca, donde hall que el Relicario que se haba hecho en San Clemente ya se le haban trado para colocar las Santas Reliquias, en el cual puso todas las que haba trado de Roma, el Lignum Crucis que le dieron en Npoles y este pedernal con la Efigie de Nuestra Seora de la Concepcin, como se ha referido, y asimismo una carta original de Santa Teresa de Jess, que fueron las prendas preciosas de que se compuso aquel Santo Relicario, que se coloc en la Iglesia al lado de la Epstola enfrente del Plpito, con celebridad y devocin, donde se pone altar porttil y se dicen Misas en algunos tiempos del ao.

El suceso de la aparicin de esta devota Imagen de la Concepcin en aquel pedernal, y su colocacin, entre los apuntamientos que escribi el Padre Fray Juan de Herrera para las Honras que se hicieron en Madrid a Fray Francisco de la Cruz, fue uno ste; y tambin escribe de esta aparicin, ms latamente, el Padre Fray Pablo Carrasco en el libro de la fundacin del Convento del Carmen de Santa Ana de la Alberca, que aun no se ha dado a la estampa.

La devocin de esta Santa Imagen se fue extendiendo, no slo por aquella Comarca, sino por toda la Mancha; y Nuestro Seor ha obrado muchas maravillas por ella, y todos aquellos pueblos venan all a cumplir sus votos. Esta general devocin movi a los vecinos de Quero a querer tener en su lugar aquella Santa Imagen, diciendo: -Que Nuestro Seor se la haba enviado a su casa, y que as era suya; y por no reducirlo a pleito, por el conocido derecho del convento de la Alberca, trataron con sagacidad de recobrarla; y gozando de algn descuido de los Religiosos, rompieron la reja de madera y el viril del Relicario, sacaron el pedernal y se llevaron la devota Imagen, y la tiene en Quero con particular veneracin en un nicho de la iglesia con reja de hierro.

 

 

 

CAPTULO XIV

 

De diversos favores que recibi del Cielo, y en especial uno de muchas prerrogativas, por la devocin que siempre tuvo al Santsimo Sacramento del Altar.

 

 

Estando Fray Francisco de la Cruz en su convento de la Alberca, luego volvi a la distribucin de sus horas en los continuos ejercicios referidos, sin tener rato de ociosidad. Los Religiosos de aquella conventualidad le solan decir: -Es posible que no descanse algn instante, aunque sea por recobrarse para trabajar? A lo que l responda: -Si mi grado en la Religin es la Vida Activa, cmo podr cumplir con l estando sentado? En otra ocasin, hablando un da con el Hermano Fray Gregorio Roca, siendo conventual de Santa Ana, le dijo a Fray Francisco los deseos que tena de servir mucho a la Religin. A que le respondi: -Si sale de una enfermedad que ha de tener despus de cumplidos cuarenta aos, ha de ser de mucho servicio en ella. La cual tuvo por el mismo tiempo, y hoy es Procurador del convento de Alcal de Henares.

Pidi licencia al Padre Fray Juan de Herrera, su Prelado y Maestro, para ir a un lugar que est junto a Tembleque a poner las Vas Sacras, porque ya con la justicia de l lo tena ajustado; y habindosela dado, sali a ponerlo en ejecucin. Entr en el lugar y dio la obediencia al Cura, como acostumbraba, y djole a lo que vena, y que, con su licencia, se pondran las Cruces el primer da festivo; que se sirviese de disponer una procesin por la tarde para que se colocasen devotamente, porque en aquella misma conformidad se haba puesto en otros lugares.

El Cura, fuese porque no se haba tratado con l, o por otro motivo, dijo que de ninguna manera se haba de hacer la procesin ni se haban de poner las Vas Sacras. Fray Francisco le propuso que aquel pueblo lo deseaba, que la prevencin estaba hecha y que l vena slo a este efecto, y, sobre todo, que era servicio de Nuestro Seor. El Cura resolvi que no haba de ser. Lleg el da de la fiesta, y estando el Cura muy descuidado, a las dos de la tarde oy tocar a fiesta en la iglesia. Sali muy apresurado a ver quien, sin orden suya, tena aquel atrevimiento, y hall la iglesia cerrada y al Sacristn que vena tambin a saber quin tocaba las campanas; con que entrambos abrieron las puertas de la iglesia y fueron testigos de vista de que las campanas se tocaban sin que persona alguna las tocara. Con esto reconoci el Cura que el dictamen que haba tenido no era el mejor, y que Nuestro Seor, milagrosamente, volva por aquella causa. Llam a Fray Francisco, haciendo mucho aprecio de su persona. Hzose la procesin como estaba dispuesta, aumentando la devocin este suceso maravilloso; reconociendo todos que, no sin grandes fundamentos, aquel Religioso tena tanta opinin de Santo en toda aquella tierra.

A la venida de este lugar entr en Tembleque a ver a Mara Daz, a su hija y a su yerno, y les dijo: -Ya saben que somos amigos y lo que yo siempre les he querido; encomendmonos a Dios, que ya no nos hemos de ver hasta en el Cielo. Y lo cierto es que no se volvieron a ver ms, porque ellos se vinieron a vivir a Madrid y l muri al poco tiempo; con que se despidi de ellos y se volvi a su convento.

Entr en la vspera de la Festividad del Santsimo Sacramento, que aquel ao fue en 20 de junio, la cual celebraba el Siervo de Dios con todo el afecto de su alma, desplegando las velas a la Oracin, haciendo sus ejercicios ms fervorosamente y viviendo, si as se puede decir, de la alta contemplacin, considerando que la reverencia a este Sagrado Misterio la recibi de mano de Dios y no en la forma ordinaria, por devocin sensible ni por inspiracin particular o revelacin, como otras mercedes suyas, sino envindole un muerto a que la anunciase y aconsejase; y si toda la vida, desde su conversin, la emple en fundaciones de altares a la Santa Fe Catlica, en que fuese reverenciada la Reina de los ngeles Mara Santsima con el nombre de la Fe, y en ser pregonero de ella por tantas y tan remotas provincias, siendo la primera diligencia que haca en cada pueblo la visita y Estacin del Santsimo Sacramento, para que el mundo viniese por su conocimiento y adoracin a lograr la verdadera penitencia de su culpas, qu mucho que rindiese devotas veneraciones a este Seor Sacramentado siendo ste el Misterio de la Fe por excelencia?

En orden a esto y que por esta causa le esperaba un extraordinario favor y misericordia de la mano del Seor, estando en la quietud de la oracin tuvo ilustracin particular de que asistiese a la fiesta en el da de esta Sagrada Octava que se hiciese en el Pinarejo, lugar pobre, dos leguas distantes de la Alberca, tambin del Obispado de Cuenca.

Esta proposicin la hizo a su Padre espiritual y Prior; y le pareci tan bien, que le dijo era muy justo ir a asistir en aquella celebridad y ayudar en ella al Licenciado Franco, Cura de aquel pueblo, y que l quera tambin acompaarle, para que los dos asistieran juntos.

Lleg aquel dichoso da, y tomaron la maana Maestro y Discpulo y fueron a tenerle en el Pinarejo. El Licenciado Franco los recibi con mucha alegra, porque conoca muy bien a los dos asistentes que Dios le haba enviado. Celebrse por la maana el Oficio con mucha devocin y respeto y con la autoridad que poda dar de s lo limitado de aquella poblacin.

Hzose la procesin por la tarde, asistiendo los dos Religiosos junto al Preste, y desde que se empez el Padre Fray Juan de Herrera iba reparando en el rostro de Fray Francisco, porque le pareca en las demostraciones exteriores que se mova con afectos de demasiada alegra, y que habiendo de andar procesionalmente caminaba tan vuelto de lado por ir mirando siempre a la Custodia con tan perseverante vista, que no apartaba los ojos de ella, dando siempre los pasos de espaldas, al modo de los que en las procesiones van incensando, conocindose en l (aun con algn gnero de destemplanza) los soberanos gozos en que estaba su corazn baado.

De esta suerte fueron procediendo entrambos hasta que volvi la procesin a la iglesia y el Santsimo se puso en el Altar mayor, quedando juntos de rodillas en la grada primera los dos Religiosos. Entonces el Padre Fray Juan de Herrera le dijo a su compaero: -Dgame, Hermano, y mire que se lo mando con Obediencia: qu divertimento ha sido el que ha tenido todo el tiempo de la procesin, que con diversos movimientos de los ojos y del cuerpo le ha estado significando? Fray Francisco le respondi: -Cmo quiere Vuestra Paternidad que no haya estado contento y divertido, si desde que empez la procesin se llen todo el aire de la iglesia de hermossimas mariposas, las cuales Nuestro Seor fue servido de darme a entender que eran tropas de Espritus Anglicos que venan a servir y celebrar la festividad de su Dios Sacramentado, supliendo los medios humanos de este pobre pueblo las Inteligencias Soberanas, y que para mayor confusin ma de lo que soy y de lo que debo ser, al punto que se volvi ahora a poner la Custodia en el Altar, se lleg una mariposa hermossima vestida de diferentes colores junta al viril de la Sagrada Hostia, y despus de estar alrededor de l revoloteando se vino derecha a m y se me puso en la boca, como quien llega a recibir un recado de un Prncipe y le lleva a quien se le enva, dndome Nuestro Seor en esta ocasin un claro conocimiento de que as premia la devocin que tengo a su Divina Majestad Sacramentada y de que le son agradables mis comuniones?

Ces el Siervo de Dios, acabando la pltica con algunas demostraciones y lgrimas, causadas del excesivo contento que cercaba su dichosa alma; y el Padre Fray Juan de Herrera le dijo que hiciese diferentes actos de humillacin y agradecimiento; y mientras se encerraba al Seor y se bendeca al pueblo con la Sagrada Hostia, dijeron a un tiempo en sus corazones los Santos Religiosos:

 

Fray Francisco de la Cruz.

 

Seor, poned modo conmigo en vuestras misericordias, que mi pecho no es capaz de una inmensidad de bienes, y dadme palabras de verdadero agradecimiento, o suspended, Seor (conociendo mi indignidad) tan excesivas mercedes, o suplid mi cortedad, que es el medio ms seguro para que yo no quede en los trminos de ingrato; bsteme no salir de los de deudor: y para que lo sea verdaderamente de lo que os es agradable, dadme copiossimos dones de humildad, pues en ella existe tanta parte de vuestros tesoros divinos, y slo ella puede ser el recibo y el retorno.

 

Fray Juan de Herrera.

 

Gracias os doy, Seor, de que as os acordis de estos indignos siervos vuestros con favores visibles e invisibles; a mi compaero corriendo a sus ojos el velo de vuestras maravillas, y a m dndome esfuerzos en la Fe, para que sin gozarle descubierto, os adore y os ame y os confiese por mi Dios vivo y verdadero, haciendo en l ostentaciones del amor y en m confianzas de la Fe.

El Preste hizo la ceremonia de la bendicin, encerrse el Santsimo Sacramento. Fray Francisco dej de ver aquellos ejrcitos de mariposas, se acab la funcin y los Religiosos se volvieron a su convento.

 

 

CAPTULO XV

 

De diversas locuciones y visiones que tuvo el Siervo de Dios.

 

Hase tratado de algunas locuciones y visiones en la vida de Fray Francisco de la Cruz que han pertenecido a aquellos estados y tiempos en que se han referido, conforme nuestro Seor fue servido de revelrselas y porque toda su vida estuvo llena de misterios, unos significados en enigmas y otros con ms claridad, y todos con particular doctrina para nuestra enseanza y edificacin.

Conviene hacer captulo aparte de esta materia; porque incluyendo generalidad y no habindose puesto en el corriente de la historia, por no faltar a la propiedad y por no hacerla molesta interrumpindola, no es bien que parte tan esencial como Anunciaciones del divino Orculo quede sepultada en el silencio, omitiendo estos particulares privilegios (propios del sujeto de la historia) y faltando al fruto que de ellos puede resultar.

Debe advertirse que siempre los Prelados y Confesores le pusieron precepto de que escribiese su vida y los favores que reciba del Cielo; y como era tan humilde y obediente, quisiera cumplir con entrambas virtudes, y as su vida secular est escrita de su letra con algn gnero de mtodo, y aunque no tiene la perfeccin necesaria, est sucesiva; pero las misericordias que recibi del Seor estn en apuntamientos, y en algunos an no acabadas de declarar las dicciones, sino unos conceptos puestos en minuta, en que se reconoce la repugnancia de l natural para lo que pudiera ser de gloria suya; y as, como su vida siempre estuvo distribuida con licencia de los Prelados y Padre espiritual, siempre cumpla con la santa Obediencia, porque lo que haca todo era debajo de precepto, y en lo que no tena tiempo no le poda haber, principalmente no gradundole las ocupaciones.

Por esta causa a estas revelaciones no se les puede dar inteligencia cierta, pero la presunta bastantemente se conoce; con que de esta materia, as el que escribe como el que leyere, todos son intrpretes en lo que necesitare de explicacin habiendo camino llano para ella, y en donde no se hallare no es bien entrarse la tierra tan adentro que haya riesgo de perderse, y as se reservar para quien nuestro Seor fuera servido de participar estas inteligencias. Tambin se debe advertir que todas las ilustraciones, visones y locuciones que no se les diere tiempo sealado, sucedan despus de la Comunin o en la Oracin.

Un da, despus de haber comulgado, sinti gran sed de traer almas a Nuestro Seor Dios, y conoci en s una gran miseria y corta capacidad para ello, mirndose como un poco de barro, y le dijeron: -Este barro est cocido con el fuego de mi amor. Y entonces vio tres fuentes y se le figuraron tres personas que conoca, y la una de ellas era Fray Francisco de la Cruz, y le dijeron: -stas han de repartir el agua de mi Doctrina.

Otra vez oy interiormente grandes voces que llenaban el aire y decan: -Viva la fe y muera la hereja!

Otra vez, despus de San Antonio Abad, habiendo comulgado, estando pidiendo a Dios que a todos les diese luz para que acertasen a hacer su voluntad, oy una voz que dijo: Dile a este humilde Siervo mo ponga por obra los deseos que le he comunicado y espere en m; en la cual locucin gan ejecutoria de humilde, y se hall apropiados y adjudicados todos los bienes y tesoros que pertenecen a la humildad, a cuyo nombre est reverente la tierra, se pasman los dems elementos y se trastornan los cielos.

Acerca de su padre tuvo diferentes visiones y locuciones. Una vez le vio que buscaba posada y no la hallaba. Otra vez le vio a la puerta de una iglesia y que le estaba mirando. Otra le vio muy afligido, y que le dijo: -Los de la Compaa de Jess me quieren. Singular prerrogativa de esta Religin, pues el agradecimiento de un difunto a una voluntad es por lo que en ella le resulta de bien, y causarle a quien no conoce es hacer (sin distincin de personas) con los muertos lo que hace con los vivos, pues a unos les saca de culpas y a otros de penas. Otra vez vio a su padre levantarse de entre los muertos. Otra le vio pasar un ro y que l le ayudaba. Otra le vio muerto y ligado, y que l le desat y resucit, y entonces le dijo su padre: -Bendito sea Dios. Otra le vio vestido de bodas y contento.

Otra vez vio que el Sol y la Luna se iban a poner a un mismo tiempo, y que ya faltaba poco para ponerse, y que causaba gran temor. De cualquier modo que esto se entienda, o ya en el juicio universal, o ya en el particular, siempre le falta poco a lo que consiste en das, y porque est cerca el da de Dios.

Otra vez vio una guerra muy trabada y reida, y en ella cado un pendn; y despus de rota y desbaratada la batalla lleg Fray Francisco, y levant el pendn y dijo: -Viva la Fe! Cruel guerra es la de nuestras costumbres; entramos en ella los fieles levantando el pendn de la Fe, y como no obramos bien, se pierde la batalla; y estando muerta la Fe por falta de obras, qu mucho que el pendn est cado y qu mucho que le enarbole y diga: Viva la Fe, aquel en quien vive la Fe!

Otra vez vio un edificio en el aire con letras, y quiso leerlas y no pudo leer ms que estas palabras: Fe, Fe, Fe, y al mismo tiempo vio que iba huyendo mucha gente, y le dieron a entender que iban a recogerse a una iglesia pequea, y tras la gente venan muchos remolinos de fuego. En las obscuridades misteriosas, cuando las inteligencias se dan en smbolos, solamente puede explicar su verdad el que es autor de ella, y en este presente parece que se ensea que la Iglesia favorece, a la hora del huir de los peligros, a los que se retiran con Fe a ella.

Otra vio una via con pocos racimos y marchitos, y junto a ella una vid que corra agua y se volvi fuente de piedra firme. Parece que nos da a entender que, para recobrarse las virtudes marchitas, el remedio est en las lgrimas.

Otra vez vio muchas cruces y ninguna gente, y que llova sangre. Parece que se ve con claridad la amenaza de castigos, cuando la Cruz con que cada uno ha de ir a la Patria no hay quien la reciba.

Otra vez vio que mataban un cristiano y que l ofreca la vida por l, y que le prendieron, y llevaron ante un gran Juez y le dijo la causa de su prisin, y all enseaba la Doctrina cristiana.

Otra vio un edificio sobre otro con una Cruz y un letrero que deca: Fe, y una fuente de sangre en la sobredicha iglesia.

Otra vez vio los vicios debajo de figura.

Otra vez vio el infierno.

Otra vio que le atormentaban dos demonios en una iglesia.

Otra vez vio tres sillas, y en la de en medio un demonio.

Otra vez vio dos escuadrones de demonios.

Otra vio un len que le despedazaba.

Otra vio un dragn atado.

Otra vez vio tres azucenas encima de la cabeza de un pobre. Esta visin parece significa bastante serenidad sobre las tribulaciones antecedentes.

Otra vez vio un mundo con muchas redes.

Otra vio unas tinieblas muy obscuras, y conoci que le llevaban de la mano, y no saba adnde ni quin.

Otra se vio a la puerta del Cielo, y no le dejaron entrar y le dijeron que haba de pasar primero las penas del Purgatorio, y le dejaron caer, y dio un golpe en un lago de agua; de lo cual parece resulta grande enseanza para vivir siempre en el santo amor y temor de Dios, pues a un Fray Francisco de la Cruz, varn de las alturas que hemos conocido, parece que an le faltan lgrimas para entrar en el Cielo, aunque se debe advertir que esta visin fue antes de su viaje a la Tierra Santa, y su influencia se debe considerar en el tiempo de su vida en que la tuvo, y tambin el que sus obras penales en la peregrinacin fueron su Purgatorio.

Otra vez vio una senda angosta y toda de piedra firme, por la cual es felicidad el caminar (aunque sea a costa de estrechuras), pues se asienta el pie seguro.

Otra vez, despus de haber venido de su peregrinacin, estando en Madrid en el claustro alto en su continua presencia de Dios, a hora de las cuatro de la tarde, se puso a mirar al Cielo y a llorar. En esta ocasin lleg el P. Fray Diego de la Fuente y le dijo: -Fray Francisco, qu llanto es ese? Y le respondi: -Tiene muy justa causa, porque he estado viendo un globo de fuego en el aire, y he llegado a conocer las terribles guerras que hay de presente y amenazan en adelante en un Reino de Europa, y que en l ha de suceder la tragedia ms sin ejemplar que haya visto el mundo. Esto sucedi por el ao de cuarenta y siete, en ocasin que en Inglaterra haba tanto derramamiento de sangre en repetidas batallas; puede entenderse esta visin por este Reino, principalmente cuando se sigui la sin ejemplar tragedia de su Rey Carlos Estuardo.

 

 

CAPTULO XVI

 

De la dichosa muerte del Siervo de Dios.

 

Envi el Padre Prior a Fray Francisco de la Cruz, y en su compaa otro Hermano, para que pidiese en el Castillo de Garci-Muoz la limosna del aceite y la remitiese al convento, y l pasase luego a San Clemente, y en la dicha villa la pidiese de la lana y queso. Hizo lo que la Santa Obediencia le mand, y al despedir al compaero le dijo: -Juzgo que ya no nos veremos; diga al Padre Prior que tenga cuenta conmigo. Con que uno pas a la Alberca y otro a San Clemente.

Entr en aquella villa nuestro Hermano a primero de julio del dicho ao de cuarenta y siete; fue a posar en casa de Doa Ana de la Torre, donde tena aposento sealado, desde donde sac la Cruz (que llev a Jerusaln) para su convento, y en donde era tanto lo que le queran, que en vindole entrar por la puerta se daban parabienes, que esto puede la virtud entre virtuosos.

Hablando de esta voluntad que en casa de Doa Ana de la Torre le tenan con el Padre Prior, al salir a pedir estas limosnas, dijo: -Mucho me quieren en casa de Doa Ana de la Torre; entiendo que he de morir en ella. Al da siguiente a su venida le dio una fiebre ardiente, cuya calidad conocida por el Mdico, dijo que traa mucha malicia y que estaba en peligro de la vida. A la segunda visita declar que la enfermedad era mortal, que se acudiese luego con los remedios de la Iglesia, porque los del cuerpo eran en vano, por la gravedad del accidente, desayudado de la edad y del mal tratamiento que continuamente se haca Fray Francisco; con que se envi luego a toda diligencia a dar aviso al Padre Prior, el cual el da 4 de julio se hall en San Clemente, viendo a su hijo y discpulo querido, mostrando el justo dolor que tena de su enfermedad, y de que los trminos de ella fuesen tan apresurados, a que l le dijo: -Vuestra Paternidad no se desconsuele, porque le he menester con aliento en esta ocasin; pues si en vida ha trabajado tanto conmigo, tambin ha de tener entendido que le ha de costar trabajo mi muerte; y para que yo cumpla con la obligacin de Religioso, y que muero con la pobreza que promet a Dios en mi profesin, srvase vuestra Paternidad de que se escriba mi desapropio, para que yo lo firme; lo cual se hizo as, y es del tenor siguiente:

 

Desapropio e inventario de los bienes ad usum

de Fray Francisco de la Cruz.

 

MUY REVERENDO PADRE PRIOR:

 

Fray Francisco de la Cruz, Conventual del convento de Santa Ana de la villa de la Alberca, y al presente asistente en esta villa de San Clemente, con licencia de Vuestra Paternidad para pedir la limosna de lana y queso. Estando atacado de la enfermedad que Nuestro Seor ha sido servido de darme, y habiendo mandado el mdico corporal que reciba los Sacramentos, antes de recibirlos, deseando cumplir la obligacin de Religioso: En el nombre de Dios Todopoderoso, me desapropio de todo aquello que tengo ad usum, que es lo siguiente:

 

Primeramente dos tnicas viejas interiores, de estamea blanca; el Hbito que traigo, saya, Escapulario, capilla y la capa blanca de estamea, ya trada; unos zapatos que traigo; unas medias de pao y un Rosario que est tocado a los Santos Lugares; un sombrero viejo. No hallo tener, ni poseer ad usum otra cosa, y as lo firmo. Julio 4 de 1647.

Fray Francisco de la Cruz.

 

Hecha esta diligencia, el Padre Prior le confes para morir, y administr los Santos Sacramentos, que recibi con aquella admirable devocin que haba practicado en vida. Quin puede pasar de aqu sin considerar que esta es la hora de la cosecha, y que coger poco el que sembrare poco, y el que sembrare como debe coger con bendicin y bendicin eterna! Sea tal hora bendita, y lo sea tambin tal fertilidad de frutos. All Fray Francisco haca copiossimos actos de resignacin, porque estaba enseando a hacerlos; de Fe, porque la haba pregonado por el mundo; de Esperanza, por que slo en ella se haba afirmado; y de Caridad, porque con ella se haba unido con Dios. Todas las virtudes parece que las tena a la mano, y como las haba trado tan cerca, las hall presto; que en esta ocasin mal se hallan si entonces se van a buscar, y slo sabe ejecutarlas bien el que tiene bien hecho el hbito a ellas, no habiendo ms razn natural para acertar acciones tan dificultosas en tal turbacin de la naturaleza, que la costumbre antecedente: temeridad ser prometerse el acierto sin esta razn.

En esta conformidad pas hasta el da 6 de julio en celestiales meditaciones y coloquios Divinos.

Viendo el Padre Fray Juan de Herrera que ya se apresuraba la partida de nuestro Hermano, se lleg a l y le dijo: -Cmo va de presencia de Dios? A que respondi mostrando particular alegra: -Nunca ms bien, que Dios no falta en esta hora. Entonces le volvi a decir: -Pues buen nimo, que se acaba la peregrinacin y se est ya tan cerca de la Patria, que se oyen las campanas de la Gloria. A esto no pudo responder con la voz, pero respondi como pudo con los ojos, y luego cruz los brazos, haciendo en cada mano con los dos dedos una Cruz, con que se puso en forma de Calvario, queriendo que caminase su dichosa alma desde una verdadera imitacin suya (sitio de redencin), para que el juicio que en aquel instante se haba de hacer de ella le viese Nuestro Seor Jesucristo que se le representaba en su Tribunal, amparado de aquel sagrado de su Cruz, de su Sangre y de su Santsima Pasin.

El padre Prior le hizo la recomendacin del alma, y queriendo decir algunos salmos para volver a repetirla, como la ocasin le necesitara, el primero que encontr fue el 22, que empieza. Dominus vegit me, en que est significada la proteccin de Dios en vida y en muerte. Y parece que Fray Francisco de la Cruz tuvo inteligencia de su significacin, porque abri los ojos dando a entender el reverente agradecimiendo de su alma. Al llegar al verso cuarto, que dice: Non, et si ambulavero in medio umbra, mortis non timebo mala, quoniam tu mecum est, entreg su espritu en manos del que le cri y redimi; y de tal vida y de tal muerte bien puede persuadiese la piedad cristiana a que ms hermoso que las estrellas y ms resplandecientes que el Sol, todo vestido de luces de gloria, rodeado de Querubines y de Serafines, ceidas las sienes con la corona de rosas ofrecida por la Virgen Santsima en su gloriosa aparicin, para ser dichoso por una eternidad, entr en los Alczares soberanos a ser ciudadano de los Santos y domstico de Dios.

Muri de 61 aos, 5 meses y 10 das; habindole concedido la Majestad de Dios Nuestro Seor una gracia tan particular, que rara vez se halla en varones tan espirituales, y fue que jams tuvo escrpulos; y aunque se ha referido que tuvo substracciones y sequedades de espritu, esa es una dolencia de otro gnero.

Haba corrido voz por la villa de que el Siervo de Dios estaba en la agona de la muerte, con que todos su moradores vinieron a la puerta de la casa de Doa Ana de la Torre; y como la gente de ella dijo que ya haba espirado, fueron grandes los sentimientos que hizo aquel piadoso pueblo, como si a cada uno de l se le hubiera muerto su padre; siendo tan generales, que a un mismo tiempo causaban lstima por los tristes acentos con que se explicaba tal prdida, y contento por ver la aclamacin de su santidad.

El deseo de verle en los que le lloraban fue tal, que no se les pudo impedir que entrasen donde estaba ya compuesto con el Hbito de su Religin; y al ver el difunto cuerpo fueron tantos los clamores y desconsuelos de los que se hallaron presentes, que hacan mover a dolor al corazn ms endurecido; que es un gnero de violencia que sale a los ojos el ver puestos en razn los sentimientos.

Despus sobrevino aquella muchedumbre otro afecto, que aunque era de devocin era de inconveniente, que fue querer llevar todos ellos alguna Reliquia suya; con que empezaron a cortar de sus Hbitos, y esto lleg a tal extremo, que fue menester que la justicia pusiese guardas en la casa, con que por entonces se tom alguna forma.

El Padre Prior, como se lo haba profetizado Fray Francisco, se hall notablemente atribulado, porque por una parte el pueblo empezaba a declararse en no querer dejarle llevar por haber muerto en San Clemente, por otra no tena disposicin pare llevarle, y de cualquier manera que la tomara senta no dejasen el cadver indecente con acabar de cortarle los vestidos, porque las guardas no sirvieron de embarazarlo, sino de mudar las personas que lo hacan; con que a la maana del da siguiente se vali de un seor, Inquisidor de Cuenca, que estaba en la villa, para que le diese su coche e interpusiese a todos su autoridad hasta que el Siervo de Dios fuese llevado a su convento, en donde Nuestro Seor parece que no fue servido que muriese, por las obras maravillosas que resultaron de haber muerto fuera de l, y porque donde empez su viaje para la Jerusaln de la tierra le empezase para la del Cielo.

Entretanto D. Juan de la Torre y Alarcn, Comisario del Santo Oficio, hermano de la dicha Doa Ana de la Torre, que se hall a todo en aquella casa, dijo a un sobrino suyo: -Rigurosa cosa es que teniendo aqu el cuerpo de Fray Francisco nos quedemos sin alguna Reliquia suya, habiendo sido esta casa su hospicio tantos aos y habiendo muerto en ella; con que el to y el sobrino le cortaron un dedo del pie, y al cortarle corri sangre, como si aquella diligencia se hubiera hecho estando vivo, y le dividieron entre los dos por Reliquias muy preciosas que hoy se conservan en aquella familia con estimacin y reverencia.

El Sr. Inquisidor dio el coche y asisti a todo, con que el Padre Prior se llev su Religioso con muchas contradicciones y protestas de la villa.

Desde que sali de ella se fue todo aquel pueblo acompaando el coche, y muchas personas de l con luces, y le siguieron ms de un cuarto de legua, y para estorbarles el que no fuesen hasta la Alberca fue menester repartirles en pedazos muy pequeos los hbitos del Santo Varn, y de esta suerte se volvieron a sus casas.

Entraron en la Alberca, donde ya se saba su muerte, y todos los vecinos de aquella villa le estaban esperando an con mayores afectos de dolor, porque haba vivido entre ellos. Fue menester ponerle hbitos para hacerle el Oficio de Difuntos; y despus de l fue menester que asistieran Religiosos a cerrar luego la caja, para que no se los cortasen, y no bast esta diligencia, porque le cortaron mucha parte de ellos.

Ya el convento tena prevenido un nicho debajo de las Reliquias que le dio el Pontfice Urbano VIII en Roma. All depositaron aquellos enternecidos Religiosos el dichoso cuerpo, y tabicaron el nicho, hasta tanto que Nuestro Seor sea servido que por autoridad eclesistica sea colocado y reverenciado en pblico.

 

 

 

CAPTULO XVII

 

De las maravillas con que Nuestro Seor declar la Santidad de su Siervo despus de muerto.

 

 

Despus de haber hecho el depsito del cuerpo del Venerable Fray Francisco de la Cruz con las circunstancias de singularidad referidas, que obradas por una Religin tan grave y atenta hacen mucha ponderacin para el conocimiento de su santidad, divulgse por toda la Mancha su dichosa muerte, y por toda ella fue el sentimiento general, por el amor que le tenan y por los beneficios que de la Divina Bondad haban recibido por su intercesin, echando de menos los consejos saludables y cristianas amonestaciones que haca en todos gneros de estados, para que cada uno cumpliese con la obligacin del suyo; y en fin, al medianero de todas sus diferencias, sin hallar en su prdida otro consuelo ms que el de ir aquellos numerosos pueblos a visitar su sepulcro y ponerle por intercesor con Dios en sus votos y necesidades, para que el que les haba amparado vivo no les olvidase glorioso, como fiaban que lo era en la Divina misericordia.

Trat aquel santo convento de Santa Ana de la Alberca de hacer las Honras tan debidas a su difunto hijo, porque toda aquella tierra, que tena tanta noticia de sus virtudes, la tuviera tambin de las maravillas con que Dios haba honrado a su amigo. Sealse da para ellas, y habiendo llegado, se despoblaron todos aquellos lugares convecinos a la Alberca para su asistencia.

Fue grande el concurso y mayor la aclamacin que tuvieron sus esclarecidas virtudes, porque salieron a la luz del mundo sus secretas mortificaciones y penitencias, sus recatados ayunos y vigilias, y los milagros evidentes que con l y por l haba obrado la poderosa mano del Seor. Fue tan grande el aplauso que hizo, acabado el sermn, aquel lastimado concurso, que parece llegaban al Cielo sus fervorosas aclamaciones; y s llegaban, porque el Cielo siempre admite benigno lo que liberal influye, siendo argumento de la santidad de nuestro Hermano el crdito de tantos; porque nuestro Seor no quiere, acerca de veneraciones, engaos (aunque sean piadosos), y parece que concurre a la comn estimacin para que ande la certeza arrimada a la generalidad.

Tambin se le hicieron en Madrid Honras, asistiendo a ella lo ms noble y privilegiado de la Corte, causando rara admiracin en todos el especial camino por donde Dios haba guiado a Fray Francisco de la Cruz, de que seran pregoneros los sujetos de tan diferentes Naciones que asistieron por todas las provincias de Europa, con la participacin de las noticias de su especial vida y feliz muerte.

Su sepulcro ha sido frecuentado por diversas personas, con varios gneros de enfermedades, y han experimentado que a su invocacin ha concedido sanidad Nuestro Seor por los mritos de su Siervo, y no slo ha querido concederla a los que le visitan, sino a los que de cualquier modo interponen su favor, como sucedi en el convento del Carmen de Madrid con Fray Diego de la Fuente, que estando enfermo invoc su auxilio y luego se hall libre de la calentura que le afliga, sin que el volviese a repetir.

Lo mismo sucedi con Fray Luis Muoz, su amigo y compaero: estando enfermo con calenturas continuas y vehementes dolores de cabeza, se aplic a ella una de las cartas que tena suyas, diciendo que si le alcanzaba la salud de Nuestro Seor le ofreca hacer un cuadro de los Misterios de nuestra Santa Fe Catlica y colocarle en el convento del Carmen de la villa de Valdemoro, donde no le haba, y luego se hall libre de la calentura y del molesto accidente de la cabeza, y para cumplir su ofrecimiento acudi en casa de Mara Daz y de Alvaro Lpez, su yerno, y por el cuadro que ellos tenan de los Misterios de la Fe, de que se ha hecho mencin, hizo copiar otro y le coloc en la iglesia del convento del Carmen de Valdemoro, donde es reverenciado de los fieles.

Antes de pasar a lo que se sigue es forzoso ponderar y admirar la perfecta conformidad de Dios en sus obras, pues habiendo gobernado la vida de Fray Francisco de la Cruz por veredas tan extraordinarias y tan fuera, no slo del estilo comn de la naturaleza, sino tambin del estilo ordinario de sus prodigios, formando en l, si as se puede decir, un hombre nuevo, a diferencia de los otros hombres, para ejemplo de todos y para singular aprecio de la Divina Gracia, concediendo a su vida, as temporal como espiritual, desusados favores y privilegios, los cuales ha querido tambin que pasen a ser gloriosos adorno de su cadver, dando a entender despus de muerto su rara santidad y, por consiguiente, su gloria con sucesos tambin de la misma suerte, fuera de los que suele conceder para honra y veneracin de otros Santos, haciendo hermosa consonancia y uniformidad la muerte con la vida, cuya proposicin se verifica en los casos siguientes:

Ya se dijo cmo despus de metida la caja en que est el cuerpo de Fray Francisco de la Cruz en el nicho que tena dispuesto la Religin debajo del Relicario, se tabic, el cual despus se dio de yeso en la igualdad que est la iglesia. Despus de pocos das que all fue depositado se apareci en la misma parte la efigie del Siervo de Dios, de la suerte que como estaba en la caja cuando le hicieron el Oficio de Difuntos. Dibujada su figura, tan perfecta, que todos los que le vean y conocan decan que era l mismo, y el dibujo estaba hecho con rasgos, al parecer, formados con algn carbn o lpiz sutilmente, a la semejanza de un dibujo hecho en papel blanco, y estaba tan propio, que si aquellas seales se cubrieron de colores, saliera un retrato muy parecido del difunto.

Asimismo toda la distancia que ocupaba el retrato dibujado estaba cubierta de un gnero de mancha como de aceite, que en llegando las manos a ella se reconoca algn gnero de humedad jugosa, de la suerte que en Alcal de Henares est la piedra en que fueron degollados los Santos Mrtires Justo y Pastor; y no habiendo sido esta obra hecha por modo natural, es forzoso que sea por Artfice Soberano; y aunque sus juicios son incomprensibles, lo que puede rastrear nuestra cortedad parece que es haber querido socorrer a los pueblos que frecuentan el sepulcro del Santo Varn, para que, ya que no le gozan vivo, se consuelen vindole de alguna manera; el cual dicho dibujo, en la misma disposicin que se ha referido, dur muchos aos, y aun al presente se reconoce, aunque algo en confuso.

En las Vsperas de la Natividad de Nuestro Seor Jesucristo del mismo ao que muri, estando los Religiosos en el Coro, y con ellos el Hermano que cuidaba de la Sacrista, empezaron el Oficio, sin advertir en que no estaban encendidas las velas del Altar mayor; y habindolo reconocido, enviaron al dicho Hermano para que a toda prisa las fuera a encender, y al mismo tiempo vio toda la Comunidad desde el Coro a un Religioso encendindolas, y en la disposicin del cuerpo y en no haber otro, conocieron que era Fray Francisco de la Cruz; y despus de acabadas las Vsperas, dijo el Hermano con grande admiracin: -Que cuando lleg al Altar mayor para encender las velas, las hall todas encendidas, no habiendo fuera del Coro en el convento ms personas que l; con que se persuadieron los Religiosos que era verdad lo que les haba parecido. El cual suceso, refirindole despus en San Clemente a Catalina Moreno, beata de nuestro Padre San Francisco, hija de confesin del Padre Fray Juan de Herrera, mujer de sealada virtud, dijo: -No hay que tener duda en que el Religioso que encendi las velas en el Altar mayor para la Vspera de Natividad fue Fray Francisco de la Cruz.

La noche de aquel mismo da, estando los Religiosos en el Coro cantando el Te Deum Laudamus, al punto que acabaron el primer verso se oy en la iglesia una voz, conocindose claramente que sala del sepulcro de Fray Francisco, la cual cant el verso siguiente, y en esta forma fue alternando todo el himno, diciendo el Coro un verso, y luego la voz el que le segua, hasta que se acab, quedando todos los Religiosos dando singulares gracias a Dios de las obras maravillosas con que mostraba la gloria que gozaba su santo compaero, y tambin del favor que a ellos les resultaba, por haberles puesto en igualdad de coros con el que haca un alma tan favorecida suya para que todos alternasen sus alabanzas.

En otra ocasin, siendo Prior de aquel convento Fray Francisco de Porres Enrquez, se hall muy afligido por estar sin medios algunos para el sustento de aquella familia; y habindosele dispuesto comprar unos carneros, los concert, y no los quiso recibir por no tener con qu pagarlos de presente; entonces se le ofreci al pensamiento que sera bien acudir al sepulcro del Siervo de Dios con esta necesidad, y lo puso en ejecucin; y estando delante de l, dijo: -Hermano Fray Francisco, ya ve de la suerte que estamos; yo le mando, en virtud de santa Obediencia, que pida a Dios nos socorra para hacer esta paga. El obediente Hermano (para que se conozca que esta virtud trasciende los Cielos) parece alcanz de Nuestro Seor lo que se le haba mandado, porque al da siguiente el Licenciado Malpartida (Visitador del Priorato de San Juan, a quien el Prior no conoca), le envi un socorro muy considerable con que se remedio aquella necesidad; y despus, en todo el tiempo de su Prelaca, siempre estuvo el convento muy abastecido.

En otra ocasin entr en la iglesia de Santa Ana de la Alberca una mujer natural del lugar de las Pedroeras, que traa a su marido enfermo, y entrando en la dicha iglesia, a tres pasos que dio el enfermo, se sent, y al mismo punto se oyeron muchos golpes dentro del sepulcro de Fray Francisco de la Cruz; y con la novedad tan grande que caus este suceso acudieron los Religiosos, y al mismo tiempo mucha gente de la villa, y preguntaron a la mujer que enfermedad era la que tena aquel hombre que vena con ella. A que respondi que era su marido, y que tena malos espritus que le atormentaban; y como los golpes se repitiesen dentro del sepulcro apresuradamente, por reconocer si aquel hombre era la causa de tan rara maravilla le sacaron de la iglesia, y al mismo punto cesaron los golpes; en que se debe advertir cun grande fue la enemistad del Santo varn contra el enemigo del gnero humano, pues el Seor la quiso explicar con aquellas seales, aun despus de muerto, al modo que quiso tambin que el corazn del gran Doctor de la Iglesia San Agustn se sobresalte con repetidos movimientos cuando entra algn hereje en la iglesia adonde est, y para que los muertos enseen a los vivos cmo se han de portar con el demonio y la culpa; dando a entender que, si puede haber causa para que sus cuerpos vuelvan a recibir sus espritus, slo puede ser la de ensearnos con el ejemplo de que nunca estemos en paz con tales enemigos.

Tiene complemento la proposicin referida en un caso que le adornan muchas maravillas, con que Nuestro Seor fue servido de mostrar los grandes y extraordinarios privilegios, que concedi a su Siervo en vida y en muerte, y fue: que D. Antonio de la Mora, Caballero de la Orden de Alcntara, y Doa Isabel de Silva y Girn, su mujer, hija del Conde de Cifuentes, teniendo un esclavo moro, llamado Hamete, que les haba presentado el Duque de Medina Sidonia, viviendo en Madrid, en la calle de Preciados, Parroquia de San Martn, fueron a su casa el Padre Fray Miguel de Nestares y el Hermano Fray Francisco de la Cruz, el cual tom a su cargo el persuadir al moro que fuese cristiano, y para este efecto le buscaba algunas veces; y aunque Hamete siempre le responda: -No querer Dios que yo sea cristiano- se aficion a Fray Francisco, e iba a verle al convento; y el Santo varn, hablando con la dicha Doa Isabel y con Doa Magdalena de Silva y Girn, su hermana, la dijo: -No hay que dudar que Hamete ha de ser cristiano. Lleg el caso de irse nuestro Hermano a la Alberca el ao de 1647, y por primero del mes de julio de dicho ao, en que el Siervo Dios cay malo en San Clemente, de la enfermedad que muri, tambin el moro enferm en Madrid de un terrible tabardillo, y a siete das de enfermo, estando sin esperanza de vida, entr a verle una maana Catalina de Aranda, criada antigua de aquella casa, juzgando, por lo que haba dicho el mdico, que no tena remedio la enfermedad del moro, el cual la dijo: que ya estaba sano, y que le dijese a su seora Doa Isabel que luego quera ser cristiano, porque aquella misma noche se la haba aparecido Fray Francisco de la Cruz, aquel fraile del Carmen que le deca fuese cristiano, todo cercado de resplandores, y le haba dicho que ya haba sanado de su enfermedad, y que se bautizase y que se llamase Juan Antonio; y que con esto haba desaparecido. Confirmse la salud del moro con que luego se visti, y el milagro con que en quince das se hizo capaz de los Misterios de nuestra Santa Fe, en que otros suelen estar seis meses; y as en 22 de dicho mes de julio fue bautizado en la Parroquia de San Martn, siendo sus padrinos el Doctor D. Diego Pacheco, Cannigo de la Santa Iglesia de Orihuela, caballero conocido de la casa de los Seores de Minaya, y la dicha Doa Magdalena de Silva y Girn, y se le puso por nombre Juan Antonio Francisco, en reconocimiento de Fray Francisco, y con estos nombres est escrita en la partida del libro de la Iglesia, al folio 110.

Deponen lo referido, con juramento, el dicho Padre Fray Miguel de Nestares, y la dicha Doa Isabel de Silva y Girn, y la dicha Catalina de Aranda, y Pedro Melndez, criado que ha servido en la dicha casa veintisis aos, que son los que viven al tiempo que se escribe este libro.

De donde consta que la noche siguiente al da que muri el Siervo de Dios fue cuando se apareci al moro, y que en este suceso junt Nuestro Seor, para su veneracin, el don de Profeca y la gracia de Sanidad con las prerrogativas de que despus de muerto fuese instrumento que un alma recibiese la Fe, en premio de que en vida la haba pregonado por el mundo, para que se consiguiese la uniformidad y consonancia propuesta de su vida con su muerte.

Francisco Orozco, vecino de la villa de la Alberca, el cual aun vive an en la misma villa este presente ao de 1686, declar y depuso con juramento ante D. Pablo Fernndez Lozano, Teniente de Corregidor, que en una ocasin subi a la torre de las campanas de la Parroquial de aquella misma villa, y descuidndose cay desde las mismas campanas al suelo, y del golpe qued inmvil y sin habla ni sentido, y, al parecer de cuantos le vieron, muerto, por haber sido la cada desde tan alto que, naturalmente hablando, no se poda presumir otra cosa; y en esta conformidad le llevaron a su casa, adonde acudi el Cirujano, y hall que tena un hueso del brazo fuera de su lugar y, a su parecer, quebrado, por lo cual se le entabl, y orden que llamasen al Mdico luego, porque le consideraba muy de peligro. Vino el Mdico, y luego le desahuci, declarando que tena las tripas quebradas, para lo cual no haba remedio humano; de lo cual se sigui estar tres das sin orinar, lo cual visto por su madre, llam a nuestro Hermano Fray Franciscano, con quien tena mucha fe y devocin, y le pidi con ansias de su corazn le encomendase a Dios; entonces, poniendo Fray Francisco el espritu en Su Majestad, aplic sus manos al enfermo, sobre el cual hizo la seal de la Cruz y dijo que le quitasen las tablillas del brazo; y habindoselas quitado, se le tom con su mano y le volvi el hueso a su lugar, quedando como de antes y sin dolor ni pesadumbre el enfermo; y luego incontinenti orin mucha sangre viva, con lo cual qued tan bueno, que a otro da se levant de la cama y fue en una procesin hasta Santo Domingo, que dista una legua de la Alberca, y volvi a pie del mismo modo.

Un nio, hijo de D. Garca de Ubedo y Doa Mara Delgado, vecinos de la villa de la Alberca, estaba quebrado, y de tal modo, que no bastaron todos los remedios (que con cuidado singular se le aplicaron) para conseguir la salud, que tanto deseaban, por lo cual su madre se hallaba muy afligida y sin saber qu hacer, hasta que se le ofreci ir al convento de Nuestra Seora del Carmen con su hijo y pedir a Fray Francisco le santiguase, como lo ejecut con efecto (que este era el ltimo recurso en todas las ocasiones de enfermedades o aflicciones en todos los vecinos de aquella villa y de toda la tierra, por el crdito que tena de Santo generalmente). Lleg, pues, la dicha Doa Mara con su nio (y con verdadera fe, sin duda) a nuestro Hermano, lo cual le aprovech, pues ponindole en las gradas del Altar mayor de la iglesia de aquel convento, para que le santiguase, como peda, fue a alzarle las falditas, y entonces dijo Fray Francisco: -Djelo, no le alce las faldas, que la gracia de Dios a todas partes alcanza. Y hacindole la seal de la cruz por encima de los vestidos, qued sano de improviso perfectamente, por lo cual dio gracias a Dios, teniendo siempre presente el beneficio para el agradecimiento; y as lo depone, bajo juramento, ante el dicho Teniente de Corregidor y Gregorio Gabaldn Palacios, Escribano de dicha villa.

Es caso digno de admiracin el que est sucediendo en la continuacin de la sombra en que se representa el cuerpo del Siervo de Dios, segn se dijo en el cap. XVII del Libro III, y es que, habindose derribado y renovado la pared en que apareci dicha sombra el ao pasado de ochenta y tres, ha vuelto a salir en la pared nueva del mismo modo; y para que conste de la verdad con ms expresin y claridad, ha parecido poner aqu el testimonio que remiti el Padre Prior que al presente lo es de aquel convento, a la letra, como en l se contiene:

 

Yo, Gregorio Gabaldn Palacios, Escribano por el Rey nuestro Seor, pblico del nmero y Ayuntamiento de esta Villa de la Alberca, doy fe y testimonio de verdad a los seores que la vieren, como a pedimento del R. P. Fray Agustn de Pinto, Prior del convento de Carmelitas de dicha Villa, y mandamiento del Sr. D. Pablo Fernndez Lozano, Teniente de Corregidor de esta Villa por Su Majestad, estando en la iglesia de dicho convento en presencia de su merced y del Licenciado D. Juan Zapata, Cura propio de la Parroquial de esta Villa, y D. Pedro Bueno, y Diego Manuel, Presbteros de esta Villa, y Pedro Esteban de Tribaldos, Juan Esteban de Tribaldos, Regidores, y Francisco Esteban, Alguacil Mayor, con asistencia de la Comunidad se quit un frontal de un Altar que est en dicha iglesia, a la mano derecha, como se entra en ella, que es en el que estn las Reliquias que trajo el V. P.Fray Francisco de la Cruz, y debajo de su cuerpo del mismo Padre, y se vio y est viendo una seal a forma de la sombra de un hombre, reconocindose la forma corporal con un quiebra que empieza desde donde parece estar la cabeza, la cual llega hasta los pies, y la mancha o sombra es, al tacto, como de aceite, la cual se reconoce y se distingue de lo dems del Altar; la cual forma estaba y se reconoca y la vi yo, el infraescrito Escribano, y otros muchos antes de la renovacin del Altar, que fue por el ao pasado de ochenta y tres, y despus de dicha renovacin se vio y reconoci al segundo da en la misma forma que antes estaba y de presente est; de lo cual hubo admiracin , y dichos seores que aqu asistieron y firmaron dijeron, de comn parecer, ser cierto lo contenido en este testimonio, y que lo vieron diversas veces antes de la renovacin, y despus y de presente. De todo lo cual dicho doy fe. Fecho en la Villa de la Alberca a veinte y nueve das del mes de Marzo de mil seiscientos ochenta y seis aos, y lo sign, etc.

 

D. Pablo Fernndez Lozano. Lic. D. Juan Zapata..

Diego Manuel de Pearanda. Fray Agustn de Pinto.

Martn de Campos Jurado. Lic. D. Pedro de Buedo.

Francisco Esteban Tribaldos. Pedro Esteban Tribaldos.

Juan Esteban de Tribaldos.

 

Doy Fe que todos los Seores Capitulares, Sacerdotes y Religiosos que constan en este por sus firmas, se hallaron presentes, a los cuales doy fe conozco, y en fe de ello lo sign.

En Testimonio de verdad,

Gregorio Gabaldn Palacios.

 

Con este mismo testimonio lleg a mi poder una informacin, fecha en dicha villa de la Alberca, a peticin del mismo R. P. Prior, ante el dicho Teniente de Corregidor, en que deponen nueve testigos de vista en esta conformidad.

El da 3 de mayo del ao pasado de 1683 sucedi que Isabel, nia de tres aos, hija de Francisco Martnez Orozco y Mara Jurado, estando en su casa con su madre, la dijo que la acostase, que se senta mala, lo cual hizo, con efecto, como la nia lo peda; pas muy mala noche, tanto que puso en cuidado a su madre, que ya fatigada de asistirla se haba retirado a descansar hasta las ocho de la maana del da siguiente, en que entrando a verla con su cuidado, la hall a su parecer muerta y con todas las seales de estarlo en la verdad, y llevada de la pasin natural de madre la tom en los brazos, y sali llorando a la puerta de su casa y diciendo a voces que se le haba muerto su hija; acudi a las voces una vecina, llamada tambin Mara Jurado, la cual se la quit de los brazos, acompandola con el mismo sentimiento y lgrimas; y deliberando entre las dos qu hacer, acordaron de comn consentimiento encomendarla a la Santa Cruz de nuestro Venerable Hermano, lo cual hicieron con toda la devocin y confianza, y llevndose dicha vecina la nia a su casa, de all a breve rato sali otra vez y entr en la de su madre diciendo a voces: -Mara, Mara, la nia ha abierto los ojos! Acudi a ver a su hija, y de all a poco habl, diciendo: -Madre, deme un poco de agua, que tengo sangre en la boca. Divulgse muy en breve el suceso; acudieron muchas personas, y estando todos admirados y atentos a la nia, la oyeron prorrumpir estas palabras: -Quieren todos ir conmigo a hacer que se diga una Misa a la Santa Cruz? Tom despus el agua, y levantndose luego de la cama en que la haban puesto, empez a jugar, andando por la casa, como si no hubiese sucedido por ella accidente alguno; y llegando a una pieza, alz los ojos, diciendo: -Madre, alcnceme este Santo. Y mirando todos, con su madre, a la parte donde sealaba, no vieron cosa alguna; pero ella instaba, dando voces, que se le alcanzasen, especialmente a un hombre de los que estaban presentes, diciendo: -Alonso, alcnzame esta Cruz que tiene este Santo; el cual la tom en brazos, y levantndola hacia donde sealaba, la deca la tomase ella, porque l no vea tal Cruz, ni tal Santo; mas estando en esta porfa, dijo la nia: Ay, que se va la Cruz, tmemela! Con esto se soseg; y al da siguiente la llev su madre, con otra amiga suya, al convento de Nuestra Seora del Carmen, donde se venera dicha Santa Cruz del Venerable Hermano, y apenas la alcanz a ver cuando, sealando, repeta: -Aquella es la Cruz que estuvo en mi casa con el Santo; y ensendola otra las que iban con la nia, la decan: -sta es, que no es aqulla que t dices. A que respondi con estas formales palabras: -Es mentira, que no es sta, sino aqulla, la que estuvo en mi casa, que yo la conozco.

De all a algunos das padeci unas calenturas ardientes, y afligidos sus padres, teman perder su hija; lo cual, advirtindolo la nia, les dijo: -No se aflijan, que la Santa Cruz me sanar. Lo cual sucedi luego muy en breve, sin haber padecido otro accidente hasta este da en que deponen esta maravilla.

Otras muchas han sucedido, y suceden cada da, que para referirlas sera necesario hacer Tratado aparte, como creo suceder siendo Dios servido.

LAUS DEO

 

 

 

 

 

 

 

 

NDICE

 

 

LIBRO PRIMERO
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CAPTULO PRIMERO.- Nacimiento, patria y padres de Fray Francisco de la

Cruz y algunos sucesos de su primera edad. 11

CAPTULO II.- De lo que le sucedi desde los once aos hasta los veintids 14

CAPTULO III.- De lo que le sucedi desde los veintids aos hasta los treinta.. 15

CAPTULO IV.- En que se prosigue la materia de sus ocupaciones y lo que le

sucedi con su padre. 17

CAPTULO V.- En que se prosiguen los sucesos con su padre y otros particu-

lares 18

CAPTULO VI.- De algunas mudanzas de oficios que tuvo en este tiempo,

desde veintids hasta treinta aos, y los varios lugares en que estuvo, con su-

cesos notables 20

CAPTULO VII.- De cmo estuvo en Cuenca y pas a Andaluca y dio la

vuelta en breve a Castilla. 22

CAPTULO VIII.- De cmo dej al P. Fray Juan Maello y se volvi a su oficio

de arriero, y lo que en l le sucedi󅅅 24

CAPTULO IX.- En que se prosigue la materia del antecedente, con un caso

particular y firme resolucin de hacer nueva vida. 25

CAPTULO X.- En que se prosigue su conversin y de cmo hizo confesin

general. 27

CAPTULO XI.- En que prosigue con raros sucesos la determinacin de ser

Religioso 29

CAPTULO XII.- En que se prosigue la misma materia 31

CAPTULO XIII.- De lo que le sucedi despus de que le quitaron el Hbito 32

CAPTULO XIV.- De lo que le sucedi en su enfermedad y varias ocupaciones

en que se volvi a ejercitar 34

CAPTULO XV.- Del extraordinario camino que hall para volver a ser Reli-

gioso del Carmen 36

CAPTULO XVI.- De lo que sucedi hasta tomar el Hbito en el convento de

la Alberca 38

CAPTULO XVII.- De cmo tom el Hbito, de los ejercicios del Noviciado y

su profesin 40

 

 

 

 

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LIBRO SEGUNDO

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CAPTULO PRIMERO.- De lo que le sucedi a Fray Francisco de la Cruz con los

Religiosos luego que profes, y de cmo iba disponiendo su vida espiritual.. 42

CAPTULO II.- De lo que le sucedi sobre tener oracin mental, y cmo la consigui

con grande adelantamiento en ella, y de los embarazos que el demonio le pona para que

no la tuviera. 44

CAPTULO III.- En que se prosigue esta materia.. 46

CAPTULO IV.- En que se prosigue esta materia, con sucesos dignos de admiracin.48

CAPTULO V.- Del ejercicio de las virtudes en que su Maestro le puso, y lo que

result de l y de su rara mortificacin.51

CAPTULO VI.- En que se prosigue su mortificacin, y de su humildad y obediecia..53

CAPTULO VII.- De su pobreza y castidad.57

CAPTULO VIII.- De la Hermandad que fund y altares que erigi con ttulo de la

Santa Fe Catlica, y del cuadro de la Fe que form por ilustracin divina.. 59

CAPTULO IX.- De algunas prevenciones con que Nuestro Seor iba disponiendo a

Fray Francisco de la Cruz para la peregrinacin de Jerusaln...63

CAPTULO X.- De los motivos que tuvo para la peregrinacin de los Santos Lugares

y cmo se dispuso para ella, y de una gran desgracia que estorb por ilustracin divina65

CAPTULO XI.- En que se resuelve que se haga el viaje a Jerusaln con Cruz a cuestas

y se empieza con algunas circunstancias particulares.73

CAPTULO XII.- De un singular favor que le hizo la Virgen del Carmen y de cmo

lleg a Navarra y entr en la Francia..75

CAPTULO XIII.- En que se prosigue su viaje, y de los grandes prodigios que obr

Nuestro Seor con l hasta que sali de la Baja Languedoc 78

CAPTULO XIV.- De lo que le sucedi en Narbona y Mompeller.. 83

CAPTULO XV.- En que prosigue su viaje y entra en Roma... 85

CAPTULO XVI.- De cmo lleg a Venecia y se embarc para Alejandra y entr

en Egipto.. 91

CAPTULO XVII.- En que prosigue su viaje y le sale a recibir el P. Prspero del

Espritu Santo, y en su compaa empieza a visitar los Santos Lugares... 95

CAPTULO XVIII.- En que entra en Jerusaln, y en compaa del P. Prspero

empieza sus Estaciones. 104

CAPTULO XIX.- En que prosigue esta materia con la visita del Monte Calvario

y Santo Sepulcro... 106

CAPTULO XX.- De la visita del Santo Sepulcro y otras, hasta llegar al Monte

Carmelo y volverse Fray Francisco de la Cruz a embarcar para Italia. 109

 

 

 

 

 

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LIBRO TERCERO

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CAPTULO PRIMERO.- En que Fray Francisco de la Cruz empieza su viaje, y de la

tempestad que padeci y de las maravillas que Nuestro Seor obr con su Siervo por

medio de la Santa Cruz.. 113

CAPTULO II.- De lo que sucedi a Fray Francisco de la Cruz hasta volver a Roma y

en ella.. 115

CAPTULO III.- De cmo sali de Roma prosiguiendo su peregrinacin a visitar

el santo sepulcro del Apstol Santiago, y de los favores que iba recibiendo del Cielo

con el ejercicio de nuevas virtudes.. 120

CAPTULO IV.- De cmo prosigue su viaje y llega a Santiago de Galicia y visita el

santo sepulcro del Apstol, y le vuelve a proseguir hasta entrar en el convento de Val-

deras, en que tuvo fin su peregrinacin, y del premio grande que Nuestro Seor le con-

cedi por remate de ella. 124

CAPTULO V.- De cmo prosigue su viaje, pasa por Valladolid y entra en Madrid. 127

CAPTULO VI.- De algunos sucesos de Fray Francisco de la Cruz en Madrid.. 130

CAPTULO VII.- En que se prosigue esta materia de los sucesos de Fray Francisco de la

Cruz en Madrid 132

CAPTULO VIII.- De algunos sucesos de Madrid y de Toledo, y de cmo se puso la

guarnicin a la Santa Cruz y sali con ella para su convento de la Alberca 136

CAPTULO IX.- De los sucesos del viaje, entrada en el convento de la Alberca y colo-

cacin permanente de la Santa Cruz.. 138

CAPTULO X.- De cmo volvi a disponer su vida religiosa, y de sus afectos amo-

rosos a la Santa Cruz. 141

CAPTULO XI.- De las maravillas con que Nuestro Seor dio a entender el nuevo

grado de perfeccin a que haba sublimado a su Siervo. 144

CAPTULO XII.- De un favor particular que recibi de mano de la Reina de los

ngeles, y de lo que le sucedi en la fundacin de un Altar con ttulo de Nuestra

Seora de la Fe, en Tembleque 147

CAPTULO XIII.- Del viaje que hizo a Quero con luz celestial, y de los sucesos

del camino.. 149

CAPTULO XIV.- De diversos favores que recibi del Cielo, y en especial uno de

muchas prerrogativas, por la devocin que siempre tuvo al Santsimo Sacramento del

Altar 152

CAPTULOXV.- De diversas locuciones y visiones que tuvo el Siervo de Dios 155

CAPTULO XVI.- De la dichosa muerte del Siervo de Dios 158

CAPTULO XVI.- De las maravillas con que Nuestro Seor declar la santidad de su

Siervo despus de muerto. 161

 

 



[1] Al estar la hoja parcialmente arrancada no sabemos el cargo de quien es mandado.

[2] Idem el apellido de quien es mandado

[3] Entre corchetes no figuran las palabras del Dr. D. Francisco de la Puebla por estar arrancada parcialmente del libro que se transcribe un trozo de hoja y no poder saber lo que pona.

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